Fútbol killed the radio star

Saludos, amantes del «deporte rey». Hoy me quito la mordaza para señalar que tal vez nos estemos excediendo un poco con la dosis diaria de fútbol.

 
 

Artículo publicado en eldiario.es

 

Estoy de las sesiones de no-investidura de Pedro Sánchez hasta aquí, así que he tirado de mi vieja carpeta de cartón, hinchada de papelotes y rotulada con un inteligente título, paradigma de la originalidad de su dueño: «Para escribir». Ahí voy metiendo cosas que se me ocurren, notas que luego se convierten en artículos, cuentos o lo que sea. El soporte documental de las notas es de lo más variopinto, desde papel de periódico hasta propaganda de supermercado o clínex. Lo que tenga al alcance, si me pilla sin mi libreta encima.

A veces hago como Buenafuente y Berto en Nadie sabe nada: meto la mano en la carpeta-urna y saco un papel al azar. Hoy los dedos han elegido una servilleta de bar con las siguientes palabras garabateadas en ella: «Sábado, 20 de febrero de 2016. Fútbol por cojones».

Os lo cuento.

 
 

Jartos de aguantar

Nos comimos por ahí un arroz a la leña, con conejo y caracoles. Lo preparan con sarmientos, lo que le da al arroz un toque ahumado espectacular. Lo sirven en una paellera muy grande para que el arroz no tenga más de un dedo de alto. De esa forma se pega un poco al fondo, quemándose ligeramente, dándole un delicioso toque crujiente (siento si estás leyendo esto con hambre).

Eso lo acompañamos con media botella de vino por cabeza, que unido a la buena conversación, las risas, el chupito de pacharán y el asiático de rigor (en los pocos sitios donde lo hacen bien, es obligado pedírselo), nos dejó con ganas de seguir la fiesta.

Tras la sobremesa, fuimos a un local donde ponen buena música. Una rara avis, en los pueblos de esta zona priman los pubs de música comercial o chunda-chunda. El dueño, de mi quinta, excompañero de instituto, se lo curra pinchando. Desde Sisters of Mercy hasta Billie Holliday, pasando por El último de la fila o Jamiroquai. A ratos te gustará más, a ratos menos, pero allí no escucharás a ___________ (espacio a rellenar con el ejemplo chungo que queráis).

Tiene tres pantallas grandes situadas en puntos estratégicos donde coincide la imagen con lo que está sonando. Es lo lógico, ¿no? Pues en la mayoría de los bares de copas puede estar sonando Michael Jackson mientras ponen en la tele sin volumen un videoclip de Coldplay. A mí eso me crea disonancia, nunca lo entenderé. Esa es una de las razones por las que me gusta este bar: si al escuchar In-A-Gadda-Da-Vida busco con la vista la pantalla, me encuentro a los Iron Butterfly de finales de los sesenta, y no a Pablo Alborán.

Y hay horas de funky en las que se puede uno desfogar bailando, en lugar de tirarse toda la noche levantando el codo y dándole al palique como un abuelete.

 

Hacía frío, y sobre todo mucho viento. De camino a nuestro bar pasamos por delante de otro, de esos con terrazas semicubiertas de plástico. «No me jodas, ¿es que hay fútbol?» Dijo alguien, temiéndose lo peor. Y sí, lo había. La tele de la terraza reproducía a volumen muy alto el inconfundible, desagradable murmullo del locutor.

Al llegar a nuestro destino, que también tiene su propio invernadero de fumadores, de nuevo esa imagen: los pobres yonquis de la nicotina mirando a la pantalla verde, encogidos, tiritando mientras apuraban sus cigarros, y de sonido ambiente el ruido de la tele mezclándose con el aleteo de la cubierta de plástico, pladpladpladpladplad.

