No pienses, sólo mira la pantalla

Saludos, estresados lectores. Hoy me quito la mordaza para hablar de los beneficios de detenerse y dedicar unos momentos a la meditación en esta vorágine que nos arrastra, en esta carrera a ninguna parte.

 

No pienses, sólo mira la pantalla, la pantalla…

Que quieren una población inculta, carne de Sálvame, Cámbiame, Lobotomízame, ya lo sabemos. Esa gente es más manejable, fácil de pastorear. En el timo de los trileros, dónde está la bolita, dónde está la bolita, la tele es el cubilete con el que distraer al incauto mientras le vacían los bolsillos.

Aunque luego me riñan los lectores futboleros, el deporte televisado juega también un papel esencial; magnifican conscientemente cuestiones que no deberían tener mayor trascendencia y las convierten poco menos que en asuntos de Estado, dedicándoles horas y horas de información y debates absurdos cuyos argumentos los aficionados repetirán luego como si les fuera la vida en ello.

Eso, en el tiempo libre que nos deja el trabajo, que debe ocupar (ni siquiera te lo plantees, o lo aceptas así o eres un vago redomado) al menos la mitad del tiempo de vigilia. Si es más, mejor, antes podrás colgar en la pared el título de ciudadano ejemplar.

Y si te quedan ganas después de estar todo el día puteao, generalmente trabajando para que otro se lucre a costa de tu esfuerzo, las alternativas de ocio del fin de semana consisten en salir por ahí a emborracharse, sin apenas alicientes más allá de ese, la embriaguez convertida en un fin en sí mismo.

Este es el retrato de la sociedad que tenemos; tenebroso, sí, pero realista. Me limito a pintar lo que veo, como el duende que habita en el «iconógrafo» del turista de Mundodisco.

 

Les conviene una población aborregada, sumisa, conformista. Que no se haga preguntas, que no se cuestione nada. Las cosas son así, siempre han sido así, y no vas a venir tú a cambiarlas. Y además esta tarde hay derbi y por la noche un especial de Casados a primera vista.

De ahí que el sistema educativo sea una antigualla que ninguno de los dos grandes partidos se ha ocupado en modernizar. No sólo no lo han renovado, sino que han atacado la línea de flotación del pensamiento individual. La Filosofía ha sido relegada con la LOMCE, y no por casualidad esto ha coincidido con un refuerzo de la asignatura de  Religión. Pensamiento y fe son polos opuestos.

El PP ha atacado también las enseñanzas artísticas y musicales. Todo lo que sea expresión, personal, lo que te distinga del rebaño, les incomoda. Su ideal es la uniformidad, que las diferencias sean superfluas: el sistema operativo de nuestro ordenador, la marca del móvil, la forma de vestir. Y su éxito es que nos creamos muy distintos por eso o por llevar una funda «original» para la tablet. Somos libres de escoger entre todas las del catálogo, es la grandeza de nuestro sistema.

Pero que lo digan directamente, tan a las claras, me ofende. Y últimamente parece que están perdiendo el pudor. Tomad como ejemplo este anuncio (cojo este porque me impactó especialmente, pero no es el único):

Si no podéis ver el vídeo, os lo describo: una dulce canción acompaña a la imagen de una chica sentada junto a la ventanilla del tren. Se escucha: «Qué bien, siete horitas de viaje para mí, para pensar en mis cosas, meditar sobre la vida, reflexionar…» De golpe se interrumpe la canción, la chica saca su móvil y dice «Pues ya he reflexionao».

Qué asco me da este anuncio. ¿Pensar tú? ¿Para qué? ¿Qué te crees, Ortega? ¿Qué es eso de meditar? ¿A cuánto cotiza en el IBEX? Pensar es malo, pensar es ETA. No hay nada ahí dentro que te interese. A este paso terminaremos como los personajes humanos de Wall·E, todo el día en el sillón, con la pantalla pegada a la cara.

