Ver Intereconomía

 

Si os gustan los debates, os recomiendo ver Intereconomía. No, no estoy en plan irónico. En el artículo anterior hablábamos de la crítica situación en la que se encuentra la cadena, y ya dejé claras las razones por las que no me apenaría un hipotético cierre. Ahora vamos a hablar de lo contrario, de la parte buena.

 

 

Ver o no ver Intereconomía

 

Pues sí, soy culpable de ver Intereconomía. En realidad, por horarios, prácticamente lo único que sigo es El gato al agua, que alterno con El Intermedio (buenísimo). Si os tomáis la molestia de seguir leyendo, me explico.

Me gustan las tertulias y los debates, pero el nivel de la televisión nacional al respecto está bajísimo. Poco pan y pésimo circo, que cantan Def Con Dos. El colmo es ese paripé llamado De buena ley, todo gritos y retórica choni. De buena ley es falso, los que salen en él actúan, es decir, se prestan a un simulacro, cobran por representar un papel, engañando así a un número muy elevado de personas que creen ingenuamente que es «real». Y por si fuera poco, lo hacen enfangándose en un nivel dialéctico propio de la taberna del Turco. Y ¡oh, sorpresa! ¿A quién podemos encontrar discutiendo allí? A los mismos opinadores que copan La Sexta Noche, Al Rojo Vivo Son parroquianos habituales en De buena ley, por citar únicamente a unos cuantos, Elisa Beni y la ex de Wert (asiduos a la cadena verde), o el terrorífico Jaime González y Esther Esteban, fijos de 13TV e Intereconomía, respectivamente. Sólo esta circunstancia ya debería hacer reflexionar a más de uno; si no tienen reparos en salir a la carpa de Telecinco, ¿qué credibilidad debemos esperar de estos tertulianos cuando acuden a los programas «serios»? Pues nadie sería capaz de hallar diferencias entre su modo de debatir en uno u otro lado. ¿Será que también actúan en los programas de «alta política»?

 

VÍDEO ELIMINADO. Era un programa de De Buena Ley, similar a este: http://www.telecinco.es/debuenaley/2013/mayo/defensoras_2_1612305131.html

Aquí tenéis un vídeo donde se puede ver a la Esteban y a la Beni en plena acción (esta última entra cuando faltan 02:24 para terminar el vídeo). Las lágrimas de cocodrilo de la chica por un hijo muerto que no existe, para vomitar. Y a alguna señora viendo esto se le pondrá el corazón en un puño. Qué ascazo.

 

Pero olvidemos esta circunstancia y dispongámonos a ver los debates de La Sexta con ojos frescos, puros, virginales… Pues nada, ni por esas. Siguen siendo una bazofia, un guirigay infumable, un espectáculo carente de finalidad que se justifica por sí mismo, por el propio espectáculo. Sin llegar al extremo de discusiones de aparcamiento de discoteca del programa de Telecinco, son también inaguantables. Se pisan la palabra continuamente, hasta el punto de que lo raro es oír a alguien hablar sin que haya un barullo detrás. La prueba del nueve de un buen debate es escucharlo durante un rato sin mirar a la pantalla. Si lo hacéis así con los que presentan Ferreras o Iñaki López, a los dos minutos os entrarán temblores y espasmos. Si yo tuviera mano en la ONCE, los declaraba cadena non grata.

Estos programas hacen mucho daño, porque la gente acaba emulando a los «dioses» de la pantalla, y cala en los espectadores la idea de que esa es la forma idónea de debatir: gritar más que el otro para impedir que desarrolle sus argumentos («No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte que no tengas derecho a decirlo»); no escuchar, no vaya a ser que algo de lo que diga su interlocutor les haga cambiar de opinión; y en cuanto haya oportunidad, acudir lo antes posible allá donde se cruzan los caminos del lugar común y la demagogia, para conseguir fácilmente el aplauso borreguero. Y por si fuera poco, en los de La Sexta está Marhuenda.

En ese sentido (en ese: el respeto a los turnos de palabras, el intercambio de ideas…), sin ser nada del otro mundo, El gato al agua es infinitamente mejor que La Sexta Noche y Al Rojo Vivo. Y no, no es que el programa sea una isla en Intereconomía TV: aunque a esa hora prácticamente nunca estoy delante de la tele, a veces he coincidido con la emisión vespertina de Queremos opinar, y me parece igualmente correcto.

