Síndrome de Estocolmo

Saludos, pueblo expoliado que no calla. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de los excesivos sueldos públicos, tema que ya empezamos a abordar hace un par de artículos en Tramparencia política.

 

Síndrome de Estocolmo

Como he comentado alguna vez, me sorprende la facilidad con la que personas que están pasando verdaderas dificultades económicas defienden los desmesurados sueldos de nuestros políticos. A esto es a lo que yo llamo síndrome de Estocolmo. Hay hasta quienes afirman que cobran poco (!). Es curioso, porque entre estos encontraréis a personas de izquierdas que dicen admirar al presidente José Mujica por su austeridad.

También están los que atacan a los políticos de otros partidos («Cospedal cobra tres sueldos, ¡sinvergüenza!»), pero no ven ningún problema en que aquellos a quienes ellos votan se embolsen un dineral del erario público.

 

Con menos de 6.000 euros al mes no se puede vivir

 

Aquí, por ejemplo, nos informan:

 

La nómina promedio de los diputados, si son de fuera de Madrid, asciende a 5.684 euros brutos al mes; 4.794 euros netos.

 

Pero claro, en el mismo artículo vemos que en cuanto van sumando carguitos…

 

Jesús Posada, como presidente del Congreso, entre complementos, gastos de representación y otros gastos de libre disposición gana unos 13.755 euros al mes.

 

Ya os recomendé en Tramparencia política la Web Sueldos Públicos. Allí podemos leer lo siguiente:

 

Lo básico para un diputado, sin cargo alguno y de una circunscripción distinta a Madrid, es cobrar 39.394,18 € brutos de asignación más 21.886,32 € de indemnización. Total: 61.280,5 € anuales. Sólo pagará impuestos de la primera cantidad.

Reciben complementos mensuales por razón del cargo. Entre otras prestaciones, los diputados que no tienen coche oficial disponen de un tarjeta personal con un límite de 3.000 € anuales para gastos de taxi en la ciudad de Madrid.

Dietas:

  • 150 € por día en el extranjero.
  • 120 € en territorio nacional. 

El Congreso facilita a los diputados ordenadores portátiles, así como teléfonos móviles

 

* Nota: a nuestros diputados se les suelen perder los ipads y los blackberrys (tienen muchas cosas en la cabeza), aunque no hay problema porque se les entrega otro inmediatamente. Alguien que no fuera tan inocente como el que escribe, se preguntaría cuántos familiares y amigos de políticos han conseguido ordenador, tablet o móvil gratis a costa del erario público.

Ahora, tomad una media de 5.600 euros al mes (tirando por lo bajo), empezad a sumar diputados y decidme qué país aguanta eso. Si nos limitamos a los diputados en el Congreso, son 350. A 67.000 euros anuales, nos da un total de… (tacatacatá)…

Un dos tres, calculadora, azafatas, síndrome de estocolmo

¡23 millones y medio de euros al año ¡Bieeeeeen! Plas, plas, plas.

Y no estamos contando pluses, complementos por cargos… Luego hay senadores, asesores… Abajo pondré algunos enlaces para el que quiera ampliar o contrastar información.

 

 

No me llames Cospedal, llámame Cospe

 

No faltan quienes, en cuanto manifiestas tu disconformidad con este trato de favor, te comparan con Cospedal. Aseguran que sus sueldos no hay que tocarlos, porque si no, sólo podrían dedicarse a la política los ricos.

Otra vez, los cerebros biposicionales. Vamos a ver: igual que no estoy de acuerdo con lo de «El PP o la nada» de nuestra Cospe, tampoco voy a estarlo con «el despilfarro o la nada». Os parecerá una locura, pero entre seis mil euros al mes y la nada, hay una horquilla bastante amplia. Una horquilla de cojones, si se me permite la expresión. Incluso si les pagásemos la mitad, no creo que ninguno de nuestros representantes pasara hambre por ello. Os aseguro que no llegaríamos a ver anuncios del tipo «Apadrina a un político» o «Siente un político a su mesa».

Estaréis hartos de oír, como yo, la frasecita de los que defienden la supuesta honradez del 99 por ciento de los políticos (ja): «Hay muchos alcaldes trabajando altruistamente por su pueblo, sin cobrar». Bien, pues si ellos son capaces de hacerlo, a los demás no les va a pasar nada por ajustarse un poco, ¿no?

Aún podríamos darle otra vuelta al argumento: el bajar esos disparatados salarios actuaría como un filtro que retendría una gran parte de la porquería que entra en política para lucrarse, dejando pasar en su lugar a la gente limpia y vocacional.

La mayor prueba de que cobran por encima de nuestras posibilidades es que la Administración se niega a facilitar una información completa sobre el destino del dinero público (ojalá habláramos sólo de nóminas). Y con respecto a los partidos, los pocos que se animan con el asunto de la transparencia, lo hacen de mala gana y con vergüenza.

 

Págame o te robo

 

Otra falacia es la de la honradez comprada. A saber: que si un cargo público no está suficientemente bien pagado, es más fácil que robe. Me cuesta mantener la moderación ante este tipo de argumentos. ¡Es estupendo! Probad, probad vosotros: «Jefe, o me triplica el sueldo, o me llevo su coche». Seguro que vuestro futuro laboral da un cambio de rumbo inesperado.

