Como dijo el maestro…

 

Hoy se quita la mordaza con nosotros Pilar T. Almazán, Pili para los amigos.

Lleva veinticinco años trabajando en la sanidad pública, y me ha pedido el altavoz de Vota y Calla para emitir su queja. Faltaría más.

 

 

… Félix Rodríguez de la Fuente

 

Sé que en este bombardeo de información en la que venimos sumidos a nadie le apetece leer nada sobre el coronavirus, por eso voy a hablar sobre algo distinto, igualmente desagradable, pero distinto.

Hace unos días me llegó uno de esos mensajes de WhatsApp, de los pocos a los que merece la pena prestar atención. Era una exposición de unos diez minutos de nuestro desaparecido Félix Rodríguez de la Fuente.

 


 

Cuatro décadas sin escuchar su voz y tan cercano como entonces. Le recuerdo en aquellos documentales que me mantenían hipnotizada frente al televisor cuando era niña. Me sentí orgullosa de escucharle, porque le oí decir las mismas cosas que llevo repitiendo desde hace años en mi predicar en el desierto. Tal vez el maestro me inculcó —como a muchos de mi generación— más de lo que creemos; eso tiene el mamar cosas valiosas. A esto se suma que  estos días escucho entre indignada y resignada por los muchos años de indignación, como los cargos políticos de nuestro país hacen lo que llevan haciendo décadas, y que corresponde, según mi teoría, a la definición más precisa de la profesión de “político”: sujeto que toma decisiones que afectan a millones de personas sobre cuestiones de las que no tiene ni la más remota idea.

Nuestros políticos viven por así decirlo en una especie de “Olimpo de los dioses”. Allí reciben a un ramillete de consejeros y asesores que les informan, en datos numéricos, por supuesto, sobre cómo parece que van las cosas en nuestro país. Y estos cargos políticos, que dedican su jornada laboral  a hacer campañas electorales y a ponerse al servicio de un partido —que se va a encargar de conseguir mantenerlos en su sillón para cobrar  un sueldo  desorbitado (sueldo que ellos mismos estipulan para sí), con sus dietas y sus privilegios—, esos cargos políticos, les decía, son los que toman decisiones sobre la gestión de la sanidad sin estar trabajando a pie de cama ni a pie de calle.

Llevo trabajando desde hace 25 años en la sanidad pública, en urgencias, donde no hay ningún filtro que decida o seleccione quien acude. A los servicios de urgencias va gente de todo tipo, de toda clase social, nivel económico, educación, etnia, religión, orientación política, país de origen, y por cualquier motivo de consulta.

Es un buen sitio para conocer cómo funciona el país. Porque ves al autónomo que no lo es pero al que le obligan a serlo, que rechaza que le inmovilices una fractura porque no puede dejar de trabajar; ves al caradura que está cobrando pagas sin necesitarlo; ves cómo de desvalidas están nuestras residencias de mayores (a propósito, con lo que se gastan estos políticos de tres al cuarto en una campaña electoral las tendríamos como Dios manda, o mejor dicho, como el sentido común manda), ves… bueno, un largo etcétera.

Ves  la sociedad real, lo bueno y lo malo, la honestidad y el fraude, el derroche que se hace del dinero público en unos aspectos de la sanidad cuando falta dinero para otras áreas de esa misma sanidad.

Ni que decir tiene que si un político ha ejercido en algún periodo de su vida la profesión sanitaria, resulta que en el mismo momento que firma su acta de diputado parece que le aplican ese moderno sistema de borrar la mente que utilizaban en la película Men in Black.

Lo que más me asombraba (en pasado, porque a  fecha de hoy ya no me asombra nada) de los políticos, especialmente desde la época de González y Aznar en adelante, es: ¿por qué no gestionan el país de la misma manera que los trabajadores gestionamos el sueldo y los bienes de  nuestras casas? Es patético que teniendo mano de obra, personal altamente cualificado, riqueza energética y terreno, dependamos de otros países para abastecernos de un bien de primera necesidad como es el material sanitario.

Todo esto del confinamiento, de la crisis sanitaria,  del alto número de fallecidos, de la crisis económica que van a sufrir los mismos de siempre y de todas las consecuencias que quedan por venir, se podría y se debería haber administrado de otra manera si nuestros políticos, desde hace décadas, se hubieran dedicado a hacer una buena gestión de nuestros bienes.

Pero, claro, las decisiones no las toman, como decía nuestro maestro Félix Rodríguez de la Fuente, ni  los sabios, ni los científicos, ni los conocedores de la situación. Aquí, en España, las decisiones las dejamos en manos de una clase política a la que no le interesa otra cosa que ganar elecciones, una clase política que se caracteriza por mentir, famosa por el pueril “y tú más”. Una clase política que no está bien formada ni tiene interés en estarlo, cegados por su propio empeño en negarse a ver lo que no les interesa. Políticos que nos han hecho creer, a base de repetirlo, que son personas honradas y preocupadas por el bien de su país.

