Me da igual

 

Hoy se quita la mordaza con nosotros David Barrionuevo.

Como veréis y él mismo me ha señalado, su artículo, o su desahogo, o lo que sea esto, tiene mucho que ver con mi última entrada. Aunque él es más coherente: es vegano y no pisa un Ikea o un Mercadona ni harto de vino ecológico.

 

 

Me da igual, es lo que hay

 

Esta es una conversación imaginaria basada en multitud de conversaciones reales.

 

Hoy estaba con mis amigos tomando algo, charlando. Fui yo el único que se preocupó de pedir su consumición en vaso de porcelana, para evitar el plástico, cuando uno de ellos va y me dice:

 

 

Que ya lo sé, que no debo poner el aire acondicionado en mayo ni la calefacción en abril, ni ducharme 20 minutos con el agua a 35 grados. Pero me la suda.

He venido en taxi porque el metro apesta. Sé que el coche es perjudicial para desplazamientos inferiores a tres kilómetros, perjudicial para mi querida ciudad, para el medio ambiente, para los pájaros, pero no voy a dejar de utilizarlo, y menos ahora que le he puesto unas llantas nuevas de 500 pulgadas y un GPS nuevo que me dice hasta si hay alguna puta nueva en el polígono. ¿Qué pasa, que tengo que ir en bici como tú, que eres tan guay? Pues sí, tengo barriga y mi dinero me ha costado. Si no comes carne, tú te lo pierdes. Pero bien que fumas porros.

Yo me como un saco de palomitas y después me tomo la pastilla para el colesterol.

Pero hago mi deporte, ¿eh? En el gimnasio, eso sí, corro en la maquina porque el parque está muy lejos. Que sé que mis zapatillas de correr las hace un niño mientras su madre se prostituye en Bangladesh, pero es lo que hay.

Bebo Isostar porque sale en la tele. Nunca me he preocupado de saber por qué cuando lo bebo tengo más sed y no puedo parar de beberlo, en mi puta vida he oído eso de la bomba sodio potasio.

Me encabrito cuando las escaleras del metro están averiadas, y ni siquiera sé si hay escaleras en el centro comercial.

 

Que sí, que ya sé que maltratan a los animales, que al cerdo lo acuchillan aún medio vivo, gritando de dolor; que a las ovejas, incluso teniendo un sistema nervioso y sensitivo desarrollado, las matan delante de sus compañeras de camión, por lo que el miedo y el estrés les hace segregar adrenalina y otras sustancias que después llegan al consumidor; sé que despluman vivos a los patos para hacer almohadas.

Sé que las vacas no son robots productores de leche, aunque las traten así: las inseminan y cuando nacen sus crías, se las quitan para enchufar la vaca a la ordeñadora. Sé que esta máquina les desgarra las ubres y la sangre y el pus llegan al tetrabrik. Lo sé, pero sigo bebiendo. ¿No te dan pena a ti las vacas? Que les quitan la hierba para que te la comas tú, que eres vegetariano, o vegano, o lo que seas.

 

Voy al circo, o al zoo, o mejor al acuario, donde los animales nadan en círculos privados de libertad, donde se vuelven locos, saltan contra las paredes de la jaula y sufren depresiones.

 

Me gustan los sanjacobos y la mortadela. Me zampo mi bocadillo de mortadela mientras veo Los Simpsons, South Park o cualquier otra serie que critique al sistema.

Sé que al pan blanco le echan mil productos químicos, que son cereales procesados con sal y azúcar; sé que el ketchup no tiene más de un 3% de tomate, y que las salsas son veneno.

Sé que los refrescos son químicos puros con azúcar en demasía; que los yogures incluyen un montón de productos prohibidos enmascarados, que las empresas me engañan cuando los compro porque me dicen que voy a tener unos beneficios corporales que nunca he visto por ninguna parte, pero cuando voy al supermercado los compro y no puedo parar de comprarlos. Además, los compro en envases pequeños para tirar más basura. Que es bueno no producir basura inorgánica y que la producida es mejor reciclarla, ya lo sé, pero no lo hago y me siento fenomenal.

Compro plátanos sin mirar de dónde vienen; me encanta el salmón, el salmón transgénico rosa, rosa colorante; como galletas Oreo y bebo Red Bull, aunque Red Bull haya matado a 25 personas el año pasado al obligarles a saltar por cualquier sitio en bici o en parapente el día señalado de grabación, a pesar de que las condiciones ambientales lo desaconsejaban.

Sé que el tendero de toda la vida está en la ruina porque voy a comprar al supermercado.

Que los océanos están llenos de plástico, lo sé, pero cada día uso bolsas y más bolsas.

Que ya casi no quedan árboles y voy al Ikea.

Compro multitud de productos fabricados en inmensas factorías chinas, ese país donde se habla tan raro y no hay ni una gota de agua potable ni animales salvajes en sus montañas. Pero me hago una foto con el panda del zoo.

 

Me emociono con las luces de Navidad. Ojalá pusieran más.

 

Veo el fútbol y no me importa todo lo que sucede alrededor de ese mundo.

