No creo a la Guardia Civil

 


Continuación del artículo de ayer sobre la vergonzosa actitud de la Guardia Civil en Ceuta.

Yo no creo a la Guardia Civil

 

Seguimos con las mentiras. El día de los hechos, pasado 6 de febrero, el delegado del Gobierno en Ceuta insistió en que ninguna de las personas que intentó llegar hasta España lo había conseguido. Las imágenes han mostrado en cambio que una veintena de inmigrantes sobrevivió a los disparos de pelotas y a los gases lacrimógenos y pisó suelo español. ¿Por qué mintieron en esto? Porque la Guardia Civil se saltó la ley de Extranjería, y en lugar de llevarles a una comisaría, los entregaron directamente a Marruecos sin prestarles siquiera una mínima asistencia sanitaria previa. Al verse pillado en el renuncio, el ministro del Interior ha retorcido la realidad, asegurando que no se incumplió la ley de Extranjería porque los subsaharianos no alcanzaron España. ¿Y eso? Pero si se ve en los vídeos que llegan a tierra… Pues porque según él, España empezaba después de la línea que formaron los guardias civiles cogidos de la manita. Sí, increíble. Ahora resulta que España limita al Norte con los Pirineos y al Sur con los tricornios. Entonces supongo que cuando los agentes se retiraron, la playa de El Tarajal dejó de ser española.

La prueba de que los inmigrantes entraron en España. Otra mentira. Y van…

 

Fernández Díaz informó de que las autopsias revelan que las muertes se produjeron por ahogamiento (por «sumersión», dice él, pensando tal vez que con esta afectación añade credibilidad a sus declaraciones; también le llama «medios de dotación» a las pelotas de goma). Ha asegurado que no hay relación causa-efecto entre el uso de material antidisturbios y las muertes. Tres cosas, ministro:

 

1) Ambas circunstancias son compatibles. La muerte por ahogamiento y que la causa de la misma se encuentre a su vez en el uso inadecuado de material antidisturbios. Si ha habido impactos directos (y ya decíamos en la entrada anterior que no hay que descartar esa posibilidad), estos pueden haber aturdido o incluso dejado inconscientes a las víctimas, lo que habría provocado su muerte «por sumersión». Tampoco el pánico creado por los disparos ayudó a salvar vidas en esos complicados momentos.

2) Sería deseable que se le permitiera a alguien más tener acceso a dichas autopsias (y a las grabaciones completas, no me cansaré de reiterarlo). No es que no nos fiemos… Bueno, sí, visto lo visto, es que no nos fiamos.

3) Enterraron a una víctima con mucha prisa, sin haber permitido siquiera su identificación, en contra de la práctica habitual. ¿Por qué? ¿Tenía heridas ocasionadas por pelotas de goma, quizá?

 

Podéis llamarme paranoico, pero cuando se dan tantas varias versiones de un mismo tema, contradicciones y mentiras, probablemente es porque haya algo que ocultar. En la última intervención estelar, al ministro del Interior se le quería escapar por la comisura de la boca la verdad:

 

15 personas que han perdido la vida en Ceuta… Perdón, formalmente ha sido en Marruecos.

 

Abusos policiales

 

Esto no es sólo un caso sobre inmigración. Es un nuevo caso de abusos policiales. Hemos visto cómo nos tratan a los españoles, podemos imaginar lo que hacen con los inmigrantes.

 

La Guardia [Civil] nos detectó dos horas antes, ¿por qué no avisó a la Cruz Roja española si vieron que nos estábamos ahogando?

 

Me agarré a la balsa de la Guardia Civil, y los agentes empezaron a disparar pelotas de goma.

 

La Guardia Civil rechazó auxiliarnos en el agua. Me apoyé en su balsa (…) y empezaron a disparar pelotas de goma y gas lacrimógeno.

 

Cuando estaba en el agua me dispararon en la espalda, en la mejilla y en la mano.

 

Al salir del agua una mujer guardia [civil] me tendió la mano, me cogió y me empezó a dar golpes con el palo [la porra].

