El mejor regalo de Navidad

Octarinos saludos. Hoy me quito la mordaza para reflexionar sobre el placer de la lectura, y si las nuevas generaciones, criadas en un mundo de imágenes digitales, no lo tendrán un poco más difícil para aficionarse a la palabra impresa de lo que lo teníamos los que ya hemos alcanzado cierta edad.

 

En una de las comidas, o cenas (ya me perdonaréis, al final se pierde la cuenta) de estas fechas, mientras los demás adultos estaban con la requetesobremesa, yo iba montado en uno de los patinetes que Papá Noel les había traído a los más pequeños, echándome carreras con ellos. Haciendo el cafre. Ya os conté en una polémica entrada que soy de los que suelen quedarse jugando con los niños, tal vez porque no tengo hijos.

Para descansar de la paliza que me estaban dando los pequeños ángeles del infierno del patinete (a esas edades son incansables), me fui a la punta de la mesa donde estaban los críos más mayores. Recuperando el resuello, atendía como podía a lo que me contaba una de ellas. En un momento dado, vi que tenía un libro frente a sí. Lo tomé: era el primer tomo de la saga Mundodisco de Terry Pratchett, El color de la magia. «Qué bien, ¿no? ¿Quién te lo ha regalado?» (tiene 11 años, ya no cree en hombres invisibles que te recompensan si te portas bien). Pero su reacción me desconcertó, vino a ser algo como «vaya mierda de regalo».

«¿Es que no te gusta leer?». «Pues no», me contestó, con un gesto que venía a significar que debería haberlo dado por hecho. Es una de las chicas guays de su colegio, mona, espabilada, de padres con pasta. Popular. Ya tiene móvil y mil aparatos digitales, consolas y demás, que es con lo que se divierten ella y sus amigas. Pero ¿leer? Leer es de raritos, o de aburridos.

Algo se me rebeló en lo más íntimo. Un niño rubio con un libro de Busca tu propia aventura en el regazo, me tiró de las tripas por dentro, preguntando: «¿es que no le vas a decir nada? Se está metiendo conmigo. Con nosotros».

«Pues a mí me gustan mucho esos libros», contraataqué. «¿A ti te gusta leer?», preguntó, con los ojos muy abiertos. Esta chiquilla está en la edad del pavo, o en la antesala, ya habla con sus amigas de los chicos de su clase. Yo soy el tío ese mayor al que ven de uvas a peras, que hace el tonto y siempre se está riendo, con pelito largo, ojos claros y chupa. Sólo me falta la moto. Para ella y sus amigas, molo. Así que lo de imaginarme quieto, sentado, solo, mirando un libro, no le cuadraba. Al parecer, le estaba desmontando los esquemas.

«Y, y… ¿y por qué te gusta leer?» (estaba estupefacta). «Pues verás», traté de explicarme, «cuando ves una película, por muchos efectos especiales que tenga, estos no pueden ni acercarse remotamente a las imágenes que es capaz de crear tu mente al pasar las páginas. Tu cerebro tiene gráficos mucho mejores que cualquier videojuego. ¿No te acuerdas de cuando te contaban cuentos de pequeña? Pues esto es igual. Ninguna peli puede llegar a reproducir lo que sucede en tu cabeza si te concentras y lees que un cofre de madera (¡de peral sabio!) camina con cientos de patitas detrás de su dueño, como si fuera una mascota, y la tapa del cofre es su boca, y puede comerse a los enemigos de su dueño y guardar cosas increíbles ahí dentro…». «¿Qué cosas?», me interrumpió; había picado el anzuelo. «Pues, por ejemplo, una especie de cámara de fotos que funciona porque un demonio diminuto que vive en su interior dibuja muy rápido muy rápidomuyrápido lo que haya delante de la cámara cada vez que el dueño aprieta el botón». Esto último lo dije imitando los gestos que haría un pintor loco, un Dalí o un Pollock con sobredosis de cafeína. Se rió.

«¡Es verdad, me lo he imaginado!» Entonces miró el libro con otros ojos. Y me contó que su cofre (el que se había imaginado) molaba más que aquel de la portada, del que sólo se ve una pequeña parte al final de una escalera por la que baja un tipo con cuatro ojos y ropa de bufón. «¿Y este quién es?» «Léelo y te enterarás», le respondí, guiñando un ojo.

Y ahí la deje, leyendo con atención la sinopsis («En un mundo plano sostenido por cuatro elefantes impasibles, que se apoyan en la espalda de una tortuga gigante…»), porque llegó el pequeño monstruito del patinete pidiendo atención («Sab-ba, Sab-ba, ¿jugamos a…?») y tuve que levantarme de la mesa.

