Asesinados a través de un agujero

Saludos, beneficiarios de una Sanidad «pública, universal y gratuita». Hoy nos quitamos la mordaza para gritar por la falta de empatía de los que niegan la cura a los enfermos de hepatitis C.

 

Necesitamos un Sovaldi contra la insensibilidad

¿Cómo se llega a eso? Se nace así, ¿no? Quiero decir: ¿cómo es posible que aquellos en cuyas manos está que los enfermos de hepatitis C se curen, les nieguen el medicamento que les sanaría y sigan durmiendo por las noches? ¿No les afecta en nada? Espero que al menos les angustie un poco, aunque sea a la hora de la siesta. Pero me temo que no. ¿Cómo, si así fuera, actuarían con esa frialdad?

En el PP sentó muy mal que les llamaran «asesinos» por la invasión de Irak y el consecuente atentado del 11M, y sin embargo ahora están haciendo todos los méritos posibles para ser merecedores de ese calificativo, porque son doce muertos al día perfectamente evitables, puesto que el Sovaldi no es un mero tratamiento, es la cura de la hepatitis C. Siniestro tictac, ese.

Y no me valen excusas, si se puede evitar que alguien muera no hay más variables en la ecuación, todo lo demás no importa: hay que impedirlo. Sí, señora concejal, cueste lo que cueste. Máxime cuando no somos precisamente un país cuidadoso con el dinero público, con instituciones y partidos mesurados en sus gastos (la «austeridad», ese cruel eufemismo para las políticas neoliberales, no va con ellos). Al contrario: somos una casa de putas donde el dinero público se despilfarra a manos llenas, un cortijo que los políticos se han diseñado a medida para que no les falte de na’, donde abundan los puestos cuya única finalidad es llenar los bolsillos de quienes los ocupan, además de una cohorte de amigos, familiares y parásitos varios colocados de «asesores» para chupar del bote. Eso aparte de lo que roban directamente, las facturas infladas, las comisiones, etc. Mientras haya dinero para todo este mamoneo, ha de haberlo para suministrarles el medicamento a los enfermos que lo necesiten.

No sé qué pasa por las cabezas de esta gente. Por un lado, supongo que nacieron así. Hay personas muy duras que sólo miran por ellas, insensibles a lo que les pase al resto, y además están convencidas de que todo el mundo es igual. En esto radica gran parte de la diferencia entre las ideologías de izquierda y derecha.

Recuerdo ahora una pelea que tuve de niño: había cuatro críos de mi colegio, algo mayores que yo, jugando en un solar. Cuando me acerqué descubrí con horror que el «juego» consistía en estrellar a unos cachorrillos recién nacidos contra un muro en ruinas. No sé dónde estaba la madre o qué habían hecho con ella. Me dio tanta rabia que salí disparado hacia ellos gritando, sin pensar lo que hacía. Me dieron bien, y eso que yo era cinturón blanco-amarillo de Taekwondo. Llegué a casa llorando, más por la rabia que por los golpes recibidos.

Me he ido un poco del hilo del artículo, perdonad que os cuente mis traumas. Lo que quería decir es que estos niños sádicos eran unos egoístas que anteponían su propio bienestar, en este caso su macabra diversión, a todo lo demás. Supongo que ahora serán de los que se opongan firmemente a que el Estado reparta el Sovaldi «como si fueran caramelos». Y no, no les he seguido la pista, no sé si alguno habrá llegado a ser concejal o antidisturbios.

 

Asesinados a través de un agujero

Aparte de los que nacen con un vertedero en las entrañas, imagino que la culpa también es de un sistema que legitima e incita a este tipo de violencia contra los que menos tienen (los que disponen de dinero, en caso de enfermar de hepatitis C o de lo que sea, podrán pagarse el tratamiento). Sospecho que es similar a lo que ocurrió en Alemania con el nazismo: en Nuremberg juzgaron a un reducido número de personas, pero aquella aberración no hubiera podido llevarse a cabo y sostenerse en el tiempo sin la complicidad de millones de alemanes, millones de buenos ciudadanos que no apretaron ningún gatillo, que no tenían por qué sentirse culpables.