Citas extraídas de eldiario

 

Pelotas de Goma

Pelotas de Goma
Crédito: J. R. Mora

 

Como en las manifestaciones, para justificar su violencia hablan de la supuesta violencia ajena. Escuchándoles, se diría que han tenido que emplearse para repeler la invasión por mar de centenares de drakkars vikingos, cuando lo que realmente nos «atacaba» era una veintena de personas desarmadas, agotadas e indefensas. A eso, a eso es a lo que se «enfrentaba» la valiente benemérita.

Todo es demasiado siniestro. Ni obediencia debida ni leches: los guardias civiles que permanecieron con los brazos cruzados mirando cómo unas personas se ahogaban, son criminales. Le pueden dar todas las vueltas que quieran para quedarse tranquilos, pero se estarán engañando a sí mismos: cri-mi-na-les. Hay que tener un alma muy negra y unos huevazos tamaño XXL para asistir impávidos a la muerte de otros sin mover un músculo por ellos. ¿Cómo era el lema? ¿El honor es mi divisa o El honor está en mi visa?

Igual me encuentro solo en esto, pero yo NO creo que las fuerzas del orden sean unos cuerpos ejemplares. Me exaspera que incluso los que critican, con toda razón, actuaciones como la de Ceuta, parezcan sentirse obligados a añadir inmediatamente: «aclaro que no dudo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que llevan a cabo una labor impecable siempre». No entiendo por qué no se puede cuestionar el trabajo de la Policía o de la Guardia Civil, y en cambio es tan fácil criminalizar a maestros, médicos o actores. ¿Es que los de uniforme no son personas? Aunque a menudo parezcan máquinas sin sentimientos ni razón, os aseguro que son personas.

Y recurrir, como hacen algunos, a supuestas buenas acciones anteriores del cuerpo para justificar una aberración como la actual, no se sostiene. Salvar a tres negritos no te da derecho a matar a otros tres, esto no va así. Y además, en el caso de la Guardia Civil, es peligroso mirar hacia atrás. Muchos salvamentos tendrían que hacer para compensar sus crímenes y torturas durante 40 años de dictadura. Así que mejor ciñámonos al presente. Tan bien no lo hemos debido de hacer, cuando hasta Bruselas nos está dando (otra vez) el toque.

¿Cómo deberían haber actuado en este caso en concreto? Tendrían que haber sacado a los inmigrantes del agua, evitar que se ahogaran. Avisar a Cruz Roja y que los hubieran atendido. Después, haberlos trasladado a un cuartel de la Guardia Civil, tal y como dicta la ley que tanto dicen defender. Pero ¿dispararles? Eso es abyecto, vil, repulsivo.

 

Intervenciones como la de Ceuta nos recuerdan por qué no podemos permitir que se apruebe la Ley de Seguridad Ciudadana, la ley mordaza. Si ya es difícil demostrar los excesos policiales (y que pague alguien por ellos, ni os cuento), imaginaos si prohíben grabarles. Este caso se habría terminado rápidamente en la versión 1.0: la Guardia Civil no intervino en ningún momento, por lo tanto no usó material antidisturbios en el mar. No se incumplió la ley de Extranjería porque nadie llegó a pisar la costa española, etc. Hubiera sido la palabra del honorable cuerpo contra la de unos inmigrantes, negros encima. La cosa se habría terminado antes de empezar. Y eso es lo que quieren, claro. Más impunidad.

Yo no creo a la Guardia Civil, porque no me ha demostrado, ni en este caso ni en tantos anteriores, que merezca esa credibilidad. Los cuerpos policiales españoles no se caracterizan precisamente por su honestidad o transparencia, sino por todo lo contrario: ante cualquier actuación irregular, niegan incluso lo evidente, cierran filas, tiran de corporativismo e intentan salvar el culo a toda costa (estilo Iglesia católica). ¿No hacen un trabajo ejemplar, del que están muy orgullosos? ¿Por qué tratan entonces de impedir que se les grabe? Cualquiera diría que se avergüenzan.

No a la ley mordaza.

 

Música: Clandestino, de Manu Chao («Mi vida la dejé / entre Ceuta y Gibraltar»).

Crédito de la imagen de cabecera: Manel Fontdevila / Eldiario

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