Etiquetas Archivadas: Despilfarro

Disciplina de voto

Saludos, ovejas negras. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de los que se conforman con balar.

 

Disciplina de voto

Lo que ha ocurrido este miércoles en el Congreso al aprobarse la ley de abdicación del rey con un 85 por ciento de votos a favor, ha vuelto a poner de manifiesto una de las deficiencias de nuestra endeble democracia. Hablamos de la disciplina de voto.

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Síndrome de Estocolmo

Saludos, pueblo expoliado que no calla. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de los excesivos sueldos públicos, tema que ya empezamos a abordar hace un par de artículos en Tramparencia política.

 
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«Tramparencia» política

Saludos, gente digna que no calla. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de la falta de transparencia y de los excesivos sueldos públicos.

 

Tramparencia política

Sabéis que Izquierda Unida anunció a bombo y platillo en diciembre de 2013 que publicaba en su Web los sueldos de sus diputados. Como siempre, la cosa acabó decepcionando un poco: sólo hay cierta información económica de sus ocho diputados en el Congreso y de un eurodiputado. Ni siquiera de sus senadores.

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Más despilfarro

 

Vamos a seguir con el tema de la entrada anterior, que parece que os ha gustado. Me refiero al despilfarro público, y en concreto al del pueblo donde vivo ahora. Creo que no lo comenté ayer, pero lo habréis deducido de todas formas: estamos en la Comunidad Valenciana.

 

 
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Despilfarro

 

Al poco de mudarme donde vivo en la actualidad, comenzaron los trabajos de ampliación y peatonalización de la plaza del pueblo. Me pareció muy bien, todo lo que sea quitarle espacio a los coches siempre tendrá mi visto bueno. Es de agradecer tomarte algo en la plaza sin verte obligado a escuchar los ruidos y respirar las emisiones de los tubos de escape, que los críos puedan estar correteando sin riesgo de que los atropellen…

 
 

Despilfarro

 

Pero pronto los vecinos nos íbamos a llevar una sorpresa: sin que nadie tuviera constancia de lo que pretendían hacer, sustituyeron la pequeña fuente de piedra, la de toda la vida, por una «escultura», un monstruo de acero informe de hierros retorcidos y cristales de colores, de 14 metros de altura y tres mil trescientos kilos de peso (3,3 toneladas). Todo un derroche de mal gusto que, además de feo, era algo desmesurado para el tamaño de la placita de un pueblo de 20.000 habitantes. Por no mencionar lo bien integrado que estaba frente a la clásica torre de ladrillo visto del campanario de la iglesia, de 1899. Debajo iban unos chorros de agua que salían directamente del suelo para que la estructura «interactúe con el agua, la humedad y el medio ambiente» (sic).

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