Antimagufos magufos (la historia de la gasolina con plomo)

 

«Solemos sonreír ante lo que denominamos supersticiones del pasado, olvidando que la ciencia de la que nos jactamos hoy puede que parezca otra superstición a los hombres del futuro».

Vernon Lee. Amour dure

 
 
 

Nótese la falta de la conjunción copulativa en el título. La i griega, para los que se hayan sacado el título a la manera de Cifuentes o Pablo Casado. No digo antimafugos y magufos, sino antimagufos magufos, calificando de magufos a los antimagufos… Pero empecemos por el principio, que me estoy internando en un trabalenguas rajoyniano.

 

 

Significado de magufo

                

La palabra magufo no está aún en la RAE, pero vendría a referirse al que abraza cualquier creencia y da por cierto cualquier fenómeno aunque no haya sido probado por la ciencia, incluido lo paranormal, lo místico, etc. Desde las sirenas hasta los duendes, pasando por los dragones, el tarot, el terraplanismo o cualquier paja mental que se os ocurra. Una vez que entran en el rollo, ya todo es posible.

Hay gente capaz de meterse cinco horas de coche para ir desde Alicante a un numerólogo de Valladolid que, previo pago de cien euros, le cuenta que en otra vida fue Cleopatra (todas fueron Cleopatra, todos fuimos Akenatón) y le aconseja que se aleje de las energías negativas del 15 y se aferre vitalmente al 9.

Como le detecta unas manchitas en el aura, el numerólogo le hace una oferta: por otros ciento cincuenta euros (de números entiende, es innegable) le limpia todos los chakras y le reconecta con las Pléyades impares (las pares son energéticamente desestabilizadoras).

Y vuelta para casa en el mismo día.

Vale, esa gente está perdida. Si su chamán de cabecera les augura por Facebook que para reencontrarse con su media naranja atómica, de la que se desgajaron cuando estalló el big bang, han de acudir en ayunas a una playa de las Rías Baixas en diciembre, untarse el cuerpo de Vicks Vaporub y sumergirse en el agua helada hasta que los temblores les revelen que vuelven a estar en la misma frecuencia vibratoria que Vega y Altair, lo harán sin dudar, y luego le ingresarán al chamán, vía PayPal, «la voluntad».

Para ellos, los chemtrails son las pruebas de que nos están fumigando con una sustancia que nos haría manipulables (¿para qué, si ya está Antena 3?), dejándonos indefensos ante el control mental de los reptilianos que nos gobiernan. O peor, la función de esas avionetas es contrarrestar la superpoblación esparciendo cáncer en polvo entre las nubes.

Y todo es una conspiración, todo es mentira, desde la llegada del Apolo XI a la Luna, que en realidad se grabó en Almería, hasta ese sospechosa farola nueva que han colocado en la plaza de tu pueblo.

Pero ojo, que haya gente así (y os juro por mi tercer ojo que no he exagerado demasiado), no quiere decir que los de enfrente se libren. También hay cerriles que se sitúan en el extremo opuesto, los que no cuestionan jamás la versión oficial y aceptan como verdades inmutables todos los postulados científicos actuales.

Para mí, tan magufos son unos como otros.

Para ilustrar el asunto, démosle un repaso a algo de lo que tuve conocimiento por el séptimo capítulo de Cosmos. La versión de 2014, en la que Carl Sagan parece recién llegado de unas vacaciones en la playa.

En él se nos cuenta la historia de la gasolina con plomo (Para los cagaprisas, el tema de la gasolina comienza en el 28:25).

 

 

La historia de la gasolina con plomo

 

A principios de los años veinte, un científico que trabajaba para General Motors, Thomas Midgley, tuvo la genial idea de añadir tetraetilo de plomo a la gasolina, como aditivo (TEL).

Al ver que el invento funcionaba, General Motors y Standard Oil (actual Exxon)  crearon una empresa conjunta para, con la ayuda de una tercera compañía, Dupont, fabricar y vender masivamente el tetraetilo de marras.

Como de los efectos nocivos del plomo se sabía desde los tiempos de la antigua Grecia, le cambiaron el nombre por el de ethyl, que sonaba mucho mucho menos tóxico. Y a ganar billetes.

Pero estos emprendedores tuvieron que encontrarse con los obstáculos de siempre: los gandules que entorpecen la creación de riqueza.

