Hasta que las elecciones nos separen

Bueno, pues al final (esto va un poco sobre la marcha), creo que voy a ir colgando algunos de los artículos que he publicado durante los últimos meses, porque me hace ilusión tenerlos reunidos en el blog (ya veis qué fácil es tenerme contento). Del mismo modo, subiré algunos que en su momento no envié a ningún periódico, bien por ser demasiado largos, o «fuertes»... o porque estuviera yo a otra cosa.
   Seguro que así infrinjo alguna grave norma de SEO, pero qué le vamos a hacer. De todas maneras, y por desgracia, la mayoría de los artículos siguen estando de actualidad aunque los escribiera hace algún tiempo (también es verdad que el más antiguo tiene seis meses).
   Por supuesto, los iré intercalando con los que vaya escribiendo ahora, y en cuanto cuelgue los artículos de «crianza» (que no llegarán a 15), ya serán todos «frescos», oigan, que me los quitan de las manos, ¡señoooooooora!
   Este, por ejemplo, es el último que he publicado en La Opinión de Murcia, del día 3 (aún huele a nuevo):

 

A veces, en la atalaya del Gobierno escuchan un lejano piar: es la ciudadanía pidiéndoles desde abajo que dejen caer alguna migaja del festín que se están pegando a nuestra costa. Porque, al contrario de lo que sucede con las aves, aquí somos nosotros, los polluelos pagadores de impuestos, quienes traemos la comida y se la entregamos a nuestros políticos para que ellos la administren. Y así nos va. En los raros momentos en que oyen la llamada de los pajarillos hambrientos, el Gobierno despacha todos sus desmanes, desde las corruptelas hasta el incumplimiento del programa electoral, pasando por las numerosas ocasiones en las que han sido sorprendidos en sucesivas mentiras encadenadas, con la cansina cantinela del «legítimamente elegido en las urnas». Pero cuando el clamor es tal que perturba el letargo de sus señorías, cuando ven peligrar sus inadmisibles privilegios, pasan a defenderse de las más que lógicas protestas mediante el ataque feroz, acusando a aquellos que se atreven a pedir una política menos pringosa y una democracia más participativa de nazis, terroristas, antisistema, radicales… La cosa es más o menos así:

—Oiga, por favor, no me robe.

—¡Nazi!

 

—La Justicia, ¿no debería ser igual para todos?

—¡Antisistema!

               

—Los políticos habrían de estar al servicio del pueblo.

—¡Terrorista! ¡A mí la autoridad!

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Foto: Eldiario.es / Marga Mas

En esas situaciones también se abalanzan prestos a enarbolar el argumento de que gobiernan porque les han votado (sólo faltaba), y que gozan de mayoría absoluta, como si eso fuera patente de corso para hacer y deshacer lo que les venga en gana. Así ha ocurrido en la marea verde del domingo en Baleares: a pesar de ser la mayor manifestación de la historia de las islas, los aludidos la han despachado con el peregrino argumento de que al PP lo votó más gente de la que ha salido a manifestarse.

Si un maltratador, llevado por su mujer a juicio, expusiera en el mismo que la víctima se casó con él voluntariamente, encontraríamos el alegato, además de obsceno, absurdo, ¿verdad? Un contrato matrimonial no da derecho a maltratar a la pareja, del mismo modo que un puñado de votos, ni siquiera una mayoría absoluta, debiera ser nunca un talonario en blanco con el que se les permita emitir cheques a su antojo durante los años que resten hasta la próxima cita electoral, único momento en el que volverán a «escuchar» a los ciudadanos.

Podemos y debemos protestar, faltaría más. Una urna no es nada sagrado, una urna no es el arca de la Alianza, ni los políticos son, como el cofre del Antiguo Testamento, intocables. Es más, estaría justificado incluso el poner en entredicho la tan cacareada «legitimidad» de este Gobierno, porque si el PP se hubiese presentado a las elecciones advirtiendo de que pretendía llevar a cabo una dura reforma laboral, subir los impuestos, privatizar la sanidad, atacar a la educación pública, asfixiar a los científicos, convertir la religión católica en evaluable, volver a transformar RTVE en un aparato de propaganda del partido, aprobar una amnistía fiscal para los defraudadores, etc., igual no hubiera obtenido esa mayoría absoluta. Es más, tal vez no estarían en el Gobierno. Ellos lo sabían, claro, y por eso lo ocultaron.

Los votantes dan su consentimiento el día de las elecciones. Si dos años después de la boda la mujer ya no tiene duda de que el marido la engañó durante el noviazgo, regalándole el oído con mil promesas para hacer después todo lo contrario, y además la agrede y se gasta el dinero de ambos con sus amigotes, ella está en todo su derecho de disolver ese matrimonio. Pero es que si los programas electorales valieran para algo más que para derrochar alegremente el dinero del contribuyente en faraónicas campañas, ese matrimonio debería declararse nulo. Durante demasiado tiempo infinidad de mujeres han tenido que aguantar de todo por culpa del «hasta que la muerte nos separe», aunque afortunadamente eso está ya casi superado (en España). Luchemos porque tenga sus días contados también el igualmente fatídico juramento de «amar y respetar a tu Gobierno, en la honradez y la corrupción, en la burbuja inmobiliaria y en la crisis, todos los días de la legislatura, hasta que las elecciones nos separen».

 
Música: Hasta que tu muerte nos separe, de Mago de Oz
El dibujo de cabecera es un regalo de Ali Mantisas.

2 sin mordaza

  1. Lo primero, te felicito por tu blog Salva!

    Los votos se contaminaron desde el mismo día que en que algunos próceres de la patria se pasaron por el arco del triunfo cualquier compromiso adquirido en las urnas, cuando no hicieron caso ni de mayorías ni minorías ni de gobernaremos para todos.
    Lo de donde dije digo, digo Diego porque es causa de herencias anunciadas, porque es lo que hay y porque es lo que nos mandan, no hay otra, parece que justifica la carta blanca que los (des)gobernantes se han concedido para hacer y deshacer sin más explicaciones ni responsabilidades.
    Las prebendas y las bulas son cosas de otros tiempos, o deberían serlo. Los votos son otra cosa.

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    1. ¡Mi primer comentario! (Chispas -na, chiste pa los viejunos-).
      Gracias por el piropo, y por “estrenar” el blog. Eso sí, Señor WordPress, es una, no uno, unA que no se calla… En fin, Dios bendiga al HTML.
      Tenemos que irnos acercando pasito a pasito a lo que piden algunos, que el programa electoral sea más parecido a un contrato vinculante. Es que hemos llegado a un punto, que no es ya “donde dije digo, digo Diego”, como tú muy bien comentas, sino “donde dije digo, digo Rodolfo”.
      Gracias de nuevo por tu comentario. ¡Y bienvenida!

      Responder

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