Hace unos meses escribí un artículo, El móvil de Michael Knight (lo del móvil en el título es casualidad, aún no había salido este anuncio), en el que hablaba precisamente de lo que Vodafone ridiculiza en su publicidad: la belleza de un viaje en solitario, disfrutar del paisaje, tomarte un tiempo para pensar, para reflexionar, sí, señores publicistas, reflexionar, conversar contigo mismo, cómo estás, hace tiempo que no quedamos, ya sabes: el trabajo, los niños, las obligaciones… ¿Estás bien? ¿Qué te falta?

En ese artículo os contaba un viaje en autobús de niño, pero lo dicho vale también para un largo trayecto en tren veinte años más tarde. Hay pocas cosas más placenteras, y en contra de lo que pueda parecer, más productivas, que levantar con cuidado y sin prisas las finas capas de papel de cebolla que cubren nuestra conciencia.

No hay objetivo más importante que la felicidad, y para eso no existen atajos ni sirven tarjetas de crédito. Alcanzar esa meta pasa por conocerse, saber qué se quiere realmente, que no tiene por qué coincidir con lo que la sociedad nos dice que debemos desear. De hecho, probablemente no tenga nada que ver. Pero para averiguarlo, debemos escucharnos. Nunca conocerás realmente a tu amigo si cada vez que os veis sólo estás esperando con impaciencia a que termine de soltar su rollo para contarle tú tus cosas. Pues con cada uno de nosotros es igual. Si sólo atendemos al exterior, el ruido, las prisas, las necesidades más básicas e inmediatas… Mal. El dinero o el éxito profesional pueden tapar el vacío interior de modo semejante al adolescente que sube el volumen de sus cascos para no oír a sus padres peleándose en la habitación de al lado.

La vida no debe consistir simplemente en acumular ceros en la cuenta bancaria o dejar pasar los días en una cómoda pero estéril rutina. Eso sería un desperdicio insensato, un derroche, casi una profanación, «el peor de los pecados» borgianos.

—Pero ¿cómo me escucho a mí mismo? ¿Cómo se medita?

No es necesario apuntarse a clases de yoga ni tener la flexibilidad suficiente para hacer la postura del loto; tampoco aprenderse los nombres de los siete chakras. Se trata de parar, sentarse o tumbarse e intentar controlar la mente, ser tú el que decida qué quiere pensar (o no pensar absolutamente en nada), en lugar de que la mente siga olisqueando de un lado a otro sin sentido, frenéticamente, como perro al que le acaban de soltar la correa en un descampado.

Al principio no es sencillo, la yegua salvaje, acostumbrada a que nadie la dirija, no se va a dejar poner las riendas fácilmente. En cuanto te descuides, te tirará de su lomo y saldrá trotando a pensar en lo que ella quiera. Pero cuando consigues domarla, los beneficios personales no tardan en hacerse notar.

Y lo mejor de todo es que para practicar no hace falta construir un jardín zen, ni subirse a lo alto de un acantilado en Escocia. Lo puedes hacer en tu casa… O en el tren, diga lo que diga la tele.

 

Música: Aventuras domésticas, de Las buenas noches

Imagen de cabecera: fotograma del anuncio de Vodafone (navidades de 2015)

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26 sin mordaza

  1. Creo honestamente que te has marcado uno de tus mejores textos. Me identifico completamente con todo lo que comentas. Verás: hace unos tres años fui de viaje a casa de un amigo en Stavanger, Noruega; y aparte de servirme para contemplar el paisaje y empaparme de black metal nativo mientras caminaba por los bosques, también me sirvió de retiro espiritual al estar completamente desconectado de España y todo lo que se cuece aquí. Sentí una paz, una fuerza y hasta una alegría como hacía tiempo que no experimentaba. Me dediqué a la lectura de clásicos y a vaciar la mente. Estaba maravillado… hasta que volví a este terruño al sur de Europa y sanseacabó la paz interior. Estos días estoy un poco jodido de salud, principalmente por la acumulación de nervios al estar sometido a tanta cascada de sobre-información, desinformación, manipulación, basura y violencia por parte de los medios. Tengo el estómago jodido, no sé si al final será síndrome de intestino irritable o qué (ahora me lo está controlando el médico), pero sí sé que es debido a los nervios por estar ante tal panorama socio-político-cultural y al clima crispado en general. Me he obligado a comer al mediodía sin ver las noticias y a desayunar sin repasar los diarios digitales. A disfrutar tranquilamente mientras como, sin más distracciones ni malos rollos. Porque, amigo, todo son malos rollos y violencia. Ahora prefiero sentarme, cerrar los ojos durante 15 minutos y desconectar de todo. Elijo ceñirme a lo que me gusta e ignorar/evitar lo que me intoxica. Al menos, tengo libertad para esas elecciones y hago uso de ella. Y oye, lo recomiendo encarecidamente.