Al manipular el plomo, los trabajadores de las fábricas se volvían locos. Veían cosas extrañas, alucinaban y había que ponerles una camisa de fuerza. Los muy comunistas.

A los pocos meses de comenzar a desarrollarse el producto fallecieron los primeros operarios en unas fábricas de Ohio y Nueva Jersey.

Esto no daba buena prensa al plomo, perdón, al ethyl, así que la ciencia se puso a trabajar al dictado de General Motors.

Como se dice en el documental, ésta fue «una de las primeras veces que se usó la autoridad de la ciencia para encubrir una amenaza para la salud pública y el medio ambiente».

Y tiene delito la cosa porque el propio Midgley, el padre de la gasolina con plomo, había enfermado por la exposición a esta sustancia.  Pero no sólo lo ocultó, sino que tras las primeras muertes de trabajadores dio una rueda de prensa en la que, como Fraga en Palomares, se lavó las manos con TEL, para demostrar que no era tóxico.

Entretanto, un directivo de la Standard encontró una explicación alternativa:

«Probablemente, esos hombres se volvieron locos por trabajar demasiado duro».

 

General Motors tenía la patente del TEL como aditivo para la gasolina. Había mucha pasta en juego (también para Midgley), así que llegaron los anuncios blanqueando el producto, informes médicos que lo avalaban, científicos que tranquilizaban a la población

Las empresas y sus abogados, con el respaldo de la ciencia y los medios de comunicación, negaron cualquier relación entre las enfermedades (físicas y mentales) y muertes de los obreros y su beatífico producto.

Y no eran pocas: entre septiembre de 1923 y febrero de 1925 murieron 11 trabajadores y decenas enfermaron.

Pero lo lograron, se salieron con la suya. Si mañana se lo propusieran, los medios lograrían que comprásemos mercurio embotellado para prepararnos los gintonics.

 

No hay pruebas que demuestren que el plomo supone una amenaza para los consumidores.

 

El plomo se encuentra de forma natural en nuestro entorno.

 

(¿No os suena a lo que nos cuentan ahora sobre otros asuntos?).

 

 

Efectos nocivos del plomo

 

El plomo es un metal pesado, neurotóxico (por eso los trabajadores enloquecían), y lo que es peor, acumulativo: una vez en la sangre, las células, los huesos (el 90 % se acumula en los huesos), se queda para siempre, no se elimina.

El plomo penetra en el cuerpo al respirarlo, ingerirlo en la comida y la bebida o por contacto (atraviesa la piel).

A la intoxicación por plomo se le denomina saturnismo.

Afecta especialmente a los niños. La exposición durante la etapa del crecimiento se asocia con déficit de atención, hiperactividad, problemas de aprendizaje o falta de memoria. También con un bajo cociente intelectual (¿alguien sabe si Rajoy tuvo un chupete de plomo?).

No sólo nuestro presidente, todos somos menos inteligentes de lo que podríamos haber sido.

Aparte de enfermarnos y matarnos, el plomo vuelve agresiva a la gente. Hay estudios que lo relacionan directamente con la agresividad y la impulsividad, con los crímenes. Si no nos hubieran envenenado durante 80 años podríamos tener una sociedad distinta, mejor.

Pero no había pruebas que demostraran que.

 

Algunos investigadores creen que muchos de los trastornos asociados con el envejecimiento en nuestra sociedad no son «naturales», sino consecuencia de la absorción de plomo durante toda una vida, lo que está relacionado con la atrofia cerebral y el desarrollo de tejido cerebral anormal.

Hugh Iglarsh

 

 

La historia de la gasolina con plomo (continuación)

 

El malo no fue sólo Midgley. Podríamos citar al personaje para el que trabajaba, Charles Kettering, ingeniero e inventor que llegó a ser presidente de la General Motors Chemical Company, quien acumuló una verdadera fortuna a cambio de intoxicar a varias generaciones.

Para limpiar su imagen o calmar su conciencia, donaba una pequeña parte de su riqueza a fundaciones contra el cáncer. (Esto es como los grandes empresarios que evaden millones en impuestos pero realizan una donación que, debidamente publicitada por los medios de comunicación, los convierte en generosos altruistas).

 

O Robert Kehoe, asesor médico principal de Ethyl Corporation, que tenía, en sus propias palabras, «el interés general en el corazón».

El problema es que tenía el corazón guardado en una caja fuerte en el banco.

