El infierno de los animales

Saludos, amigos que os indignáis ante el maltrato animal. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar por aquellos que no pueden hacerlo.

 

Un resumen de este artículo ha sido publicado en el blog del partido PACMA

 

El infierno de los animales

Me entero de que el PP propone prorrogar la norma que permite cazar en parques nacionales. El disparate se acababa en 2017, pero aquí llegan los conservadores con otra de sus cagarrutas en el convento en el que esperemos que les quede poco, para ampliar el límite hasta 2020.

Esta decisión se entiende mejor si la confrontamos con esta otra noticia: «Mónica Oriol y su marido se construyen una mansión en medio del parque nacional de Cabañeros». No tiene desperdicio la respuesta de la nueva Ministra de Agricultura, suplente de ese vergonzoso representante que hemos enviado a Europa: No sé, no me consta, pero «si no han cumplido se les tendrán que poner las sanciones correspondientes». Ese es el problema. En las zonas de costa, por ejemplo, hay cantidad de personas que incumplen todas las normativas urbanísticas y medioambientales a la hora de construir. Muchos de ellos son políticos o amigos de. Saben que el riesgo de que les pillen es mínimo. Y en el improbable caso de que alguien denuncie y no se arregle la cosa a tiempo por ser vos quien sois, sólo se exponen a pagar una multa. Nadie les va a derribar lo construido, y como ellos no tienen precisamente problemas económicos… Jugada perfecta.

 

Pero volvamos a la caza. Sus señorías, los empresarios, los banqueros, nobles y gente bien, tienen por costumbre realizar monterías para cerrar negocios, conocer a contactos útiles… Muchas veces esas partidas de caza son simplemente una excusa para hincharse a comer, beber, meterse de todo (el que se meta) y ponerle a sus mujeres un «doce puntas» (así hablan ellos). Se refieren a las «ramas» que tienen los cuernos: cuantas más puntas sume la cornamenta, mayor el «mérito» y, por consiguiente, la puntuación otorgada a la presa (además de otros factores que también se valoran como el peso, color…). Un doce puntas será aquel animal que tenga seis ramas en cada cuerno, o siete en uno y cinco en el otro, por ejemplo.

Pero no voy a entrar a valorar lo que ciertos empresarios me han contado sobre sus fiestuquis, porque allá cada cual, no soy precisamente moralista. Me da un poco de rabia la hipocresía, eso sí, que algunos de estos vayan luego de católicos y tal. Pero no iba a eso, sino a la caza.

 

Imagen juez garzon caceria, maltrato animal, caza mayor

El juez Garzón, orgulloso de su hazaña

 

Soy un salvaje y no comprendo

No lo puedo entender. Nunca lo he podido entender. Comprendo la adrenalina, el reto de darle a una presa en movimiento (aunque muchas veces se trata simplemente de un rifle telescópico contra un animal inmóvil que no tiene ninguna oportunidad). Entiendo todo eso. Lo que no me cabe en la cabeza es que los cazadores sean capaces de anteponer estos «placeres» al hecho de estar terminando con una vida. Joder, a mí también me gustaría darle un guantazo a más de uno, y me aguanto.

Ahorraos las excusas. Me las conozco todas. Como os digo, he escuchado mil veces las historias de los valientes cazadores, sean millonetis o pringaetes que quieren serlo y van a estas cosas igual que al pádel o al golf. Les he escuchado por propia iniciativa; los que me vais conociendo ya sabéis que no soy precisamente de los de cerrarme en banda con mis ideas, sino que trato de conocer al otro, de ponerme en su lugar. Así que os podéis ahorrar el pretexto del control poblacional y el resto del argumentario de Jara y Sedal. No voy a entrar a debatir al respecto (aunque varios de vuestros razonamientos son fácilmente desmontables), por la simple razón de que no lo hacéis por eso. No sois unos excursionistas amantes de la naturaleza y del ejercicio físico al aire libre que altruistamente decidís compraros una escopeta y sacrificar parte de vuestro tiempo para controlar la población de animales, no. Sois unos sádicos. Lo que os mueve es el placer de matar. Y eso es muy preocupante. Que tras tantos miles de años de evolución no encontréis otra forma mejor de ocio en vuestras miserables vidas que dar muerte a un animal, que hacer sufrir a un ser vivo, dice muy poco de vosotros. O mucho, según se mire. Para mí, no estáis muy lejos de un psicópata. Ya, ya sé que no sois asesinos en serie, pero tampoco es lo mismo el que roba un paquete de folios en la oficina que la infanta, por ejemplo. Para todo hay niveles, pero por algo se empieza y un ladrón es un ladrón.

