«Reivindicamos tus derechos, puta»

Saludos, pueblo digno. Hoy nos quitamos la mordaza para cuestionar la «lucha» de los Guerreros del Acné y rechazar amablemente su supuesta ayuda.

 

Machistas antifascistas

Hace menos de quince días, el 21 de marzo,  se desarrollaron por segunda vez las Marchas de la Dignidad. Algunos no os habréis enterado porque, como el año pasado (22M), fueron descaradamente ignoradas por la mayor parte de los medios de comunicación. Sólo eran cientos de miles de personas (o decenas de miles, mucha gente en cualquier caso), así que mejor informar sobre el gatito que se asusta al verse en un espejo o el niño que ríe al oír a su madre comer patatas fritas. Ese es el perfil del ciudadano que les gusta a nuestros gobernantes, personas que se preocupen por lo verdaderamente importante.

Pero hoy no voy a haceros una crónica de la marcha como el 31E, sino a hablaros de un vídeo en concreto, este de Jaime Alekos:

 

Aquí la noticia de Periodismo Humano en la que está incluido el vídeo.

 

Os explico: la manifestación había terminado sin incidentes, como suele ser habitual, tan habitual que la policía sólo «tiene» (habría mucho que hablar sobre eso) que cargar contra determinados individuos en una de cada 400 manifestaciones. Está claro que la Ley Mordaza era una necesidad imperiosa.

La manifestación había terminado sin incidentes, pero un grupo de energúmenos que se habían quedado con ganas de más, la exaltación de la masa y todo eso, a ver cómo nos vamos a ir a casa ahora con este calentón, tronco, se dedicaron a recorrer el centro de Madrid rompiendo cosas mientras daban palmadas y cantaban sus cositas, «a-anti-anticapitalistas» y tal. Es posible que ni siquiera fueran manifestantes, habrían ido únicamente a eso, a armar follón. En el vídeo se ve, entre otras acciones de liberación del proletariado, cómo vuelcan contenedores; arrojan piedras a los coches de policía (que no están haciendo nada, van detrás, «escoltándoles»); arrancan mobiliario urbano; tiran sillas y mesas de una terraza; revientan los cristales de un vehículo policial; bloquean la calle («hemos hecho una barricada, tío»); golpean cajeros; incendian el contenido de un contenedor de papel (esta gente suele justificar el vandalismo contra los cajeros como «lucha contra el capital», así que supongo que tomarla con el contenedor de papel será «lucha contra el reciclaje»); rompen postes de los parquímetros; persiguen a tres policías a los que encuentran aislados; estrellan botellas de cristal contra las fachadas; embisten contra la puerta de un edificio público, destrozan escaparates de Springfield y otras tiendas (para luchar contra la explotación infantil en Bombay, como si lo viera)…

En un momento dado varios vecinos les recriminan su actitud. Una mujer, comprensiblemente preocupada e indignada de que celebren San Juan en su calle en marzo, insulta al pirómano desde el balcón: «hijo de puta» (2:20). La respuesta es digna de unos australopitecus anticapitalensis como estos: «¿Cómo que hijo de puta”? ¡Tu puta madre, hija de puta! [Ininteligible] el puto coño en tu sofá, zorra! A mamarla, puta hija de puta. ¡Fascista! (no podía faltar). A mamarla mientras te roban tus derechos, puta zorra». Y el colmo: «¡Reivindicamos tus derechos, agradécenoslo!». Tras este alarde dialéctico siguen su camino, reivindicando derechos por donde pasan, como Atila.

Se nota que son muy jóvenes por la voz y por ciertas maneras, como cuando uno le arrima el mechero a unas bolsas de basura y otros se sorprenden: «¡Eh, alcohol! Ahí, to’ preparao, chaval» (qué guay, tío, llevas alcohol para encender fuego más rápido, eres la caña), o cuando se les encara un trabajador en traje de faena (3:00), se cagan de miedo y el interpelado, con una piedra en la mano, sólo es capaz de balbucear: «a ti te explotan».

 

Me ha resultado, no os voy a decir sorprendente, porque uno ya conoce el paño, pero sí curioso que gran parte de la izquierda, ciberfeministas incluidas, haya defendido a estos chicos. Sí, sí, las mismas que tienen la piel tan fina que te acusan de machista por cosas como escribir únicamente «manifestantes» en lugar de «los y las manifestantes». La razón de este doble rasero es la de siempre: son «de los nuestros», antifascistas, la izquierda auténtica, ojalá hubiera más gente así.

