Más despilfarro

 

Vamos a seguir con el tema de la entrada anterior, que parece que os ha gustado. Me refiero al despilfarro público, y en concreto al del pueblo donde vivo ahora. Creo que no lo comenté ayer, pero lo habréis deducido de todas formas: estamos en la Comunidad Valenciana.

 

 

Más despilfarro público

 

Para ser un pueblo de tamaño medio (23.000 habitantes), hay multitud de ejemplos de despilfarro. A finales de 2010, bajo el mandato del mismo alcalde socialista responsable de los sinsentidos de los que nos quejamos ayer (un fenómeno), se inauguró el nuevo ayuntamiento. Y claro, no iban a hacer algo modesto, tenía que estar a la altura de los políticos, ser digno de tan insignes personalidades. Así que levantaron una monstruosidad que haría las delicias de cualquiera con impulsos megalómanos. Tres años de trabajo; 6.075 metros cuadrados; seis plantas, incluyendo dos sótanos de aparcamientos exclusivos para políticos y gente afín, entre los que se encuentran los más de trescientos (¡trescientos!) funcionarios que dicen que trabajan en él (a mí no me parece que haya allí ni la mitad de esa gente. Me refiero a que estén físicamente; si hablamos de trabajar, a esa cifra le sobran ceros); fachada de mármol travertino… Seis millones de euros de edificio, oigan.

De la obra se encargó Sacyr, que como todas las grandes empresas de este país, apuesta siempre al rojo y al negro azul, y así no falla. La arquitecto municipal es hija de alguien muy influyente en el pueblo (casualidad).

En la inauguración, el alcalde declaró, emocionado: «Que me haya tocado a mí inaugurarlo es como un premio de lotería». Este hombre piensa que pasará a la posteridad como Ramsés II.

Para justificar el despilfarro, se apresuraron a notificar que los ciudadanos vamos a ahorrarnos los 9.000 euros al mes que se venían pagando de alquiler por no tener el consistorio edificio propio. Supongamos que no había un alquiler más barato (por mi parte, estoy plenamente convencido de que es así. Seguro que buscaron, compararon y negociaron el mejor contrato, en su empeño por ahorrar dinero al contribuyente). Pues bien, de todas maneras, para amortizar esos seis millones de euros (esta cuenta podría hacerla hasta Fátima Báñez), van a necesitarse «sólo»… (Redoble)… ¡55 años! A nosotros sí que nos ha tocado la lotería con estos políticos.

 

Fotografía ayuntamiento Pilar de la Horadada, despilfarro público

Este no es feo. Es, simplemente, excesivo
Foto: Salva Solano

 

No sé si se aprecia en la foto, pero es algo desmesurado y totalmente innecesario. Lo primero que se advierte al entrar es la cantidad de espacio desaprovechado. Imaginaos lo que cuesta iluminarlo, calentarlo en invierno, el aire acondicionado en verano…

 

Calatrava style

 

Por si fuera poco, como si nos hubiera mirado mal un Murphy con ganas de recochineo, menos de seis meses después de la inauguración, los sótanos se inundaron por las lluvias y el ayuntamiento tuvo que cerrarse hasta que terminaron de achicar agua. ¿Se gastan seis millones de euros y los sótanos se inundan cuando llueve? Pues tal cual. Por cierto, que la encargada de la supervisión de las obras era la arquitecto municipal a la que aludíamos en el tercer párrafo, una chica que entró en plantilla mediante una oposición a la que sólo se presentó ella. De estas cosas ya hablamos aquí.

 

 

No se vayan todavía, aún hay más

 

El ayuntamiento fue el colmo del despilfarro, pero hubo más. A juego con la escultura del artículo anterior, colocaron en la plaza y a todo lo largo de la calle Mayor unos tambores de lavadora gigantes (igual a vosotros se os ocurre otra forma de definirlos; en el pueblo les llaman pajareras). Con esos no hubo tanta suerte como con la escultura, y se han quedado ahí. Cada uno costó entre 7.000 y 8.000 euros, y sólo en la plaza hay media docena. No se cortaron lo más mínimo.

Instalaron además unas farolas ultramodernas que asemejan planchas de pelo. En la plaza hay capacidad lumínica (porque los tambores de lavadora también llevan focos), como para que se juegue la final de la Champions cada noche. Claro, nunca se encienden ni la mitad. Excesivamente grandes también las farolas, ya os digo que alguien debería echarle un vistazo a las teorías de Freud.

—¿De quién?

—Nada, ministra, esto no va con usted. Puede irse ya, lo anterior fue una referencia aislada a su persona. Un saludo, camine por la sombra.

Despilfarro público, Fotografía pérgolas Pilar de la Horadada

¿Cómo le llamaríais vosotros a esto?

 

Despilfarro público, Fotografía Farolas Pilar de la Horadada

Farolas


 

¿Por dónde íbamos antes de que nos interrumpiera esta buena mujer? Ah, sí: en la lista de despilfarros no puede faltar un puente absurdo que costó medio millón de euros. Es dinero bien pagado, pues no es fácil conseguir que no le guste a nadie y que resbale en cuanto hay un poco de humedad.

Esto del puente fue en 2013, en plena crisis (ya no caben las excusas de «eran tiempos de bonanza»), con el PP en la alcaldía. Y aunque estos recriminaron al PSOE el fiasco de la escultura de la que hablábamos en el artículo anterior, ¿sabéis a quién le encargaron después el puente? No os lo vais a creer: al mismo arquitecto, con idéntico equipo. Sería el premio por lo mucho que había gustado su trabajo anterior. ¿Vosotros lo veis lógico? Se le encargan unas obras de reurbanización; perpetra un desastre que cabrea a todo el pueblo, hasta el punto de que la corporación municipal se ve obligada a retirar de la plaza su enorme escultura (y eso que era un «hito», según el alcalde); y después de esto, como recompensa, le encargan un puente de medio millón de euros (?)

¿Por qué será que los Ayuntamientos se encaprichan de determinados arquitectos, constructores…? Misterios del amor y la política.

 

También te puede interesar:

 

¿Ha pasado en vuestros pueblos o ciudades algo por el estilo? ¿Conocéis de algún caso similar? ¿Qué os parecen estos dos que os he contado? Animaos a dejarme un comentario. 

¿A ti tampoco te callan?

Tu dirección de correo electrónico NO será mostrada.