Y los que no disfrutáis directamente con la muerte y el dolor que infligís, la ignoráis. Es decir: ponéis vuestra diversión por delante del daño ajeno. Deberíais haceros mirar esa falta de empatía, esa frialdad patológica.

Supongo que muchos sois así desde pequeños, como esos críos a los que cuando trabajaba de monitor de tiempo libre (hace una vida), intentaba convencer para que dejaran de torturar a insectos en los campamentos o los patios de los colegios. Al verlos, me acordaba de una frase de Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno: «Esos tíos como Morrow que se pasan el día atizándole a uno con la sana intención de romperle el culo, resulta que no se limitan a ser cabrones de niños. Luego lo siguen siendo toda la vida». Pero la mayoría, digo yo que cuando visteis Bambi de críos no os pusisteis del lado del cazador, ¿verdad? No creo que estuvierais ante la tele pensando: «¡Bien! Ya tienen a la madre, pero el puto cervatillo siempre se escapa». ¿Qué os ha pasado desde entonces? Deberíais parar un momento a reflexionar, porque os digo una cosa: erais mejores antes.

 

A partir de ahora es cuando una serie de lectores se dan de baja:

Caza menor y pesca con caña

Algo similar a lo que he dicho arriba, a otra escala, es obvio que en un grado muy diferente, opino de quienes salen a matar conejos o pescan por diversión. Y me da absolutamente igual si luego os coméis la presa o no: no cazáis o pescáis por ese motivo. Lo hacéis para pasar el rato, y se me ocurren otras cuantas maneras de distraeros. Por ejemplo, que os clavéis el anzuelo con fuerza donde más os apetezca, os lo saquéis vosotros mismos y vuelta a empezar. Así echáis la tarde la mar de bien.

Evidentemente, no se debe sentir aludido quien cace o pesque para comer por dificultades económicas. Espero que eso esté claro, que sé que me dirijo a personas inteligentes.

Me cuesta escribir esto, especialmente lo de la pesca, porque se da la particularidad de que muchos aficionados a la caña suelen ser por lo demás respetuosos con la naturaleza, de los que se preocupan por no tirar porquería al suelo, que reciclan… Conozco a más de uno así, algunos hippies… pero no comparto esta afición. No os juzgo, no me creo mejor que nadie, todos tenemos defectos y podemos equivocarnos, como a lo mejor me estoy equivocando yo al escribir esta entrada, pero cuando arranqué Vota y Calla lo hice comprometido a decir lo que pienso aunque me pudiera «perjudicar», y eso voy a seguir haciendo.

Por otra parte, el propio Miguel Delibes, que era un gran naturalista, o Darwin (qué os voy a contar de él), eran cazadores. Y quién soy yo para enmendar la plana a estos dos gigantes. También me acuerdo ahora de Nabokov, uno de mis ídolos literarios, muy aficionado sin embargo a cazar mariposas para atravesarlas con un alfiler, el cabronazo.

Cuando digo que no os juzgo, me refiero a los de la caza menor y la pesca, ojo. De los malnacidos de los furtivos, como de los bastardos que cazan elefantes, osos, lobos u animales en peligro de extinción, mejor no queráis saber lo que pienso.

 

Rey caza elefantes

El que ayuda en sus matanzas al Borbón me recuerda a Emilio Estévez, el hermano de Charlie Sheen

 

Pesca con arpón

Tengo un buen amigo aficionado a la pesca con arpón que es, al mismo tiempo, muy «amante» de los animales, como se dice ahora (me parece una expresión tontísima). Especialmente de los perros, tiene dos muy majos a los que adora. Cuando he intentado hacerle recapacitar sobre eso, si le gustaría que alguien dedicara los domingos a cazar perros, me dice que no es lo mismo, que los peces y los pulpos no sienten dolor (!). Y de ahí no lo saques. Me he acordado de él al leer una entrevista reciente (11/10/2014) de El Mundo a Gádor Joya, portavoz de Derecho a vivir, en la que afirma que los monos no sufren, que esa es una capacidad exclusiva del ser humano (esta señora es médico). Ojalá yo fuera mono, entonces, para no tener que padecer por leer chorradas semejantes.

 

Antes de pedir coherencia, mírate el ombligo

Enseguida saltarán quienes me reprochen que coma carne y pescado. Podría contestarles que bueno, que si de incoherencias hablamos, el que crea estar libre que me lo haga saber y lo comprobamos con un sencillo cuestionario. Pero no hace falta: supongo que cualquiera verá la gran diferencia existente entre comerte un entrecot para alimentarte e ir a matar un jabalí porque no den nada en la tele. ¿No lo veis? El problema está en el hecho de matar por diversión.