Kehoe tranquilizó a la población calificando al plomo de micromineral esencial para el cuerpo humano, sosteniendo que se daba naturalmente en el mismo, como el hierro. (Fue reincidente: también ocultó que la bencidina era cancerígena porque la fabricaba su cliente, Du Pont).

Garantizó que había un umbral razonable de plomo en el organismo por debajo del cual no había que preocuparse (como aseguran hoy que sucede con la exposición a la radiación electromagnética), lo que se tomó como dogma de fe por la industria, los políticos, los medios y, en consecuencia, por la ciudadanía.

Era falso, no existe tal umbral: el plomo es un veneno, sea cual sea su nivel en el cuerpo. Puedes estar un poco envenenado o muy envenenado, pero estás envenenado.

 

Los citados son sólo unos cuantos nombres propios. Decisivos, pero no podemos achacarles toda la responsabilidad: la ciencia, como ente, mantenía que el plomo en los combustibles de los vehículos era inocuo. Había consenso.

Por suerte, hubo algunas excepciones, como Herbert Needleman, un pediatra que se dio cuenta de los estragos que el plomo estaba provocando en los niños, que por supuesto fue acosado y desprestigiado por estorbar al libre mercado.

O la doctora Alice Hamilton, de Harvard; o Yandell Henderson, profesor de Fisiología de Yale. Ambos alertaron de lo poco riguroso de los estudios efectuados sobre los riesgos del ethyl, aconsejaban suspender su comercialización y presentaban alternativas seguras al plomo, como el alcohol, que General Motors desechó porque no podía patentarlo.

Todos fueron acusados de alarmistas. Pero la principal excepción, la determinante, fue un científico llamado Clair Patterson.

 

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Michael Rogalski / Mental Floss

 
 
 

Clair Cameron Patterson (gracias)

 

37 años. Tenemos que dar un salto de 37 años para encontrarnos con una de las personas que más ha hecho por la salud de la humanidad, un científico al que la historia le ha agradecido su labor relegándolo al ostracismo.

En sus experimentos para medir la edad de la Tierra, Patterson se percató de que los niveles de plomo en el suelo, en la atmósfera, en la sangre de los seres humanos, eran alarmantemente altos. Y se dio cuenta también, tomando muestras del hielo de los polos y del fondo de los océanos (cuanto más profundo, más atrás en el tiempo) de que las concentraciones de plomo ascendían dramáticamente a partir de los años 20.

 

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Concentraciones de plomo en la nieve a lo largo de los siglos

 

 

Patterson explicó que el principal causante era el plomo arrojado por los tubos de escape de los vehículos durante cuatro décadas.

En 1963 publicó un artículo con sus descubrimientos en Nature.

¿Lo escucharon los fabricantes? Por supuesto que no. Ellos ya sabían que el plomo era tóxico. El vicepresidente de Ethyl, Frank Howard, contraatacó declarando que la gasolina con plomo era «un regalo de Dios», puesto que «el desarrollo continuo de carburantes es esencial para nuestra civilización».

Primero trataron de convencer a Patterson por las buenas. Deja ese tema del plomo y te financiaremos cualquier otra investigación que tú quieras.

Como Patterson se mantuvo firme y no se dejó comprar, le presionaron, le amenazaron, Kehoe y los suyos se ocuparon de insultarlo y ridiculizarlo (Kehoe era toda una autoridad), el Instituto Americano del Petróleo le retiró la financiación, su contrato con el Servicio Público de Salud fue cancelado, etc. Incluso trataron (por suerte, sin éxito) de que le despidieran de la universidad.

Cuando hay intereses tan importantes en juego, los honestos llevan las de perder, porque la ciencia necesita dinero para investigar y a los que ponen la pasta no les gustan los tiquismiquis, que si envenenamiento global, que si cambio climático, que si extinciones de especies… Bah.

Si Patterson no hubiera sido un tío íntegro y con los cojones bien puestos, actualmente continuaríamos echándole al coche gasolina con plomo.

¿Cuántos hubieran aguantado? ¿Cuántos aguantan, hoy?

 

Pero no creáis que el sacrificio de Patterson sirvió para detener enseguida la comercialización del TEL. General Motors y compañía siguieron ordeñando la burra ¡otros treinta años!