Qué va. Si la mayor parte de los políticos no me representan, estos críos ni os cuento. No son tan diferentes de quienes arrasan con todo a su paso tras cada partido (y nadie criminaliza el fútbol por eso), o un sábado por la noche cargados de copas. Sé lo que es eso, porque yo mismo lo he experimentado. Cuando tenía 12 ó 13 años a veces salíamos «a liarla», y en la seguridad del rebaño cargábamos contra el mobiliario urbano o bienes ajenos. Duró poco: en cuanto tuve verdadero uso de razón me di cuenta de que aquello era un disparate, pero entonces no pensabas en las consecuencias ni empatizabas con las víctimas de tu diversión, simplemente te dejabas llevar y soltabas tu rabia, te desahogabas. Hormonas desatadas, frustración, falta de alternativas de ocio… Por supuesto, me arrepiento y no me imagino haciendo lo mismo con 30 años, pero cada uno madura cuando le toca, que puede ser nunca. Otra cosa que jamás hubiera hecho entonces es contestarle así a una mujer.

Visto lo visto, creo necesario hacer una sorprendente revelación: también hay muchos idiotas de izquierda.

 


 

Policía y medios de comunicación

Si eres nuevo por aquí, lector, no te confundas. Los que siguen Vota y Calla saben que no le tengo demasiado aprecio a nuestra policía. De hecho, en el vídeo volvemos a ver otra cuestionable actuación: varios integrantes del grupo de vándalos están ya sentados contra una pared (5:50), arrinconados, indefensos, cuando los valientes antidisturbios arremeten contra ellos (chavales, recordemos; tres de los detenidos eran menores de edad y otros superaban por poco los 18 años; también había alguna chica) con innecesaria y desmedida brutalidad, aporreándoles con furia ciega mientras los apaleados se hacen un ovillo y se cubren como pueden. Un mal golpe de porra por parte de hombres entrenados puede abrir una cabeza o romper brazos y piernas, ya ha pasado. Puede incluso matar. Y si hacemos caso a lo que cuentan algunos de los protagonistas, la cosa habría sido peor de lo que se ve, pero no lo sabemos porque volvieron a ocultar a los arrestados con sus propios cuerpos y con los coches, y no dejaron realizar su trabajo correctamente al cámara, obligándole a retirarse («¡fuera de aquí todo el mundo!»). Los detenidos denuncian insultos, vejaciones, escupitajos, una hora de rodillas con las manos en la cabeza… Pero, insisto, eso no se ve en el vídeo, hay que creérselo, o no. Yo me lo creo.

Un buen número de las personas de derechas que vean este vídeo dirán: «se lo merecen», «así se les quitarán las ganas la próxima vez», «más les tendrían que haber dado», etc. Pero se pongan como se pongan estos ejemplos de caridad cristiana, la policía no está para impartir escarmientos, debería haberse limitado a detenerlos y ponerlos a disposición judicial, sin tocarles un pelo durante su estancia en comisaría. Y lo mismo si hubieran sido neonazis o terroristas (terroristas de los de verdad, que la palabra se ha devaluado mucho con tanta oferta). La tortura nunca está justificada.

Tampoco considero que haya que dejarse machacar como corderitos si los funcionarios de la porra quieren reventar una manifestación pacífica. Al contrario, celebro cuando los bomberos salen con sus cascos y uniformes para no dejarse golpear, recuerdo con agrado ciertas manifestaciones de los astilleros y aplaudí la resistencia de Gamonal. Pero es que aquí no hablamos de eso, sino de una manifestación que ya había terminado y unos niñatos sobreexcitados que sólo sirven para darle carnaza a los medios, que al igual que el año pasado, aprovecharon este incidente aislado para criminalizar las Marchas. Lo típico: los manifestantes de izquierda que siempre la lían, violentos, terroristas, antisistema, encapuchados que nos cuestan un dineral que pagamos todos (lo que rompen los fanáticos del balón, ya tal). En conclusión, parafraseando a Marhuenda: «la izquierda es mala».

Catorce detenidos entre decenas o centenares de miles, un porcentaje ridículo. Sin embargo, los lectores/oyentes/televidentes de derechas se vuelven a quedar con el falso mensaje: hay disturbios violentos en cada manifestación convocada por la izquierda. Buen trabajo, chicos.

