Je suis adulte

Saludos, objetivos del islamismo radical. Hoy nos quitamos la mordaza para gritar que somos adultos, que no nos tragamos el cuento, que no estamos dispuestos a cambiar libertad por una supuesta seguridad, que rechazamos las medidas «antiterroristas» que pretenden imponernos, como ya hiciera EEUU, los gobiernos de Francia y España.

Je suis adulte

Cada vez que tienen oportunidad, aprovechan para estrechar un poco más el cerco. La maniobra quedó muy patente tras el 11S, fue tan descarada que ha dado lugar a teorías que defienden que detrás de los atentados estaba el propio gobierno estadounidense. No voy a meterme ahora en ese jardín, pero una cosa está clara: desde la caída de las torres los dirigentes norteamericanos han podido exclamar aquello de «no hay mal que por bien no venga». Y es que las medidas de control y represión de la población que se tomaron después de aquel fatídico día, y que se han sostenido en el tiempo (casi 15 años ya, y eso que eran «excepcionales»), hubieran sido imposibles de llevar a cabo sin la ayuda que prestaron aquellos aviones kamikazes, la ciudadanía no las hubiese aceptado. El terror nos vuelve dóciles, y así muchas libertades y derechos individuales se perdieron entre los escombros de aquellas torres. ¿Para siempre?

Tras los asesinatos de Charlie Hebdo, Francia ha emulado a EEUU y va a implantar algo como la infame Patriot Act. El primer ministro francés, Manuel Valls, ha asegurado igualmente que se trata de «medidas excepcionales». Cómo no.

Se va a dotar al Gobierno de prerrogativas inconcebibles, una casi total intromisión en la vida de los ciudadanos, sin necesidad de intervención judicial, dotando a la policía de facultades que exceden a sus competencias. El Estado pasa a ser el Gran Hermano, el amo y señor. Es un padre autoritario y los ciudadanos los niños pequeños que debemos acatar sus órdenes sin rechistar a cambio de su protección. Y como tales niños no tenemos derecho a intimidad, papá puede hurgar en nuestros cajones por nuestro bien. Le pertenecemos, somos «sus» hijos.

Y si no, te quito el juguete: el primer ministro del Reino Unido propuso cerrar Whatsapp porque al Gobierno no le resulta tan fácil espiar a los usuarios de esta aplicación como interceptar las llamadas telefónicas o las conversaciones online.

 

Passenger Name Record y más

Entre las medidas que va a tomar Francia se encuentra la creación de un fichero masivo, el Passenger Name Record (PNR), en el que registrarán los datos de todos los desplazamientos aéreos de sus ciudadanos, movimientos de las tarjetas de crédito, posiblemente también las reservas hoteleras, equipaje, etc. Algunos países llevan presionando para aprobar algo así a nivel europeo desde 2010, pero la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior (LIBE) se venía oponiendo.

El gobierno español, de nuevo con el apoyo del PSOE, se ha mostrado como un ferviente defensor de esta medida, que posiblemente vaya incluida con una enmienda en la ley mordaza. Y es que los crímenes de Charlie Hebdo le han dado a Francia, España y otros gobiernos la excusa que necesitaban, su 11S particular: si Europa no lo aprueba, lo haremos por nuestra cuenta. La Unión Europea es una quimera.

Es curioso que el Gobierno se niegue a darnos información de los viajes que les pagamos a los diputados con nuestros impuestos, supuestamente por respeto a su «privacidad» (aunque todos sabemos la verdadera razón: que sigan con patente de corso), al tiempo que no les importa violar la privacidad de los ciudadanos sin cargo público. El mundo al revés.

En Francia se está discutiendo una resolución a la que el PP se intentó sumar: convertir en delito la consulta habitual de páginas yihadistas. Y los periodistas que tratan estos temas, ¿qué? Pues que pasen a informar de otra cosa. Del fin de la crisis, por ejemplo.

Allí plantean incluso recuperar el delito de «indignidad nacional», aplicado por última vez en los cuarenta. Entonces servía para privar a los condenados del derecho a voto o retirarles su pensión.

