Una lucha por la independencia que terminó en victoria

 

Hoy me quito la mordaza para contaros la historia de una lucha vecinal de décadas que terminó en victoria hace treinta años.

Vamos a compararla con la represión que sufren actualmente quienes levantan la voz para protestar.

Y es que, en cuestión de derechos, de unos años a esta parte vamos para atrás.


 

 

La independencia del Pilar de la Horadada

 

El 30 de julio se cumplió el trigésimo segundo (32º, para los que hayan estudiado con Pablo Casado) aniversario de la independencia del Pilar de la Horadada.

En 1936 se dio el primer paso, tímido, en pos de la independencia, mediante un escrito de un ciudadano.

Después se presentaron más escritos, firmados cada vez por un mayor número de vecinos: en 1957, 1963, 1969…

Así, en una elipsis que no se la salta un cíngaro, llegamos a octubre de 1981, «La Noche Negra», llamada de este modo porque unos trescientos vecinos se manifestaron por la independencia de su pueblo vestidos de negro y encapuchados.

En el curso de esas protestas se quemó una falla que representaba al alcalde de Orihuela junto a una cerda antropomorfa maquillada y semidesnuda. En el cartel de la falla se podía leer: «Con los morros en la cochinera».

 

Falla del alcalde de Orihuela en "La noche negra" del Pilar de la Horadada

12 de octubre de 1981

 

El pueblo siguió con su lucha, y desde 1981 a 1986 se llevaron a cabo actuaciones como las siguientes:

 

Manifestaciones «no autorizadas», término con el que ahora se criminalizan muchas reivindicaciones callejeras, como si hubiera que pedir permiso.

 

Los vecinos desalojaron a los trabajadores de la oficina municipal. Después sellaron con silicona la cerradura y tapiaron con bloques la entrada.

No era una puertecita pequeña, como podéis comprobar, ni un sellado simbólico.

 

Independencia del Pilar de la Horadada: Oficina municipal antes de ser tapiada, 28/6/1983

Antes. (Tapiado de la oficina municipal, 28 de junio de 1983)

 

Pilar de la Horadada, tapiado de la oficina municipal en las protestas por la independencia de Orihuela

Después. (Tapiado de la oficina municipal, 28 de junio de 1983)

 

 

Tres años después, rompieron los cristales de esa oficina, que ya estaba en funcionamiento, sacaron todo el material y le pegaron fuego en la plaza del pueblo. Arrancaron y quemaron hasta las puertas.

 

Independencia del Pilar de la Horadada: Quema de la oficina municipal pedánea, 25/3/1986

25 de marzo de 1986

 
 

Cortaron varias veces la carretera nacional que unía (y une) Cartagena con Alicante.

 

Independencia del Pilar de la Horadada: Corte de la N-332 con vehículos particulares, 26 de marzo de 1986

Corte con una larga cola de vehículos particulares, 26 de marzo de 1986

 

Pocos días después volvieron a cortar la carretera nacional, esta vez con escombros y barricadas ardiendo, con los que interrumpieron el tráfico durante 24 horas.

El capitán y el coronel de la Guardia Civil tuvieron que tirarse al suelo, cuerpo a tierra, para esquivar unos cohetes que volaron en horizontal por error.

 

Independencia del Pilar de la Horadada: barricadas en la N-332, manifestación (30/3/1986)

30 de marzo de 1986

 

Pilar de la Horadada, independencia: Corte de la carretera nacional 332, 30/3/1986

30 de marzo de 1986

 
 

El 30 de julio de 1986 consiguieron la independencia. Ya no pertenecían a Orihuela.

 

 

Consecuencias

 

En los cortes de las carreteras se llegaron a usar gases lacrimógenos con efectos disuasorios, pero la policía no le pegó a nadie, no se dio la violencia policial extrema que vemos en las manifestaciones de hoy día, mucho más tranquilas y pacíficas que las que acabamos de ver.