Polvorado

Música: Polvorado, de Nacho Vegas

Imagen de cabecera: fotograma del vídeo de Jaime Alekos / Periodismo Humano

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10 sin mordaza

  1. susana fuentes 02/04/2015 a las 14:54

    Los extremos siempre son malos.No los justifico, pero la juventud es excesiva en todo.A veces hay que armar ruido, pero la violencia, engendra más de lo mismo, siempre me he preguntado que haria si me viera en una situación asi, si me manifiesto pacificamente y me aporrean, me quedo como un cordero q va al matadero ? O ataco, escupo, insulto? Ojala viviera en una sociedad democrática y coherente, donde el DERECHO a la expresión , no se condenara.Reflexionemos.

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  2. Hola Salva,

    Niñatos como esta es la que da mal nombre a la izquierda. No representan nada, sólo utilizan cualquier tipo de manifestación popular para canalizar su frustración y cantar su cutre-consignas convenientemente aprendidas, mientras seguramente reciben la paga de papá cada fin de semana y mamá les arropa por la noche.
    Y lo mejor es que, supuestamente, en su mente deforme, tenemos que estarles agradecidos porque reivindican nuestros derechos. ¿Quién les ha pedido que den la cara por nosotros?
    A mí, desde luego, no me representan. Yo creo que ya son mayorcitos para poder diferenciar entre luchar por los derechos y cometer actos de vandalismo. O tal vez son tan estúpidos que no se les ocurre que con esa actitud, están tirándose piedras (nunca mejor dicho) en su propio tejado.

    Un saludo, Salva.

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    1. En su mente y en la de muchos otros, ya os digo. Hay un gran grupo de gente para quienes estos son muchachos ejemplares, «politizados», y criticarles es «dar armas al enemigo».

      Lo de la paga y volver con sus mamás me ha recordado lo que le contesta el de la imagen de cabecera al chaval de la piedra, no sé si lo habéis visto: «¿A mí me explotan? ¿Tú curras, primo?».

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  3. Siempre he aborrecido a esa gente que incendia contenedores y revienta mobiliario público. Es algo absurdo porque, entre otras cosas, su reparación va a cuenta de todos.

    Hace unos cuantos veranos trabajé en el ayuntamiento de mi ciudad como becario. Según la cantidad de trabajo que hubiera me destinaban a un sitio u otro (normalmente ayudaba al fontanero), pero una buena parte de esos trabajos eran reparaciones de mobiliario que muchos”graciosetes” reventaban como si se tratara de un deporte nacional. Cuando te toca arreglar o limpiar los estropicios que dejan otros empiezas a valorar lo público y a cuidarlo como si fuera tuyo. Quizá es esto lo que necesitan esos exaltados: trabajar una temporada en el ayuntamiento para que aprendan a valorar las cosas (pero no en las oficinas, sino en la calle, a pleno sol).

    Luego está la gente que va grafiteando las fachadas de las casas (pero no de la suya, que no son tontos) creyéndose ellos muy antisistema. Y ojo, soy el primero que disfruta de un buen mural, pero una cosa es el trabajo de realizan artistas y otra las letras ininteligibles y borrones que dejan “otros” (y ya ni hablar de cómo dejan los trenes…).

    El fin, este tipo de cosas siempre tienden a enervarme. Buen post ;)

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    1. A los «grafiteros» que son únicamente firmantes de repetición tampoco los aguanto. En una zona por donde suelo pasear había una famosa frase de El principito, enorme (se podía ver desde el mar), con el sombrero/boa dibujado y todo. Pues unos idiotas pintaron esto encima.

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  4. La falacia está clara: si hay follón, escaparates rotos y demás, la culpa es de la izquierda violenta, sean quienes sean los convocantes de la mani. No tengo pruebas, pero sospecho (no soy la única) que en muchos casos son los partidos en el poder (del color que sea, o de varios colores a la vez) los que contratan a esos grupitos de niñatos para desprestigiar a los convocantes. ¿A que nunca pasan esas cosas cuando los que portan las pancartas son partidos y sindicatos de la Casta? ¡Venga coño! ¡Que nos somos gilipollas! Eso sí, como bien dices, los medios de comunicación siempre al servicio de los mismos, y no de la Verdad.

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  5. A propósito de los (y las) machistas de izquierdas, dejo enlace a un vídeo de El Tornillo que reflexiona sobre los argumentos que da la gente que afirma orgullosa que no es feminista (incluidos, claro, los que dicen que “como ya son de izquierdas no les hace falta ser feministas”).
    https://m.youtube.com/watch?v=Z02kN9qyoNg

    Saludos!!

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    1. Gracias, Entropía. La serie de El Tornillo (elaborada por el impagable colectivo Faktoría Lila) es una innegable fuente de sabiduría y argumentos. Me temo que en este doloroso tema de la izquierda, también lo es.

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