También quieren potestad para colocar micrófonos y cámaras ocultas en casas y vehículos de «sospechosos», o transformar los teléfonos móviles en aparatos que registren todo lo que hablen las personas que los portan y las de su alrededor en cualquier momento del día (no importa si están apagados). Repito: sin autorización judicial y en completa oscuridad. ¿Quién garantiza que estas supuestas medidas antiterroristas no van a aplicarse contra adversarios políticos, ciudadanos molestos, activistas…? Exactamente: nadie. Ocurrirá lo mismo que en EEUU. Y es que como dice Greenwald:

 

Esperar que el gobierno de EEUU haga funcionar una maquinaria de vigilancia masiva en completo secreto sin caer en sus tentaciones contradice todos los ejemplos históricos y los datos disponibles sobre la naturaleza humana.

Snowden, sin un lugar donde esconderse. Glenn Greenwald

 

EEUU y su Patriot Act. España y la ley mordaza

Christian Jacob, del partido de Sarkozy, lo ha dicho claramente: «Si tenemos que restringir la libertad individual de algunos, hagámoslo». El problema, si nos fijamos en EEUU, es que no sería «de algunos», sino de todos.

¿Para qué utiliza EEUU los poderes conseguidos aprovechando el pánico que ellos mismos se encargaron  de avivar tras el 11S? No para luchar contra el terrorismo, pues por mucho que nos hagan pensar lo contrario, ahí están los números: en EEUU es infinitamente más fácil que te caiga un rayo, te ahogues en la bañera o te mate un policía, que sufrir un atentado islamista. Los han utilizado, como hacen las dictaduras, para controlar a los disidentes. Los pacíficos manifestantes de Occupy Wall Street, que seguían la inercia del 15M, han sido vigilados, acosados y extorsionados valiéndose de la situación de fuerza en que la información absoluta sitúa al Gobierno. Han sido calificados sin ningún fundamento como «terroristas» para poder espiarles, aunque su único delito consistía en disentir políticamente.

Algo así busca nuestra futura ley mordaza: los medios españoles llevan vendiendo desde hace años la falsa idea de que en determinadas manifestaciones se producen actos violentos siempre, y que por tanto lo mejor es mano dura o directamente no dejar que se celebren, cuando la realidad es que el porcentaje de manifestaciones con disturbios es irrisorio, irrelevante. La ley mordaza no busca «seguridad ciudadana», sino obediencia, represión e impunidad policial.

Eso es algo habitual en los gobiernos totalitarios, el discrepante es sistemáticamente tachado de terrorista, antipatriota, antisistema, violento, radical, mal ciudadano… Ya lo habéis visto en España, todos los que no le siguen la corriente al Gobierno han sido injuriados, desde médicos hasta jueces, pasando por actores o estudiantes. Dirigentes del PP han acusado a los miembros de la PAH de tener vínculos con ETA. No cuesta mucho imaginar qué harían con poderes como los que detenta el gobierno estadounidense.

EEUU también ha obtenido réditos económicos de esta situación de omnisciencia. Ha cometido espionaje industrial. Además, ha intervenido los correos electrónicos y las conversaciones telefónicas de presidentes de otras naciones y del secretario general de la ONU. Así, como podréis comprender, es muy sencillo salir beneficiado de las negociaciones internacionales, ya que partes de una posición de ventaja que te permite favorecer a tus propias empresas y aliados. «La información es poder».

Todo esto no me lo invento, está en los papeles gubernamentales (CIA, FBI…) puestos al descubierto por Snowden, publicados por The Guardian y The Washington Post, y que EEUU no se ha atrevido nunca a negar, limitándose a perseguir al mensajero.

 

El documento muestra por primera vez que bajo la administración Obama se están recogiendo masiva e indiscriminadamente datos de las comunicaciones de millones de ciudadanos estadounidenses, aunque no sean sospechosos ni hayan cometido ningún delito.

The Guardian, 6 de junio de 2013

 

El saber absolutamente todo sobre la vida de los demás te otorga una capacidad extra, el chantaje. Para ello no hay necesidad de que la persona cuya voluntad se quiere someter haya incurrido en ilegalidades, se puede chantajear a alguien que no desea que se conozca su historial médico o su orientación sexual, por ejemplo.