Aquí os dejo un resumen cronológico:

 

 

Historia de la gasolina con plomo en EEUU

 

  • 1923 – Creación de la empresa Ethyl para fabricar y vender tetraetilo de plomo como aditivo antidetonante en la gasolina

 

  • 1924 – Primeras muertes de trabajadores

 

  • 1926 (enero) – Conclusión del grupo de expertos de la comisión de investigación (siempre caemos en las mismas trampas) creada en octubre de 2005: «No hay razones de peso para prohibir el ethyl»

 

  • 1963 – Clair Patterson publica su artículo en Nature: «Concentrations of Common Lead in Some Atlantic and Mediterranean Waters and in Snow» (Concentraciones de plomo en algunas aguas del Atlántico y del Mediterráneo, y en la nieve)

 

 

  • 1970 – Se empiezan a tomar medidas. Se aprueba la Ley del Aire Limpio (Clean Air Act)

 

  • 1990 – Prohibición total de la gasolina con plomo en EEUU a partir de 1995 (y aún darían cinco años más a las empresas para «adaptarse»). Prohibición para los coches: cierto tipo de aviones la siguen usando

 

 

¿Y en España?

 

Pues más o menos igual. En 1993 todos los vehículos nuevos funcionaban ya con gasolina sin plomo, pero seguía vendiéndose la súper (los de mi quinta recordaréis ver en las estaciones de servicio gasolina «súper» y sin plomo).

La prohibición total llegó hace cuatro días, en agosto de 2001.

Aterrador, ¿eh? Aunque eran conscientes de las consecuencias estuvieron casi ochenta años sin tomar medidas, vertiendo ese veneno letal en la atmósfera, dándole tiempo a las empresas.

¿Pagaron los responsables de General Motors y compañía? No me hagáis reír. En 2001, rabiosos por la prohibición, aún tenían el cinismo de afirmar que «la investigación no ha conseguido demostrar que la gasolina con plomo constituya una amenaza para la salud humana ni para el medio ambiente».

Y sin embargo:

 

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Comparativa entre el plomo usado en la gasolina y los niveles medios de plomo en sangre

 

 

 

Antimagufos (los listos)

 

Personas con intereses creados siguen contratando a científicos para engañar a la opinión pública.

Cosmos, capítulo 7

 

Esta historia del plomo podría servir también para hacer una reflexión sobre el capitalismo salvaje, este sistema criminal en el que vivimos, y los peligros de la desregularización demandada por los liberales. Lo que he contado ha ocurrido porque el dinero y los intereses están por encima de cualquier otra cosa. Como decían en un documental que vi no hace mucho, Mañana, no vivimos en democracias, por más que votemos: vivimos en oligarquías.

Pero eso será en otro artículo. Éste lo hemos empezado hablando de magufos, conspiranoicos y demás, ¿verdad? Y de los otros, los espabilaos, los que se hubieran reído de Patterson, Hamilton y compañía: «Le tienen miedo al ethyl, qué tontos, ¡si ya se ha demostrado que es inocuo!»

Ocurrió lo mismo con el tabaco (que no sólo no era perjudicial para la salud, sino que era beneficioso), el DDT, el amianto…

Y hoy, ante las fundadas preocupaciones de algunos en diversos temas, los listos les hacen el juego a las empresas asegurando que no hay nada que temer porque lo dice el gobierno (que nunca nos miente), o los informativos (que son independientes), o «la ciencia».

A ver, no hay una señora que se llame Ciencia. La ciencia la hacen los científicos, personas como nosotros, con sus defectos, sus bajas pasiones y sus intereses. Hay bellísimas personas y verdaderos hijos de puta, como en cualquier sector de población.

Por mi parte, trato de mantener un escepticismo abierto, o un aperturismo escéptico. Es difícil en estos días en los que la E gris ha sustituido a la A escarlata de otros tiempos como signo, no de adulterio, sino de supuesta equidistancia, el peor pecado. A los fanáticos se les disculpa por apasionados o fieles a sus ideas, pero el que piensa por su cuenta, matiza o duda es un cobarde equidistante o un enemigo encubierto.

 

El método científico es uno de los hitos de la humanidad. Le puso freno al oscurantismo fanático de las religiones y supercherías y la sociedad pudo avanzar, al liberarse de ese lastre.

Pero, aun cuando no haya conflicto de intereses ni compra de voluntades como en la historia del plomo que hemos resumido aquí, la ciencia no es infalible. Seguro que algunos de los fenómenos que ahora negamos y de los que nos burlamos con arrogancia porque no pueden probarse ni falsarse, cuando pase el tiempo suficiente para que se desarrolle la tecnología, tendrán una explicación racional, científica, y se aceptarán como lo más normal del mundo.

