Etiquetas Archivadas: Gallardón

Les sale gratis

Saludos, ciudadanos que asistís estupefactos a la facilidad con la que nuestros políticos pueden arruinar lo público sin consecuencias personales. Hoy nos quitamos la mordaza para exigir responsabilidades.

 

 
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El legado de Gallardón: ley de tasas judiciales

Saludos, estafados provida que «no» vais a volver a votar al PP. Ahora que Gallardón se ha retirado de la política a consecuencia de la fallida (por el momento, no nos relajemos) reforma de la ley del aborto, nos quitamos la mordaza para hablar de otra de las estupendas medidas de su Ministerio: la ley de tasas judiciales.

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Indulto a nuestra inteligencia

Saludos, pueblo servido y protegido. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de la obsoleta ley del indulto, uno de tantos privilegios de los que se benefician nuestros políticos, sus amigotes, y los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

 
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Feliz 1984, chicas

Espero que no os moleste que vuelva a abordar este tema. Es el tercer artículo seguido que le dedico a la reforma de la ley del aborto, pero creo sinceramente que el asunto lo merece. De cualquier manera, las dos entradas previas eran distintas: la primera, una historia real de hace 18 años; la anterior a esta, una disección del anteproyecto de ley, citando varios párrafos del mismo; y el que sigue, un artículo de opinión más al uso.

 
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Abortar: carrera de obstáculos

No soy «abortista». Como ninguno de vosotros. Ya nos advierte George Lakoff en su libro No pienses en un elefante, de los riesgos de caer en los «marcos ideológicos» de la derecha. Si hay que poner etiquetas innecesarias, somos pro derechos, y ellos… Bueno, ya sabemos de dónde vienen la mayoría de ellos si retrocedemos apenas unos años: de apoyar un régimen dictatorial que les beneficiaba.

 
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Amenaza de aborto

 

Dieciséis añitos. Esa tarde iba a tener una relación sexual completa por primera vez. No pude dormir ni pensar en otra cosa durante toda la mañana. No eran sólo las hormonas (que también); estaba enamorado, con la fuerza que trae el primer amor correspondido. Ninguno de los dos sabía qué íbamos a hacer exactamente esa tarde, pero teníamos una cosa clara: sería increíble porque sería nuestro. Cuando estábamos juntos, dos individualidades adolescentes se diluían en algo mucho mejor que nosotros mismos, y que sin embargo a la vez nos reafirmaba en nuestras respectivas personalidades.

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