Además, llevamos cuarenta años de democracia comprobando la falsedad de este principio. Nuestros políticos están vergonzosamente bien pagados, y eso no les ha impedido nunca robar. En el PP hay muchos que cobran en un año lo que la mayoría de los ciudadanos no llegarán a ver en una vida, y sin embargo la gaviota está de mierda hasta el pico.

Esta es la gaviota del PP

Así está la gaviota del PP
Crédito: PACMA (como casi siempre, aquel desastre también le salió gratis al PP).

 

 

Sueldo vitalicio, ¿por qué?

 

En esto, los defensores de los pobrecitos políticos coincidís con Felipe González (a más de uno no le va a hacer ninguna gracia). En el magnífico Salvados en el que Évole moderó un debate entre Felipe González y Artur Mas (un debate de verdad, no lo que hacen en La Sexta Noche), casi al final, en el 51:46, Jordi le lanzó esta pullita al ex presidente:

 

(dirigiéndose a Mas) Bueno, si deja usted la política, piense que siempre puede encontrar un cargo de asesor en alguna gran compañía, que ahora va a haber una vacante (mira a González): la suya.

 

Y esto es lo que respondió Felipe:

 

Los españoles prefieren a políticos que no tengan autonomía personal para que, si salen de la política, como yo salí de la política institucional con cincuenta y cuatro años, no puedan trabajar con autonomía personal.

 

Se me saltan las lágrimas, de verdad. Tenéis razón, Felipe y vosotros me habéis convencido. Ay, qué pena más grande. Snif, snif…

 

Imagen Endesa, Aznar, síndrome de Estocolmo, puerta giratoria

Vale, el de Endesa es Aznar, González era “consejero” de Gas Natural. Pero da lo mismo, en esto hay pocas diferencias entre PP y PSOE (y CIU, PNV…)

 

Oiga, seamos serios. 80.000 euros al año dan «autonomía personal», ¿eh? Vamos, a mí me la darían. Se llevan ese sueldo Nescafé sólo por haber llegado al cargo, aunque no haya sido más que una legislatura. Y la bicoca no es únicamente para los ex presidentes de Gobierno, también cargamos de por vida con ex ministros y presidentes de Comunidades. Pagamos demasiada «autonomía» (personal, y de la otra).

Propongo que, además de moderar sus salarios, se elimine el sueldo vitalicio. Aquí, los mamporreros mediáticos contraatacan: «Hombre, no va a dejar usted a un ex presidente en la indigencia». Bien, permítame precisar: mi propuesta es que el sueldo vitalicio quede exclusivamente para el hipotético e improbable caso de que algún ex presidente no dispusiera de ninguna fuente de ingresos al salir de la política. Para los demás, una jubilación similar a la del resto de los españoles. Pero similar, no como ahora (actualmente, diputados y senadores únicamente necesitan cotizar siete años para tener derecho al 80 por ciento de su pensión, mientras que los «plebeyos», tras 15 años cotizados sólo percibiremos la mitad).

Ya de paso, habría que obligarles a que viajaran en turista, pagaran su conexión a Internet (porque los ADSL de las viviendas particulares de sus señorías los sufragamos entre todos), compraran sus teléfonos, condujeran sus propios coches… Los privilegios (y no sólo económicos) de nuestros políticos dan para varios artículos; el que no da para más es el país (y no me refiero al periódico, que también está KO).

 

Y vosotros, ¿qué asignación mensual propondríais para nuestros diputados? Os recuerdo que el PP volvió a congelar el salario mínimo interprofesional en 645,30 euros

 

Música: Gimme tha power, de Molotov

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Si quieres saber más, aparte de las páginas enlazadas en el artículo, puedes leer:

5 sin mordaza

  1. Pingback: Síndrome de Estocolmo

  2. Ay amigo Salva, hay tanto que cambiar, que uno no sabe por donde empezar. Vocacional es el chaval que acaba de salir de un ciclo y trabaja por 500€ porque quiere adquirir experiencia, eso es vocacional. Para ser breves diré: que cobren el salario mínimo, ya verás como no lo congelan, sin dietas, sin subvenciones, prohibir “regalos” de empresas… y paro porque si sigo, me cabreo.
    PD: muy buen artículo

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    1. Hola, Miguel:

      Pues de entre las personas con las que he comentado el artículo, hay quienes me han dicho que les parecen correctos esos sueldos (y no han sido pocos). Claro, como decía en el texto, cada uno ve bien el sueldo de “su” político (porque él se lo gana; los demás se lo están llevando muerto).

      Las donaciones a partidos políticos tendrían que estar totalmente prohibidas. “Regalos”, como tú dices, ninguno. ¿O alguien piensa realmente que las empresas le dan el dinero a los partidos por afinidad ideológica? De eso nada, siempre (siempre) es a cambio de algo. De hecho, conozco a algún gran empresario (y tengo entendido que su caso no es una excepción) que en elecciones regala a los dos, para apostar sobre seguro. Así que ya me dirás qué “ideología” hay ahí.

      P. D. Se agradece. Más si cabe porque sé que eres de los que no dices que te gusta algo si no es verdad ;)

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      1. Es que por exigir, exigía preparación para ocupar la mayoría de los cargos políticos y aún así, demostrando actitud, aptitud, conocimiento y experiencia, no estaría justificado esos sueldazos.

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        1. Pues te ibas a quedar solo: hablando de preparación, sólo 17 de los 350 diputados del Congreso han estudiado Ciencias Políticas. Y únicamente un 2 % de los senadores.

          Ese es el nivel, Maribel.

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