La sanidad privada no cura el ébola

Saludos, vividores que pretendéis que el Estado proteja a sus ciudadanos. Hoy nos quitamos la mordaza para analizar por qué el anhelo liberal de privatizar completamente la Sanidad es insostenible.

 

El liberalismo no cura el ébola

Sabéis que buena parte de los liberales abogan por el fin de la Sanidad pública. Para ellos todo debería ser privado, afirman que es más eficiente y barato y así no se expolia a los pobres ricos, valga el oxímoron. De este parecer son líderes de opinión como Juan Ramón Rallo, que no me parece ni mucho menos el peor ejemplo de lo que podemos encontrar alrededor de la política: algunas de sus ideas son radicalmente opuestas a las mías (otras no), pero dice lo que piensa a las claras, no se oculta detrás de programas falsos como el PP, es coherente. Al menos, bastante más coherente que tantos políticos como Esperanza Aguirre que se definen hipócritamente como «liberales» pero no dudan en lucrarse de por vida con lo público o maniobrar de forma dudosa para favorecer a los amiguetes. De hecho, el propio Rallo acusa a los miembros del PP que portan el estandarte del liberalismo de «impostura»: un verdadero liberal jamás habría rescatado con el dinero de los contribuyentes a las concesionarias de las autopistas o a los bancos.

Casi peor son algunos políticos con carné de izquierdas que han permitido a las empresas privadas realizar sus chanchullos a cambio de un futuro y bien remunerado puesto de «consejero». O quizás ha sido casualidad y es que son tan listos que las empresas se pirran por contratarles.

 

Vamos a analizar por qué no es sostenible una sociedad sin Sanidad pública. Dejaremos de lado la insensibilidad necesaria para aceptar que un montón de personas que no han tenido la misma suerte que tú se queden sin cobertura sanitaria (Rallo opina que «la inmensa mayoría de ciudadanos podría costearse su propia sanidad»; yo no estoy tan seguro y, aunque así fuera, ¿qué pasa con la minoría?). Dejaremos eso de lado, digo, porque a un liberal el egoísmo se le supone; ande yo caliente, muérase de frío la gente.

 

La Sanidad no debe ser un negocio

 

Enfermedades raras 

Las empresas sólo buscan su propio beneficio, y para ello no reparan en ninguna otra cosa. A una farmacéutica o un hospital privado no les importa que la gente se muera por no poder pagar su medicamento: ese no es su problema, los negocios son los negocios. Cualquiera que no sea un mentiroso o un cándido ignorante me dará la razón en esto.

¿Qué ocurriría con una sanidad exclusivamente privada? Que sólo se encargarían de lo rentable (como ya sucede ahora, por cierto, con las aseguradoras que derivan a sus pacientes a la Seguridad Social para ciertos tratamientos y operaciones). El capitalismo es así, por eso hay muchas enfermedades llamadas «raras» que nadie investiga. Porque el objetivo no consiste en descubrir un medicamento que alivie el sufrimiento y la muerte de millones de personas, sino en forrarse. Y si piensan que la comercialización de un fármaco no va a poder rentabilizarse comercialmente o no va a dar los beneficios que a ellos les parezcan suficientes, pues a otra cosa. Esto deja a un montón de ciudadanos desamparados (de hecho, a los medicamentos que tratan las enfermedades raras se les llama «huérfanos»), pero oye, que no hubieran enfermado. Y sí, digo un montón porque aunque los afectados por las enfermedades raras son «pocos» comparativamente, hay multitud de enfermedades de este tipo, y muchos pocos hacen un mucho. Sólo en España son más de tres millones de enfermos, el 75 % niños, una tercera parte de los cuales muere antes de cumplir los cinco años.

 

Virus del Ébola

Cuando repatriaron a toda prisa desde Liberia al sacerdote infectado de ébola, nuestros sesudos gobernantes cayeron en la cuenta de un pequeño detalle: que su afán privatizador les había llevado a desmantelar buena parte de las infraestructuras del Carlos III, el hospital de referencia en nuestro país para el tratamiento de enfermedades infecciosas, y ningún centro privado estaba preparado para algo así. ¿Por qué lo desmantelaron, si el Carlos III era el único hospital adecuado para una emergencia sanitaria de este tipo? Os respondo con otra pregunta: ¿cuántos casos de ébola se han dado en España en los últimos treinta años? Ahí lo tenéis: de nuevo, la rentabilidad.

 

Hepatitis C

A esta vergüenza nacional le hemos dedicado íntegramente los dos artículos anteriores.

