No merece la pena reparar

Saludos, apasionados de los centros comerciales. Hoy nuestros amos nos cambian la mordaza por otra, que esta tiene ya más de un año y está pasada de moda.

 

Artículo publicado en El Salmón Contracorriente

 

Obsolescencia programada: comprar, tirar, comprar

Se me ha roto la impresora de casa. No se me ha caído al suelo ni le he derramado vino por encima ni nada de eso: simplemente ha dejado de funcionar. Así, sin más. Un infarto electrónico.

Pensando que aún estaba en garantía, he buscado sin muchas esperanzas el tique de compra y milagrosamente lo he encontrado. Fecha de adquisición: agosto de 2012. Mentalmente hago la siguiente y complejísima operación: «agosto de 2013, agosto de 2014… ¡Mierda!». Han pasado más de dos años, el plazo mínimo que dispuso la Ley de Garantías en la Venta de Bienes de Consumo, de 2003.

He ido a la tienda donde la compré y les he comentado lo que le ocurre, el mensaje de error que da al intentar transmutar las palabras por segunda vez (de la cabeza al ordenador, del ordenador al papel). Los del servicio técnico me han dicho: «podrías traerla para que la reparemos, pero no merece la pena, te va a salir por lo mismo que comprarte una nueva» (me costó 40 euros). Otro trabajador del mismo departamento me asegura, con cierto tono de confidencia: «las hacen así, las fabrican para que se rompan y las tengas que cambiar por otra». Antes se reparaban las cosas, ahora nunca compensa, sea un par de calcetines o un microondas. ¿Imagináis que confeccionaran la ropa de forma que no se pudiera lavar, que cada vez que se ensuciara hubiera que desecharla? Pero no demos ideas.

De vuelta a casa, con la inútil impresora a mi lado, me estoy acordando de un documental que vi hace uno años cuyo título era Comprar, tirar, comprar. En él se defiende que los fabricantes no buscan hacer un producto duradero, con una buena relación calidad-precio, sino todo lo contrario, lo prefieren endeble para vender más. Nosotros creemos adquirir algo barato, pero ¿es así? ¿Cuántas mierdas de efímera existencia compraremos cincuenta mil veces a lo largo de nuestra vida? ¿No sería más rentable algo fiable, que siguiera sirviéndonos dentro de muchos años, aunque el desembolso inicial fuese mayor?

Entre otros, en el documental se pone el ejemplo de las bombillas de antes, ya sabéis: esas cuyo frágil filamento se rompe si las agitas, y si no, al cabo de un tiempo se «funde». O de las medias: las mujeres, y también los hombres que las hayáis retirado de las piernas de sus propietarias con prisa, como niños arrancando el papel de regalo, conocéis perfectamente lo delicadas que son. Según el documental, tanto bombillas como medias podrían ser mucho más resistentes, pero el beneficio para las empresas se reduciría, así que decidieron hacerlas de peor calidad a propósito. También se habla de coches, teléfonos móviles… Y es verdad, ya no fabrican coches que puedas legarles orgullosamente a tus nietos, al revés, los telediarios y la DGT nos alarman: hay coches en la calle con más de diez años. ¡Oh! Terror y locura. Oigan, y ¿no deberían poner en circulación vehículos que no tuvieran que cambiarse «por seguridad» con tanta frecuencia? Porque si te gastas, pongamos 15.000 euros en un coche del que has de prescindir a los cinco años, resulta que cada año conduciéndolo te ha salido por 3.000 euros, eso sin contar reparaciones y revisiones. En un país donde el salario mínimo no llega a los 650 euros mensuales, ¿no resulta excesivo?

Pero me acordé de este documental precisamente por la parte en la que se refieren a las impresoras. Aseguran que las de ciertas marcas están programadas para dejar de funcionar a partir de un determinado número de copias, e incluso citan un tutorial para desactivar ese bloqueo programado (lo que escapa a mis nulos conocimientos informáticos).

