La carabela portuguesa

 

Hoy me quito la mordaza para hablar de la carabela portuguesa (la medusa, que de barcos no tengo ni idea) y contaros la vez que un bicho misterioso me picó en el mar.

Espeluznante documento, Carmen.

 

 

La carabela portuguesa

 

Cada verano cambio el salir a correr por la natación en el mar.

Tres o cuatro veces por semana, veinte minutos o media hora paralelo a la costa, mar adentro, y vuelta al punto de partida.

Pero este año hay una novedad, de la que empezamos a tener constancia hace un par de meses: la presencia de una peligrosa medusa (ya, ya, no es una verdadera medusa, no nos pongamos tiquismiquis), la carabela portuguesa.

En abril se avistaron las primeras; en mayo cerraron varias playas de Alicante.

Y poco después se produjo la primera picadura, que se sepa: un niño en la playa de La Marina (Elche).

Enseguida salieron los expertos a tranquilizarnos, no había motivo para la alarma, no es mortal. Ni siquiera es una medusa, que nadie se preocupe (hay que salvaguardar el turismo).

El artículo de Público es fascinante. No hay que exagerar, aclaran los científicos. La picadura de la carabela portuguesa provoca «un intensísimo dolor», es tan dolorosa que puede llevar a un «shock neurogéno», y si eres alérgico, o viejo, tal vez mueras de un choque anafiláctico o de una parada cardiaca. «Si le pica a una persona mayor con problemas de corazón, el susto y el dolor pueden llevarle a una parada, pero no muere por el veneno».

Señora, su marido se ha muerto porque le ha picado una medusa. Pero no llore, mujer, que no ha sido por el veneno.

También dice que «no es más peligrosa que otras». Pues hombre: sí, claro que es más peligrosa que otras. Las otras no te paralizan los miembros, ni te provocan un shock neurogénico (mejor que neurógeno), ni provocan que se te pare el corazón, tengas la edad que tengas.

 

En la SER también velan porque los empresarios hoteleros no dejen de ganar ni un euro. No debíamos tener «prácticamente ninguna preocupación», y para recalcarlo, titulaban así:

 

Las carabelas portuguesas desaparecerán del Mediterráneo en las próximas semanas.

 

Apostaba el experto porque esas medusas se habrían muerto antes del verano.

Otro experto consultado por La Verdad coincidía con él: esta especie de medusa no aparecerá en verano.

Pues un mes después, le picó a un adulto, que también, como el niño, tuvo que ser hospitalizado.

Y nos hemos metido en julio y siguen avistándose carabelas portuguesas.

El 4 de julio picaron a un hombre en la playa de Puzol (Valencia). También se han visto en las playas murcianas, en Ceuta, Granada, Mallorca…

Pero principalmente, están en el Levante. Ya se le ha arruinado el día de baño a alguna familia de esas que todos los veranos colapsan nuestros pueblos y nuestras playas, y que luego, cuando vuelven a sus lugares de procedencia, se quejan de la «turistificación» y gritan tourists go home.

 

Al recordar de las palabras de los que aseguraban que para estas fechas no habría medusas, me viene a la cabeza esta frase atribuida a Peter Ustinov:

 

La última voz audible antes de la explosión del mundo será la de un experto que diga «es técnicamente imposible».

 

 

 

Pánico a una muerte ridícula

 

Os he dicho que un adulto sufrió una picadura grave a finales de junio. Pues fue aquí al lado, en las Mil Palmeras, una de las playas donde suelo nadar.

 

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Muro de Facebook

 

En otra de las playas que más frecuento, La Llana, también se han visto.

Y como no puedo ir a correr (en verano, en Murcia, es deporte de riesgo) y la piscina no me gusta, estoy jodido. Ya os conté que necesito desfogarme con el deporte para no convertirme en otro amargado irascible.

Por lo tanto, desde hoy paso de todo y vuelvo a nadar. Si me pican, intentaré no ahogarme, qué muerte tan poco heroica. De chaval vi a un buzo que salía del agua con un mordisco de tintorera en la aleta, ése sería un final digno. Pero por una medusa…

Llegado el caso, trataré de mantener la cabeza fría. A fin de cuentas, ya tengo experiencia (una) en esto de las picaduras graves.

