Los votantes de Hamelín

Saludos, incondicionales de las encuestas. Hoy nos quitamos la mordaza para maldecir al llamado «voto útil».

 

Las encuestas de Hamelín

Sabéis que en principio iban a ser dentro de un año, pero Susana Díaz adelantó las elecciones andaluzas al próximo 22 de marzo (un día antes de mi cumpleaños, dicho sea de paso, por si queréis tener un detalle). Como sucede en cada cita electoral, ya están los medios y los políticos discutiendo sobre las encuestas. Os lo resumo: si son favorables al partido al que defiendes, se les da credibilidad; si no, «las encuestas que cuentan son las de las urnas».

Aunque en un alarde de dedicación y sacrificio por mis lectores escribí una entrada analizando los datos del CIS, ya he comentado alguna vez lo que pienso de las encuestas: que hay que cogerlas con pinzas. En demasiadas ocasiones, más que reflejar la opinión de los votantes, los que las analizan tratan de influir sobre ellos. Y lo consiguen, claro, los medios siguen teniendo un inmenso poder de manipulación. Por supuesto, para que haya manipulación los votantes tenemos que poner también de nuestra parte, y ahí entran estrategias que me gustan tan poco como la del voto útil. Consiste, básicamente, en decidir tu voto únicamente entre los partidos a los que las encuestas les concedan oportunidades de gobernar. En la izquierda, el voto útil ha castigado habitualmente a IU: «los votaría, pero como Izquierda Unida no tiene posibilidades, voy a optar por el PSOE para impedir que gobierne la derecha». Se daría la circunstancia de que un gran número de personas estaría actuando de la misma manera, de modo que si todos esos se dejaran de cálculos y votaran a IU, quizá… Pero no: voto útil.

En las próximas elecciones (especialmente en las generales), mucha gente pensará cosas como estas: «Aunque prefiero a Ciudadanos, voy a votar al PP porque me da miedo que lleguen al poder los del Coletas». O «Coincido más con Equo pero no quiero desperdiciar mi voto, así que elegiré a Podemos».

En esta actitud se ha sustentado en parte el nefasto bipartidismo: mejor nos habrían ido las cosas si cada uno hubiera votado en conciencia, en vez de usar su papeleta para protegerse de los fantasmas de las elecciones futuras.

Luego está la famosa cocina, esto es, el cálculo necesario que los centros demoscópicos realizan para tratar de compensar las mentiras, silencios o medias verdades de los encuestados con el fin de averiguar la verdadera intención de voto. Aquí, lo mismo que antes: si les beneficia, la cocina es estupenda; si no, está quemada o huele mal.

Todo esto se lo saben bien los medios de comunicación, que no dudan en manejar los sondeos a su antojo. El CIS depende del Gobierno, y el resto de encuestas las pagan quienes las encargan: no sé si es necesario añadir más. Por eso hay a veces unas diferencias tan extrañas entre unas y otras. Y no sólo se inflan para esos votantes que sólo se suben al caballo ganador: también se puede echar levadura a la intención de voto del partido contrario para movilizar a las propias filas: cuidado, no os vayáis a quedar en casa que vienen los rojos (o los fachas).

¿Por qué se concede tanta importancia a las encuestas, si les falta mucho para ser infalibles (recordemos que a Podemos no le daban ni un escaño en las europeas)? Pues porque como hemos dicho, una buena parte de la población vota en consecuencia.