    Un abrazo, Salva.

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    1. Una coach británica que sigo por youtube también tuvo una crisis nerviosa que le impedía relacionarse con otra gente y era debido al estrés que le causaba estar pendiente de la información de los medios. Le crispaba las informaciones que leía y al final optó por desconectar del todo. Ya no ve la televisión, no lee la prensa de forma habitual y ha conseguido mejorar su visión del mundo. Ahora ya no es tan introvertida aunque ella sigue definiéndose como introvertida como si fuera un mal de los que no hay cura por completo. Cambió de vida radicalmente y ahora da clases de inglés y es coach para toda esa gente introvertida que le cuesta salir de esa burbuja que les aisla y les hace infelices. Empecé a ver sus videos de inglés por curiosidad y acabé viendo los de coaching.

      Creo que yo también necesito una cura de desintoxicación mediática, pero es difícil.

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    2. David, lo tuyo se llama “síndrome postvacacional”.

      No, ahora en serio, entiendo muy bien lo que dices, y lamento leer que estás algo pachucho. No dejes que la podredumbre moral de esta panda de sinvergüenzas te afecte. En esto estoy bastante de acuerdo con el argumentario de Podemos, tipo “Su odio, nuestra sonrisa”.

      Es muy indicativo que de las cinco personas que han comentado hasta el momento en esta entrada, tres hayan reconocido tener o haber tenido problemas cuyo origen viene de la cabeza (Vicente, Jorge y tú). Cuatro, si me incluyo, que tuve ansiedad hace unos años por el trabajo y estuve bastante chungo, desmayo en la oficina incluido.

      Reconozco que como Nemo y tú, yo también estoy un poco harto de ciertas cosas. La gente piensa que como escribo de política estoy todo el día enganchado, pero apenas veo los telediarios y hace mucho que no me trago diez minutos seguidos de La Sexta Noche o similares. Me informo cuando quiero y sobre lo que me interesa, no tengo que tragarme un telediario íntegro para eso, ni aguantar horas de gritos, insultos y simplezas que intentan hacernos pasar por un “debate”.

      Me alegro de que Vota y Calla sea una de las cosas que eliges seguir ;)

      Un abrazo, ¡y mejórate!

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      1. Salva, “Su odio, nuestra sonrisa” ya la dijo la Pantoja mucho antes sin que sonase tan cursi: “Dientes, dientes, que es lo que les jode”.

        Dicho esto, quiero aclarar que yo nunca he sido muy normal, entendiendo por normal aquello que es habitual. De ahí que fuera cuestión de tiempo caer en trastornos varios. De hecho me sorprende que fuese cuestión de tanto tiempo.

        Hay tres cosas que me han ayudado y que os cuento por si a alguien le sirven
        • La primera es leer la situación y buscar un escenario simplificado que me ayude a conocer mis opciones. Al final lo más habitual es que seas el único tipo que no tiene razón alguna para estresarse porque no hay nada que puedas hacer para cambiar la situación.
        • La segunda requiere más entrenamiento, y consiste en salir mentalmente de la situación y observarla desde fuera. Cómo es cada actor, qué intereses tiene, quién tiene realmente poder y quién sólo grita, … Las emociones se quedan con el cuerpo y te ahorras muchos disgustos y falsas ofensas.
        • La tercera y última requiere además mucho estudio, y es comprender las leyes que gobiernan las cosas para discernir qué es cierto y qué es un relato construido para convencer a ilusos (de ilusión), leer estrategias para separar teatro destinado a las masas de realidades.

        Cuando alcanzas el tercer grado no hay sentimientos en juego, cada nueva noticia es tan ilusionante como descubrir que hay una nueva pieza en la maquinaria y ver donde encaja. Nada personal en ello, aunque os perderéis las emociones porque es como ver una buena película y centrarse en la técnica del director. A cambio, no hay más ansiedad y empieza una nueva clase de diversión.