Sin embargo, efectivamente, sabiendo cómo trata la industria alimentaria a los animales, con mis ideas debería ser vegetariano. O más bien vegano. O incluso presentarme para presidente de PACMA. ¿Por qué no lo hago? Como todos, me he pertrechado con un buen número de excusas que me sirven para seguir llevándome bien conmigo mismo, puede que engañándome en cierta manera. Pero quién sabe, quizá algún día. Quizá mañana…

 

Para terminar, os dejo un párrafo de la respuesta del Jefe Seattle* al presidente de los Estados Unidos, ante su tramposa oferta de comprarles las tierras. La carta íntegra debería ser de estudio obligatorio en todos los colegios:

 

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

 

Si el Jefe Seattle tenía razón, lo llevamos crudo, pues ya conocéis la famosa frase de Schopenhauer: «El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales». O quizá el Jefe sólo era un aborigen primitivo, tonto y atrasado, y lo que pasa es que yo también soy un salvaje que no comprende a la gente civilizada.

 

Música: Countdown to extinction, de Megadeth

 

Imagen de cabecera: Blesa, el honrado presidente de Cazamadrid. Crédito: El Mundo

 

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12 sin mordaza

  1. Desgraciadamente, se trata de la mentalidad de muchos. Y no voy a entrar en distinciones políticas, porque en el fondo, ese ramalazo de psicopatía no entiende de tendencias políticas. Me refiero a esa mentalidad de “la Naturaleza está al servicio del hombre” y no al revés.
    Hay una frase que me ha gustado mucho, que es lo de la “falta de empatía” y “frialdad patológica”, porque me ha recordado a una discusión que vi en Facebook a raíz de la petición de Javier Limón (marido de Teresa Romero) de que no se maten más perros como Excalibur. Me sorprendió la gran cantidad de comentaristas que justificaban el asesinato con la excusa de “pues que se compre otro y en paz”, o “el puto perro”, o “preocuparse por un puto perro y no por cosas más importantes”. ¡Como si preocuparse por el hambre infantil en África y apoyar a los animales fueran conceptos que se excluyan mutuamente! Otro de los pobres argumentos con los que me encuentro cuando defiendo a los animales es que estoy “siendo hipócrita porque como carne.” Que una cosa es sacrificar a un animal rápidamente con una muerte digna para consumo humano, y otra muy diferente es planificar y recrearse en acabar con la vida de un animal. Y luego, sentirse orgulloso de ello haciéndose la foto de marras.
    También están los que, como tú dices, se sienten altruístas, dicen que aman la Naturaleza y por eso quieren contribuir al equilibrio cazando jabalíes o lo que sea. Paparruchas, joder. La Naturaleza ya es sabia y sabe mantener el equilibrio sin tu “ayuda”. Lo haces por el placer que te da apretar el gatillo y MATAR. Saber que tú estás en lo alto de la pirámide alimenticia, que tienes el control, el poder. En realidad, estás tapando tu complejo de inferioridad.

    Buen artículo, Salva. Un abrazo.

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    1. Es así, David. Y habréis oído a esos católicos defendiendo que fue decisión de Dios hacer al hombre el «rey» de la Creación y poner a los animales, a la naturaleza, en suma, a su disposición. Y Dios no puede estar equivocado.

      Sobre lo de Excalibur, hay lacayos que sólo tratan de defender a muerte la gestión del Gobierno, como Alfonso Rojo, pero también mucha gente que no tiene ni idea de lo que ocurrió, para variar (de eso nos quejábamos en ¿El fin de la prensa escrita? El otro día una buena amiga me hablaba de esto, escandalizada por la actitud irresponsable de la izquierda, que anteponía la vida de un chucho a la de las personas, hasta que le expliqué que nadie había analizado al perro, que lo sacrificaron sin saber si tenía ébola. Se quedó muy sorprendida («ah, eso es otra cosa, vaya desgraciaos»). Y supongo que no será la única.

      Es eso exactamente: «hay cosas más importantes que»… Sí, siempre hay cosas más importantes que casi todo. Si fuera por eso, no podríamos hablar ni actuar nunca. ¿O no es más importante la corrupción de nuestros gobernantes que una obra de un museo? Son excusas tan simples que dan hasta lastimica.

      ¡Un abrazo!