Entonces serán nuestros descendientes los que miren atrás con condescendencia y sonrían, como nosotros hacemos ahora con la ciencia del siglo XVIII que rechazaba la existencia de meteoritos y tomaba por magufos a los que afirmaban haber visto caer piedras del cielo.

 

 

Algunas de las fuentes consultadas para contar la historia de la gasolina con plomo:

 

 

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Imagen de cabecera: Saturno devorando un hijo (versiones de Rubens y Goya, Museo del Prado)

 

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11 sin mordaza

    1. Por ejemplo, beber en botellas de plástico (por el bisfenol A).

      No sé si llegaste a ver este Salvados:

      «Muchas veces, la normativa que establecen las autoridades públicas para eliminar o regular sustancias que se ha demostrado claramente que tienen un efecto tóxico, o que producen incluso muertes, pueden tardar veinte años o más.

      Hay un ejemplo muy clásico que es el del amianto, lo que llaman aquí uralita. Se demostró en los años 60 que en una fábrica de Barcelona habían aumentado la incidencia de cáncer, y no se reguló hasta los años 90.

      Hay productos que llevan treinta años en uso, con evidencias de que tienen ciertos efectos negativos para la salud, patologías que se van a manifestar al cabo de los años.»

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Siempre me había extrañado ese aviso de “no rellenar” que viene en las botellas de agua, y que todos ignoramos.

        Un día me enteré de que era, precisamente, porque cuanto más se deteriora el plástico de la botella (o si se calienta), más posibilidades hay de que el bisfenol se libere en el agua.

        Lo que es de locos es que autoricen un componente tóxico para fabricar botellas, latas, etc.

        Hay quien dice que todo esto es una tontería, fruto de la fértil imaginación de cuatro veganos locos.

        Puede ser. Pero ya hace siete años que la UE prohibió el bisfenol A en los biberones.

        Twitter: @vota_y_calla

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  1. Sí, hay muchísima corrupción en la Ciencia, muchísima más de la que la mayoría de gente se imagina. Otro fraude genocida que supuso y sigue suponiendo un negocio ( además de un genocidio) es el del vih- sida, otro la mayoría de vacunas, las vacunas triples, cómo se administran éstas… El amianto… Buen trabajo.

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  2. Aclaración ante algo que al parecer está creando confusión (posiblemente por culpa mía):

    «Garantizó que había un umbral razonable de plomo en el organismo por debajo del cual no había que preocuparse (como aseguran hoy que sucede con la exposición a la radiación electromagnética)».

    Me limito a hacer una comparación, pero en ningún momento digo que la radiación electromagnética sea dañina (y mucho menos, equiparo sus efectos con los del plomo). Es más, en esa frase incluyo un enlace a la página de la OMS sobre los campos electromagnéticos.

    Si me preguntáis mi opinión personal, pues para variar, no lo sé. Si estuviera obligado a posicionarme, diría que vale, que me lo creo, que «la exposición a corto plazo a los niveles presentes en el medio ambiente o en el hogar no producen ningún efecto perjudicial manifiesto».

    Pero no lo sé.

    Twitter: @vota_y_calla

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    1. Miguel Ángel 08/05/2018 a las 17:07

      Esto es como el dicho que se maneja en el mundillo periodístico: “no dejes que la verdad te joda una buena historia”; pues eso, “no dejes que la verdad te joda un enorme negocio”.

      Y punto pelota.