Sé que algunos os estaréis llevando las manos a la cabeza, y que esto, junto con el artículo sobre «la cuestión catalana», me puede suponer una huida en desbandada de lectores. Bueno, si ha de ser así, sea. Lo contrario sería muy sencillo, decir simplemente lo que se supone que debe pensar alguien de izquierdas, buscar el aplauso fácil… Pero resulta que nunca me ha gustado lo fácil.

Hay un cierto número de personas de izquierdas (yo conozco a más de uno), que alardean de haber desintonizado todos los canales de la derecha (qué machotes). Lo cuentan como un mérito, pavoneándose de ser muy-muy de izquierdas, de llevarlo en la sangre, ni RH positivo ni negativo: RH izquiertivo. Esto, ya de por sí, me parece una actitud peligrosa por fanática. Pero lo curioso, lo que más me asombra, es que esta gente, los guardianes de la pureza progresista, comunista, socialista o loqueseaista… ¡Critican a Intereconomía!

—Pero ¿no decías que tienes desintonizada la cadena?

—Claro, no quiero que esas mierdas ensucien mi tele aria. Además, paso de darle audiencia a los fachas. Pero sé cómo son porque los veo en El Intermedio.

Bufff, vaya masturbación mental que tienen algunos. Aclaremos lo de la audiencia, que sé que mi amigo no es el único que estaba equivocado en esto: si no tenéis instalado un audímetro en casa, nadie se entera de lo que veis o dejáis de ver en la tele (me siento como si os estuviera diciendo que los Reyes Magos son los padres).

Dibujo Ideologías - El Roto

Ideologías – El Roto

Y respecto a las anteojeras voluntarias… Es una parte indispensable de cualquier fanatismo. Los buenos son los míos, porque sí, y no quiero saber nada más. Los que tienen una ideología clara que defienden a capa y espada, los que siguen ciegamente las directrices de sus partidos, los que nunca se plantean nada… Esos, esos son los que nos han llevado a donde estamos. Me provocan lástima y miedo a partes iguales. A mí, en cambio, me gusta la gente que duda de todo, que se cuestionan continuamente, a ellos mismos y al mundo que les rodea.

Es sano leer y escuchar otros puntos de vista, aunque para eso hay que tener la mente abierta. A algunos no les vendría mal, porque ciertos cerebros huelen a cerrado desde lejos. ¿Habrán pensado por casualidad que tal vez, sólo tal vez, exista una remotísima posibilidad de que alguna de sus más arraigadas creencias sea falsa? Y en el hipotético caso de que fueran lo suficientemente permeables para darse cuenta del error, ¿tendrían el valor de reconocerlo y cambiar, o buscarían justificaciones?

En cuanto a los que ya «veis» esas cadenas en El Intermedio… Eso es como si te preguntan si te gusta el sushi, y sin haberlo probado nunca respondes que no porque se lo has visto comer a tu hermana. En el programa de Wyoming sacan determinados momentos, llamativos precisamente por lo excepcionales, como la patética escena de Eduardo García Serrano con la boca llena de odio insultando a una Consejera de Salud (luego reculó cuando le vio las orejas a la multa, como buen cobarde).

Por cierto, que esa escena se dio durante la etapa de Antonio Jiménez, antes de que este abandonara el barco para irse a la cadena de los obispos. Javier Algarra, actual presentador, me parece mejor profesional que aquel.

Esta cerrazón no es exclusiva de la izquierda. Lo mismo ocurre con tantas personas de derechas quienes, sin haber visto ni un minuto de El Intermedio, están convencidas, y así lo aseguran, de que es un programa sectario que nunca subraya algo negativo de la izquierda, que ataca inmisericordemente a la derecha y donde las palabras «ERE» o «sindicato» no han sido jamás pronunciadas. Lo que también es falso, como sabéis.

 

Con esto no digo que haya que ver todo lo que no le gusta a uno por narices, como una penitencia. Lo que estoy sugiriendo es que se hable o escriba con conocimiento de causa. Por ejemplo: yo aborrezco 13TV. Me he puesto a verla varias veces, del mismo modo que he probado la cerveza en infinidad de ocasiones, pero no hay manera: una me sabe a orín de burra, y en la otra predominan los rebuznos. Tomemos como ejemplo La Marimorena. Aquí se interrumpen y cacarean como en La Sexta, pero con un agravante: el «moderador», Carlos Cuesta, partidista, tremendamente tendencioso, se inmiscuye continuamente en el debate, arrimando el ascua a su sardina, evitando con sus intervenciones cualquier posible apariencia de imparcialidad. Marisol Galdón hace lo que puede por poner un poco de cordura, con una paciencia que ya quisiera yo para mí. ¿Por qué serán las más radicales siempre las cadenas de la Iglesia? (recordad los tiempos de Losantos en la COPE). Haga usted como la Conferencia Episcopal: no se meta en política.

