Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir

Servir y proteger (escudo salpicado de sangre) // Foto: Fotomovimiento.org
 

Tenía claro, por muchas razones, que empezaría el blog hablando sobre el 15M, pero lo que no había decidido hasta hoy es comenzar con un par de artículos redactados hace dos años, poco después del brutal desalojo de la Plaza Cataluña en mayo de 2011 (este primero), y en relación a los incidentes a las puertas del Parlamento catalán, que colgaré a continuación. Creo que, como me ha ocurrido a mí, os puede resultar interesante leerlos ahora. Era el comienzo de algo totalmente nuevo, no se sabía qué iba a pasar con el movimiento, y los medios de comunicación (especialmente los de derechas) aseguraban que se trataba de cuatro mugrosos que se cansarían en tres días (unos linces). También es llamativo recordar cómo ya entonces algunos usaban la vergonzosa y falsa comparación entre el 15M y los etarras, anticipando la calumnia con la que dos años después atacarían a la PAH. El mensaje que nos dan es muy claro: si no quieres que te llamen etarra, si no quieres que el poder te ataque, vota y calla.
 

 

 (Escrito el 28 de mayo de 2011)

 

Lo vi por primera vez desayunando, aunque cuando me fui de casa lo gordo estaba por comenzar; acababan de retirar los ordenadores, las tiendas de campaña, etc., pero no habían dado cera aún, algún tirón y poco más. Y ya me estaba asqueando. La tele, digo. La mierda de la tele, valga la redundancia. Tertulianeaba Susana Griso con sus colaboradores, todos justificando la acción policial: «Hombre, es que tienen que limpiar»; «Hombre, es que los pobres comerciantes de la plaza…»; «Hombre, es que a los hippies hay que sacudirlos para quitarles el polvo y la mugre» (no, esto último no lo dijeron, pero oído lo oído, no me hubiera extrañado lo más mínimo escucharlo). Como la manzana se me estaba atragantando, y pensando que igual lo partidista de los comentarios se debía a que los de Antena 3 son más bien conservadores y reaccionarios, cambié de canal… Y tres cuartas de lo mismo. Ana Rosa Quintana («AR», como el marinero de Los Simpsons) con un grupillo de colaboradores que, a tenor de sus comentarios, parecían clonados de los de Antena 3. En resumen, venían a decir que el Consejero de Interior de la Generalitat, un tal Felipe Puig (¡puagh!), el cual habrá dormido plácidamente pensando en lo machote que es y en lo bien que ha gestionado todo, lo había hecho perfectamente, y que así es como tendría que haber actuado Rubalcaba en la jornada de reflexión. Aquí ya, recordando por qué no suelo encenderla, apagué la tele y me fui a currar, con la bilis mezclándose con el café con leche. Menos mal que después llegué tarde para las noticias de las 15:00 y ya no vi el «reparto» hasta que me levanté de la siesta, porque si me pilla otra vez comiendo me corta la digestión, fijo.

Servidos y protegidos

Servidos y protegidos

Muchos analistas de estos «grandes» programas de debate (y que cerraran CNN plus para quedarnos con este nivelazo…) aludían a la ley como al sanctasanctórum. «Es que la ley está para respetarla», decían, y cada vez que la nombraban, «ley», se les hacía la boca agua. Vamos a ver: la «ley» es una abstracción creada por personas y, por tanto, susceptible de error. Me da mucha rabia cuando apelan a la ley o a la Constitución como si hablaran de la infalibilidad del Papa (que esa es otra, pero hoy no me voy a meter en más jardines). En tiempos de Franco (ese que tenía de Ministro a Fraga, fundador de Alianza Popular —actual PP—, quien nombró para sucederle a Aznar, el cual por su parte designó como sustituto a Rajoy, que es por lo que parece (a las recientes votaciones me remito), en quien la gente tiene depositadas sus esperanzas para arreglar este putiferio político —¡estamos salvados!—); en tiempos de Franco, decía, la ley prohibía que una pareja se diera muestras públicas de cariño, ni un beso, ¡y no hablemos ya de parejas del mismo sexo! Esas ni en público ni en privado, y además podían enviarlos a la cárcel o a instituciones psiquiátricas para que los «curaran». También estaba prohibida por ley la reunión de más de tres personas sin autorización. Y les recuerdo a estos defensores a ultranza de la ley, que las manifestaciones que tanto han alabado en Libia, en Túnez, en Egipto, en Siria… (esas sí; ¿será porque están lejos?), sobre las que han derramado innumerables alabanzas por lo que están consiguiendo en pro de la democracia en esos países y por el meritorio aguante de su gente, también son ilegales.

