Tóxicos

Hoy se quita la mordaza Roberto, uno de los más tenaces lectores y comentaristas de Vota y Calla. Es por eso que me alegro de que, como hicieran anteriormente Vicente, Miguel, Nemo… se haya decidido también a escribir por aquí.

Los tóxicos

Lo primero que habría de enseñarse en las Facultades de Periodismo es que la objetividad no existe. Siempre hay tantas versiones de un mismo fenómeno o acontecimiento como testigos existan observándolo. Es algo inevitable. No podría ser de otra manera. Cada ser humano carga con su propia visión del mundo, sus expectativas e intereses, sus sueños, sus traumas…

A cada persona la acompañan sus sesudos cálculos, también. Sus anhelos. Sus prejuicios. Y sus necesidades.

Para compensar tantísima variedad en los modos de ver una misma cosa, existe en el ámbito emocional un mecanismo natural consistente en, siquiera por un momento, ponerse en el lugar del otro. Dicho mecanismo se llama empatía.

Pero por lo visto, ¡ay!, según recientes estudios llevados a cabo por prestigiosas universidades, y según decía ya mi abuela, no todos los humanos somos iguales. Algunos son más mirados para lo suyo que otros… Y según últimas noticias, resulta que son legión.

Fuera ya del ámbito emocional, digamos que en un terreno colectivo o social, los recursos destinados a poner coto a tanto egotismo y egocentrismo —como algunos congéneres, al parecer, gastan— deberían ser otros distintos de la empatía. Porque no puede dejarse en manos de ella la mayor parte de las cuestiones que tengan que ver con la compresión y salvaguarda de los puntos de vista ajenos. Sencillamente, porque la ciencia y también el sentido común nos indican que hay un importante número de seres humanos que simplemente, carecen de la susodicha virtud. No son empáticos. Son más bien, digamos, que todo lo contrario. ¿A algunos podría llamárseles, incluso, depredadores? Bueno… cargando un poco las tintas, sí. ¿O carroñeros? Tal vez, algo así. Y es que parece ser que hay quienes siempre buscan obtener ventaja personal, únicamente, torpemente por lo general, y tan solo a corto plazo.

Un momento, un momento… Pero… ¿acaso no es todo esto algo natural? ¿No somos todos, en cierta medida, egoístas? Pues en parte sí, claro. El ansia por poseer está en nuestra naturaleza, desde luego, por lo que podría afirmarse que sí, que esto es, hasta cierto punto, o en gran medida si se prefiere, lo natural. Y aunque acumular sin freno no traiga felicidad, el animal  que llevamos dentro nos dice que juntemos más y más cosas, algunas útiles y otras no, porque no sabemos cuán largo será aún el invierno…

Entonces… ¿a dónde quiero ir a parar?

En concreto, a ningún lugar en particular. Solamente pretendo plantear aquí una reflexión.

Desde el siglo XVIII —principalmente, o si se prefiere, de una manera más notoria y sistematizada— no tenemos por qué confiar más en la empatía propia o ajena para vivir en sociedad. El siglo de la Ilustración trajo a Occidente ideales, y después revoluciones, que implicaron la posterior construcción de nuevas maneras de convivencia. Nuevas realidades intelectuales, y después, nuevas sociedades.

¿Cuáles son las ideas detrás de las sociedades que comenzaron a construirse entonces? ¿Cuáles fueron las ideas seminales de lo que después ha sido la contemporaneidad? ¿Qué grandes ideales sujetan la base, los cimientos (profundamente enterrados hoy en día, por lo visto) de la actual Europa?

En primer lugar, un «trío de ases»: Libertad. Igualdad. Fraternidad. Alguien se dio cuenta entonces de que todos los seres humanos nacemos desnudos e iguales. Ya ves tú. Qué cosas. Todo supremacismo resulta que no oculta superioridad real alguna, sino, por lo visto, mero clasismo. Ventajismo interesado y/o narcisismo acomplejado, pelín hortera y palurdo, en muchas ocasiones. Ya se sabe: la buena cepa… y todas esas cosas.

Y después, en segundo lugar, las luces revolucionarias del XVIII trajeron también la separación de poderes. Un mecanismo en principio bien sencillo: el poder público se divide en tres partes, con la intención de que cada una de esas partes vigile a las otras dos.