Y ya sabéis lo valiosos que son los ficheros con nuestros datos personales, intereses de navegación, etc. Las empresas pagan cantidades exorbitantes por hacerse con ellos porque recuperan la inversión con creces.

Los atentados del 11S no justifican este atropello, como tampoco el de Charlie Hebdo. Son una excusa para un objetivo que hace que cualquier gobierno se moje de gusto: el control absoluto de su población, poder intervenir indiscriminadamente las comunicaciones de sus ciudadanos sin que haya motivo alguno que lo justifique, sin necesidad de esos aburridos indicios o sospechas de actos delictivos, sin tener que explicarle a un juez las razones por las que se requiere su autorización. Todos somos presuntos culpables, culpables en potencia, y merecemos ser tratados como niños malos. Desconfíe, señora, su vecino puede ser un terrorista low cost.

 

Charlie Hebdo: fallo policial

Ninguna de las resoluciones que Francia, España y otros gobiernos han planteado en caliente, en un nuevo alarde de oportunismo o irreflexiva irresponsabilidad, hubieran evitado lo que ocurrió en Charlie Hebdo, del mismo modo que las tomadas tras el 11S no evitarán que alguien secuestre de nuevo un avión si así se lo propone, como no pudieron impedir el atentado del maratón de Boston de 2013.

Los dos asesinos de Charlie Hebdo nacieron y se criaron en Francia, no llegaron de Afganistán en avión. A pesar de que la revista ya había recibido amenazas con anterioridad, incluso sido atacada, la escolta estaba formada por una sola persona (la escena tan repetida por las televisiones del policía rematado en el suelo, que por cierto era musulmán, se produjo lejos de allí, en la huida). Si se hubiera tratado de la sede de un partido político, no me cabe duda de que el dispositivo de protección hubiese sido mucho mayor. Pero no lo fue, y sólo dos hombres sin mucha preparación, dos hermanos que ya tenían antecedentes y estaban supuestamente vigilados, pudieron entrar, asesinar a doce personas y escapar de París, permaneciendo dos días en libertad.

Dado que la eficacia de estas medidas en la lucha contra el terrorismo es muy discutible, mientras que su injerencia en la vida privada de los ciudadanos es enorme, no deberíamos resignarnos y aceptarlas sin más. Que no nos asusten con El hombre del saco para doblegar nuestra voluntad.

 

Otros casos: 11M, Atocha

En España sufrimos un atentado mucho peor que el de Charlie Hebdo: el de los trenes de Atocha, 192 muertos. Sin embargo, no hubo leyes contra la población, no se recortaron libertades, el terrorismo no pudo apuntarse ese tanto. Al día siguiente la gente volvió a subirse a los trenes. Con miedo, pero siguió con su vida. Las bombas de Atocha no convirtieron cualquier trayecto en tren posterior en una odisea para el viajero, no hay que descalzarse ni dejarse cachear o revolver el equipaje de mano, no se prohíbe entrar con comida, bebidas o cortaúñas.

Ahora pongámonos en la hipótesis de que tras aquellos ataques de 2004 hubiera seguido gobernando el PP. O que el PSOE hubiese adoptado decisiones más propias de los conservadores, como están haciendo los socialdemócratas franceses. Que después de los atentados, políticos y medios, si es que a estas alturas tiene sentido esa diferenciación, nos hubiesen bombardeado: riesgo para la democracia, el sistema en peligro, puede haber terroristas hasta bajo el felpudo de su casa, no hay lugar seguro, danger, danger! Y una vez que la ciudadanía estuviera tan tensa que hasta al más valiente se le dispararan las pulsaciones al oír estallar un petardo de cincuenta céntimos, entonces el Estado se ofrecería a salvarnos de todo mal: eh, para eso estamos nosotros, dejadlo en nuestras manos, ea, ea, ea. Y cualquier agresión a la privacidad, cualquier abuso de autoridad, cualquier restricción de libertad hubiera sido aceptada y aplaudida por la mayoría de la población. Sí, papá; lo que tú digas, papá. Y cada asentimiento de cabeza hubiese hecho sonar los cencerros, pero nadie se habría dado cuenta. Sí, sí, tolón, tolón. Vivan las caenas.

No. Yo digo que no, yo grito que no aunque nadie me escuche, aunque todas las encuestas afirmen que los españoles lo están deseando, aunque los encadenados aplaudan con los pies a los herreros. No.