Y esa clase política es la que toma decisiones sin escuchar a sabios ni a científicos ni a aquellos profesionales que realmente conocen lo que ocurre a pie de calle.

 

 

Pilar Tomás AlmazánPilar T. Almazán

Habitante de este mundo, intolerante acérrima ante la injusticia y la mentira. Suelo meterme en problemas por no mantener la boquita cerrada, pero con la edad estoy aprendiendo. Trabajo como sanitario en el servicio público desde hace la tira de años. En formación en Cuentoterapia. Adoro leer, el campo y dar caminatas. Me ha tocado el primer premio de la lotería tres veces, hace 20, 19 y 17 años, y eso que no juego.

9 sin mordaza

  1. Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que escribe Pili aquí. La clase política española es nefasta, una maldición, un virus para el país.
    Siempre hay excepciones, claro. Pero son eso: excepciones. Una ridícula minoría.
    Y tampoco es el único virus, pero hoy hablamos de este, no quiero salirme del tema.

    En cuanto a su ineptitud, esto leía la otra noche en las memorias de Chaplin:

    «… políticos que tienen en sus manos el destino de todos los seres vivos de este planeta. Esta plétora de poder dejada en manos de hombres cuya responsabilidad moral y cuya competencia intelectual no son, y es lo menos que de ellos puede decirse, infalibles, y en muchos casos son discutibles (…) Sin embargo, vamos ciegamente hacia adelante».

    Y la prueba es que un tipo que hoy es ministro de Sanidad el mes que viene puede estar de ministro de Transportes o de Defensa, y a nadie le extraña.

    Si alguien necesita descargar su frustración por el arresto domiciliario, que no mire hacia abajo desde el balcón para gritarle a otro pringao como él, que se ha soltado las cadenas unos minutos para tomar el aire o estirar las piernas o pasear al perro diez metros más allá de su demarcación. Que mire hacia arriba, a la casta superior. Ahí están los culpables.

    Responder
  2. Hola, soy asiduo lector de este blog. Es muy interesante. Te felicito Salva. No he intervenido hasta ahora pero con el tema de los politicos me apetece dar mi opinión. Yo también estoy harto, indignado… Alguno hay bueno. Yo conozco uno, Juan Lopez de Uralde (fue Director de Greenpeace España). Pero la mayoría son charlatanes, encantadores de serpientes, embaucadores… Ellos están ahí para figurar y llevarse la «pasta gansa». Los que realmente gobiernan el país son los asesores que nombran ellos mismos a dedo. Ahí está el problema. A veces los asesores no son científicos o especialistas, sino compromisos del politico de turno. Eso es lo que yo creo que hay cambiar. Habría que «profesionalizar» el gobierno de un pais.

    En el caso de la gestión de la epidemia del Coronavirus, no entiendo a los que le echan la culpa de todo al Gobierno por el tema sanitario y las muertes. El gobierno ha tomado las decisiones en función de lo que decian los especialistas en epidemiología, Fernando Simón y su equipo, que son funcionarios del Estado. En todo caso habría que pedirlos responsabilidades a ellos si han cometido errores, aunque yo creo que en ésto nadie podía hacer mucho más.

    Un abrazo y suerte

    Responder
    1. Hola, José Miguel. Me alegro de que te hayas decidido a quitarte la mordaza con nosotros.

      Pues verás: igual lo sabes, no sé desde cuándo nos lees, pero fui votante de Equo, y lo fui en parte por «Juantxo». Aquí dejo un artículo de 2015 donde lo contaba:

      Y entonces llegó Equo

      Un abrazo, y gracias por comentar.

      Responder
      1. Muy buen artículo el que escribiste de Equo, y me identifico completamente contigo. Una pena que ese proyecto no haya fraguado, debido al tipo de sociedad y cultura mayoritaria que tenemos en España. En Alemania sin embargo, los verdes tienen muchos asientos en el Gobierno. Pero bueno, gracias a ir con Podemos, Juan está en el Congreso (Inés Sabanés también), defendiendo las ideas ecológicas, de sostenibilidad, cambio climatico, etc. Salió un informe en la anterior legislatura que era el diputado más activo. Y en esta, incluso más.

        Responder
  3. Los políticos viven en una burbuja. Pertenecen a otra clase. ¿Os acordáis de aquella pregunta de cuánto cuesta un café? Además, no buscan la mejor solución, si no la más rápida y la que más votos dé.

    Responder
    1. Ayer vi una escena muy buena en una serie de Javier Cámara, «Vota Juan«.

      Cámara es el ministro de Agricultura. Está haciendo campaña en TV, en un programa de cocina, y la Arguiñano de turno le pide que le pase los puerros de una cesta donde hay varias frutas y hortalizas. El ministro (de Agricultura, recordemos) vive un momento incómodo porque no sabe cuáles son los puerros.

      Responder

¿A ti tampoco te callan?

Tu dirección de correo electrónico NO será mostrada.