La derecha juega con ventaja

Saludos, alérgicos a la telebasura. Hoy me quito la mordaza para comentar el paso de Pablo Iglesias por El Hormiguero.

 

La derecha juega con ventaja

El martes (3/11/2015) vi a Pablo Iglesias en El Hormiguero. Y lo digo ya, para qué vamos a andarnos con rodeos: la actitud de Pablo Motos me pareció lamentable. Estuvo agresivo, repreguntando, interrumpiendo al invitado, incluso despreciando sus palabras con cierta sorna en más de un momento. Y lo hizo conscientemente: «Quiero hacer una declaración de intenciones por si después alguna pregunta no es demasiado simpática…», avisó al comienzo.

Eso no me parece mal, ojalá todos los periodistas fueran del tipo Ana Pastor, en lugar de siervos sumisos que miran para otro lado a cambio de unas migajas o por evitarse problemas. Mejor nos iría a todos. Los políticos se sentirían observados, el periodismo sería un contrapoder. Pero no vivimos en ese país.

El Hormiguero es un programa de entretenimiento. Un talk show, le llaman. Lo lamentable es que Antena 3 cambió el formato para incomodar a este invitado. Lo que me asquea es el doble rasero mediático, una vez más. Porque un mes antes estuvo allí Soraya Sáenz de Santamaría (también vi esta entrevista) y sólo hubo una o dos preguntas incómodas, formuladas con un tono mucho más amistoso. Todo fueron risitas y buen rollo. La vicepresidenta se pasó la mitad del programa tapándose la boca con la mano al reírse, esforzándose por no mostrar sus dientes (se ve que está acomplejada). Una risa bastante falsa, dicho sea de paso.

 

 

Y no será porque no hay temas con los que poner en aprietos a un miembro del Gobierno: corrupción inherente al partido, mentiras, incumplimientos del programa electoral… Pero Pablo Motos la hizo sentirse como en su casa (la casita de Pin y Pon, parecía el plató con esos dos). Incluso se marcó con ella unos pasos de baile, una coreografía ensayada previamente aunque Soraya, cuando algunos le recriminaron después su incoherencia (había criticado que Pedro Sánchez acudiera a ese mismo programa, criticó el baile de Iceta…) se excusara contestando que «no fue preparado ni premeditado». La costumbre les lleva a mentir hasta cuando no hay necesidad alguna de hacerlo.

En cambio, lo de Pablo Iglesias fue un interrogatorio más propio de un programa político, de una entrevista de Pepa Bueno o Carlos Alsina, pero con unas cuantas vueltas de tuerca más. Motos, con un semblante como de enfado (igual le estaban dando instrucciones por el pinganillo de «más caña, más caña, que se te está escapando vivo», porque Pablo Iglesias estaba muy bien), le cortaba con expresiones burlescas e irrespetuosas del tipo: «Sí, pero Pablo, ¡eso es Alicia en el País de las Maravillas!» O cuando el candidato de Podemos habló de usar a los inspectores de Hacienda para perseguir a los grandes defraudadores, en vez de ir contra el pequeño contribuyente, como se hace ahora: «Yo creo que no soy el único español que dice:Cojones, si fuese verdad que se puede sacar ese dinero y que se puede repartir y que de repente todo va bien, esto sería Disneylandia. ¿Por qué no ha sucedido antes?”» No recuerdo que le dijera a Soraya: «¡Pero coño, si hubierais robao un poco menos…!»

Y repito: no me importaría que fuera siempre así. Es más, desearía que fuera siempre así. Pero con todos. Porque el agravio comparativo no ha sido sólo con la vicepresidenta, El Hormiguero se convirtió en un spa para recibir al líder de Ciudadanos.

No vi el programa (no lo sigo) cuando invitaron a Pedro Sánchez, tampoco cuando acudió Cristina Cifuentes, pero estoy seguro de que sus respectivos pasos por El Hormiguero fueron más parecidos a los de Albert Rivera o Sáenz de Santamaría que al de Pablo Iglesias.

Al terminar, Pablo Motos le dijo a Iglesias, como disculpándose: «No nos ha entrado la mitad del programa». Claro, no os ha entrado la mitad del programa porque el tercer grado del comienzo se os ha ido de las manos, alargándose unos 40 minutos.

 

Doble rasero mediático

Esto no ocurre sólo en El Hormiguero. Casi todos los periodistas, con honrosas excepciones como la de Ana Pastor (que actúa igual con todos, algo que no le perdona la izquierda aria), se emplean mucho más duramente con Pablo Iglesias, con la gente de Podemos en general, que con los miembros del PP o del PSOE. Aunque debiera ser totalmente al contrario, que estos dos partidos son los que han gobernado, los principales responsables de la situación en la que nos encontramos. Pero es muy fácil hacerse el fuerte con el débil. Si hubieran actuado así con PP y PSOE, si el nivel de exigencia habitual fuera ese, quizá no existiría Gürtel, ni caso ERE, ni aeropuertos sin aviones, ni volquetes de putas, ni ciertos indultos, ni jueces teledirigidos. No se habrían atrevido a tanto. Pero se saben impunes y apoyados por mercenarios de teclado y micrófono.