      Responder
    2. Salva, por el mero hecho de existir, estamos expuestos a ciertos factores que por narices son nocivos. Por ejemplo, los plátanos son radioactivos, y no por ello vamos a dejar de comerlos ya que a cambio aportan otras sustancias que sí son beneficiosas. Llega un momento en que todos -no importa nuestro conocimiento- llegamos a un tope y tenemos que decidir lo razonable y encomendarnos a los consejos de los que saben más que nosotros. Entonces el problema pasa a ser a quién decidimos creer. Mucho más peligrosa que el plomo es la gente sin educación (y sin sentido común) que por haber visto tres videos en Youtube decide opinar que las vacunas son malas, y que el cáncer se resuelve reduciendo su dieta. En tu artículo tomas como ejemplo los magufos extra plus que son casi hasta divertidos y son un blanco de burlas facilón, pero no hablas de los muchos que -una vez más, sin tener estudios de medicina ni puta idea del tema- tienen una visión muy simplista del mundo, y deciden que las vacunas son veneno o que el VIH no existe (me refiero obviamente a la persona que ha puesto el comentario más arriba). Estos son más delicados, porque no llegan al nivel de desvarío de los magufos extra plus, pero con su visión simplista del mundo son incapaces de entender la complejidad de la sociedad moderna y de separar y sopesar los diferentes factores que afectan a la sanidad. No entienden que sus conspiraciones requerirían untar a todos los médicos desde su primer año de carrera. Sí, los médicos dependen de las farmacéuticas, y estas obviamente tienen por objetivo ganar dinero, pero no por ello se puede llevar esto al extremo de que cualquier cosa que venga de los médicos es malo, porque existen muchísimas normativas que, aunque son imperfectas y a veces fallan, limitan enormemente los riesgos para la salud pública. Como al fin y al cabo todo termina siendo una cuestión de política, he de decir que siendo votante de Podemos, me entristece mucho haber observado cómo ciertos sectores trepas y parásitos lo han visto como una tribuna para subirse y difundir su ignorancia. El consenso científico a menudo tiene que vencer obstáculos culturales como la inercia institucional, políticos, o -como mencionas en tu artículo- intereses económicos, pero a día de hoy es lo mejor que tenemos, y hay que decirlo alto y claro: no tiene el mismo valor la opinión de la comunidad científica con miles de años de experiencia combinada que lo que cualquier zumbado haya visto en Youtube. El método científico ha tardado siglos en llegar a lo que es hoy, y es extremadamente peligroso tomar solo los –a veces gravísimos, no digo que no– errores del pasado como excusa para caer en los tiempos oscuros.

      Responder
      1. Hola, Juan. Bienvenido (creo que no te había leído antes por aquí).

        Yo no considero «mucho más peligrosos» a los antivacunas y demás magufos que al plomo. General Motors y compañía, con el respaldo de científicos a sueldo, han envenenado el planeta durante décadas. El plomo está por tierra, mar y aire, en mi cuerpo y en el tuyo. En cambio, ésos a los que tú te refieres no me preocupan tanto, me limito a ignorarlos y hasta me sirven para echarme unas risas al principio de artículos como éste.

        Alguien ha captado perfectamente el espíritu del artículo y lo ha expuesto muy bien en Menéame:

        «Magufos son todos los que afirman sin dudar, los que afirman cosas que creen, cosas que han leído en libros de magia o cosas que han leído en libros de ciencia.

        Es magufo el que afirma que la gasolina con plomo es tóxica sin tener datos que lo confirmen y es magufo el que afirma que la gasolina con plomo es inocua porque lo dice una petrolera.

        El que duda no es magufo. Puede que sea ignorante, pero magufo no. Y siendo ignorante, pero diligente en la investigación y dudando siempre es como se mejoran el conocimiento y la ciencia.

        Me gustaría saber cuántos de los que se ríen de los terraplanistas saben argumentar convincentemente que la tierra es redonda. Creemos que sabemos muchas cosas, pero sólo porque nos las han contado así y disfrutamos de tecnología basada en ello, no porque las hayamos investigado y verificado.

        De eso habla el artículo. De cómo nos la cuelan con noticias interesadas basadas en “comités de expertos científicos” y de que hay que estar alerta siempre y dudar.»

         
        También me ha gustado mucho la conclusión de Juan María Arenas (científico):

        «Yo soy muy crítico son los magufos, pero también tengo muy claro lo que comenta en este post (la ciencia no es infalible, hay intereses detras, los científicos son personas, etc).
        Muchas veces me he visto criticado por los dos extremos y esa creo que es buena señal. Y no, no es equidistancia (tengo claro que estoy en el lado de la ciencia), sino pensamiento crítico.»

        Un saludo, y gracias por leer y comentar.

        Twitter: @vota_y_calla

        Responder
  3. Bueno, yo no diría que la ciencia en sí es corrupta, el científico, la ciencia, busca siempre la innovación, el avance tecnológico, el descubrimiento, otra cosa es como lo utilizamos, y ahí es donde se esconde la corrupción y ahí están los ANTIMAGUFOS, los de la “pela”los listos, el capitalismo salvaje, y al final quien lo sufre, en general la sociedad entera.

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