        Saludos.

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        1. ¡Jaja! Tienes razón. Es más, no sólo encuentro perfectamente justo que la Pantoja esté ya en la calle, tras un breve periodo de tiempo viviendo en la cárcel a cuerpo de reina, sino que Podemos debería indemnizarla en virtud de la Ley de Propiedad Intelectual.

          ¡Gracias por los aportes!

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          1. Una persona me dijo un día que era injusto que la pobre Pantoja fuera a la cárcel, que poco había robado. Dudo mucho que sepa la cuantía de lo robado por esa señora. Además de las típicas quejas por lo injusto que es el sistema judicial que tenemos.

            Por cierto, yo también reduje la cantidad de ”malas” noticias que recibo al día. Uno llega a saturarse.

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  2. Reflexionar y meditar es lo que me me convirtió en casi un insomne. Desde los 14 años soy incapaz de dormir sin televisión, música o radio que me acompañe de fondo. Me podría pasar horas a oscuras pensando en las cosas que han pasado o en lo que podría pasar si tomo determinadas decisiones. Incluso me sirve para ensayar conversaciones futuras y poder prever todas las posibilidades. Me vuelvo literalmente loco pensando en todas las salidas y giros de esas futuras conversaciones. Una paranoia pura. Por eso tuve que decantarme por prestar atención a cosas externas a mi mente para poder relajarme y buscar el sueño.

    A mis 40 años no he pasado ni un solo día desde aquellos años sin poder dormir si no es de la manera descrita. Incluso así me cuesta muchísimo tiempo conciliar el sueño.

    Lo digo porque a veces desearía ser de ese grupo de personas que no piensan ni meditan. Esos que al llegar a casa deciden irse a la cama a dormir porque están cansados y se duermen en menos de diez minutos. Esos que no piensan en las cosas del día a día. Los que no piensan en el futuro inmediato ni en el lejano. Los que no piensan en las cosas buenas ni en las malas. Los que no tienen miedos ni deseos. Los que piensan que votar por sms a un nominado cada semana ya es suficiente democracia. Que levantarse un domingo cada cuatro años para decidir el futuro no sirve de nada. Los que piensan que salir a celebrar que la selección ha ganado un partido nos une, pero que salir a manifestarse por nuestros derechos da pereza.

    A veces, y solo a veces, me gustaría ser como ellos. Despreocupados y con la conciencia tranquila. Pero luego consigo dormirme y al despertar ya no quiero ser como ellos hasta que tenga que volver a dormir.

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    1. Bello texto. Si te digo la verdad, a mí me cuesta mucho conciliar el sueño por las noches por los mismos motivos que tú. De hecho, después de dormirme, suelo despertarme varias veces por la noche agobiado por algo. Si tengo que hacer algo importante al día siguiente y necesito estar despejado, no me queda otra opción que recurrir al Lorazepam. En mi caso no recurro a la música ni a la radio; para conciliar el sueño y evadirme de pensamientos siempre tengo un libro en la mesita de noche.

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      1. Leer no me produce sueño, sino ganas de saber algo más. Soy de los lectores consultivos. No me quedo tranquilo si algo me viene a la cabeza mientras leo y necesito consultar para aliviar picores por las dudas. Me produce escozor de ojos, pero no logra el efecto deseado. Eso sí, una vez que logro dormirme rara vez me despierto hasta que suena el despertador o hasta que tengo suficiente. Por eso es que digo “casi insomne”. Jamás he recurrido a medicarme y ni siquiera lo he consultado con un médico. Después de todo consigo dormir entre 6 y 8 horas del tirón una vez logro dormirme. Los remedios caseros con infusiones no van conmigo. Las hierbas me producen arcadas. Simplemente no puedo con ellas por muy buenos efectos que digan tener.