Los medios de comunicación que durante todos estos años han cerrado los ojos, los oídos y la boca, como los tres monos sabios, en cuanto percibieron a Podemos como una alternativa al quita y pon de rojos y azules en el que tan cómodos se encuentran, fueron a por ellos descaradamente. Inventan supuestos casos de «corrupción» (corrupción de quienes no han gobernado, tiene narices), que si Monedero, que si la beca de Errejón, que aunque después se queden en nada da lo mismo, el daño está hecho, calumnia que mucho queda y además nos sale gratis. Cualquier mínimo, hipotético desliz relacionado con Podemos se amplifica, se magnifica, se repite en todas las tertulias e informativos del país, desinformando, intoxicando, atemorizando, manipulando, venezuelando. Curiosamente, esos medios tampoco airean los trapos sucios de Ciudadanos, que los tienen y como para poner varias lavadoras.

 

La derecha juega sucio

En la izquierda no hay nada parecido a La Razón o ABC, periódicos que hacen descarada propaganda partidista, sin molestarse siquiera en disimular. Hablamos de periódicos grandes, de tirada nacional. Tampoco hay canales de televisión como 13TV, ni se ha hecho nunca en la SER lo que Losantos en la COPE. En la izquierda no hay ningún «periodista» homologable a Marhuenda; en sus editoriales, en sus apariciones televisivas o radiofónicas, Marhuenda no da un paso atrás, defiende los intereses de sus amos sin pudor, poniéndose en evidencia si es necesario, justificando lo injustificable, él sabrá a cambio de qué.

Fernando Berlín, Jesús Maraña o Ignacio Escolar, por coger tres periodistas de izquierdas, son mucho más objetivos. Eldiario.es, que leo a menudo, recibe con cierta asiduidad quejas de lectores del PSOE, de IU y Podemos, escocidos con esta o aquella noticia molesta para cualquiera de esos partidos. En esas ocasiones siempre sale el que dice que eldiario.es (o Escolar) es del PSOE / IU / Podemos, según donde milite el fanático aludido, y que por eso es tan duro con los otros. Para mí, esto es señal de que hacen bien su trabajo. Pero no oiréis jamás que acusen a Marhuenda de estar al servicio de otro partido que no sea el PP, o que le reprochen a La Razón su excesivo apego a otras siglas.

Muchos en la derecha parecen creer que esto ha de ser así, que están en una guerra y que para ganarla vale todo. Y estoy convencido de que piensan que en la trinchera mediática de enfrente hacen lo mismo. Pero no es así, cualquiera que lo mire con objetividad (yo no milito en ningún sitio y critico muchas veces cosas que no me gustan de «mi bando») sabe que no es así.

Pongamos un ejemplo práctico de lo que digo: el debate de Pablo Iglesias y Albert Rivera en Salvados. En La Sexta, nada menos, la cadena del rojerío y con Jordi Évole de moderador, a quien se le supone mucho más cercano a Podemos que a Ciudadanos. Y sin embargo, nadie puede decir que el trato y las preguntas de Évole favorecieran a Iglesias, o que el montaje del programa fue tendencioso.

 

La disyuntiva

Esto crea una disyuntiva, hace que nos planteemos si no sería más práctico, en aras de un mejor resultado electoral, que la izquierda copiara el modus operandi de la derecha. Que se esforzara por tener periódicos, radios y televisiones de partido, y en lugar de periodistas, estómagos agradecidos que estuvieran dispuestos a defender mediáticamente a sus dueños sin el menor escrúpulo, prescindiendo de la más mínima honestidad intelectual, descartando de antemano cualquier acercamiento a la objetividad, esa antigualla de progres.

Yo creo que no. Del mismo modo que me parece un error la postura de tanto integrista de izquierdas, esos del «Si tengo críticas sobre mi partido o sobre países no alineados con la OTAN me las guardo para mí, no hay que dar alas al enemigo», programas como Salvados han de seguir por el buen camino. Aunque eso suponga darle ventaja al hormiguero de la derecha.