 

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«Yo, lo que diga la mayoría»

Recuerdo ahora una anécdota de cuando era niño, hará cosa de treinta años. Estaba en casa escuchando la radio con mis hermanos pequeños, una emisora musical. Tenía lugar un concurso: los oyentes llamaban y votaban por su canción preferida de entre las que el programa había hecho sonar, y de esa manera entraban en un sorteo, ya no recuerdo de qué; entradas, supongo, o algún disco. El caso es que en un determinado momento dieron los resultados provisionales: Baila para mí iba en primera posición con, pongamos 80 votos, y Voy a mil, segunda a poca distancia. De esas dos a la tercera había una gran diferencia. Tras desvelarse los resultados provisionales, el siguiente que llamó dijo algo así: «A mí me gusta Agradecido, pero como no quiero tirar mi voto, elijo Voy a mil». Mi mente infantil no entendía nada: si te gusta la de Rosendo, ¿por qué no la votas? Y eso que lo peor estaba por venir: por esa tendencia innata que tenemos los humanos al borreguismo, casi todos los oyentes que llamaron a continuación soltaron frases parecidas: «me encanta El sur también existe, pero como quiero que mi voto sirva para algo (?), escojo Baila para mí».

No comprendí esta actitud (continúo sin comprenderla, se ve que no he madurado lo suficiente), así que muerto de vergüenza (era un niño muy tímido), llamé al programa desde nuestro teléfono de ruleta, y tras responder a las interminables preguntas de la dicharachera locutora con introvertidos monosílabos, pude contestar al fin: «por Agradecido».

Del mismo modo, ya de adulto no tengo en cuenta los sondeos publicados a la hora de votar, al menos conscientemente (que esa es otra): después de informarme (soy de los que se lee los programas, aunque también habría mucho que hablar sobre su utilidad) opto libremente por el partido que me parece más afín a mis ideas. ¿Y vosotros?

 

En cualquier caso, andaluces de Jaén, recordad: el PP os agradece que no votéis. Y esto no es ninguna estimación, sino la cruda realidad.

 

Música: The piper, de ABBA

 

El cuadro de la cabecera es de James Elder Christie

 

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15 sin mordaza

  1. Cuántas veces, al ir a votar, se habrá escuchado a la típica viejecita decir: “No sé a quién votar, al PP o al PSOE” como si no hubieran más partidos. Yo también tengo esa manía de leer los programas, pero más que eso sería de agradecer que también existieran análisis concienzudos sobre la viabilidad de esos programas, ya que por mucho que uno lea si no se tienen conocimientos sobre economía es como si leyeras la biblia: acto de fe. Aunque si se piensa mejor, hasta los economistas están casados con tal o cual partido (sino que se lo pregunten al gurú que siempre sale en la sexta, un “psoista” redomado). En fin, así va el país…

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  2. Estoy de acuerdo contigo, tratan de influir sobre la opinión de la gente.
    Añadir que, además de leer los programas electorales (que ahí también se miente mucho) se puede intuir lo que hará un partido por lo que ha hecho en el gobierno anteriormente o en la oposición. Si, ahora me hablaréis del No+IVA del PP, pero sabemos de sobra lo que hace y dice PPSOE según estén en el gobierno o en la oposición

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  3. Un par de comentarios de documentación:

    – En las europeas algunas empresas de demoscopia mencionaron a Podemos reconociendo que no los incluían porque al ser totalmente nuevos no podían cocinar los datos, y la intención directa de voto (lo que el encuestado declara abiertamente) no daba muchas pistas.
    – Para mi gran frustración, es dudoso que EQUO y Podemos sean dos opciones de voto separadas.

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    1. Pero otras empresas muy importantes, como la de la noticia a la que enlazo (Sigma Dos para El Mundo), se mojaron y fallaron estrepitosamente. Lo mismo le ocurrió a la que realizó Celeste para eldiario.es

      En esto no coincidimos: yo aplaudiré si Equo y Podemos van juntos.

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        1. No sé si seria, pero Sigma Dos es una de las empresas demoscópicas más grandes de este país, ¿no? Como Metroscopia (a la que suele recurrir El País), que también se mojó y también se quedó muy corta con Podemos (les daba un escaño).

          Sobre lo de Equo, lo que hayas decidido, bien está. Ya sabes lo que pienso yo de la “fidelidad” a los partidos. De todas maneras, te pediré más detalles por email, que me pica la curiosidad.

