Periodismo de bajura

 

Ya sabéis que me «informo» también con los medios de comunicación de la derecha. Siempre con reserva respecto a lo que nos cuentan, igual que con el resto de medios tradicionales. Y si uno se acuerda de lo que decían hace sólo unos meses, resulta muy gracioso observar el giro radical que ha dado la caverna con el tema Bárcenas y las corruptelas del PP.

 

 

Recordemos: únicamente después de que El Mundo publicara y Pedro J. entregara documentos originales en la Audiencia Nacional; después de que en la entrevista con Pedro J. el propio Bárcenas reconociera la financiación ilegal durante al menos 20 años del partido cuyo dinero custodiaba, manejaba y distribuía; de que el presidente de los peritos calígrafos confirmara la antigüedad de los papeles y descartara que se hubieran redactado de una sentada, entonces y sólo entonces algunos «periodistas», temerosos de quedar retratados como lo que en realidad son, intentaron alinearse con los pocos que de verdad merecen ese nombre. Hablo de muchos tertulianos que se han hartado de negar la evidencia repitiendo desde enero que las noticias desveladas por El Mundo eran falsas y carecían de fundamento. Todavía a finales de marzo, los de El gato al agua, por ejemplo, le prestaron su altavoz televisivo a Luis Bárcenas para que se mostrara como una víctima en una entrevista que no fue precisamente incisiva ni molesta para el ex tesorero del PP, más bien todo lo contrario. Pero al fin, más o menos desde julio, empezaron a recular. Era de esperar; a no ser que estén dispuestos a quedarse con un mínimo grupo de telespectadores y lectores fanáticos, han de aparentar, al menos aparentar, una cierta objetividad. Y ¿cómo les llegó la iluminación? ¿De qué manera justificaron su conversión? ¿Pidieron perdón o…? ¡Qué va! Los mismos que mantenían que no había sobresueldos ni financiación ilegal, que esos papeles eran sólo fotocopias de fotocopias manipuladas y de autoría incierta, posiblemente redactados ad hoc la tarde antes, de un día al siguiente pasaron a asegurar… que ya lo sabían (!). Sí, sí, como lo leéis: que ya lo sabían.

Y es que nuevo mantra de estas tertulias cuando sale el tema consiste en sostener que la financiación ilegal era vox pópuli, pero con un añadido: afirman sin rubor que eso lleva ocurriendo en todos los partidos desde el inicio de la democracia, circunstancia de la que se supone que estaba al tanto «todo el mundo». Así lo dicen, y que se sonrojen otros. Si hubieran defendido ese argumento desde el principio, la cosa tendría un pase, aunque aún se les podría acusar de falta de rigor, por la ligereza y la ausencia de pruebas. Pero después de haber repetido incansables el «no, no, no» como si estuvieran cantando la canción de Amy Winehouse, y más de uno incluso insinuado que detrás de las publicaciones de El Mundo había intereses espurios y subrepticios, pues qué queréis que os diga… A mí me daría vergüenza. Da la impresión de que lo que intentan desde entonces, enrabietados por haberse visto obligados a admitir lo obvio, es poner el ventilador como último y desesperado recurso. Pero qué se puede esperar de medios que aparecen como beneficiarios de importantes donativos por parte del PP, tanto en la probable contabilidad B, como en la contabilidad oficial de dicho partido que estuvo unos días colgada en Internet y que miembros del PP reconocieron como auténtica.

No obstante, queda uno. De todos estos «periodistas de desmentidos», por emplear la acertada expresión de Eduardo Inda, hay un irreductible director que resiste todavía y siempre, alguien que es fiel a su ex jefe a capa y espada: hablamos de Francisco Marhuenda, claro. Quién si no. Y qué periódico sino el que él dirige iba a abrir tras la revelación de El Mundo con una cabecera que rezaba «Operación contra Rajoy», en cuyo editorial ponían en boca de la dirección nacional del PP acusaciones de «una maniobra [maniobara en la edición digital] de desestabilización de Rajoy y de España».

Si le damos otra vuelta de tuerca a la definición de Eduardo Inda, podríamos decir que hay algunos (muchos, demasiados) que desmienten con su actitud que se les pueda considerar periodistas.

 

 

Uno sin mordaza

  1. La manipulación de los medios, propaganda o información, adoctrinamiento u objetividad, al final miramos por el cristal que nos interesa, como ‘personas humanas’ que somos. Y como tales, tendemos a dar mayor o menor credibilidad, según sea el medio o el periodista que nos ofrece la información. Aunque a algunos se les ve demasiado la pluma, la del plumero y la de escribir, que más pareciera que son palmeros en vez de periodistas -Marhuenda el gran ejemplo para mi de ‘periodista_palmero’-, a algunos nos gusta contrastar, y tienes mucha razón; observas, escuchas y analizas “tertulias” y es evidente el trato o el maltrato que reciben algunos invitados.
    Al final lo de siempre, dime quien es y te diré si me lo creo…

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