Mi primera vez

 

Colocas dos almohadas y el cojín naranja contra el cabecero de la cama; el lápiz, el flexo y el bloc en la mesilla; todo mecánico, sin pensar, en realidad pensando en otras cosas, sin ser consciente de lo que estás haciendo. El presente no existe, el aquí y ahora son ficticios, serías el peor alumno de un templo budista.

Así abres el libro, un gesto repetido también mil veces, tan natural como coger el tenedor o el vaso, y entonces recuerdas de golpe. Tomaste el libro porque intuías que te iba a costar dormir y tenías la intención de aprovechar el desvelo para revisarlo (apenas has tenido la oportunidad de echarle un vistazo por encima). Después, el hábito te llevó en volandas hasta la cama.

Lo giras para mirarte con más vergüenza que orgullo en la contraportada, y nada de todo eso termina de ser real. Quizá por la hora, es medianoche, y la noche y tú ya se sabe.

Ha sido un día largo, tres cafés, prisas, has estrenado web, recogido tus ejemplares, hablado con muchas personas. También tu primer encargo, Sara, Sarica, un pedido desde Madrid. Demasiadas emociones, muchos se reirán con la palabra, emoción es tirarte en paracaídas o que te toque la lotería, pero dentro de ti aún quedan escombros de aquel niño hiperestésico que hubo de adaptarse para sobrevivir en el mundo adulto.

Es inquietante revisar cuando ya no tiene remedio. Temes que te suceda lo de la viñeta, abrir una página al azar y toparte con una errata vrutal, tuya o del editor o del maquetador, son muchas manos en un plato.

Por suerte, en una primera ojeada no ocurre eso, aunque tu realismo te dice que los errores están ahí, pero ojos que no ven, escritor que no siente. Al menos tienes la conciencia tranquila, has hecho todo lo que has podido, te lo has tomado en serio, te has esforzado.

Parece que los demás han realizado bien su trabajo: está correctamente maquetado, el tipo de letra es el adecuado, los epígrafes justificados, la altura de los títulos, todas esas minucias con las que pusiste a prueba la paciencia de un editor al que sin embargo comprendes, la anestesia de su rutina contra tu primera y quién sabe si única vez. No lo tiene fácil, es casi una quimera intentar vivir de la venta de libros, ni siquiera de los ajenos, y no debe de ser sencillo tampoco lidiar con las rarezas y los egos de los escritores.

Vuelves a cerrarlo, no vas a leerte a ti mismo, eso antes, hasta la última galerada, pero ya no, ahora sería atormentarte con una suerte de onanismo que no te apetece practicar.

La portada es negra con un punto rojo. La portada es negra mate, porque así lo elegiste. Te avisaron de que tal vez se vería mal y con el brillo no fallabas. Pero los brillos no van contigo y la portada ha quedado estupenda.

Le das las gracias a Tomás, esta vez solo mentalmente. Él no se exasperaba, es un artista, y eso que hubo una treintena de pruebas en tiempo real por WhatsApp Web, sin olvidar el toque femenino, el chat con Elsa y Mara, cambiaría esto, y esto otro, ¿y si probamos…?

No debíamos caer en la cursilería, a pesar del motivo y del título del libro. El título es demasiado largo, te dijeron, aunque también te aconsejaron que fueras directamente a la autopublicación.

Hubo que buscar una figura, romperla y fotografiarla, el ordenador no consigue eso, se nota o yo creo notarlo, que para el caso es lo mismo. No quería una portada hecha por ordenador, eso no va conmigo. Esta sí nos representa, a mí y al género de la tienda. La figura rota está en la Inauguración y el Interludio y Condenados a suceder, y la chica de piel pálida en Aicnegreme, y tiene el cabello y los labios rojos de La línea circular y del cuento del jilguero…

El rojo, ¿no es demasiado brillante? Llega a molestar. No puede ser, si ya lo corregimos, dudamos pero optamos por un tono más natural, lo que brilla es el flexo, tenías los ojos cerrados y la cabeza rendida sobre el pecho.

Recoges el libro del suelo y lo dejas sobre la mesilla. Después tu mano derecha flota, medio drogada por los efluvios de la duermevela, para apuntar algo en el bloc.

Apagas.

 

A la mañana siguiente, martes 2 de abril, encuentras el mensaje junto al despertador (tu habitación es territorio libre de móviles). Vaya letra, Salva, tío, vas a tener que contratar a un negro para que dedique los libros por ti.

Las primeras palabras tienen las desinencias cortadas «como si fueran la cabeza de un pez que se tira a la basura». Subrayaste esa frase hace un par de noches en un relato de Nabokov, El reencuentro.

Descifras la tuya: «Intent cont esto en Vota y Calla. La sensación».

 

 

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La nueva web ya está activa 

Como os comenté en la entrada anterior, he creado una web «de escritor».

Ya se puede visitar, estaré encantado de recibiros por allí: solanosalmeron.com

 

 

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13 sin mordaza

  1. Me alegro mucho por usted, son Salvador. A disfrutarlo.

    Cuídese que le quedan unos cuantos por escribir.

    (Que dice el V.J. que cuando le den el Nobel ya se acerca por Murcia a saludar)

    Responder
    1. Sencilla, vistosa y funcional. Sólo falta añadir complementos para que no resulte sosa. ¿Ha pensado usted en vender mechones de pelambre?

      Responder
  2. Cómo no iba a comprar el primer libro de mi Salva, con el que he compartido relatos en nuestra juventud, poemas que escribí hace ni sé cuánto, y sobre todo con el que he vivido momentos irrepetibles e inolvidables.

    Un besazo precioso y ya verás como todo te va a ir genial, como siempre has logrado con todo lo que te has propuesto.

    Responder
    1. ¡Sarica! Imaginaba que lo comprarías, pero no esperaba que fueses tan rápida. Y menos ahora, que estás liada dándole de mamar al mofletudo.

      Ay, esos poemas… Los que escribí yo los tiré por vergüenza, pero alguno tuyo guardo por ahí ;)

      ¿Cómo va ese artículo? (pido más que la Iglesia, jaja).

      ¡Un besazo!

      Twitter: @solanosalmeron

      Responder
    1. Espérate, que te había confundido con David Lucena, hasta que he caído que ya había comentado arriba.
      Esto de que los dos seáis “David”, a secas, me confunde, jaja.

      Claro. Justo han puesto un vegetariano/vegano muy chulo al lado de mi casa (aunque me puedo acercar yo a Guardamar esta vez).

      ¡Hasta pronto!

      Twitter: @solanosalmeron

      Responder

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