Critico el dopaje en el deporte, pero me maté a aplaudir cuando Induráin ganó los cinco tours y no me inmuté cuando Ocaña se quitó la vida con 48 años. Quiero que Pantani, el Chava y tantos otros ataquen en el puerto, que ataquen a las cinco, porque si atacan a las tres me fastidian la siesta.

Veré los Juegos Olímpicos sin preocuparme por las condiciones de entrenamiento de algunos atletas. Me da igual si deben destrozarse las rodillas, o subir a la red y devolver más de diez mil saques en un año. Ni siquiera me remueve un poco la conciencia cuando en el estadio aparece el cartel de Gazprom, la empresa mafiosa rusa que está aniquilando el ártico con sus grandes plataformas petrolíferas.

Que ni me suenan Monsanto, Dupont o Roche, y canto con los anuncios de Coca Cola.

Que en mi periódico favorito aparece como «noticia» el cumpleaños de Amancio Ortega, que lo sé.

 

Pero, aunque todo esto lo sé, voy a seguir consumiendo sin medida. Porque a todo el mundo le gusta consumir, porque todo el mundo trabaja y gasta su dinero como le sale de los cojones, y yo gano una pasta, de donde pago mis impuestos y mantengo a los políticos que niegan los derechos de educación y manipulan a los niños en los colegios, moldeándolos para que cuando crezcan sean adultos como yo.

Gano una pasta gansa que meto en el banco, de donde van tirando las empresas del agua, de la luz y dentro de poco la del aire.

Que me encantaría que hubiera abundancia de todo. Pero si fuera así, el precio del producto bajaría, así que comprendo que las empresas tiren el sobrante.

 

Así que déjame ya en paz de una vez, David. ¡Pesao!

 

 

Fotografía David Barrionuevo, Milana::, bicicletas, ruedascuadradas.com, ciclismo

David Barrionuevo

Vivo en China desde 2008. Soy de Carabanchel, he pasado los cuarenta, tengo pareja y no tengo hijos.

Estudié lo que me gustaba (INEF), he trabajado en lo que me gusta (golf). Dejé mi plaza en el Ayuntamiento de Madrid para irme de autónomo. Nunca he pensado más allá, no me preocupa el futuro.

He realizado todo tipo de trabajos temporales en China, en negro y sin contrato. Llegué a trabajar para un equipo de ciclismo profesional allí (un equipo español), y dedico cuanto puedo a viajar por Asia en bicicleta.

Hace mucho tiempo, mi madre me cosía bolsillos en la parte trasera de mis camisetas de algodón para ir en bici. Después de años y con esa idea, nació Milana::, con el nombre de mi bici y el diseño de mi madre. Una marca de ropa para ciclistas que huyen de la licra y del GPS.

Navegando por la web caí en Vota y Calla, y tras disfrutar de sus entradas aquí me veo, formando parte de la familia sin mordaza.

Web: ruedascuadradas.com

 

 

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9 sin mordaza

  1. No deja de tener razón, pero, con el debido respeto, debe ser horrible vivir con tanto prejuicio, limitación y preocupación. Es sólo mi opinión, por supuesto.

    Saludos!

    Responder
  2. Os ha faltado algunas acusaciones. Por ejemplo:
    – Vosotros es que queréis que vivamos en la Edad Media.
    – Tú es que estás en contra de la ciencia, ¡inquisidor!

    Y seguro que unas cuantas más, pero no está nada mal la lista.

    Asumo que yo mismo estoy cayendo en muchas de esas incoherencias, y a veces me averguenzo. Vaya en mi descargo que una vez llegas a la conclusión de que a esta civilización le quedan entre veinte y treinta años máximo, la tentación de cagarse dentro es grande.

    Saludos.

    Responder
  3. Gracias Salva por dejarme colaborar en tu blog.
    Un placer.

    Una vez dicho esto y en mi defensa tengo que alegar…
    … que si no está mi abogado no hablo!

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  4. @pilarisdelworld 13/09/2017 a las 9:28

    ? Menudo repaso a nuestro general modo de vida. Vergüencita damos, pero es bueno que de repente, te planten en la cara la de cosas que parecen nimias y sin embargo no somos conscientes del daño que hacen a nuestro entorno y a nosotros mismos. La coherencia, que decías…
    Me importa mucho el entorno en el que vivimos, como nos alimentamos, como nos divertimos, como trabajamos, procuro ser coherente, pero nos lo ponen tan difícil para vivir sin dejar una huella apestosa en el mundo y una enorme cicatriz. Mea culpa.

    Responder
    1. Yo también me quedé un poco así, está bien que te hagan sentir culpable de vez en cuando, que no se nos olvide que siempre podemos hacerlo mejor.

      Lo que más me ha removido, y tengo pendiente buscar información sobre ello, es lo de la sangre y la pus en la leche. ¡Puagh!

      Twitter: @vota_y_calla

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      1. @pilarisdelworld 13/09/2017 a las 12:25

        Ainss sí, aunque yo no tomo leche desde hace muchos años porque me sienta mal, si tomo mucho queso y yogures, y bueno también por mi familia que sí toma leche, no me gustaría pensar que contribuyen al maltrato animal.
        Ya no sabe una como hacer …?

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  5. Buenas tardes:

    Magnifico aporte informativo, para hacernos refexionar, e intentar ir cambiando habitos y constumbres..

    Sal-U2

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