En mi visita al campo de concentración de Sachsenhausen nos mostraron una habitación con unos agujeros en la pared contra los cuales obligaban al prisionero que iba a ser ajusticiado a apoyar su nuca. Esos agujeros daban a otra habitación donde un soldado alemán introducía el cañón de su pistola sin ver siquiera a quién estaba asesinando, lo que rebajaba mucho la ansiedad y evitaba futuros problemas psicológicos. Otro ejemplo sería el de los pelotones de fusilamiento en los que entre las armas cargadas con munición real, hay una con una bala de fogueo. Los militares no saben cuál de ellos tiene el fusil inofensivo en las manos, así que su conciencia puede permanecer tranquila, pues ninguno estará seguro de haber disparado a la víctima.

El sistema capitalista funciona de manera parecida. Los enfermos de hepatitis C son un ente impersonal, números en un programa contable. Nadie se vio obligado a mirar a los ojos a Teresa Casas para decirle: «no voy a darte el medicamento, me importa más el beneficio de la farmacéutica». A Teresa Casas, a Francisco Jiménez y a tantos otros los están matando a través de un agujero en la pared, pero ya se sabe que ojos que no ven…

 

Música: Qué puedo decir, de Ska-P

Segunda parte: Hepatitis C: ¿solución o mentira electoral?

 

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8 sin mordaza

  1. Conexión telepática. Hace poco estaba comentando con un conocido que las politicas neoliberales tan propias del PP me recuerdan, salvando la distancia, a La Solución Final nazi. El objetivo de los nacionalsocialistas era obtener la pureza de la raza eliminando a judíos, lisiados y enfermos. En el caso del PP y demás partidos de corte neoliberal, parece que el objetivo es deshacerse de los débiles, los enfermos, los marginados, los pobres y los parados para tener un país de ricos con unos pocos pobres esclavos trabajando para ellos.
    Me he quedado con el culo torcido al leer la historia de los cachorrillos. Me lleva a pensar que un crío estando solo no haría tal cosa, sino que se crece al estar en grupo y necesita que los demás lo vean como líder cometiendo esas atrocidades.

    Un saludo.

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    1. Pues iba a quitar esa parte porque no quería participar de las desafortunadas comparaciones que suelen escucharse desde uno y otro lado (me refiero a los que no utilizan tu «salvando la distancia»). Desde el partido del Gobierno han acusado a la PAH de nazis, por ejemplo. Pero supongo que se ha entendido lo que quería decir.

      También he estado a punto de borrar lo de los cachorros, porque los que saben de esto de los blogs siempre dicen que has de centrarte en una única idea y tal, pero en el último momento cambié de opinión.

      Coincido contigo en que ese tipo de cosas sólo suelen hacerse al abrigo de la manada. Me estoy acordando ahora de La rebelión de las masas, de Ortega. O de cualquier partido de fútbol.

      Gracias por comentar ;)

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  2. Para empezar, te haré la pregunta que nos hacemos todos: ¿Hasta donde llevaste en Taekwondo? ¿Cinturón negro? Por cierto, la historia de los pobres cachorros no está de más. ¡Malditos hdp!

    Hay gente que justifica ese magnicidio: Es una empresa, invierten dinero en crear esos medicamentos, tienen que sacar beneficios, etc… En fin, que tenemos un sistema sanitario basado en la curación en vez de la prevención. ¿Que es más caro? Si, pero es mejor para las farmacéuticas. ¡Joyeros malditos pobres!

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  3. Buenos días,
    La verdad es que a mí, que en mis manos no está tomar ninguna decisión, sí me quita el sueño.
    Me parece que en pleno s.xxi, en un país «desarrollado», se niegue el medicamento a estas personas, dejando así que mueran como perros.
    Me considero una persona muy empática, sufro cuando veo sufrir, y disfruto cuando veo disfrutar.
    De crío me pasó algo realmente muy parecido a lo que cuentas con los cachorros, solo que en mi caso era sólo un chaval, al que me enfrenté y con el que tuve riñas durante años.
    Ahora pienso que era un puto psicópata, que estaba loco, y que probablemente, ya con 13 años, arrastraba algunos traumas familiares que serían objeto de estudio en programas como el de discovery max «perfil de un psicópata».
    Coincido contigo en lo que dices de los campos de concentración. Hace ahora un año estuve en Polonia, y tuve la suerte, o la desgracia, no lo sé, de visitar auschwitz.
    «El trabajo os hará libres», ponía en la entrada.
    Me pareció increíble la ingeniería que desplegaba aquél lugar. Cómo estaba diseñado para que NADIE tuviera una responsabilidad concreta. Así como auschwitz I me pareció un campo de concentración «al uso», cuando visité Birkenau (la extensión expansiva de auschwitz) me quedé helado.
    Quizá escriba un artículo de todo cuanto aprendí allí.
    A lo que voy es, que nadie tenía una responsabilidad concreta. El médico que decidía si eran aptos para trabajar o no, no era prácticamente consciente (o no se sentía responsable) de que todas las personas que no fueran aptas para trabajar fueran derechitas a «las duchas».
    Lo mismo con guardias, familias que estaban en casas en toda la periferia..