 

Crédito: RTVE.es

 

Aunque no con este nombre, ya había oído hablar de la obsolescencia programada antes de este documental, y casi siempre despectivamente. Es muy fácil ridiculizar todo lo que se salga de la doctrina del sistema. Si nos dicen que no existe, es que no existe, y todo el que ponga en duda el dogma es un conspiranoico, jaja, qué tonto y qué listos somos nosotros. Eso de que hacen las cosas para que se rompan es un mito que sólo se creen los magufos.

Pues aquí os dejo una noticia de octubre de FACUA, que no es gente que vaya con un cucurucho de papel albal en la cabeza. Y como podéis leer, el gobierno francés está tomando cartas en el asunto. No obstante, sigue habiendo voces autorizadas que niegan la mayor. Ahí os enlazo también al artículo de Naukas, y que cada uno piense lo que quiera.

 

Además del documental me acordé de algo que le leí al yerno de Marx en un irónico librito (atentos a la fecha):

En nuestras regiones laneras se deshilachan trapos manchados y medio podridos para convertirlos en los llamados paños renacidos que duran tanto como las promesas electorales. En Lyon, en lugar de la fibra de seda natural simple y pura, se le agregan sales minerales que aumentan su peso y hacen que se desmenuce y sea poco duradera. Todos nuestros productos son adulterados con el fin de facilitar su salida y reducir su duración. Nuestra época será conocida como la era de la falsificación (…) Los ignorantes acusan de fraude a nuestros piadosos industriales, cuando en realidad lo que les anima es proporcionar trabajo a los obreros, que no pueden resignarse a vivir de brazos cruzados. Estas falsificaciones, cuya única motivación es un sentimiento humanitario, pero que reportan soberbios beneficios a los fabricantes que las practican, aunque resultan desastrosas para la calidad de las mercancías y son una fuente inagotable de despilfarro de trabajo humano, demuestran el filantrópico ingenio de los burgueses y la horrible perversión de los obreros, quienes, para satisfacer su vicio por el trabajo, obligan a los industriales a acallar el grito de su conciencia y a violar hasta las leyes de la honradez comercial.

El derecho a la pereza, Paul Lafargue. 1880

 

Volviendo a este siglo, Podemos, Equo e Izquierda Unida proponían en sus programas para las europeas tomar medidas con el fin de solucionar el problema de la obsolescencia programada.

Lo dicho: que cada uno saque sus propias conclusiones, y si las aportáis como habitualmente por aquí, mucho mejor.

Para mí, independientemente de los ejemplos concretos de este documental, la obsolescencia programada cuadra muy bien con los modos del capitalismo. Si es cierto que fabrican productos con la idea de que se estropeen pronto, me parece aberrante, el colmo de la indecencia, una total falta de escrúpulos y responsabilidad. Si el capitalismo es insostenible por definición (el uso masivo del plástico, por ejemplo, aunque cada vaso que desechas en una oficina tarde en degradarse cientos de años; o el último modelo de móvil que sacan al mercado para que millones de usuarios tiren inmediatamente el suyo, que ha quedado obsoleto, y los japoneses hagan largas colas para comprarse otro casi idéntico al del año anterior), si aparte del error de planteamiento de un sistema que necesita de un eterno crecimiento con su consiguiente aumento de residuos en un mundo con recursos finitos y contaminado por tierra, mar y aire; un sistema que no se ocupa de cubrir las necesidades de las personas, sino de crearles nuevas; un sistema que ha convencido a la mayoría de sus engranajes de que ir de compras es una actividad de ocio… Si además de todo esto y mucho más, llevan a cabo ese tipo de sucias prácticas, nuestros descendientes están condenados. Aunque oye, igual pueden comprarse otro planeta.

 

Imagen de cabecera: Fairphone. Residuos  que los países desarrollados envían a Ghana ilegalmente, encubiertos como «artículos de segunda mano». No sólo no les ayudamos, sino que les mandamos nuestra porquería. Estas cosas me ponen malo.

Paradise

Música: Paradise, de Stratovarius

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7 sin mordaza

  1. Vaya, qué mala suerte que has tenido con la impresora xD. La mía se ve que no tiene ese “chip” que hace que se “rompa”, ya que alcanza casi los 15 años y, aunque imprime a su ritmo, todavía funciona tan bien como el primer día. A decir verdad, de la torre, el monitor del pc, el teclado, el ratón y la impresora únicamente me han sobrevivido intactos la impresora y el teclado. Lo demás ha sido una constante sustitución (en el caso de la torre, por piezas).