No sé si al final le cogerá el gusto a la lectura por esta conversación, nunca se sabe, pero si fuera así, ese puede ser el mejor regalo de Navidad que le hayan hecho nunca. Como lo fue para cierto niño rubio de los ochenta.

 

Imagen de cabecera: detalle de la ilustración de Josh Kirby para El color de la magia.

 

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11 sin mordaza

  1. Me ha chiflado querido rubiales.

    Recuerdo el primer libro “serio” que leí…. “Kika Superburja y el libro de los hechizos”… me flipaba, me encantaba de hecho, creo que lo volví a leer allá por los 12 o 13 años, tenía cosas mágicas, como el típico de mezclar limón y agua y escribir, era tinta invisible….Jajajaja

    Digamos…que esa generación del papel, de los libros…está poco menos que a punto de desaparecer….a menos que gente como tú…. como yo, como nosotros lo hagamos…

    Cuando estoy en clase, se utiliza para todo, para cantar los buenos días, para entretenerlos después del desayuno mientras llega el patio, para practicar la grafía de la “p”….

    Pero cuando llego yo, cantando a pleno pulmón, usando pintura, plastilina, usando cosas que no sea un ratón, una pantallita táctil…. ahí, señores, ahí es cuando de verdad los enanos disfrutan!!

    Me encanta… hacía tiempo que no te leía, que no te disfrutaba, la asociación me lleva absorbida, pero he vuelto a disfrutar, como cuando leo mis libros, en mis horas libres.

    No dejemos que los más peques crezcan sin conocer la cultura del libro, de la escritura… podemos “cambiar las cosas” para que, precisamente, no cambien tanto…

    ¿Quién se anima?
     

    Twitter: @Bimbabonita

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  2. Fray Gorífico 29/12/2016 a las 17:16

    Only Sanctus libro Biblia est, et flavos puer “Rubius” obligatio of recomendare sanctus textos pour pre-púber noia: imaginatio pecata mundi!

    Penitenciagite, Rubius pecatore Faceanchovy, Fray Gorifico is back!

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    1. ¡Jaja! Reconozco que lo de “faceanchovy” me ha matado.

      Ya se le echaba de menos por aquí, páter. El recadito de “tiene 11 años, ya no cree en hombres invisibles que te recompensan si te portas bien”, iba para usted.
       

      Twitter: @vota_y_calla

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      1. Fray Gorífico de la Mancha 30/12/2016 a las 20:35

        Non habedere “invisibili homini”, habere humani visibile et pecatori cum colgajos malolienti, et Dío quo non est humano, est suprahumano et visibile at sanctus homini como aqueste humildisimo pecatore. Ego video ad Dío in tutti la creacione: from cucarachas to eagles, Dío parla ad me in multiple linguas et voxes. Questa est la razone para me de parlar in multiple lingua, perque se mi face la lingua un lío sanctonudo.

        Salvatore, more biblias et menys güasaps et Faceanchovies, pecatore! Penitentiagite Rubius maléficus!

        Ite, bronca est.

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  3. No deja de ser curioso que fuese mi hija quien me descubrió al pirado de Pratchett y me fue pasando sus libros, yo siempre he sido más de Asimov, Clark, Lew y otros científicos locos. Requieren algo menos de imaginación.

    Viene esta anécdota a cuento de que los medios supuestamente interactivos son en realidad creadores de formas pasivas de comunicación. Si la mozuela es una persona activa, tu consejo acabará poniéndola en la senda de la creatividad porque su personalidad sólo necesitaba una coartada frente a la mala imagen de la muchachada lectora ante la muchachada conectada.
    Si no lo es… probablemente fingió entusiasmo ante tus propuestas. Sospecho que ya te habrá ocurrido antes porque ya tienes una cierta edad, y sabrás sobrellevarlo (el engaño, lo de la edad es irrelevante).

    Saludos compañeros.
     

    Twitter: @juandelaespada

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      1. Totalmente de acuerdo con el profesor, y hay numerosos estudios que apuntan en esa dirección: la inmediatez sin esfuerzo, la ausencia del impulso creador porque ya no es necesario, la multitarea mental que dificulta la concentración, …
        Sin embargo, es posible cambiar el enfoque de las personas activas si se les ofrece la oportunidad, pero alguien tiene que molestarse en hacerlo, y sobre todo ser capaz de variar esa visión como hiciste tú (asumiendo, que no es poco asumir, que no sea una inocentada y te hayas marcado un pegote).
        Este es un tema que da para mucho, pero quería dejar aquí un último apunte: en parte quienes somos lectores vocacionales tenemos algo de responsabilidad si no somos capaces de llegar a la muchachada y enseñarles a distinguir el contenido – historias – del continente – el medio.
        Saludos.

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