Poli bueno, poli mejor

Tras las recientes actuaciones «ejemplares» de los mossos, he decidido rescatar este artículo en el que hablaba de la ley del embudo con el que muchos suelen juzgar las actuaciones de los miembros de la policía. Más sobre brutalidad policial en general y de los mossos en particular, aquí y aquí.

 

 

Poli bueno, poli mejor

 

He esperado unas horas para no escribir esto en caliente. Mientras tanto he ido cambiando la rabia de vaso (corrupción y mentiras del partido que nos gobierna; tuertos por pelotas de goma; la cara dura de muchos de mis compañeros empresarios y de nuestros representantes de la CEOE…), como hacía mi madre con la leche cuando era un crío, y creo que este asunto ya se ha enfriado lo suficiente como para que no me queme los dedos al escribirlo. Me refiero a lo que ocurrió el pasado domingo 17 de febrero en un partido de fútbol de segunda regional. Un policía nacional que ronda la treintena, cuyas iniciales son A. M. M., le pegó una paliza al árbitro, un chavalín de 17 años que tuvo la osadía de expulsarlo. El policía era uno de los jugadores, aunque parece que el deporte no le es suficiente para canalizar su agresividad. En el salvaje ataque le rompió una costilla y le provocó un derrame en el abdomen al chaval, a quien además tuvieron que extirparle el bazo en una operación en la que perdió tres litros de sangre. Héctor, que así se llama (ánimo, chico), que no es tan «valiente» como A. M. M., ha decidido dejar el arbitraje. El entrenador y el capitán del equipo en cuyo campo se jugó el partido le han pedido que no lo deje, que «el fútbol no es así», que esto ha sido «una situación excepcional». Pues no estoy de acuerdo, pero sobre el fútbol y sus locuras ya escribiré otro día, vamos a lo que vamos.

He estado leyendo en varios foros de policías a ver cuántos reprobaban la agresión de su compañero… Y bueno, digamos que siendo generoso, la cosa está en el 50 %. Y eso es un problema grave. A esto le llaman «corporativismo», que sí, aunque creo que aquellos con nociones de psicología reconocerán también en estas actitudes la necesidad de reducir la disonancia cognitiva, esto es, la tensión que sufre una persona cuando sus creencias más arraigadas se enfrentan con una realidad que las desmiente. Al final es lo mismo que lleva al votante de un partido a negarse a aceptar las pruebas abrumadoras de corrupción y en consecuencia seguir dándole su voto.

Policía violento

Foto: Informacion.es

Por cierto, quisiera saber quién decide cuándo se oculta la identidad de un delincuente, porque me gustaría escribir el nombre y apellidos de este tarado con todas sus letras. El criterio para el uso de las iniciales me parece bastante arbitrario, valga la gilipollez de juego de palabras. Hasta ahora, lo único que hemos sabido de él es que pertenece a la Unidad de Protección y Seguridad ciudadana. Qué ironía.

Desde la policía se ha pedido que no se «criminalice» al cuerpo, que «la agresión la cometió como jugador de un equipo de fútbol», cuando no estaba de servicio, etc. Vamos a ver si nos aclaramos, porque no se puede estar sólo a las maduras. Cuando el mes pasado un policía, también fuera de servicio, rescató a una mujer que se había caído al metro, todo fueron elogios al cuerpo. Por esta acción le condecoraron con una medalla, y recuerdo que salió una portavoz en el telediario, de uniforme, afirmando cosas como que esto es la verdadera policía, que un policía lo es 24 horas, que es un trabajo vocacional, que quienes se incorporan a las filas de la policía son personas que quieren dedicar su vida a servir a los demás, y un largo (y pelín empalagoso) etcétera.

Ya lo pensé en cuanto vi hablando a la orgullosa compañera del héroe del metro: eso es un arma de doble filo. Lo que no me imaginaba es que se iban a cortar tan pronto. Porque menos de tres semanas después, un policía local de Ciudad Real mató a su mujer en la puerta del supermercado. Y otra semana más tarde, esto. A mí no me parece justo ni aceptable que las buenas actuaciones llevadas a cabo en su tiempo libre por los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado se extiendan para enaltecer a todo el gremio, y en cambio cuando cometen barbaridades como la del partido de fútbol, sea una cosa puntual de alguien en concreto que no ha de manchar la imagen de la policía. Seamos serios. Esto es darle una vuelta de tuerca a lo de poli bueno-poli malo, para quedarse en poli bueno-poli mejor. Quien quiera colgarse medallas tendrá que cargar con su peso.

 

P. S. Poco después de escribir el artículo anterior leí una noticia relacionada en la que se referían al agresor como Alberto M. M., y el 24 de febrero ya era (en unos pocos medios) Alberto Moreno M. Por cierto, que en esas fechas el bueno de Alberto, que estaba en libertad, no sólo no había visitado al chaval, sino que no había tenido ni siquiera la decencia de llamar para interesarse por él. Lo dicho: un valiente.

 

Escrito en febrero de 2013. Publicado un extracto en La Verdad de Murcia

2 sin mordaza

  1. Totalmente de acuerdo. “A las duras y a las maduras”, que para “salir en la foto” todos somos buenos y mejores, pero para apechugar con basura todo son excusas. Anda ya.
    Desde que vi a la chica que perdió el ojo por una pelota de goma (que podría haber sido cualquiera) y vi y escuché el trato que sus propios colegas dieron a la situación, de verdad te digo que buenos policías serán y lo son muchos, por supuesto, pero la ética habría que reforzarla un poco más. Que lo pongan de requisito para acceder al cuerpo…a todos nos viene bien.

    Cuerpos que destrozan cuerpos, incoherencia pura y bochornosa.

    Cuando generalizo sobre algo me doy cuenta de la rabia que me produce. Es un indicador que de me repugna. ;)

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  2. Claro, hablas de Ester Quintana. Pues su caso ahí sigue, y los mossos erre que erre con que ellos no tuvieron nada que ver (por supuesto, se le caería el ojo solo de un mal guiño).
    Me asquea el asunto de Ester desde el principio, con aquellas mentiras que intentó colar con total desvergüenza Felipe Puig (menciono a este personaje en los dos primeros artículos del blog).
    No es la primera vez que alguien pierde un ojo por las pelotas de la policía, y lo peor es que, con la impunidad de la que gozan nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, no será la última.

    Pero es esto, y el pasarse la ley por el forro yendo sin identificar sin que pase nada, que maten a un tío entre ocho y no pidan ni perdón, que sea dificilísimo que los condenen, y cuando sucede, como aquellos que torturaron a un inocente, sean indultados por los políticos (en el caso de las torturas, ¡2 veces!), etc.
    En fin, entraremos más en detalle próximamente en algún otro artículo, que me estoy calentando y aquí no hay sitio.

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