    Me desvío del tema.
    El sovaldi.
    Siento vergüenza de que el gobierno prime intereses económicos de farmacéuticas sobre VIDAS de las personas.
    Espero que si algún día vamos a ser juzgados, todas esas muertes se carguen a aquellos que son responsables.

    Ahora, también te digo, que si yo fuera enfermo de hepatitis C y supiera que me iba a morir. (porque saben el tiempo que les queda, que es algo realmente lúgubre) no me iba solo.
    Yo me llevaba a algunos por delante.
    Mucha gente me dice que soy muy radical en este aspecto.
    Nunca deseaba el mal a nadie, hasta que he perdido a mucha gente que no lo merecía. Hay mucha gente que, en mi opinión, no merece vivir. Porque no se lo ha ganado.

    En fin, espero que pongan pronto remedio a esto.

    Ah! y también espero que ya seas, por o menos, cinturón amarillo. Jajaja
    Un abrazo

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    1. Al leer el comentario de Ángel sobre los campos de exterminio nazis me ha venido a la memoria la novela «Las benévolas».
      Lo leí unos años atrás y me fascinó. El protagonista es un sicópata homosexual camuflado que alcanza un alto rango en el ejército nazi gracias a su capacidad de organización. Al margen de la historia, lo relevante es la aproximación de la más aséptica ingeniería a la tarea de matar a miles de persona en un tiempo mínimo con eficiencia económica. Fascina tanto como repele.
      Si vuestra empatía e imaginación no están demasiado desarrolladas os lo recomiendo. Yo no interioricé el horror de la solución nazi a sus problemas hasta que leí esta novela.
      http://es.wikipedia.org/wiki/Las_ben%C3%A9volas_%28novela%29

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  4. Para estas cosas que tanto os sorprenden hay un verbo: reificar, que podría traducirse por cosificar, hacer de algo abstracto un objeto.
    Aparte de los significados que incluye la wikipedia, se utiliza en teoría del conocimiento y en gestión.
    Como caso extremo pensad en los pilotos de bombarderos y su interfaz tan similar a un videojuego, o en los gestores de fondos de inversión que enfocan su trabajo con base matemática, o sin ir más lejos en los cargos políticos que sólo piensan en términos de eficiencia electoral. Otra cosa es que hay quien no tiene que hacer ningún esfuerzo (y suelen ser los mejores), a los todavía empáticos se les induce a reificar con visiones asépticas.
    Por todo esto es por lo que hay que enfocar la investigación en áreas estratégicas como algo abierto y público, no patentable. Pero para eso habría que potenciar las universidades públicas. ¿Se entiende mejor ahora el enfoque regulador de Wert? Las universidades públicas para vomitar técnicos en el mercado laboral, las de élite para generar conocimiento para la empresa privada. Saben, no improvisan.

    Saludos al iluminador de llagas sociales, y al resto de irreificables de este blog.

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  5. Miguel: creo que mi prometedora carrera en las artes marciales se quedó en el color butano. En la familia tenemos a uno de los mejores en ese deporte, pero se ve que la genética es relativa.
    En cuanto a la historia de los cachorros, me comentó Pilar en Twitter que en su pueblo, Robledo, tenían la misma «afición».

    Ángel: escribe, escribe lo de Auschwitz-Birkenau. Podrías enfocarlo por el tema de la eficiencia económica a la que se refiere Vicente, que es lo tuyo.
    Ya habrás visto que he aludido a tu reflexión sobre la hepatitis C (y a la de otros que me han dicho lo mismo) en el siguiente artículo. Es horrible que estos sinvergüenzas hagan pensar así a gente pacífica.

    Totalmente de acuerdo con la explicación de Vicente: «cosificación», ahí está el quid de la cuestión (el kit, diría más de un político). Por cierto, por lo que veo, la RAE aún no recoge «reificar».
    Me apunto la recomendación literaria y el documental (aunque se me están amontonando los deberes).

    Gracias a todos por mejorar esto ;)

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