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Utoya, Noruega

Para estimular el miedo, nada como el rechazo al otro, al diferente. Espolear el sentimiento de seguridad en el rebaño, de pertenencia a la manada, la puerilidad estadounidense de buenos y malos, nosotros y ellos, Dios y Satán, Batman y el Joker.

Esta estrategia queda clara cuando comparamos la de París con otras masacres más graves, como la de la isla de Utoya en 2011. Un ultracatólico de derechas se montó una jornada de caza con los asistentes a un campamento de las juventudes del Partido Laborista noruego (socialdemócrata). Las presas eran los chavales, 69 de ellos murieron acribillados a tiros o ahogados mientras trataban de escapar. Al mismo tiempo explotó una bomba que este fanático había puesto en Oslo y que acabó con la vida de otras 8 personas. 77 asesinatos (en la sede de Charlie Hebdo murieron 12). Pero nadie habló del peligro del fundamentalismo católico ni de la violencia de la derecha. Se tomó como el acto enajenado de un «loco». Un loco cuyas motivaciones políticas y religiosas fueron indiscutibles: «Los medios de comunicación dijeron que eran niños inocentes, pero 44 de ellos tenían posiciones de liderazgo dentro del Partido Laborista», afirmó en el juicio. Un loco que presumía de «cazar marxistas», que admiraba a Israel y que odiaba el Islam.

¿Por qué no se tomaron medidas similares a las provocadas por el 11S o los asesinatos de Charlie Hebdo? Porque faltaba el componente racial, cultural. Anders Breivik es «uno de los nuestros», una oveja descarriada, pero no hay que generalizar, no debemos alarmar a la población. Los gobiernos y sus miedos de comunicación saben bien cuándo actuar.

 

No me defiendan tanto

Volviendo a la comparación con la infancia, todos los padres temen que a sus hijos les ocurra algo malo, pero ¿qué diríamos del padre que en su afán protector no permitiera a su niña salir nunca a la calle? Que es una privación excesiva, que la libertad no puede sacrificarse, que de nada vale la seguridad en una burbuja.

Y es que el debate que quieren imponernos entre libertad y seguridad es falso. Con la libertad y la intimidad no se negocia. Nadie plantea prohibir las religiones porque la cifra de muertos que la humanidad lleva padeciendo en nombre de este o aquel dios sea incalculable.

Se aprovechan de que cuando hablamos de la red, muchos no se dan cuenta de la gravedad de la situación. Esas mismas personas jamás hubieran aceptado hace unos años (no tantos) que el Gobierno abriera sus cartas, bajo ningún concepto, bajo ninguna excusa. Ni que escucharan sus conversaciones telefónicas. Ni nadie aceptaría hoy (¿o sí?) que el Gobierno instalara cámaras que grabaran 24 horas al día dentro de las viviendas, o que sentaran a un policía en tu salón. A pesar de que, con toda certeza, así se reduciría el índice de delitos.

Y sin embargo, eso es lo que está haciendo EEUU con tu correo electrónico, tus búsquedas en Google, tus cuentas de Facebook y Twitter, tus reproducciones de Youtube, tus compras con tarjeta de crédito… con el conjunto de tus navegaciones, en definitiva. De las tuyas o de las de cualquier otro. Que no lo hayan hecho contigo (no lo sabes, tal vez has escrito en un email «Obama», «terrorismo», «tortura», o «Guantánamo» y has pasado a engrosar su lista; o te llamas de manera parecida a alguien, o…) no quiere decir que no puedan hacerlo. El Reino Unido se comporta de manera similar, y ahora parece que le toca a Francia.

Por si fuera poco, el aumento de la «seguridad» cuesta pasta. ¿Adivináis de dónde van a sacar el dinero necesario? ¿Recortando sus privilegios políticos? Estaréis de broma: recortando derechos sociales.

No me protejan tanto, anda. Si quieren hacer algo útil por los ciudadanos, dejen de legislar para amparar a quienes se lucran con lo público y a las grandes fortunas que evitan pagar impuestos. Eso sí sería seguridad ciudadana, porque de esa manera podrían sostenerse sin problemas los servicios públicos, debilitados actualmente por tanta rapiña.