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      2. Escribo desde niño y he tenido pocos problemas con el sueño. De alguna manera, intuyo que mi buen dormir está relacionado con la escritura. De hecho, las temporadas que no he podido escribir habitualmente por falta de tiempo, sí he tenido amagos de insomnio. Es por lo que comenta Jorge, te vienen imágenes mentales, diálogos, recuerdos… Y como no los “sacas” de dentro, no te dejan en paz. No soy original con esto, pero en mi caso escribir tiene mucho de terapia, desahogo. También de conocimiento interno, muchas veces no sé lo que verdaderamente opino sobre algo hasta que me siento y lo escribo. Y en ocasiones me sorprendo.

        No recuerdo (y qué rabia me da esto) qué escritor decía que escribía para darle salida al incesante runrún de su cerebro, que no se detenía nunca. La frase literal era mucho más acertada que este fallido intento mío. Ni siquiera estoy seguro del autor (me hago mayor): ¿Nabokov? ¿Cortázar? Apostaría por Nabokov, pero apostaría poquito.

        Lo del Lorazepam de David me recuerda a la canción que estuve a punto de poner para este artículo: La canción de las plantas, de La cabra mecánica. Pero como aquí no hablo de drogas, al final me decidí por la de Las buenas noches.

        Ah, hablando de medicamentos: cuando tuve la crisis de ansiedad me recetaron Diazepam, aunque sólo lo tomé una vez. Busqué soluciones por otro lado. Básicamente: levantar el pie del acelerador, deporte y meditación.

        Jorge: eso a lo que tú te refieres, lo que piensas contra tu voluntad y no te deja dormir, es precisamente lo que llegas a controlar con la meditación, pudiendo “cerrar el grifo” a voluntad. Son cosas distintas.

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    1. Tiene que haber más gente que esté hasta las narices (esa es la solución de tu ahorcado, ¿no?) ;), porque de lo contrario, con la brutal campaña mediática en contra de Podemos, ¿cómo habrían conseguido cinco millones de votos? La tele sigue teniendo mucho, muchísimo poder… pero menos que hace unos años.

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  3. Me ha encantado el texto y me siento muy identificada con cada línea, soy de las que necesitan un ratito a solas conmigo misma todos los días (y al decir a solas me refiero sola, sin tele, ni radio, ni nada de nada…).

    No sé si viene mucho a cuento pero al leer sobre la muchedumbre borreguil y pasiva me ha venido a la cabeza una anécdota reciente. Os la cuento: soy profe de tecnología en un instituto de secundaria y, entre otras cosas, doy clase a los alumnos de diversificación (para los que no estén puestos en las últimas leyes educativas, es un itinerario alternativo a la ESO para titular al que van alumnos con dificultades en el plano académico). Puede pensarse que son un desastre y, en lo académico a menudo así es, pero en lo personal me suelo llevar gratas sorpresas, tienen inquietudes y opiniones tan interesantes como los que más. Aunque otras veces me daría cabezazos contra la pared, el otro día fue un día de esos. Acercándose el final del trimestre hacemos actividades menos pesadas y una de ellas fue buscar una noticia relacionada con la tecnología, la que quisieran (los alumnos de hoy están tan acostumbrados a seguir un guión para todo que ante estas situaciones les estalla el cerebro), debían leerla y resumirla (ufff, esto es peor aún, prefieren copiar veinte folios que resumir) y finalmente dar una opinión (aquí tuve a alguno con taquicardias, no suelen tener que pensar mucho en clase…). El resultado fue satisfactorio excepto en una de los casos, una de las chicas copió entera y literal la noticia (ni leer ni resumir, la primera en la frente). El resumen os lo voy a hacer yo: los rusos han encontrado un robot en Marte, lo cual prueba que hay vida inteligente en el planeta, además ese robot es un arma que desintegra rocas con un láser. Y la noticia finalizaba comentando cómo la NASA había felicitado a los rusos y apartado cualquier rivalidad. La reflexión de la muchacha a esto era algo tal que así: “me parece estupendo que se utilice la tecnología para cosas así en lugar de otras cosas”.

    Evidentemente si la lectura había sido nula la reflexión ya ni te cuento… Pero la cosa no queda ahí, a mí esa noticia me olía raro, ¿vida en Marte y no nos han bombardeado los medios? ¿Están armados y no estamos preocupados al respecto? ¿EEUU felicitando a la Agencia Espacial Rusa? Parecía de chiste. Así que investigué un poco y así era, se trataba de una noticia de El Mundo Today, sí, ese periódico online que hace noticias falsas y de broma.