 

Estas y otras realidades me sitúan en el lado opuesto a un liberal en cuanto a la Sanidad se refiere: si por mí fuera no existirían patentes farmacéuticas. La salud ha de estar excluida del mercado, no debería estar permitido especular con ella. Por tanto, al contrario que Rallo, defiendo que la Sanidad tendría que ser exclusivamente pública.

De ese modo, además, evitaríamos conductas tan lamentables y peligrosas como las de los médicos y farmacéuticos que prescriben u ofrecen determinados productos en virtud de la comisión prometida por el comercial de turno, y no por su idoneidad para el paciente. Y es que «paciente» nunca debería ser sinónimo de «cliente».

Es imprescindible una Sanidad pública (como una televisión, y aquí vuelvo a estar radicalmente en desacuerdo con Rallo) que no dependa de los beneficios. Una Sanidad que proteja de cualquier eventualidad a los ciudadanos que la han levantado y la mantienen con sus impuestos (y una televisión que emita una programación de calidad, aunque eso suponga renunciar a la audiencia de Adán y Eva o Espejo Público).

Defendamos una Sanidad pública, universal y gratuita. Castiguemos en las urnas a quienes están acabando con ella.

 

Salvese quien pueda

Música: Sálvese quien pueda, de Banda Jachís

 

Imagen de cabecera: Manel Fontdevila
 

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9 sin mordaza

  1. Estoooo… supongo que todos esos iluminados neoliberales, incluido ese tal Rallo, en algún momento de su vida se habrán beneficiado de la protección del Estado ¿no? Habrán ido a algún hospital público, a un centro de salud… a alguna biblioteca… habrán solicitado los servicios de la policía, etc. Sinceramente, a mi juicio, la mente de un neoliberal no se diferencia mucho a la de un sociópata. Tal cual.

    Un saludo!

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    1. Sí, de eso hablamos ya por aquí, como recordarás. De hecho, esta bien podría considerarse la segunda parte de aquella entrada que tanto te gustó, El liberalismo va a llegar.

      ¡Un abrazo!

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  2. No quiero pagar impuestos para pagar el tratamiento de un enfermo al que no conozco (y me montaré una historia para no sentirme mal, por ejemplo, que enfermó por beber al ir de putas). Pero de la carretera o autopista por la que circulo con mi coche (comprado con el plan PIVE) no me quejo. O de los grandes contratos que me llevo yo o mis amigotes gracias a nuestros amigos políticos tampoco me quejo.

    Un verdadero liberal sabe que necesita a Papá Estado para asegurarse su fortuna.

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    1. Al final, por más vueltas que le den yo estoy convencido de que los cimientos de estas ideologías se componen principalmente de egoísmo. Sin este “ingrediente” se derrumbaría todo el edificio (neo)liberal. Por eso es tan importante cambiar el modelo educativo, pero parece que vamos al revés, como pudimos ver en el último Salvados.

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  3. Me parece que el desmantelamiento de la sanidad por parte del Gobierno actual es una postura muy hipócrita.

    Es evidente que la puerta de atrás es práctica probada y patente, y que beneficiar a las empresas en las que luego vas a entrar de consejero es inevitable para cualquier egoísta, por llamarlos de alguna manera.

    Me parece que adoptamos las medidas de Europa que mas nos convienen.
    Veo al señor de guindos diciendo que debemos cumplir lo que la UE dice. Exigiendo compromisos a Grecia y diciendo que no podemos no cumplir los compromisos con Europa.
    Y en este contexto me acuerdo de cuando la justicia europea declaró ilegal la ley hipotecaria, y a pesar de eso, siguen ejecutándose desahucios cada día en nuestro país.

    En el tema de las patentes, estoy contigo.
    Las patentes en temas de innovación tecnológica tienen sentido porque aumentan la competitividad, porque permiten a las empresas que invierten en I+d+i rentabilizar sus activos intangibles.
    Peeeero, no creo que las patentes puedan costar vidas.
    Y de esto me tragué no ha mucho un documental del VIH, y de cómo la india se pasó por el forro todas las patentes, para no dejar perecer a una buena parte de su población.
    Creo que debemos empezar a meter mano a las farmacéuticas.
    Que no se puede obtener plusvalías porque el coste de oportunidad, en este caso, son vidas.

    Espero que esto cambie, la verdad.
    De momento parece que el sovaldi llegará, como siempre, tarde para muchos.

    Saludicos amiguetes.

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  4. Ya supondréis que mi visión de la deshumanización que supone gestionar un medicamento vital para mucha gente no difiere de la vuestra.