Fue hace quince años, en Cala Cortina. Nadaba muy a gusto, lejos de la costa, en un agua fresca y transparente, disfrutando de los bancos de peces cuando avanzaba a braza, y de las nubes cuando lo hacía boca arriba.

Llevaba unos cuarenta minutos, empezaba a cansarme y pensaba en el arroz que me iba a comer en el restaurante que hay allí, en la misma costa (el Mares Bravas). Pensaba en el placer de una buena comida después de haber hecho ejercicio («comer con hambre, dormir con sueño, follar con ganas»), cuando noté un calambre en el brazo izquierdo.

No sé si os ha dado la corriente alguna vez, metiendo los dedos en el enchufe o de cualquier otra manera. A mí me dio de pequeño, tocando los cables de un tren eléctrico casero que se había montado el padre de un amigo.

Pues sentí algo así, con la diferencia de que entonces comprendí enseguida la relación tocar los cables pelados / pupa, pero veinte años después no entendía a cuento de que venía ese dolor tan imprevisto.

Miré alrededor y no vi nada. Asustado, me dirigí de vuelta a la orilla (quedaba un trecho, estaba a unos 200 metros). A pesar de estar cansado, traté de nadar rápido, para alejarme de lo que fuera aquello, pero el brazo izquierdo no me hacía mucho caso. No estaba paralizado, pero reaccionaba mal y lento, como si me hubiera quedado dormido sobre él.

Terminé remando sólo con el brazo derecho. Se me hizo eterno.

Fui al puesto de  socorristas a que me curaran, me picaba tanto que no hubo comida, se me cortó el rollo, y eso que no era el dolor que describen las víctimas de la carabela.

Con el paso de los días, la herida se fue poniendo mal, parecía una quemadura, con bambollas y todo.

 

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Similar a lo de esta mujer (picada por una carabela portuguesa en Ceuta, en mayo de este año), pero menos extenso y limitado a una zona concreta, de forma circular.

 

Con catorce años, yendo de paquete en una moto, me quemé el gemelo con el tubo de escape. Pues la herida del brazo evolucionó más o menos igual, y tardó muchísimo en curar.

De hecho, 15 años después de la picadura, aún se aprecia una leve marca.

Desconozco si fue una medusa o algún otro bicho, pero nunca me había picado ni me ha vuelto a picar nada semejante. Aparte de ésa, sólo he sentido el urticante de las medusas corrientes, y muy pocas veces, a pesar de todos los boletos que he comprado.

 

 

Nunca se habían visto tantas carabelas portuguesas por aquí en esta época del año. Aunque los expertos afirmen que su aparición no está relacionada con el cambio climático (de nuevo el artículo de Público), seguro que el hombre está detrás. Tal vez la contaminación y la pesca desmedida han diezmado a los depredadores de estos bichos, a las tortugas, o vete tú a saber, pero seguro que somos culpables.

Hemos exterminado a las tortugas y los caballitos de mar para sustituirlos por carabelas portuguesas.

Así que digan lo que digan los expertos, me permitiréis que me cague en el género humano, en su egoísmo irresponsable, irracional y suicida, cuando me pique el primero de estos bichos.

 

 

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Imagen de cabecera: National Geographic

 

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5 sin mordaza

  1. Jajaja no había leído nunca la frase de Peter Ustinov, es tan certera…

    ¿El tema de las calaberas portuguesas será igual que el de las medusas, que al aumentar la temperatura del agua, sobretodo en el Mediterráneo, aumentó el número de especies?

    Twitter: @MigueI_1

    Responder
    1. Es buena, ¿eh?

      Pues ahora dicen (digo “ahora” porque hace unos años decían otra cosa) que no tiene nada que ver, porque a las carabelas portuguesas lo que les gusta es el agua fría, así que cuando se caliente el agua de nuestras playas, morirán todas.

      Yo ya noto el agua bastante caldosa, pero ojalá acierten y se mueran antes de picarme, jaja.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  2. Na, qué coño va a ser peligrosa la Carabela esa, es casi inofensiva, eso sí si te ‘pica’ procura que haya un desfibrilador cerca. Yo fui testigo de cómo a un hombre se lo tuvieron que aplicar en una playa del Cantábrico por la caricia del bichito ese casi inofensivo.

    Twitter: @LvtherBlissett

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