    Y ya ni hablemos de las dichosas teles de plasma, que la de mi abuela, que sobrepasa sobradamente los 40 años y es un cajón enorme (para levantarla se necesitan dos personas mínimo), no se ha estropeado una sola vez y sigue yendo sin problemas. Obviamente, la calidad no es la misma, pero oye, funcionar funciona. Eso sí, el aparato será dentro de nada pieza de museo xD.

    En cuanto a lo no electrónico, como es el caso de los libros, esa obsolescencia también se ha introducido de forma traicionera. En casa, por ejemplo, tengo un libro viejísimo que data de 1776, y las hojas, al ser papel pergamino, están blancas como la cal. Luego están los libros de bolsillo que apenas tienen 8 o 9 años de vida y cuyas hojas ya son amarillas a más no poder.

    No me gusta hacer spam, pero el año pasado escribí sobre si era mejor el e-book o los libros en papel y puse una fotografía de ese libro comparándolo con otro más nuevo (con las hojas tostadísimas). Si tienes curiosidad…
    http://opinionanonima2.blogspot.com.es/2014/01/e-book-o-libro-en-papel.html

    No recuerdo quien dijo aquello de “el capitalismo morirá de éxito”, pero creo que no andaba muy equivocado. A este paso…

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    1. Buena tu comparativa entre la calidad de los libros antiguos y los recientes. Pero pienso que si lleváramos al terreno de los libros la obsolescencia de la que hablábamos, la tinta estaría intencionadamente fabricada de tal manera que a partir de un determinado momento las letras empezarían a difuminarse hasta que se borrarían del todo. Algo así.

      Por cierto, ese artículo tuyo, libro electrónico versus libro de papel, está relacionado con este otro que escribí aquí. En este caso, no examinaba los pros y contras del formato, sino de la manera de leer en cada uno de ellos.

      Un saludo, teólogo :P

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  2. Mucho me gustara ese documental. En mi caso, la impresora de mi casa lleva años parada porque cambiar los dos cartuchos, me cuesta 40€ (lo mismo que comprar otra nueva, ¿No?). Y para imprimir 5 hojas al año, mejor hacerlo en una copistería.

    Hablando de obsolescencia programada, el ejemplo más claro es el que tú pones, los móviles. ¿Te imaginas que pasado unos años, tu coche corriera menos y consumiera más? ¡Vaya escándalo! En cambio, con los móviles nos hemos resignado y ya lo aceptamos con naturalidad. Yo también, nunca un móvil me duró 2 años. Asco de consumismo

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  3. Roberto López Zalbidea 15/04/2015 a las 12:09

    Un sistema económico que no se base en el mito del eterno crecimiento. Que no se apoye exclusivamente en la tendencia puramente animal a acumular (¡siempre más!) Que no necesite de un Sur para que exista un Norte. Que funcione razonablemente bien y garantice los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Que tenga en cuenta la sostenibilidad…
    Hoy por hoy, eso no existe. Pero al menos, la Utopía, lo que hoy es utópico, marca un camino razonable, y debe mostrarnos qué es lo que no podemos consentir… (aunque hoy por hoy aún no nos entre en la cabeza)
    Las ideologías depredadoras. La usura. La psicopatía. Son actitudes y realidades que no pueden pasar sin sanción social. Mayor transparencia y control, más participación, más democracia, son el camino. ¡Lo contrario a fórmulas “mágicas” -siempre tramposas e interesadas- que nos viniesen decantadas de arriba a abajo!

    Enhorabuena Salva por tu entrada una vez más!
    Un saludo a todos

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  4. Vuestros comentarios me hacen pensar que somos como gusanos de seda dándose el atracón en una morera. La diferencia es que si la gula irracional de estos bichos les lleva a terminar con todo, pasan a la de al lado y ya está. Pero nosotros no tenemos otros árboles a los que mudarnos.

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