 

Imagen de cabecera: captura de pantalla de la visita de Soraya Sáenz de Santamaría a El Hormiguero, 6/10/2015. Antena3.com

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14 sin mordaza

  1. Saludos extremistas y bolivarianos, Salva.

    Empiezo diciendo que no opino lo mismo que tú sobre Ana Pastor. A mi modo de ver, esta chica cae directamente en la falta de educación con sus invitados, y si mi apuras, con unos más que con otros. No deja construir las respuestas, no deja argumentar, ella quiere ser en todo momento la protagonista de la entrevista, pone muecas y cara de desdén cuando los entrevistados no responden lo que ella quiere oír, etc… No me parece una buena periodista, sinceramente. Una cosa es ser incisiva, otra muy diferente una maleducada.

    Al hilo del artículo, yo tampoco sigo al enano valenciano porque siento verdadera vergüenza ajena de su prepotencia y su afán de protagonismo cuando entrevista a algunos invitados. Fíjate, fue toda una leyenda del Rock, un referente como Iggy Pop al programa y en lugar de molestarse en mirar la Wikipedia y hacerle preguntas medianamente interesantes… ¡le hace cantar “El Limonero”!

    Con Pablete fue diferente. Aparcadas quedaron las gracietas y la eterna cara de estreñido. Estaba irreconocible, y no fueron cosas mías, los que vieron el programa opinan igual. Me daba la impresión de que, tras esa agresividad, se le notaba el miedo. ¿Miedo a qué? Pues al cambio, a que no pueda comprarse más 4×4 tras estrellarlos en Jávea, a lo que le decían los superiores por el pinganillo, vete a saber. Pablo estuvo realmente bien, a la altura de las circunstancias y me pareció que recuperaba el fuelle de los primeros tiempos, cuando no pretendía agradar a todo el mundo; si es así, espero que siga por ese camino.

    Lo comentaba hace poco en un post de Facebook: lo que pasa en España, intuyo que no pasa en ningún otro país europeo. Creo que en ningún otro país existe esta falta de deportividad y este juego sucio por parte de los medios (y de otros rivales) hacia un grupo político.
    Y surte efecto, oiga, porque todo parece que el PP está en primera intención de voto y suena a pacto con Ciudadanos.

    Como dijo el maestro José Sacristán: “Con todo lo que se sabe, muchos volverán a ser votados y habrá que admitir que somos un país de mierda.”

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    1. Qué hay, David.

      No es que Ana Pastor me parezca el paradigma del buen periodista (tampoco me disgusta). Pero acostumbrados como estamos a periodistas sumisos y serviles que ruegan por favor una respuesta, que preguntan con mucho cuidado no se vaya a ofender el señor; que aceptan ruedas de prensas sin preguntas; que ríen gracietas como la de Aznar con el alcohol y la conducción; que van de «colegas» de los políticos… Acostumbrado a todo eso y más, Ana Pastor me pareció un soplo de aire fresco. Prefiero mil veces que sea maleducada con los entrevistados, a una lameculos como tantos de sus compañeros de profesión.

      No tenía ni idea de lo de Pablo Motos. Así que veranea por tu zona… Deduzco que no le has pedido un autógrafo :P

      La verdad es que me he preguntado varias veces si en Grecia los medios actuarían así con Syriza antes de su victoria. Si lo hicieron, hay esperanza. Si, como tú intuyes, somos un caso único… Veremos en mes y medio lo que pasa.

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      1. En efecto, se rompió el brazo y se hizo la pertinente foto con los médicos en el hospital de Denia. Dijo que conducía otro, pero aquí todo el mundo sabe que él estaba al volante. ¿Pedirle un autógrafo? Antes me corto el brazo.

        Cambiando de tema y volviendo al hilo de la cuestión, en poco tiempo Podemos ha tenido un golpe de suerte. Por una parte, el fichaje de nada más y nada menos que Julio Rodríguez, el ex-Jefe del Estado Mayor de la Defensa que, quieras o no, levantará muchas cejas y la gente pondrá en tela de juicio los ataques de la prensa si alguien con el empaque de este señor se inclina por la opción morada. Por otra parte, el glorioso disparo en el pie que se ha dado Santamaría (y por ende, el PP) al decir que lo han cesado, cuando en realidad Julio Rodríguez pidió la dimisión para poder compatibilizar su trabajo en Podemos desde la legalidad.

        En cuanto a las encuestas, me remito a lo que decía Ada Colau: “Si fuera por las encuestas, yo no sería alcaldesa.”

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        1. Si es que el cuento para no dormir de los demonios antisistema sólo cuela entre los descerebrados. El problema es que son muchos. Pero vamos a ver, ¿no está con ellos desde el principio Jiménez Villarejo, que fue Fiscal Anticorrupción, un número uno en su profesión? ¿Es un antisistema este señor, un filoetarra, un perroflauta? Bah…

          A las encuestas nunca les he hecho demasiado caso, pero estoy seguro de que influyen en mucha gente.