El gato al agua no es como La Marimorena, sin embargo, ni se trata tampoco de una siniestra reunión televisada de nostálgicos del franquismo. Los hay, claro que los hay, pero en el programa se da voz a todas las tendencias políticas, y la balanza entre tertulianos de uno y otro bando suele estar bastante equilibrada. Os pongo un ejemplo: Diego Cañamero ha acudido más de una vez a debatir, y ha salido de allí indemne (incluso cabría decir que ha conseguido defender sus ideas con mayor acierto que sus contrincantes). Y esto, además de mérito del portavoz del SAT (que lo tiene, y mucho), lo es también del programa. Porque si no hubieran querido dejarle hablar o le hubiesen preparado una encerrona, ni el mismísimo Churchill habría sido capaz de expresarse con éxito. Cañamero ha podido hablar con libertad y comodidad cada una de las veces que ha acudido allí.

Otro ejemplo: no caracterizándose la cadena precisamente por tener un ideario antimonárquico, más bien todo lo contrario, le concedieron una entrevista a David Rocasolano, el primo de Letizia Ortiz, a raíz de la publicación de su libro Adiós, princesa, en el que la familia real en general y su prima en particular, no salen excesivamente bien parados.

 

 
Una vez más, el resto de medios aplicaron la censura. Con pocas excepciones, como la revista Mongolia,  encubrieron y silenciaron, actuaron como cortesanos orgullosos de serlo, en lugar de comportarse como periodistas. Incluso la editorial tuvo problemas para distribuir el libro. El cual, dicho sea de paso, os recomiendo.

Así que mi consejo, para el que lo quiera tomar, es que os atreváis, que no pasa nada: poned El gato al agua una noche, igual os lleváis una sorpresa. Además, así reduciríais los riesgos de sufrir algún trastorno de personalidad, porque no sé si lo sabéis, pero vuestros admirados Pablo Iglesias y Tania Sánchez Melero están allí continuamente.

Y ya en clave de humor (aunque no por eso es menos cierto), por no ver Intereconomía, y en concreto El gato al agua, os habéis perdido momentos épicos, como cuando al presentador, que por aquel entonces debía de pesar 200 kilos, le hacían anunciar un quemagrasa. O aún mejor, la noche en la que, como tantas veces, interrumpió unos minutos el debate para publicitar en directo Chispis control (un alcoholímetro), con Carromero a su lado poniendo cara de póker.

 

¿Qué opináis vosotros? ¿Alguno ha visto los programas de debate de Intereconomía? Si es así, ¿estáis de acuerdo conmigo, o la lectura de esta entrada os ha convencido de que soy un peligroso fascista encubierto?

 

Tortura Vision

Música: TV (Tortura Visión), de Hamlet

 

Crédito imagen cabecera: National Geographic / Paul Nicklen

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3 sin mordaza

  1. VICTOR PUERTA HUERTA 18/01/2014 a las 0:20

    Sres.de Intereconomía:Me gustaba mucho este Canal,con sus interesantes debates y sobre todo porque denunciaban todo lo que estaba mal,fuera del color que fuera. Hoy dejo de ver este programa,es mas lo he borrado de mi TV, ya que no puedo soportar más la MALA EDUCACION QUE TIENEN CASI TODOS,interrumpiéndose unos a otros y dejando a los telespectadores sin entender la mayoría del debate. Sinceramente creo que no merecen un minuto de nuestro tiempo.