 

Soluciones, no atajos sin salida

  • Eliminar los paraísos fiscales, que es donde se mueve el dinero del que se nutre el terrorismo. Pero claro, se les acabaría el chollo.
  • Mejorar la educación pública, formando a los alumnos en valores, enseñándoles la importancia de la ética, cuidando la llamada «inteligencia emocional»… y excluyendo la religión del sistema educativo. Aquí hay que reconocer que Francia nos lleva ventaja: «La laicidad se aprende en la escuela», dijo Manuel Valls. Igualito que Fernández Díaz.
  • Reformar de raíz el sistema penitenciario. Que las cárceles dejen de ser pocilgas donde hacinar a los que menos tienen, lugares ajenos a los derechos humanos, trasteros en los que la sociedad arrumba buena parte de lo que le estorba y, ciega, se exculpa de toda responsabilidad de lo que allí ocurre. Las prisiones no pueden funcionar como un instrumento de venganza. El artículo 25 de la Constitución dice que «Las penas privativas de libertad (…) estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social». Obviamente, ese artículo tampoco se cumple, ni aquí ni en ningún otro país. Uno de los hermanos que ejecutaron la matanza de Charlie Hebdo pasó tres años en prisión que sólo sirvieron para radicalizarlo.
  • Redistribución de la riqueza. El hambre, la necesidad, la injusticia genera violencia.
  • Ayudar a terminar con las guerras y dictaduras. Ayudar de verdad, no entrando arbitrariamente (aquí sí, aquí no) a la manera de EEUU, guiados tan solo por el egoísmo, y luego dejar al país sumido en el caos y la miseria, como en Irak. No necesariamente se necesita una intervención militar, ese debería ser el último recurso. Para eso está la política, hay muchos intereses económicos con los que se puede negociar, sanciones, embargos… Lo que no tiene perdón es que se permita que en Siria y Palestina se siga masacrando a la población y aquí nadie haga nada. Esa generación de niños crecerá odiándonos. No por «infieles», sino por nuestra indiferencia.

 

Música: Holy wars… The Punishment Due, de Megadeth

 

Imagen de cabecera: escena final de 1984, dirigida por Michael Radford

 

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4 sin mordaza

  1. Roberto López Zalbidea 24/04/2015 a las 9:48

    Nuestros datos, en manos del “Pequeño Nicolás” de turno…
    ¿Te imaginas? Nosotros mismos poniendo recursos -vía impuestos- en las manos de diversas mafias de, ellos quizá sí, delincuentes… ¡Agrupaciones de “malevos” organizados! ¿Te lo imaginas?
    La distopía de Orwell, y la de Huxley ya están aquí
    Y la revolución pendiente, la de recuperar los valores de Libertad, Igualdad, Fraternidad, también
    Bienvenidos al siglo XXI
    Fantástica entrada y fantásticos temas
    Aquí está el meollo de lo que está en juego

    Responder
  2. Siempre he dicho que la democracia real no ha existido nunca. Existen diferentes grados de libertad, eso sí, ya que dependiendo del grosor de la mordaza se te permiten hacer más o menos cosas. La democracia es en realidad una utopía como lo es el marxismo, el comunismo, etc. En la teoría quedan muy bien, pero al llevarlos a la práctica siempre cogen otro tono.

    Del papel a la realidad hay un gran trecho.

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  3. Claro que la consulta de páginas “yihadistas” sería delito. ¿Y los periodistas qué? Pues según la línea editorial del periódico, lo considerarían delito o no. Ya se sabe que, a una misma información, no le daría la misma utilidad Antonio Maestre que Alfonso Rojo por poner un ejemplo.
    Por cierto, todo esto me recuerda a la patrulla “anti osos” de Los Simpson (perdón por la comparación tan friki). El razonamiento que hacía Lisa. Cogía una piedra y decía que esa piedra ahuyentaba los tigres. ¿Cómo? Preguntaba Homer. No funciona, es una simple piedra, pero yo no veo ningún tigre por aquí. Pues más o menos así yo veo todas las medidas que proponen para prevenir atentados.

    PD: Ya casi no me acordaba de Utoya, como cayó en el olvido porque el asesino no era musulmán.

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