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  2. El silencio que existe en los medios sobre los ‘trapos sucios’ de Ciudadanos alcanza ya proporciones épicas. Ni siquiera La Sexta, que se supone de izquierdas (pero critica a Venezuela sin piedad) le presta la suficiente atención a esos ‘casos oscuros’ del partido de Rivera. Y los tiene, vaya si los tiene…

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  3. Voy a transcribir algunos fragmentos de la entrevista, para los que no la hayáis visto ni ganas (está el enlace al principio del artículo):

    Pablo Iglesias, a una pregunta de Motos sobre la posición de Podemos respecto a Cataluña (por cierto, qué hartazgo): «Creo que si estamos en La Moncloa, la mayor parte de los ciudadanos catalanes no se van a querer ir».
    Aquí interrumpe Motos: «Eso es un deseo, yo creo que voy a dar el estirón y voy a ser igual de alto que Bertín Osborne».

    Más adelante, ante la pregunta típica («¿y cómo se va a pagar?», Iglesias explica que sí hay dinero, que se calcula en 48.000 millones de euros el fraude de las grandes fortunas…
    Motos le corta: «¿Y qué vas a contratar, a Colombo, para que vaya pillando a todos los ladrones?»
    Iglesias explica que se trata de emplear adecuadamente a los inspectores de Hacienda, que actualmente el 70 % están destinados a perseguir al que hace una chapucilla en negro mientras los grandes defraudadores pueden delinquir a sus anchas, algo de lo que se quejan los propios inspectores. Y que en estos años ha aumentado un 40 % el número de millonarios, mientras ha crecido en el mismo porcentaje el número de personas que se ven obligadas a acudir a Cáritas.
    «Ya, ya», dice Motos, como si le importara una mierda lo que le está contando. Y a continuación:
    «Te oigo hablar y te quiero creer, pero lo que pasa es que como todo el mundo dice que no, pues no sé a quién creer». Y después la frase sobre Disneylandia que incluyo en el artículo. Este Motos parece pretender que se tire la toalla respecto a los grandes defraudadores, que el Estado dé por perdidos, como hasta ahora, esas decenas de miles de millones de euros evadidos al fisco.

    En otro momento de la entrevista le vuelve a interrumpir: «Pero que una cosa son los sueños, Pablo, y otra cosa es la realidad» (aquí Motos defendía que subir el salario mínimo sería malo para los empresarios).

    Quizá la pregunta/afirmación más impertinente, de muy mal gusto, tuvo lugar cuando el candidato de Podemos metió el dedo en la llaga de la financiación irregular de la Iglesia católica: «Has pagao mucho en negro, ¿verdad?»

    Otra apostilla que no me gustó fue cuando Pablo Iglesias le aclaraba que no tenía ningún problema con las bases del PSOE, que muchos de los votantes de Podemos vienen de ahí. Contesta Motos: «No sé si les caes tú tan bien como te caen ellos a ti».

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    1. Fue una meada fuera de tiesto tras otra, por parte de Motos. Y creo que esto a la larga puede ser beneficioso para los podemitas, pues el programa fue trending topic, tuvo una audiencia muy elevada y Pablo Motos estaba tan nerviosísimo que se disparó en el pie (volviendo a la metáfora anterior) una y otra vez.

      La apostilla de Pablo no la justifico, pero la entiendo: ir a un programa supuestamente de humor y que el presentador te conteste con impertinencias y ningunee tus respuestas, tiene que escocer.

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      1. No, la apostilla sobre los votantes del PSOE fue también de Motos. No quedaba claro en mi comentario, ya lo he corregido.

        La mejor audiencia de la historia de El Hormiguero, ni más ni menos.

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  4. No veo el programa, al principio si, lo alternaba con El Intermedio según el invitado que llevaran (cuando estos dos comenzaban sus andaduras y no eran muy populares en audiencia). Recuerdo que cuando llevaron a González Pons, sentí vergüenza al verlo y dije: ”hasta aquí hemos llegado”. Me alegro de no haber perdido ni un minuto más con esa basura de programa.

    ¿Por qué actuó Motos así? Supongo que al final eso de la lucha de clases existe y no es cosa de locos.

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  5. Actualización: Albert Rivera ha estado de nuevo en El Hormiguero. No vi el programa, pero según los comentarios que he podido leer, la entrevista fue de nuevo, como en junio, un paseo, nada que ver con la agresividad que Pablo Motos mostró con su tocayo Iglesias.

    ¿Alguno pudisteis verlo?

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    1. Por supuesto que fue un paseo. El enano pelirrojo tiene 4 millones de razones al año para hacerle un masaje a Rivera.
      Wyoming también tiene tantas razones, o más, para dorarle la píldora; pero su enfoque es bien diferente. El ZASCA que le dio con lo de la memoria histórica es ya legendario.

      https://www.youtube.com/watch?v=FCzXxaQZRI0

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