Me hubiera gustado ver a algún famoso sentado allí, mientras se repartían las galletas. A Buenafuente, pongamos por caso. No, no he escogido un buen ejemplo, porque él se ha mojado bastante, anoche mismo lo vi haciendo de reportero para Al Rojo Vivo, hablando muy clarito; si lo nombro a él es porque no caigo ahora en caras conocidas que vivan en Barcelona; me viene a la cabeza Corbacho, Sardá, Jordi Mollá… Pero no sé si residen allí. Aunque me entendéis. Habría estado bien encontrarse al Xavier Bardem de turno sentado junto a la gente, a ver qué hubieran hecho los tarados de uniforme («¡Psicópatas, psicópatas!», les gritaban, con razón, los pacientes receptores de impactos).

Es que es para cabrearse, joder. Además de indignados, apaleaos. Apaleados por cobardes que se amparan en el (ilegal) anonimato y en la impunidad más absoluta. Cobardes, por mucho que busquéis no encontraréis otra palabra mejor. Luego podéis añadirles epítetos complementarios («sádicos», por ejemplo), pero la esencia es la cobardía; es lo mismo que el matón de la escuela, que el tío que le pega a una mujer, la misma basura de los policías yanquis caza negros, de ciertos porteros de discoteca, del que maltrata a un perro, e     t     c     é     t     e     r     a.

Y no me vale (no, a mí no me vale, aunque se la he oído incluso a alguno de los involuntarios templadores de porras) la excusa de que los robocops son unos mandaos, que los únicos culpables son los políticos, porque los pobrecitos vareadores de aceitunas antropomorfas se han visto obligados a actuar así al estarse jugando el pan de su familia. ¿Qué pasa, que veríamos bien que una secretaria a quien el australopithecus de su jefe le hiciera elegir entre realizarle una limpieza de bajos o irse a la calle, optara por ponerse de rodillas? No, le animaríamos a mantener su dignidad por encima de todo. Pues eso.

Por supuesto, ya se han encargado varios medios de comunicación de repetir la cifra de mozos de cuadra «heridos». Yo es que me parto. Buenísimo, como no podía ser menos, el artículo de ayer de La Razón. Recomiendo su lectura íntegra a todo aquel que ande necesitado de un purgante; para los demás transcribo unos extractos:

 

Los «indignados» enseñan los dientes
Las cargas entre acampados y policías se saldan con 37 agentes heridos y destrozos en el centro de Barcelona

 

Ni una palabra en el titular de la gente a la que apalearon. Hay que ahondar en el artículo para descubrir que hubo más heridos aparte de los policías, eso sí, «la mayoría leves». Pero dejan bien clarito desde el inicio lo de «37 agentes heridos». ¿Mandeee? ¿Heridos? ¿Los antidisturbiooos? Como si no supiéramos y hubiéramos visto que van blindados: cascos, chalecos antibalas… Y a los indignados ya les habían quitado previamente todas las posibles «armas» (las cañas y palos de los tambalillos). Claro que igual se refieren a esguinces de muñeca y cosas así, que se hayan causado ellos mismos al zurrar a algún chico (o chica, que a ellas también les dieron de lo lindo) que tuviera la cabeza más dura de la cuenta. Sigue La Razón:

 

Se acabó la farsa. Tras doce días de acampada pacífica en la plaza cataluña de Barcelona, los indignados mostraron ayer su peor cara y provocaron destrozos en el mobiliario urbano y agresiones a los agentes de la autoridad [lo de «plaza cataluña» así, con minúscula, es un error ortográfico del periódico].
(…)
Los servicios de limpieza retiraron todo tipo de objetos de la acampada, que según fuentes municipales se podrán recuperar a partir del próximo día 30.

 

Entre las múltiples grabaciones y fotografías que circulan por ahí se ve claro que TIRARON los objetos al camión contenedor, incluso se aprecia a varios antidisturbios tomándola con los ordenadores.

Desalojo Plaza Cataluña

Ordenadores peligrosos

Seguramente también lo hicieron en defensa propia; posiblemente vieron la pegatina de PC Intel Core, y pensaron que se trataban de máquinas del Partido Comunista traídas del futuro para acabar con el orden establecido.

[Aquí tenéis un vídeo de la jornada].

La verdad, creo que la gente de Lorca a quienes se les ha derrumbado su casa va a poder «recuperar» más pertenencias que las que ha retirado (¿con qué derecho?) la policía en Barna. De Lorca-ciudad a Lorca-poeta, me viene a la cabeza lo de: «Tienen, por eso no lloran / de plomo las calaveras…»

En el manifiesto del 15M tendría que encontrarse la aspiración de conseguir unos medios de comunicación que fueran eso, y no simples mamporreros de los partidos políticos, porque en demasiadas ocasiones cuando únicamente transmiten una noticia totalmente cierta e imparcial es al dar la hora.