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          1. Con las encuestas me has pillado, no he guardado los enlaces de esa época.

            En cualquier caso no fue en la versión publicada. Por entonces yo estaba más involucrado y seguía blogs y artículos técnicos porque sentía curiosidad por saber cómo podían extrapolar los datos en un entorno desconocido. Así averigué la respuesta: bola de cristal, y a mojarse que para eso pagan.

            En cualquier caso, no puedo aportar pruebas, por tanto touché.

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  4. En relación al comentario de Nemo, me gustaría recalcar que no somos pocos los blogueros que trabajamos cuando llegan las elecciones para hacer asequibles los programas de los partidos, y al propio sistema electoral.
    Con un éxito generalmente entre escaso y nulo, porque demasiadas veces acabamos imputados por estar vendidos a los “otros” (quienquiera que sean los “unos”), … y eso por las poquísimas personas que se han tomado la molestia de leer hasta el final.
    En lo que a mí respecta, he llegado a la conclusión de que los españoles, en particular los manchegos, y afinando aún más los de mi pueblo, ya tenemos los gobiernos que nos hemos merecido. En lo que a mí respecta, estas elecciones pienso observarlas desde la barrera, en plan “jubilado viendo obras”, y superándome hasta alcanzar el nivel “vaca viendo pasar el tren”.
    Precisamente por ello aplaudo a gente como Salva, y a quienes mantienen la ilusión que a mí me falta.

    Saludos y muestras:

    – Elecciones europeas, desmontando mitos: https://baladring.wordpress.com/2014/04/26/desmontando-mitos-las-elecciones-europeas-de-mayo-2014/
    – Análisis del renovado sistema electoral de CLM: https://baladring.wordpress.com/2014/07/22/castilla-la-mancha-prototipo-de-la-espana-popular-i-el-sistema-electoral/
    – Ejemplo de maestros economistas analizando propuestas económicas y laborales:
    * Sobre la propuesta de contrato único de Ciudadanos: http://economistasfrentealacrisis.com/ciudadanos-atrapados-por-el-contrato-unico/
    * Viabilidad del programa económico de Podemos, antes de volverse social-demócrata: http://economistasfrentealacrisis.com/en-el-pais-de-podemos/

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  5. Roberto López Zalbidea 10/03/2015 a las 20:08

    Qué pasa, que a nadie le importa LA ESTABILIDAD?
    Que por lo visto es el nuevo mantra de “Nosotros o el caos”

    Responder
    1. Eso me hace mucha gracia también. El discurso es más o menos así: «vosotros votad a quien queráis, hay un amplio abanico de partidos, pero ya sabéis que si el voto se fragmenta más allá de PP y PSOE, España será ingobernable».

      Todo muy democrático.

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  6. Vicente Juan, quizá he generalizado un poco al tachar a los economistas (en general) de hacer sus análisis según su afinidad política. Está claro que análisis imparciales y competentes los hay, pocos, pero los hay. El problema es que los análisis a los que se les da más bombo desde los medios de comunicación son precisamente los parciales (con aviesas intenciones de influir sobre el lector).

    Saludos.

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    1. Nemo, en realidad venimos a decir lo mismo:

      – Por un lado efectivamente cada sector de influencia trata de convencer con firmas sesudas de las bondades de sus propuestas, hasta crear un una cacofonía de dislates. Incluso se ha acuñado un síndrome para ello: fatiga informativa, o IFS por sus siglas inglesas.
      – Por otro andamos los quijotes y sanchos de la información intentando hacer oír nuestra voz, y cosechando collejas trolleras las más de las veces.

      Sin embargo, todo tiene solución. Busca y encuentra algún bloguero de tamaño medio-alto cuya opinión coincida con la tuya en ámbitos donde sí seas capaz de valorarlo, y espera a que emita en economía. Y con el tiempo, acabas aprendiendo.

      Y mientras tanto, ¡a ver pasar los trenes!

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