Hepatitis C: ¿solución o mentira electoral?

Saludos, lectores que podéis estar infectados sin saberlo. Hoy nos quitamos la mordaza para hacer un repaso de la extenuante lucha por la vida que los enfermos de hepatitis C mantienen con el Gobierno.

Artículo publicado en Kaos en la Red

 

Hepatitis C: ¿solución al fin o mentira electoral?

Se calcula que hay entre 500.000 y 900.000 afectados por hepatitis C en nuestro país, enfermedad que provoca más de 4.000 muertes al año en España. El virus de la hepatitis C (VHC) puede estar mucho tiempo latente, sin presentar síntomas, por eso se le llama «la enfermedad silenciosa». Como ocurre con el sida, no es lo mismo ser portador del VIH (seropositivo) que desarrollar la enfermedad. Por eso es tan importante detectarla a tiempo, no sólo para poder combatirla con más garantías, sino para reducir el riesgo de contagio. Y sin embargo, sólo hay 95.500 diagnosticados de Hepatitis C. ¿Qué hace el Ministerio de Sanidad para encontrar y tratar a los otros cientos de miles de portadores del VHC? Nada, actitud que contrasta con la campaña que está realizando el gobierno británico para dar con ellos y que la epidemia no se extienda.

Hasta la llegada del Sovaldi era poco lo que se podía hacer en los casos de infección crónica, los pacientes estaban abocados a terminar muriendo de cirrosis. Pero se ha hallado su cura, una magnífica noticia para la humanidad, como lo fue el descubrimiento de la penicilina, ¿no? Pues no, porque Gilead compró la patente y la comercializa a un precio que se calcula entre cien y trescientas veces superior al coste de producción, aunque como viene siendo habitual, la información que facilita nuestro Gobierno es confusa y escasa. Empezaron hablando de 60.000, después 40.000 y por último 25.000 euros por tratamiento, que ascendería hasta más de 40.000 euros al combinarlo con otros retrovirales imprescindibles. La Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria y ONG como Farmacéuticos sin Fronteras o Médicos del Mundo denuncian que el precio es exorbitante y abusivo (la multinacional obtuvo unos beneficios de 13.300 millones de dólares en 2014, por lo que ya ha recuperado su inversión en la compra de la patente), pero los enfermos son sólo cifras en este sistema salvaje, y las cifras no sufren ni tienen familia, las cifras se pueden borrar pulsando una tecla sin que nos quede mala conciencia. La diferencia es que aquí, en vez de «Supr» pulsan F3 o F4.

Nuestro Gobierno, como en el caso de los damnificados por la Talidomida, hincó la rodilla ante los intereses empresariales, y a las peticiones de sus ciudadanos condenados a muerte ha venido respondiendo que no podía ayudarles porque el medicamento es muy caro (recuerdo que somos el mismo país que desperdició 92 millones de euros en vacunas contra la gripe A).

¿Os imagináis contemplando impotentes cómo vuestra pareja se va marchitando mientras desde el Gobierno os dicen que no le pueden dar el medicamento que le salvaría la vida porque «no hay dinero»? ¿Imagináis escuchar eso sabiendo que los políticos viven de nuestros impuestos a cuerpo de rey, que se aburren tanto en sus puestos de trabajo (cuando acuden a ellos) que se ponen a jugar con las tablets que les regalamos; viendo cada día en el telediario cómo roban y roban y vuelven a robar y casi nadie paga por ello? Así, no me extrañan los comentarios que he recibido aquí y en las redes sociales a cuenta del artículo anterior: «si fuera yo, antes de morirme (o de que se muriera mi madre) me llevaba a alguien por delante». Me repugna la violencia y no voy a dejar que estos criminales de corbata me cambien, pero entiendo a quienes se expresan de esta forma.

 

Sus lemas: No tenemos tiempo y Tratamientos ya

Pero por desgracia para el Gobierno, detrás de los números hay personas que no están dispuestas a quedarse esperando como corderos que van al matadero. Constituyeron la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C (PLAFH), y entre otras actuaciones, varios de sus miembros mantienen un simbólico encierro de protesta en el hospital 12 de Octubre desde hace más de dos meses.

Me gustaría decir que los enfermos han contado además con la colaboración de la Iglesia católica y de los mal llamados «provida», que se han echado a la calle para defender, esta vez sí, a quienes verdaderamente lo necesitan, ajenos a intereses políticos. Pero mentiría.

 

Ante esta presión y tras diez meses de criminal demora, el Ministerio de Ana Mato respondió aprobando un insuficiente gasto de 125 millones de euros, lo que hubiera cubierto apenas al 5 % de los diagnosticados (125.000.000 entre los 25.000 euros de los que se hablaba entonces daría para 5.000 tratamientos, y hemos dicho que hay 95.500 diagnosticados). Ciento veinticinco millones pueden parecer muchos, pero es una cifra insignificante comparada con las decenas de miles de millones de euros entregados a la banca.