    Lógicamente he hablado con ella y no sólo porque hiciese mal su trabajo, lo de menos es que la noticia sea real o no, lo preocupante es que con 16 años no tengan sentido crítico al leer una noticia. Lo grave (y peligroso) es que lo mismo que te cuelan que hay un robot en Marte, te la cuelan en un contrato basura, en la factura de la luz, o en un programa electoral, por decir unos cuantos ejemplos.

    La moraleja es: que viva la reflexión, introspectiva, por supuesto, pero también hacia el exterior, seamos críticos con la información que llegue a nuestras manos. Y transmitamos este mensaje a los jóvenes, que algunos se ve que lo necesitan…

    Un saludo! Y enhorabuena por la entrada, como siempre brillante :)

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    1. Izarbe, he tenido alumnos de FP en prácticas en mi empresa, y sé de lo que hablas. Sin embargo creo que puedo superar tu anécdota en otro campo.

      Una vez atendí a una pareja en el SEPE que solicitaba un subsidio. Ambos tenían unos treinta y bastantes años, y el hombre estaba a la defensiva transmitiendo agresividad. Solicitaban un subsidio y le expliqué que no tenía ningún derecho puesto que no había trabajado recientemente. La mujer me interrumpió y dijo ofendida que su marido trabajaba, y mucho, lo que pasa es que en la vida laboral no aparecía porque los funcionarios no queríamos, pero que ellos tenían al menos tanto derecho como los rumanos, que ya se sabe…. Él terció y dijo que los funcionarios teníamos mucha desvergüenza porque teniendo un trabajo de por vida nos atrevíamos a negarles a los pobres lo que era suyo….

      Ahí les solté la parrafada que tengo preparada para estos casos, a saber: que en el SEPE tratamos a todo el mundo por igual, que las leyes las hacen los políticos a los que elegimos cada cuatro años, y que su voto vale tanto como el mío, así que si acaso las culpas las llevamos a medias.

      La respuesta del hombre me dejó en estado de shock: “O sea, que no les basta con que tengamos que elegir a los que podrán robar durante cuatro años, sino que ¿encima hacen las leyes para que nosotros no podamos pillar nada?”

      Decidí ser sensato, no contestar, y despacharles lo más rápido posible. Luego hice lo que tengo por costumbre en estos casos, que es ponerme en su lugar para poder entender, y ¡oh sorpresa! todo cobró sentido. Como elegimos a quienes nos van a robar, es normal que votemos a quienes nos caigan mejor (sarna con gusto…) para tal fin, y la postura más sensata es la de hacer lo mismo en la medida de lo posible, del modo más eficiente. Eso explica el trabajo sumergido, el fraude, y en definitiva la moral imperante. ¡Sublime! ¡Y yo estudiando toda mi vida y no había sido capaz de entenderlo!

      En resumen, que la verdad está ahí fuera, también en el Mundo Today, y si no lo vemos es porque no queremos.

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    2. Bufff, brutal lo que cuentas, Izarbe. Me he reído y me ha dado bajona a la vez. Este tipo de cosas me hacen perder la fe en el sistema educativo, en las nuevas generaciones, en la especie humana y hasta en Putin.

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  4. Por cierto, hace tiempo que superé buena parte de mi ansiedad – he sido adicto al trabajo diagnósticado – aplicando los roles del dilema del hombre atado a la vía del tren. Lo expliqué en su día en: (enlace).

    Por si le sirve a alguien.

    Saludos.

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    1. Le pasaré este enlace a una amiga que está en la típica situación, a ver si le ayuda.

      Por cierto, Sr. Vicente, le comento: estoy al 80% de decidirme opositar para Administrativo de la Generalitat Valenciana y le quería pedir consejo. ¿Cuál es la mejor manera de abordar el estudio de los 169 artículos de la Constitución Española? ¿Es mejor comprarse los libros, o no vale la pena, dado que se pueden buscar las leyes y decretos en Internet (concretamente en Noticias Jurídicas) y tomar apuntes? ¿Algún secreto o pócima?

