Héroes y villanos

 

Bárcenas es «mu’ buena gente», «un héroe». Eso dijeron a cámara dos compañeros de patio del ex tesorero del PP. Parece ser que se portó bien con ellos, a uno incluso le regaló un pantalón corto «de marca».

Tiene narices. Si les ha robado, a estos dos pringaíllos también les ha robado. Y no hay presunción que valga: el de Suiza es un dinero que no ha pagado impuestos, evadido al fisco, es decir, robado al resto de los españoles. Lo único presunto es que ese capital sea sólo suyo, porque no parece improbable que pertenezca a varias personas, o incluso al partido. Los «periodistas de desmentidos» se multiplican para afirmar que Bárcenas es un sinvergüenza que le robó al PP, que según este argumento queda como una pobre víctima. Después de todos los «indicios», para tragarse esa historia hay que ser muy fanático. Obviamente, los periodistas que la sostienen no creen en ella (¿cómo es que el PP no ha denunciado a Bárcenas todavía, como aseguraron en febrero que harían?), pero sirven para alimentar a toda esa gente que acude diariamente con las anteojeras puestas al bufet de pensamientos precocinados. Si de verdad se hubieran dejado robar esas cantidades, los dirigentes del PP serían unos totales ineptos, incapaces, tarugos de libro, así que esta alternativa exculpatoria no debería tranquilizarnos, entre otras cosas porque están en el Gobierno, manejando dinero público.

Citemos por ejemplo a Jorge Verstrynge, nada menos que secretario general de AP durante 7 años (AP eran las siglas del actual PP hasta el cambio de nombre de 1989, que Alianza sonaba «a lo de antes»), en una entrevista concedida a Eldiario.es:

 

No todo eso [el dinero de Suiza] viene de Gürtel, viene de más sitios. Estoy seguro de que no es todo de Bárcenas, actúa como banquero propio y de otros. Hay más gente implicada, sin ninguna duda. Son casi 4.000 millones de pesetas. No se puede sacar de un partido tanto dinero sin que se note, y menos un tío solo.

 

Esta entrevista es de enero de 2013. Después se desveló que en realidad llegaron a acumular al menos 48 millones de euros sólo en Suiza, casi ocho mil millones de pesetas. Conocemos que han estado moviendo cuentas desde que saltó la Gürtel en 2009, por lo que no hay que ser muy malicioso para extraer la conclusión de que lo descubierto es únicamente el remanente, el resto que ha quedado tras ocultar lo que pudieron durante estos cuatro años. Sabemos además que Bárcenas regularizó 10 millones mediante la infamante amnistía fiscal, y que Iván Yáñez, su testaperro testaferro, siguió haciendo transferencias a otros países hasta hace cuatro días (las pistas apuntan a EEUU, Reino Unido, Irlanda, Uruguay…), así que ¿a cuánto ascendería el botín? ¿Cien millones? ¿Mil? Hagan sus apuestas. Para que fuera exclusivamente de Bárcenas, afanado poco a poco de su partido, el ex tesorero, más que un mago de las finanzas, como quisieron aparentar hasta que se demostró que todo eso de las compraventas de cuadros y las inversiones bursátiles era una patraña, tendría que ser un mago, a secas, de los de gorro y varita.

 

Pero volvamos a los dos del principio. No es un caso excepcional. Aquel antiguo «orgullo obrero» se está convirtiendo a marchas forzadas en «orgullo esclavo». No hay más que ver el abyecto servilismo con el que la gente acude a apoyar a sus amos: Farruquito conducía sin carnet, sin seguro, atropelló mortalmente a una persona, se dio a la fuga e intentó incriminar a otro, ¡pero qué bien baila! Cuando Ortega Cano colisionó con su coche, causando la muerte del conductor del otro vehículo, iba como una cuba según el alcoholímetro y numerosos testigos, pero ¿cómo va a ser eso posible, un torero tan valiente? Y viudo de la más grande, pobrecito, bastante tiene ya. «¡Pantoja, guapa, Canta y no declares!»; «¡Messi, campeón, te queremos!»; «Castellón está contigo, ¡Fabra róbanos!»; «¿Pedófilo, nuestro cura? Imposible, eso no se ha dado nunca en el clero. ¡Nosotras le creemos, don Florencio! ¡Aquí tiene a mi nieto!». Y no sigo porque esto hay que terminarlo hoy.

Hemos superado aquello tan bajo, tan ruin de por sí, de «es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», para alcanzar el «vale, vive como un rey a nuestra costa, pero se ha fijado en para que le limpie las botas. ¿Te das cuenta? En mi lengua, y no en las vuestras». Vótame y sé sumiso, no importa que te apaleen si luego te pasan la mano por el lomo; y ya si dejan caer algún hueso de la mesa, el éxtasis canino. Esa humillación me revuelve las tripas. ¿No tenéis dignidad? Como dijo Morrison en el 69, en un mítico concierto en Miami: «You’re all a bunch of slaves», o «Sois una panda de esclavos».


Vídeo: Extracto de When you’re strange. Grandísimo documental sobre los Doors que os recomiendo. Si os gustó la peli de Oliver Stone, este os va a encantar.

Esta actitud lacayuna tiene un reverso tenebroso, un agravante comparativo. Cuando el investigado por un presunto delito es alguien de abajo, alguien sin fama ni poder, aunque no haya sido condenado y las pruebas sean infinitamente menos inculpatorias que las de los casos citados y otros que todos tenéis en la cabeza, entonces sí, entonces la rebelión de las masas, ahí la turba infame se emplea a fondo en insultarle a gritos, pide venganza, y lo despedazaría con sus propias manos si tuviera la oportunidad. Lo haría, no lo dudéis, sin darse cuenta de que estaría cayendo en el canibalismo, pero así se aliviaría su frustración. Mal de muchos, consuelo de oprimidos. Y ¿no sería mejor que emplearan esas energías contras los causantes de su opresión, contra los beneficiados por el favoritismo de un sistema corrupto y clasista? Por supuesto, pero para eso, antes tendrían que dejar de adorarlos con tanta devoción. Es factible atacar a un semejante, pero cuesta mucho revolverse contra un dios.

¿A ti tampoco te callan?

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