    Donde sí podemos encontrar diferencias (que es lo que nos da vidilla) es en el concepto de patentes, donde difiero de Ángel. No creo que sea en absoluto razonable admitir el derecho de explotación de un hallazgo basándonos sólo en la inversión de la empresa, porque el conocimiento nunca se construye en el vacío. Me explico: al final de todo descubrimiento hay un equipo de humanos que se han formado mediante el conocimiento compartido de muchos de sus semejantes (trabajos disponibles en la red, publicación en revistas, investigación pública en las universidades, …). ¿Se tiene eso en cuenta en la patente, o se asume que la empresa tomó un grupo de recién nacidos y los formó en una campana aislante hasta que obtuvieron el Sovaldi (o lo que sea) y por tanto puede reservarse todos los derechos?

    Por ello yo creo que debería redefinirse el concepto de patente, y que ésta debería ser abierta al bien común cuando se trata de una killer app (descubrimiento o invento que invalida cualquier sustituto existente con anterioridad). Es el Sovaldi, pero podría ser Internet, la cura del cáncer, o un tipo de trigo que creciese en desiertos arenosos. Tanto da.

    Es decir, volumen amplio de beneficios que desde luego permita la recuperación de la inversión, pero regulando precio y tiempo de protección de la patente. Si ha de ser relativamente barata (el Sovaldi por ejemplo) que el tiempo de reserva de la patente se extienda, y siempre condicionada a la apertura del conocimiento generado tan pronto ésta expire.

    Saludos, Vicente.

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    1. Ey, Ángel, pero dinos el nombre del documental, que siempre puede venir bien para alguna tarde de domingo.

      En cuanto a las patentes, me gusta la idea de Vicente, aunque en mi ilusa tendencia a la utopía aspiraría a que todo lo concerniente a la sanidad fuera gestionado de principio a fin y de manera exclusiva por los Estados. Pero antes habría que cambiar muchas cosas y entonces, como nos decía Miguel hace un par de entradas, no hablaríamos de capitalismo. Pues eso.

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  5. Me siento obligado a comentar esta entrada. Soy sanitario, o lo fui, porque una jodida enfermedad “rara”. En mi caso resulta “comica”, no tiene sintomatología clara. No tiene mas tratamiento que suero en los ojos porque se te secan. La enfermedad la llaman “Sindrome de Sjögren”. Aprovechando os diré que solo el 10% del diagnóstico de esta enfermedad es cierto. A esto hay que añadir un fractura vertebral, que me ha dejado secuelas, etc, etc que no tienen nada que ver, con el sindrome.

    Lo de la sanidad pública es de tal hipocresía que alcanza a los chicos del Pxxe, los mismos que en 1986 publicaron la Ley General de Sanidad, Ley 14/86, en general buena. Estableció la sanidad pública y universal. Sin embargo en su art. 94 contempla conciertos con hospitales privados, aunque con limitaciones
    Esta fue la forma de que el PP, en 1997, dictase la Ley 15/97 de Nuevas Formas de Gestión de la Sanidad. Totalmente encaminadas a gestión, regalo de Hospitales, creación de Fundaciones (fundiciones porque el personal se funde trabajando).

    Ahora, los que seguimos la evolución del robo, vemos como han privatizado mas. Dentro de los hospitales y Centros de Salud han “dado la posibilidad de que los profesionales se adhieran a las (UGC), Unidades de Gestión Clinica. Consisten en lo siguiente: Al jefe de la unidad, si es Ppero mejor) le dan un presupuesto anual, que tiene que gestionar de modo que dure todo el año y no tengas que acudir a crédito extraordinario, dado que si esto ocurre el año siguiente te recortarán mas el presupuesto. Sin embargo te premian, si consigues objetivos, resumidos en disminución de pruebas, derivación de pacientes a otras unidades . A eso le llaman productividad variable, en función de la categoría profesional con quienes se repartan los “beneficios”.

    Desde el otro lado del mostrador, médicos con los que he trabajado me dicen que les obligan a hacer “medicina defensiva” “recortes de medicación”, incluyendo circulares de inspección para que informen a la misma sobre prescripción de analgésicos opioides, son tan … que piensan que todos los días nos dedicamos a trapichear, con fármacos que alivian nuestro dolor.

    Eso sí cuando en un Hospital Privado se les “tuerce” una intervención enseguida están llamando a emergencias para que el/la paciente sea trasladado a un hospital público.
    No sigo porque esto daría para un libro y no estoy por aburriros.

    *P.D. Observad las leyes, una es la 14/86 de 25 de abril y la otra la Ley 15/97 de 25 de abril . ¿Será casualidad?

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    1. Vaya, Félix, siento lo de tu enfermedad.

      Lo de los premios a los médicos por ahorrar y quitarse los muertos de encima, es indignante. Como también lo es que la sanidad privada juegue con cartas marcadas.

      Muy interesante lo que cuentas, puedes volver a «aburrirnos» cuando te apetezca.

      Twitter: @vota_y_calla

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