Cómo limpiar la playa de La Llana

Hoy viene a quitarse la mordaza Rafa, otro masoquista lector de Vota y Calla.

Rafa se queja (con razón) de que la playa de La Llana no está todo lo limpia que debiera. Aunque pudiera parecer un tema de ámbito local, que sólo nos interesaría a los murcianos que tenemos la suerte de poder disfrutar de ese lugar a diario, no es así, pues su pregunta es extrapolable a otros territorios similares, no destrozados aún por la mano del hombre: ¿es posible mantenerlos limpios sin alterar su estado actual? ¿Cómo?

 

Cómo limpiar a fondo la playa de La Llana (capítulo I)

El territorio natural, el que debemos proteger y preservar para nuestros hijos y para que ellos lo leguen tal cual a los suyos, sufre todo tipo de agresiones. La más sutil es la no retirada de los residuos que generamos de forma directa o indirecta.

El hecho de mantenerlo degradado con miles de objetos esparcidos incrustados en el paisaje de lo que sin duda debería ser un espacio natural impoluto, es la estrategia que se sigue para, como dicen los tecnócratas del desarrollismo, la creación de «infraestructuras para la conservación del medio». En definitiva, urbanizar para poder utilizar métodos de limpieza duros e intensivos, rentables en términos exclusivamente monetarios bajo la forma de un turismo masivo y destructor.

Eso es lo que está sucediendo en La Llana, uno de los últimos espacios naturales que antaño se extendía en un amplio espacio de la costa, tal como en estos momentos todavía puede existir en la provincia vecina de Almería.

La Llana está sucia, llena de pequeños objetos (latas, botellas, colillas…) que abandonamos en nuestras incursiones periódicas, o por la acción de los temporales que arrastran ingentes cantidades de basura procedentes de otros sitios, algunos lejanos como la costa norteafricana, pero que también son el resultado de la desidia humana.

La Llana no está sucia porque existan restos de posidonia u «orejones», pues eso forma parte del ciclo de vida natural de la playa, dunas y mar. Cierto es que existe entre muchos usuarios el criterio, como he podido leer en algunos foros, de que la presencia de los residuos marinos es suciedad que debe retirarse de la playa y así se lo hacen saber a los responsables de la limpieza de esta zona de la costa murciana.

Tenemos que tomar una decisión entre la ciudadanía que habita por estos lares: ¿queremos un territorio de acceso fácil, limpio como la playa de San Juan en Alicante, para que pueda ser ocupado por un turismo masivo de sombrilla, nevera y botellón, muy respetable sin duda pero que tiene al lado ya cientos de kilómetros para eso mismo? ¿O es preferible este entorno de silencio y paisaje virgen donde es necesario llevar a cabo un pequeño esfuerzo personal (andar) para alcanzarlo?

Ahora que han perdido (de momento) la batalla de la pasarela del Segundo Molino, a alguien se le puede ocurrir dejar que las cosas lleguen a tal estado de acumulación de residuos para que, cuando los vecinos protesten, les digan eso de «los ecologistas no nos dejan limpiar, para limpiar necesitamos meter maquinaria pesada y para meter maquinaria pesada necesitamos construir infraestructuras. Y nos vendría muy bien una pasarela desde La Manga…».

No, amigos lectores, no. Hay otro método para limpiar el territorio de forma sostenible, no agresiva e incluso ¡¡rentable!! Se llama limpiar a mano.

En próximos capítulos se lo explicamos con detalle.

 

Rafael López-Peña Ordóñez

foto Rafael Lopez-Peña Ordoñez

Rafael López-Peña con su nieto

Vuelvo después de 45 años cuando marché a la Complutense madrileña a iniciar 2º de Físicas una vez superada la selectividad cursada en la Facultad de Ciencias de Murcia. Dejé una universidad con 2000 alumnos y tremendamente «pacífica» (la paz de lo anodino) y llegué a un distrito convulso políticamente, al rojo vivo que me tizna a mí también.

Ahora estoy de vuelta mucho más sereno de cara a disfrutar de la jubilación, pero algo me dice que la lucha continúa. No es exactamente la lucha de clases, es la lucha por salvar el planeta a la que me uno junto con otros muchos amigos de este pequeño rincón llamado el Mar Menor. Se lo debo a mi nieto Matías.

 

Imagen de cabecera: votaycalla.com (mayo de 2015. Esta es la «trastienda» de La Llana)

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Uno sin mordaza

  1. Que excusa más mala la de »necesitamos meter maquinaria para limpiar la playa». Caballo de Troya en toda regla.
    Por cierto, a ver si la gente se empieza a dar cuenta que educar a los más pequeños no es solo enseñarles a leer o escribir, si no también enseñarles a ser más civilizados

    Responder

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