Como en todo este tiempo ha muerto y sigue muriendo gente por no recibir su tratamiento, la PLAFH interpuso el mes pasado una querella criminal contra la ex ministra de Sanidad, Ana Mato, el actual ministro, Alfonso Alonso, y Gilead, entre otros, denuncia que ha venido a sumarse a la del (ex) PSOE de Madrid.

Finalmente, la movilización ciudadana ha dado sus frutos (aunque me temo que algo habrá tenido que ver también que estemos en año electoral): ayer compareció el ministro Alonso para informar de que han aprobado un gasto máximo de 727 millones en los próximos tres años para tratar a la mitad de los diagnosticados, los 52.000 que están en el estadio más grave de la enfermedad, los que ya no tienen tiempo que perder. Increíblemente, en su comparecencia volvió a omitir el precio pactado con las compañías. Sin embargo, con las pistas que ha dado podemos hacer cuentas: 727 millones entre 52.000 pacientes serían unos 14.000 euros por tratamiento. Pero a saber (viva la transparencia).

Tampoco han aprobado una partida presupuestaria concreta, pasándoles en cierto modo la pelota a las comunidades autónomas, aunque con la promesa de que «el Ministerio de Hacienda dará garantía de que van a tener suficiencia financiera». Espero que no ocurra como con la Ley de Dependencia.

Los enfermos no acaban de fiarse («ya nos han mentido muchas veces»). Advierten de que van a seguir encerrados y protestando hasta que todos aquellos a quienes se les ha prescrito la medicación reciban su tratamiento. Hoy mismo han entregado 200.000 firmas en el Congreso, y el próximo 1 de marzo tienen convocada una marcha en Madrid.

 

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Cajas de firmas entregadas en el Congreso. Crédito: PLAFH

 

Todo esto por un medicamento que si fuera genérico se podría comercializar a cien euros. Si mañana se descubre una vacuna o una cura contra cualquier tipo de cáncer, ¿se le suministrará únicamente a quienes la puedan pagar? No hay que hacer un esfuerzo demasiado grande para visualizar ese cruel escenario.

La solución no pasa por comprar tratamientos para todos al precio que pida Gilead y arruinar el Sistema Nacional de Salud, sino por obligar (que puede hacerse legalmente) a que se comercialice el medicamento a un precio razonable. Pero aquí nos encontramos una vez más con políticos que anteponen los intereses empresariales a los de la ciudadanía.

 

Imagen de cabecera: Malagón

 

Primera parte de este artículo: Asesinados a través de un agujero

 

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17 sin mordaza

  1. De nuevo Salva nos señala la luna. ..

    Como no os supongo aficionados al marketing, os cuento que hay distintas estrategias de fijación de precios. La elegida por Gilead es la de oferta al precio que creen que está dispuesto a pagar el cliente por el producto, con total independencia del precio de coste. Es especialmente repugnante porque implica decidir el precio de vidas humanas, pero lo enfocarán de acuerdo con la teoría de juegos y se olvidarán de qué están hablando.

    Como muy bien apunta Salva, otros países están combatiendo esta estrategia con demandas colectivas (EEEUU) o negación del registro de la Patente (India).

    Mi aplauso a los enfermos por su lucha, y esperemos que tras un vuelco electoral en Andalucía las CCAA y el ministerio de Sanidad se humanicen por la vía del miedo.

    Saludos, y gracias de nuevo a nuestro sacudidor de conciencias.

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    1. Yo no se mucho sobre marketing o economía, pero una ley básica para, sobretodo, fijar precios, ¿No es la oferta/demanda? Y en este caso la demanda es muy alta y tiene mucha urgencia.

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      1. Las patentes permiten crear situaciones de monopolio en el que la demanda está cautiva y a expensas de la estrategia de fijación de precios del ofertante. Éste es un caso extremo, pero piensa en oligopolios como la energía, o la alimentación dónde unas pocas empresas empiezan a dominar mediante patentes las semillas que utiliza la agricultura industrializada (curiosa paradoja). O a dominar el sistema de distribución (Carrefour, Mercadona, …), que lo mismo nos atrapa.

        Viene esto a cuento de lo que comentábamos en el post anterior. Cuando la empresa hace abstracción de que su mercado son enfermos terminales (y la hace, no lo dudéis) puede fijar sus precios mediante la aplicación de una simple función matemática que le permite maximizar su beneficio. Condenando a muerte a quienes no puedan pagar su precio, pero de eso las matemáticas no saben.

        ¿Por qué me enrollo tanto? Porque hay poca o ninguna esperanza de que nuestros administradores sean capaces de romper esta dinámica, así que tendremos que ser los ciudadanos quienes pongan en las narices de esos sociópatas las consecuencias de sus actos. Y cuantos más ciudadanos entendamos cómo funciona el sistema, antes se abrirán las grietas.

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        1. Es así, nadie puede apropiarse de un producto necesario para venderlo al precio que le dé la gana. Y si el producto es un medicamento que salva vidas, ya ni te cuento.
          Aunque también está prohibido que las petroleras pacten los precios, lo siguen haciendo y nadie se atreve a levantarles la voz.

          Francia propuso en julio crear un grupo de países que presionara en conjunto a la farmacéutica para que rebajara el precio del medicamento, pero la UE votó en contra de la propuesta.