Tampoco hubo sanciones económicas. Cogieron a unos cuantos cabezas de turco y les impusieron unas sanciones administrativas de cinco mil pesetas por cabeza, treinta euros, para que sirviera de escarmiento a los demás y se desinflaran los ánimos.

Pero los impulsores de aquellas protestas discutieron con las autoridades, y finalmente nadie tuvo que abonar la multa.

 

El tapiado de la oficina municipal ocurrió en 1983, no hacía ni diez años de la muerte de Franco.

¿Qué habría pasado hoy que tenemos, en teoría, una democracia más consolidada?

 

 

¿Qué habría pasado hoy?

 

¿Imagináis si lo que os he contado, o una ínfima parte de esto, hubiera sucedido ahora? Los antidisturbios habrían cargado como bestias, habría miles de euros en multas, identificaciones y procesos en los que se juzgaría a los manifestantes por terrorismo o atentado contra las altas instituciones del Estado, pidiéndoles varios años de cárcel.

Los medios abonarían el camino contándonos que todo esto es kale borroka, que se empieza así y se acaba pegando tiros en la nuca, que el policía que le ha abierto la cabeza a una muchacha de quince años que estaba sentada en el suelo ha cumplido con su deber, y que no moverse de tu sitio cuando te lo ordena la autoridad es «violencia», por lo que la reacción del agente ha sido perfectamente proporcional.

Por supuesto, a los que emplearon la violencia de verdad, aunque fuera exclusivamente contra bienes inmuebles, habría que encarcelarlos de por vida.

Unos cuantos manifestantes habrían ingresado en prisión provisional, por el evidente riesgo de fuga (ese que no afecta nunca a los poderosos), y pasarían años allí, a la espera de juicio.

Después de unos cálculos muy fiables y honestos, nos contarían que esas acciones nos habían costado tropecientos mil euros a todos los ciudadanos (obviando que gastamos mucho más en seguridad y reparaciones tras cada jornada de liga).

Los tertulianos elevarían un leve empujón a una trabajadora de la oficina municipal que se resistía a salir a la calle con sus compañeros, a la categoría de «brutal agresión». Dicha trabajadora tendría horas para contar su lacrimógeno testimonio en los programas de Susanna Griso y Ana Rosa Quintana.

 

No hay que hacer ningún esfuerzo imaginativo, lleva sucediendo así en tantas manifestaciones de los últimos años. La represión se ha intensificado tras las reformas del código penal y las leyes aprobadas por PP, PSOE y Ciudadanos.

Ahora que habéis leído lo que hicieron los vecinos con la oficina municipal, comparadlo con el  alarmismo con el que los medios informan de los «salvajes ataques» a las sedes de Ciudadanos, ataques que normalmente no pasan de una pintada o una pegatina, y que se dan exactamente igual en las sedes de otros partidos, sin que obtengan repercusión mediática.

 

Y el de los cohetes, por supuesto, habría sido detenido por atentado contra la autoridad.

¿Y el corte de carreteras? También es terrorismo. Que se lo digan a los detenidos de los CDR por el No vull pagar en los peajes.

O la quema del muñeco del alcalde. Ahí están las «injurias a la Corona» por quemar un retrato del rey, o el «ultraje a un símbolo», por una bandera.

Por desgracia, la izquierda cae en la trampa y colabora con la represión, recurriendo al delito de odio cuando algo no les gusta. Recordad la denuncia por la quema del muñeco de Ana Julia Quezada.

 

 

Vamos pa’trás

 

Ni eran terroristas los vecinos que protestaban hace treinta años como hemos contado, ni lo son quienes lo hacen ahora.

Una manifestación es siempre conflictiva, porque el poder nos quiere sumisos y callados, y en cualquier concentración (de izquierdas) se encuentran dos bandos: quienes luchan por sus derechos y el brazo armado de los privilegiados.

Al encontrarse esas dos fuerzas contrapuestas, hay fricciones. Toda la vida las ha habido. La diferencia es la reacción del Estado frente al grito rebelde. Una democracia avanzada lo tolera, una democracia deficiente, como la nuestra, se empeña en amordazarlo.