Los tres poderes son los siguientes:

  • Ejecutivo: El Gobierno de la Nación, propiamente dicho
  • Legislativo: Quien hace las leyes. En España, el Congreso de los diputados
  • Judicial: El principal garante. Un Estado de Derecho es precisamente un Imperio de la Ley

Si la Ley resulta o se considera inapropiada, se cambia siguiendo los apropiados cauces democráticos, procurando no olvidar el diálogo social y evitando «tics», autismos, automatismos, autoritarismos y atajos cortoplacistas varios. Dos ejemplos: nuestros representantes (empleados nuestros, por lo tanto) no pueden repartirse las migajas del Estado del Bienestar —que pagamos todos a escote, vía impuestos— privatizándolo para entregárselo a amiguitos y a amigotes. En segundo lugar: nuestros representantes no pueden comerciar con la soberanía nacional —que reside en el pueblo— para entregársela a organismos supranacionales que pretendan saltarse los controles parlamentarios (TTIP y demás).

Retomando un poco el hilo: doscientos años después de la Revolución Francesa, ¿qué ajustes necesarios, imprescindibles, no deberían llevarse a cabo para mantener bien engrasada esta maquinaria de Estado, garantía de nuestras libertades y de que no vuelvan, una vez más, a introducirse elementos de distorsión interesada del sistema? Ninguno. No hay razón —salvo el interés distinto al del bien común— para que no se lleven a cabo las reformas que sean precisas para que en ningún caso se imponga, como en la selva, la ley del más fuerte.

Una última cuestión. ¿Cuál sería la función en todo esto del llamado «Cuarto Poder», es decir, la Prensa? En España tenemos grandes periodistas gracias a los cuales conocemos muchas cosas. Que cumplen una función de contrapoder y denuncia imprescindible. No deberíamos confundir a estos magníficos profesionales con la filtración continua de noticias falsas, manipuladas e interesadas por parte de una pequeña porción de irresponsables tóxicos intoxicadores, que envolviéndose en diferentes banderas convierten muchas veces en irrespirable el ambiente de éste nuestro solar patrio.

 

Buenos días. Buenas tardes. Buenas noches. Gracias por leerme y compartir.

Y gracias también por supuesto a Salvador Solano por brindarme tan generosamente esta magnífica ocasión de poder acercarme a tantísima gente. No estaré siempre de acuerdo en todo con él al 100 % —¡no podría ser de otra manera!—, pero él sí cumple perfectamente la función de hacernos sentir tantas veces verdaderamente incómodos. Y todo por tener que pensar un poco. ¡Un abrazo, Salva!

A veces Afrika

Música: A veces… Áfrika, por María Banda (grupo del autor del artículo)

La canción propuesta no guarda aparentemente relación con el tema de esta columna. Sin embargo sí que trata, siquiera someramente, un tema de agenda global que afecta profundamente a los asuntos que aquí se abordan. Ciudadanía y derechos comienzan ya a verse afectados por el nuevo panorama global. La canción intenta abordar una ecuación principal que nos ocupará a todos en breve y que asimismo nos obligará a la unidad y a comenzar a pensar como especie. Dicha ecuación es la que divide los recursos naturales de la tierra —no tan esquilmables ni contaminables como a veces parecemos creer— entre la población global.

 

fotografía Roberto López Zalbidea, María Banda

Roberto López Zalbidea

Roberto López Zalbidea

Me gusta hacer canciones. Y en ocasiones, escribo sobre política. Porque yo sí que me meto en lo que sí me importa. No solamente voto cada cuatro años, cosa que también hago.

Estoy en Goear y Reeditor.

Twitter: @LopezZalbid

 

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3 sin mordaza

  1. «(…) la ciencia y también el sentido común nos indican que hay un importante número de seres humanos que simplemente, carecen de la susodicha virtud. No son empáticos. Son más bien, digamos, que todo lo contrario. ¿A algunos podría llamárseles, incluso, depredadores? Bueno… cargando un poco las tintas, sí. ¿O carroñeros?».

    ¿Y qué tal «psicópatas»?

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  2. Si no somos empáticos ni cuando conducimos… No se puede esperar que se sea empático a otos nieveles (por desgracia). Las noticias tóxicas, manipuladas, falsas tienen su objetivo (se me viene a la mente «La Gaceta»). En esta era de la sobreinformación hay que ser muy crítico y mirar la misma noticia desde muchos puntos de vista. Ojalá tengamos más periodistas de los buenos, a los que les importan las personas y no sólo un titular para vender…

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  3. Un ejemplo de que no todos los seres humanos sentimos la misma empatía la tienes en el anterior artículo escrito por Salva. El ser humano es diferente, mira más por su propio bienestar que por el bien común.

    ¿En qué falla el sistema? Quitando la respuesta fácil, el propio sistema, el problema es que, poco a poco, el poder ejecutivo ha ido conquistando los otros poderes, incluso el cuarto poder.

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