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      1. Ah David, me alegro que hayas visto la luz y quieras venir al alegre mundo del funcionariado.

        Yo te diría que ambos, y que te gastes bien los cuartos. De los libros, procura que sea una academia que a) tiene profesorado en la administración en la que pienses entrar, b) que lleve años haciendo esto, y c) que edite buenos libros de ejercicios. Los de teoría los puedes utilizar para calentarte en invierno.

        La segunda parte es cual es tu tipo de memoria. Yo soy incapaz de retener datos aislados y recurro a relatos más o menos estrafalarios para recordar las cosas, así que suelo comprarme una edición jurídica comentada y la dejo hecha unos zorros con más comentarios, flechas que apuntan a otras páginas, subrayados, etc.

        No te recomiendo Internet a menos que estés acostumbrado a navegar por las bases de datos jurídicas y el BOE. La razón es que si pillas una versión desactualizada de alguna ley orgánica puedes verte obligado a trabajar un montón para llegar a la conclusión errónea.

        Saludos y suerte.

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        1. Gracias! Si no existiese un Vicente Juan, habría que inventarlo.

          Lo de la academia lo veo difícil, pues por aquí (Denia y alrededores) no hay academias que preparen para oposiciones. Lo más cerca es Gandía, que está a 30 kilómetros, y no está la economía para hacer 60 kilómetros diarios. Veré que tengo a mi disposición para mi proyecto y cómo lo aprovecho.

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          1. David, olvida las academias de la periferia porque esas no suelen cumplir la primera premisa. Siempre hay una academia en la capital que sabe lo que va a salir, o al menos lo intuye lo suficiente para vender que lo saben. Por ejemplo:
            http://www.luisvives.com
            http://www.adams.es/nuestros-centros/valencia/0/4

            El mejor consejo te lo podrá dar alguien que ya haya entrado y conozca el mundillo. Créeme, siempre hay UNA y sólo UNA academia que lo borda y estará en Valencia capital.

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  5. Me acabo de acordar de otra anécdota/vivencia en relación a la tele. Un par de años después de llegar a Barcelona, conocí a la que sería mi futura ex y decidimos vivir juntos en su casa. Era una casa de pueblo preciosa, en Premià de Dalt, un pueblo idílico y muy tranquilo. Resulta que no teníamos televisor; todo lo más, un retroproyector para ver pelis de video, y para ello teníamos que desplazarnos en coche hasta el videoclub más cercano, pero no teníamos acceso a ninguna cadena. Fueron los 2 años más tranquilos de mi vida. Lo curioso viene ahora: después de esos dos años, un día comiendo en casa de los suegros, encendieron la tele para “reposar la sobremesa” y prometo que me horroricé. Después de estar 2 años totalmente ajeno a la tele y su contenido y, por tanto, de contemplar las cosas con perspectiva, me horroricé del nivel de los anuncios, que nos tratan como idiotas y nos hablan como si fuéramos niños, y de la entonación que usan los presentadores; esa entonación tan característica tan irritante cuando explican noticias; esa vorágine de cortinillas y tontísimas musiquitas machaconas.En general, flipé mucho y me alegré de no tener tele en casa.

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    1. Es que es así, nos tratan como a idiotas. No sé si porque piensan que lo somos, o porque tratan de convertirnos en eso.

      Los presentadores de los telediarios aún se salvan, pero la entonación de la mayoría de los reporteros y corresponsales es terrible: ¡hacen las pausas donde no tienen ningún sentido hacerlas! Esa manera de hablar entorpece la comprensión de lo que están diciendo.
      Aparte de esto, una de las cosas que más rabia me da de la tele son las risas y los aplausos de lata. No puedo con ellos.

      Tus dos años en Premià de Dalt me han recordado algo de Bukowski. A menudo se resalta lo extraño de que fuese un escritor tan prolífico con el tipo de vida que llevaba, borrachera va, borrachera viene, sin saltarse ninguna fiesta. Pero es que no tuvo televisión hasta los cincuenta.

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  6. Hablan así para hacer imposible coger una noticia de la tele, y editar el vídeo ni audio. Para que no se pueda hacer un corte entre frases porque no hay pausa en el punto y seguido

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