En España ya son demasiados los que han sido multados o incluso han tenido que declarar en la Audiencia Nacional acusados de terrorismo por cantar, por escribir tuits, manifestarse, intentar parar un desahucio, participar en un piquete, gritar frente al Congreso de los Diputados o el Parlamento de Cataluña, por su forma de vestir, por fotografiar a un policía, colgar una pancarta de un edificio, etc.

Hasta las capuchas son agravantes con la ley mordaza.

Ni cagarnos en Dios, podemos.

 

 

 

El ejemplo de Murcia

 

En principio, esta era la finalidad de este artículo: una comparación que mostrara que, como ha pasado con la libertad de expresión, también nos ha encogido el derecho de manifestación. Lo que eran actos vandálicos y ya se castigaban duramente como tales, se han convertido en terrorismo.

Pero ahora, mientras escribo, me surge otra reflexión: por más que nos digan, manteniéndonos exclusivamente dentro del cerco de la ley (o la interpretación interesada de la ley) y la política, se consigue muy poco.

En cambio, ahí está Gamonal, ahí está Murcia.

La cuantía total de las multas impuestas a los murcianos que exigen el soterramiento del AVE asciende a 50.000 euros, pero a pesar de esta coacción e intimidación policial, de este descarado intento de impedir el legítimo derecho a la protesta, no se arredraron y, tras casi un año de manifestaciones diarias, han parado la obra en superficie y parece que van a lograr el soterramiento prometido.

No digo que haya que meterle fuego a la carretera cada vez que el gobierno recorte en Sanidad o Educación, pero puede que depositar el voto en la urna y sentarse a esperar no sea la opción más productiva.

 

 

«Reivindicación emblemática»

 

Por todo lo dicho, leer la «Historia de la segregación de Pilar de la Horadada» en la página del Ayuntamiento, me ha hecho esbozar una mueca de disgusto.

Hablan de «cinco décadas de lucha», «revuelta popular», «quema del mobiliario municipal», «continuados cortes de la carretera nacional», «las manifestaciones se recrudecen». Y lo más divertido, al tapiado de la oficina municipal lo llaman «reivindicación emblemática». Dicho así suena hasta simpático, ¿verdad?

Claro, fue contra Orihuela. Cuánta hipocresía. Si los vecinos decidieran hoy protestar de esta manera contra el mismo Ayuntamiento que cuenta esto henchido de orgullo, las descalificaciones desde el consistorio no se harían esperar, porque el fin no justifica los medios, nadie está por encima de la ley y nada se consigue con la violencia.

Y justo después mandarían a la policía a desalojar.

 

 

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Todas las imágenes están extraídas del libro «Caminando hacia la independencia pilareña a través de sus imágenes», de María García Samper

 

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Otras entradas sobre el Pilar de la Horadada:

8 sin mordaza

  1. Dicha trabajadora, después del incidente, es despedida pocos días después, dejándola en la calle con 2 hijos y un padre que cuidar. Ella intentará contarlo en los medios, pero a estos ya no les interesa.

    Twitter: @MigueI_1

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  2. Siempre me acordaré de Evaristo Páramos en esta entrevista con Javier Gallego: “VIOLENCIA, HUEVOS Y VELOCIDAD”. Minuto 2:35 y 7:44, aunque merece la pena ver todo el video para entender el contexto.
     

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  3. Sí, cité a Evaristo en una entrada reciente tuya… pero es que a Evaristo se le puede citar en el 99% de los casos :D

    En fin, es que este hombre y The Clash han sido prácticamente los responsables de mi educación.

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  4. Muy bueno, gracias Salva.

    “luchar por la independencia”. (Somos tan independientes, que solo nos importa nuestros propios problemas y los demas que se jodan).

    Ahora, los huevos no los utilizamos, ni para hacer la mahonesa.

    SalU2. a tod@s.

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