Las excusas que han buscado para el no-desalojo, la limpieza de la plaza y los posibles altercados por la celebración del partido del Barcelona —mientras escribo estas líneas parece que ha ganado el Barsa la liga esa—, es para cambiarse de nacionalidad, si es que hubiera una alternativa viable. De la limpieza me niego a decir nada, una cosa es que insulten nuestra inteligencia, y otra es que pretendan mearse en ella; respecto a lo del sempiterno fútbol… Bastante harto estoy ya de que con los impuestos que pagamos (algunos) se costeen todos los despliegues de seguridad que conlleva la celebración de cualquier partido medianamente importante (cientos de policías escoltando, como si fueran su guardia pretoriana, a los descerebrados de uno y otro bando para evitar que se maten; la movida tras los encuentros; protección a los autobuses…), como para que ahora me vengan con esas. Pues que se ocupen de que los culés, excitadísimos porque «su» equipo le haya ganado a los «manchesterianos» (como se llamen, que ni lo sé ni quiero que esas chorradas ocupen el más mínimo espacio de mi cerebro), no vayan a la plaza. ¿Por qué sí puede ir esa gente a gritar, a subirse a las fuentes y a poner todo perdido, y se les intenta impedir a los indignados su permanencia en el mismo lugar? Si es que los antidisturbios reparten habitualmente mucha menos estopa contra los imbéciles que destrozan mobiliario urbano porque haya ganado o perdido su equipo, que la que repartieron contra los pobrecillos de ayer. De lo que tendría que encargarse la policía es de evitar esas «celebraciones». Tal cual. Pero no hoy, sino siempre. Estoy seguro de que este deseo le sorprenderá a toda esa gente (sois multitud, lo sé) que ahora mismo está tirando petardos y apresurándose a montarse en el coche para dar unas vueltas tocando el claxon, presa de un malinterpretado sentimiento de seguridad en el grupo (escuchadme: vosotros NO habéis ganado nada; vosotros NO tenéis ningún mérito.)… Pero este es el segundo jardín del que voy a intentar salir sin pisar muchas flores.

No sé cómo acabará esto. ¿Se cansará la gente y se irá, sin que haya habido ningún cambio «real»? ¿Intentarán echarlos de nuevo por la fuerza, de ese o de cualquier otro lugar? Esta última opción, después de lo de ayer, la tienen difícil. Lo único que se me ocurre para que pudieran entrar a saco de nuevo es que infiltraran policías camuflados entre los verdaderos indignados; que estos polis de incógnito la armaran, «atacando» a sus compañeros, haciendo creer que los alborotadores son gente de la plaza, y esto les diera a los gijoes la excusa para responder. Y llegado ese caso, no sé… Lo de la resistencia pacífica está muy bien, pero no hay que olvidar que a su inventor lo asesinaron.

Y si no, tampoco sé adónde lleva el asunto. No quieren crear un partido político. Vale. Pero entonces, ¿qué? Hemos dejado que la corrupción se extienda en demasía, les hemos dado la caja del dinero, la llave de dicha caja, y no nos hemos quedado copia. El edificio, aunque viejo y lleno de taras, es demasiado grande para derribarlo arrojándole piedras. Quizá, y digo quizá, la única salida consista en luchar con sus armas, crear un partido político gracias al cual todo el mundo que se halle en mi situación (comprometido, preocupado, pero reticente a votar por ninguna de las opciones actuales) descubra una ventana abierta. Otra opción consistiría en que contactaran con algún partido de los ya existentes (obviando a PP y PSOE, que no están por la labor de cambiar nada) que se encontrara dispuesto a aceptar las propuestas del movimiento, y lo votaran en masa, lo votáramos, todos a una. Esta posibilidad es la que aterra realmente a los dos grandes partidos actuales, especialmente al PP, según se ha desprendido de las declaraciones de algunos de sus dirigentes, y sobre todo de lo que emanan sus medios de comunicación (recordemos el artículo de La Razón).

Ah, la frase que da título a este desahogo no es mía, está copiada de una de las muchas pancartas que he podido leer. Otra muy buena de la Plaza Cataluña, ya en tono de humor, rezaba algo así: «Si viene la policía, sacad las uvas y disimulad». Grandes.

 
Música: Esto es Bilbao, de Beer Mosh

 

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