Etiquetas Archivadas: Sistema capitalista

No pienses, sólo mira la pantalla

Saludos, estresados lectores. Hoy me quito la mordaza para hablar de los beneficios de detenerse y dedicar unos momentos a la meditación en esta vorágine que nos arrastra, en esta carrera a ninguna parte.

 

No pienses, sólo mira la pantalla, la pantalla…

Que quieren una población inculta, carne de Sálvame, Cámbiame, Lobotomízame, ya lo sabemos. Esa gente es más manejable, fácil de pastorear. En el timo de los trileros, dónde está la bolita, dónde está la bolita, la tele es el cubilete con el que distraer al incauto mientras le vacían los bolsillos.

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Why so serious?

Saludos, risueños lectores. Hoy me quito la mordaza para lamentarme de las caras de tristeza que veo alrededor. ¿Hay motivos para tanta amargura? ¿Cuáles son? Una pista: trabajar ocho o más horas no ayuda.

 

El lamento de un vampiro

Tengo por costumbre fijarme en las caras. Ya, ya sé que todos, con la posible excepción de los más tímidos, miráis a las caras de los demás cuando habláis con ellos. Pero no me refiero al mero acto de mirar, sino a observar. Y no en una conversación, hablo de mirar  (con discreción, sin incomodar a nadie) a los que creen que no están siendo observados, especialmente cuando no tienen compañía. A veces lo hago paseando, en el supermercado, el centro comercial, el tren… y no suele gustarme lo que veo.

Me alegra encontrarme con rostros que, si no irradian felicidad, al menos no van por ahí poniéndolo todo perdido de tristeza. Pero cada vez es más difícil. Haced la prueba, salid a la calle dejando vuestros propios asuntos aparte por un instante y contemplad a los demás. Contempladlos como lo que son, seres humanos como vosotros. Pasadle el limpiacristales a vuestras neuronas espejo, poned en marcha la empatía y decidme cómo os sentís. Cómo se sienten ellos.

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Asesinados a través de un agujero

Saludos, beneficiarios de una Sanidad «pública, universal y gratuita». Hoy nos quitamos la mordaza para gritar por la falta de empatía de los que niegan la cura a los enfermos de hepatitis C.

 

Necesitamos un Sovaldi contra la insensibilidad

¿Cómo se llega a eso? Se nace así, ¿no? Quiero decir: ¿cómo es posible que aquellos en cuyas manos está que los enfermos de hepatitis C se curen, les nieguen el medicamento que les sanaría y sigan durmiendo por las noches? ¿No les afecta en nada? Espero que al menos les angustie un poco, aunque sea a la hora de la siesta. Pero me temo que no. ¿Cómo, si así fuera, actuarían con esa frialdad?

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La chica invisible

Saludos, hámsters del capitalismo. Hoy, además de la mordaza, vamos a intentar quitarnos la venda de los ojos.

Artículo publicado en eldiario.es

Pobreza en España

Tarde de octubre en Murcia capital. Tenía que hacer tiempo y ya me había dado un largo paseo, así que me senté en la terraza de una heladería. Pasear por la ciudad no me acaba de gustar. Acostumbrado a caminar por sitios solitarios, no me hago a cruzarme continuamente con tanta gente, así no hay manera de que la cabeza se suelte, demasiados estímulos sonoros y visuales.

Hay otra cosa que no me agrada de la ciudad, y es ver a tantas personas pidiendo. No me molesta que pidan, sólo faltaba (hay a quien sí), lo que me agobia es el aldabonazo en la conciencia. En el paseo por Murcia pude coincidir perfectamente con cinco o seis mendigos. Soy de pueblo, nunca he vivido en grandes núcleos urbanos, y donde he residido no había indigentes, como se dice ahora (jamás escribiré «sin techo», ese eufemismo, burda copia del homeless anglosajón). Ya de pequeño me afectaba mucho encontrarme con ellos cuando mis padres me llevaban a la ciudad, y cada vez que voy a cualquiera de ellas me recibe un bofetón de realidad, como si alguien me diera un puñetazo con la palabra «capitalismo» tatuada en los nudillos. Sin embargo, la gente de ciudad parece estar anestesiada, y no os juzgo: supongo que si viviera allí, a mí me pasaría lo mismo.

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