          Como dice Vicente, Gilead vende el tratamiento a precios muy distintos atendiendo al PIB de cada país y según sus cálculos de lo que cada nación puede llegar a pagar. Como se lee en la querella de la que hablamos en el artículo:

          «Cuando Gilead lanzó al mercado el Sovaldi, el precio fijado por tratamiento variaba entre los 69.000 euros para EEUU, 43.500 euros en Francia, 25.000 euros en España o 750 euros en Egipto».

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  2. Cierta concejal del PP, en referencia a las protestas de los enfermos de hepatitis C, dijo lo siguiente: “Pretenden que este medicamento se reparta como si fuesen caramelos, aquí quieren que se reparta cueste lo que cueste”.
    Estos individuos no tienen conciencia ni la tendrán nunca, aunque por otro lado… ¿qué puede esperarse de los integrantes de un partido cuyo fundador fue exministro de Franco?

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    1. Sí, hice referencia a las repugnantes declaraciones de esta mujer en el artículo anterior. Ángeles Martínez Jiménez, se llama la buena señora. Concejal de Fuenlabrada.

      Por supuesto, el PP salió como un solo hombre a apoyarla.

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    1. Quiero pensar que no, otra cosa es la imprevisible reacción «en caliente». Como en lo que os cuento de los cachorros en el artículo anterior: seguramente lo más sensato y efectivo hubiera sido buscar a un adulto y contarle lo que estaba ocurriendo, pero…

      Mucha gente lo ve así, pero el año pasado murieron 4.000 personas de hepatitis C (por no hablar ya de las víctimas de los desahucios, de las preferentes…) y nadie se ha tomado la justicia por su mano. Por suerte (otros opinan que por desgracia), no vivimos en una peli de Charles Bronson.

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  3. Se tendría que prohibir hacer de la salud un negocio, o de otras necesidades básicas (energía, comida, etc…) pero entonces no sería capitalismo

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    1. Totalmente de acuerdo, no se deberían permitir las situaciones de monopolio u oligopolio en la oferta de recursos estratégicos. Eso sería el capitalismo humanizado al que parecía tender Europa… hasta que llegó la revolución neoliberal.

      Y no sólo en temas de salud, también energía, educación, atención social, … Porque la ausencia de cualquiera de estos servicios mata, aunque no siempre deje cadáveres.

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      1. Yo también estoy de acuerdo con los dos. De hecho, mañana sacaré una entrada sobre este tema (centrada en la Sanidad, aunque lo mismo valdría para el resto de servicios que menciona Vicente).

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  4. ¡Que asco!! Asco de gobernantes, farmacéuticas, directivos, empresarios y todo/as los que se mueven solo por dinero.
    Somos personas, no números ni estadísticas, como bien dices.

    Tengo, tenía, un amigo afectado de Hepatitis C. Se contagió a finales de los 80’s cuando, por sacarse un dinerito extra, se hizo donante de plaquetas sanguíneas. Él sabía que estaba enfermo y se medicaba con lo que había, aunque era consciente que su tratamiento era crónico y que no podía descuidarse para que su hígado estuviese más o menos estable y no derivase en cirrosis.
    Desafortunadamente falleció hace casi dos años, así que quisiera dedicarle tu entrada:
    Xavi, lucharemos en tu nombre para ayudar a otros enfermos como tú.

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    1. Para asco, el que da este tuit: https://twitter.com/isaacj/status/551853307980152833

      Este compasivo montón de estiércol que se define como cristiano y liberal (otro), no cae en el pequeño detalle de que muchísimos se infectaron por transfusiones en los ochenta. Como dice la querella de la PLAFH:

      «La ausencia de controles durante décadas ha propiciado que la gran mayoría de afectados lo hayan sido por haber sido transfundidos, es decir, el propio Estado ha propiciado la pandemia».

      Sea, pues: por Xavi.

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      1. Salva, tienes toda la razón: el tuit además de asqueroso, es de una ignorancia absoluta.

        Yo no tengo ningún pudor en reconocer que alguna vez me he hecho un análisis de sangre para detectar, aparte de cualquier anomalía, alguna enfermedad como la hepatitis o el VIH. Y recomendaría a toda la población hacer lo mismo, pues nunca sabes dónde ni cómo te puedes contagiar.

        ¡Por Xavi!!

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      2. Actualización (31/03/2015). Este valiente ha borrado su tuit (tras muchos meses de defender lo escrito y decir que no tenía por qué eliminarlo). Lo publicó el 4 de enero de 2015 desde su cuenta @isaacj, y decía:

        “El 60 % de los infectados por hepatitis C es por consumir drogas vía intravenosa y el 15 % por irse de put*s. Y tenemos que pagar”.

        Responder
  5. ¡Gracias por la información!!

    No sé si lo ha borrado presionado o voluntariamente, pero la cuestión es que ya no tendremos que soportar a otro ignorante como @isaacj, hasta que se le ocurra otro tuit de este calibre, que ya bastante tenemos con todos los impresentables que campan a sus anchas por Twitter…+

    Un saludo.

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