    Responder
  2. Hola! Jajajaas, un peligroso fascista encubierto!! No hombre, no sólo creo que haces muy bien, sino que creo que todos deberíamos ver por lo menos un par de veces, todos los programas con los que aparentemente no estamos de acuerdo, y ello por varias razones. Por un lado, no podemos criticar lo que desconocemos, es de una ignorancia supina, bajo mi punto de vista. Para opinar sobre cualquier cosa, es condición fundamental saber de lo que se está hablando. Esto que parece una obviedad, desgraciadamente hoy en día no lo es. Todo el mundo habla de lo que no sabe. A la gente le encanta. Por ejemplo, en cuanto se publica una noticia sensacionalista sobre algún tema judicial ( «G.J. condenado 68 años después de cometer el delito») o médico ( «Anciana muere a pesar de haber acudido 36 veces a Urgencias) surgen expertos por todas partes. Todos son juristas y expertos en medicina en éste país. Yo, que pertenezco/pertenecía -me estoy quitando jakaskajskj- al mundo del derecho, escucho alucinada las teorías, juicios de valor y sentencias de personas que no tienen ni idea de lo que están hablando. También es verdad que los titulares sensacionalistas, escritos únicamente con el afán de escandalizar, y de vender, ayudan mucho. Pero la gente debería ser más prudente, creo yo. Y cuestionar más las cosas. Yo no hablo de mecánica, por poner un ejemplo, porque no sé de mecánica (entre otras muchas cosas sobre las que no me atrevo a dar una opinión).

    Por otro lado, una de las cosas que más me molesta de la gente «muy de derechas» es su intolerancia hacia todo lo que no les dé la razón, o les reafirme en sus creencias. Mi abuela, (que por otro lado es muy buena gente siempre que no le hables de política) y que tiene el «Último mensaje de Francisco Franco» enmarcado en la pared, al lado de la bandera con el aguilucho y de una bula de no me acuerdo qué Papa perdonando a TODA la familia de nuestros pecados presentes y futuros, jamás en la vida consentiría en ver un programa de TV que no le fuera afín: -«La Sexta? Nena quita eso por Dios, que son tan rojos que no se puede ni ver». Y a mí, que me encanta la polémica, a veces le he preguntado por qué, y su única respuesta es: -«Porque he dicho que no y no y no y no, esa porquería no la he visto nunca ni la veré jamás, y no sé cómo la ves tú,,,bueno, claro, es que tu eres de la cáscara amarga (?)». Mi abuela tiene 95 años, pero hay muchísima gente joven que es igual de intolerante. Por eso, porque no podemos ser igual de intolerantes y de cerrados que ellos, tenemos que aguantar la respiración, y en un ejercicio de tolerancia, conocer, que no digo respetar, las opiniones de la gente que no piensa igual que nosotros. Y no he dicho que tenemos que respetarlas, porque en mi humilde opinión, no todas las opiniones son respetables. Para mi, todas las opiniones son posibles. Y serán respetables las que merezcan mi respeto. A mi, que un tío de la ETA de su opinión, me parece bien. Ahora, si dice que hay que matar gente para liberar a Euskadi, para mí no es respetable. Y sobretodo no respeto las opiniones que vienen de mentes profundamente irrespetuosas. No se puede respetar a quien no respeta.

    Además, yo tengo unas ideas, unas opiniones y una serie de creencias,,,que no tienen por qué ser las correctas, únicas y verdaderas. Puede que me equivoque. Yo me he equivocado muchas veces, y por lo tanto puedo equivocarme más. Tengo unas ideas, pero si me dan motivos y me convencen, puedo cambiarlas. Así que escuchar opiniones contrarias no sólo me sirve para conocer otros puntos de vista, sino para replantearme mis ideas, y (generalmente) confirmarlas trás haberlas cuestionado bajo el punto de vista que propone el contrario.

    Por último, es necesario ver y conocer esos programas para saber con quien estamos tratando. Para conocer bien al enemigo, vaya. No se´quien dijo algo así como que «Debes tener cerca a tus amigos, pero mucho más cerca a tus enemigos». O algo.

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    1. ¡Hola, Pilar! Coincido totalmente contigo: yo tampoco entiendo nada de mecánica, ¡ja, ja! No, en serio: no puedo más que suscribir tu comentario, que por cierto me ha gustado mucho. A ver si te animas a escribir otras veces por aquí, en Vota y Calla nos interesan las personas que dudan, abiertas de mente (aunque en otros sitios a la gente como tú les acusan de «equidistancia», ya sabes).

      Tienes toda la razón: escuchar no significa respetar. Se dice que el que calla otorga, pero muchos parecen pensar que el que escucha otorga también. ¿De qué tenéis miedo, fanáticos?

      Oye, qué bueno tener la bula papal perdonando a TODA la familia, ¿no? ¡Tu abuela se debió de dejar una pasta! A mí me haría falta algo así, porque de lo contrario me temo que pasaré una buena temporada en el purgatorio, jeje.

      Ah, con lo de «la cáscara amarga» mi abuela aludía a los homosexuales, nunca lo he escuchado referido a los rojos, pero a saber…

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