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  2. Bueno, ahora es cuando llego yo. A mi me gusta ir a pescar con mi padre (quizás porque es la “única” cosa que podemos hacer juntos sin que nos molesten). Me dan mucha pena los pececillos, lo digo de verdad, así que me limito a poner la lombriz y echar la caña. Con esto quiero decir que soy defensora de los animales al 100% pero hay veces que yo no puedo evitar ciertas cosas… Como el ir a pescar con el papi. Soy de las que, a pesar del sufrimiento que sé que hay… Consumo leche, pescado y, ocasionalmente, carne.

    Por otro lado… Me da ASCO tener que vivir rodeada de gente ansiosa por matar. Sí, para mí son psicopatas que por el miedo a las represalias de matar a una persona, se ensañan con los animales. He visto muchísimas barbaries, muchas, que me tengo que tragar, cagarme en su p**** madre y seguir con mi vida, luchando por los animales para que puedan defenderse de cabronazos como estos.

    Yo quisiera cazar, colgar su cabeza…es lo que merecen. Con la diversión de ir de caza, de gallitos con sus colegas… No se dan cuenta que pueden estar matando a la madre de una familia (la mamá de Bambi, la del zorrito Tod, y todas las películas Disney). Ellos sólo piensan en cazar, en sentir el “lo que sea” de la sangre de un ser vivo, mientras jadea y muere lentamente, para mí, señores/as, eso es inaudito. Me matan, me gustaría liarme a palos con ellos, pero posiblemente, al contrario que ellos por matar un ciervo, un lobo, un elefante, un TORO!, a mi me meterían en la cárcel.

    Así que no, NO ME CALLO! Yo quiero un gobierno que cambie estas cosas, que trate a todo ser vivo por igual.

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    1. Por descontado, este artículo no iba contra chicas cuyo único momento de intimidad con su padre es ir de pesca. Yo no lo haría, pero no puedo reprochárselo a nadie, hay una diferencia enorme entre eso y la caza mayor.

      Sólo he incluido la pesca con caña porque… Bueno, porque es lo que pienso, y no quería obviarlo para quedar bien.

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  3. Roberto López Zalbidea 07/11/2014 a las 16:59

    Temazo.

    Nosotros también somos animales

    Quizá nos falten otros 200.000 años de evolución como especie para entender que somos una especie más

    Si entonces será tarde o no, no lo sé

    Nos llorarán los arqueólogos de otros planetas

    O quizá no

    Tampoco lo sé

    Buenas tardes y feliz fin de semana, Salvador y cía..!

    Pd: qué tema más triste, pero qué verdad

    Se ve que es parte de nuestra naturaleza

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    1. Conociéndote, con «temazo» supongo que te refieres al fondo del artículo. Porque también podría entenderse que te hablabas de la canción de Megadeth (es, efectivamente, un temazo) ;)

      Me has recordado una frase, algo así: «En el futuro hablarán horrorizados de cómo tratábamos a los animales en nuestra sociedad». Venía a decir que sentirán lo mismo que nosotros sentimos al saber de la esclavitud, por ejemplo, pero no recuerdo bien la literalidad, ni de quién era; tampoco recuerdo si se refería a los animales en general o sólo a los simios. Esta mañana estoy espeso, ¡ja, ja!

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  4. Poco más que añadir Salva, te ha faltado el “en vez de preocuparse del perro, que se preocupe más de los niños que pasan hambre en África”. En fin, que seria de nuestras vidas sin nuestras preciosas contradicciones.

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  5. Vaya Salva, esta vez me dejas sin palabras… y no porque no sepa que decir, más bien es porque tengo poco que añadir. Tú mismo lo has descrito, y escrito, muy bien.

    Solo puedo explicar que yo, ecologista y vegetariana óveo-láctea, intento inculcar mis creencias a mis sobrinos. Si me hacen caso o no, ya no depende de mi, pero yo insisto y les cuento que nosotros también somos animales y que si seguimos destruyendo el planeta, acabaremos muy mal.

    Y así acabará pasando, y entonces ¿Qué?

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    1. ¡Gracias Salva!

      El principal motivo por ser vegetariana es el ético, aunque debo confesar que de vez en cuando peco… y es que cuando me invitan a un japonés, me cuesta ir y no comer sushi o sashimi. Y sí, el atún es una especie en peligro de extinción, además de los daños que causa a otras especies.

      Pero nadie es perfecto, ni siquiera yo… ;))

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  6. * En cuanto a la carta, aunque la página a la que enlazo siempre me ha parecido bastante fiable, me comentan por Twitter que puede ser falsa. Fuera o no escrita por el jefe indio, comparto igualmente su contenido, pero avisados quedáis.

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