«Igual dentro…» Pero la frase nació muerta, pronunciada sin esperanza. Uno de nosotros entró al bar y volvió a salir inmediatamente, con las palmas hacia arriba, con un elocuente gesto de resignación atea. Porque en España, si eres ateo y no te gusta el fútbol tienes un máster en Resignación. Por ejemplo: si toca uno de los partidos «decisivos», abren el telediario con eso, directamente. Luego un poquito de las noticias secundarias, que si otra trama corrupta del PP, que si el «drama» de los refugiados, y enseguida los deportes (les llaman así aunque sólo hablen de fútbol) donde, cómo no, vuelven a informar del partido, esta vez «en profundidad» (?) Cualquiera diría que las evoluciones de veintidós tíos jugando dan para una tesis doctoral.

Y eso es lo de menos (hace tiempo que esquivo los telediarios), lo peor es que en el fútbol, como en la Iglesia, se va una fortuna de dinero público. Mucho más que en el cine, aunque la manipulación mediática haya conseguido que sean estos los que lleven la etiqueta de «subvencionados».

Aprovecho para destacar algo que me hace mucha gracia: hay un sector de activistas de izquierda que se quejan de que programas como Sálvame o Gran Hermano «embrutecen» a la ciudadanía, los mantienen atontados, pan y circo. Y una vez que han dicho esto, se sientan frente a la tele a ver El Chiringuito. ¡Si es lo mismo!

 

Entré a saludar al dueño. Dentro del local era igual que fuera, fútbol en las tres pantallas. Y ni siquiera es que dejaran la imagen con la música de fondo, no: fútbol en la tele, fútbol en los altavoces, fútbol, fútbol, fútbol, que diría Manu Chao (la letra de esa canción es para enmarcarla).

Tiene narices. Ya hay un montón de bares «de viejos» donde los futboleros pueden ir a ver el partido tomándose un vermut y gritando cosas como «¡uy!», «qué golazo» e insultos varios. Pero no, tienen que asaltar también los pocos bares distintos que resisten al invasor.

El dueño me dijo lo de siempre: la pela es la pela, Salva. Esa gente se pasa tres horas o más (entre la hora y media que dura el partido, la previa, lo de después…) tomando copas delante de la tele. Y vienen en manada. Los que queréis escuchar música a las seis de la tarde sois minoría. Eso luego, por la noche…

—Si no hay un partido del siglo.

Bromeé, pero ¿qué podía decirle? El negocio es suyo, y tiene que pagar las facturas.

Nos fuimos a otro bar, y lo mismo. Y además hacía frío, ya os digo, no era la tarde más agradable para ir paseando por ahí como la cerillera en busca de abrigo. El asiático calienta, pero no hace milagros. Así que bajamos el listón hasta conformarnos con un bar que pusiera música. Nos valía incluso Melendi. Un hombre tiene que saber aceptar la derrota.

Y allí estábamos, buscando un bar al estilo Reincidentes, hasta el punto de que llegamos a cambiar de provincia, cruzando de Murcia a Alicante. No miento, pero tampoco juego limpio: estamos en la frontera, para cambiar de provincia apenas hay que desplazarse.

Tras otro intento fallido entre risas («debe de ser la Final de la Liga Milenaria de los Cinco Continentes»), decidimos continuar la fiesta en casa. Escogimos nuestra propia música (ese día sonó mucho Pablo Und Destruktion) y de paso nos libramos del garrafón. Sin haberlo planeado, resultó una tarde-noche memorable: como esas ocasiones en las que sales a tomar algo «de tranqui» con la intención de volver pronto a casa y terminas bailando encima del techo panorámico del coche de tu amigo.

 

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Salva bailando sobre un coche con techo panorámico -Verano de 2015


 

Música: Campeones, de Factor Canadá

 
Imagen de cabecera: Nacho Vegas marcándole un gol a Pablo Und Destruktion
 

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17 sin mordaza

  1. Leyendo tu artículo me ha venido a la mente algo que dijo Anguita a finales de febrero: “España es un país que se pone delante de un toro, pero que ve un libro y sale corriendo”. Sustituye “se pone delante de un toro” por “se emociona viendo a 22 millonarios pegándole patadas a un balón”. Pues eso.

    PD. No es por criticar, pero el artículo se me ha hecho corto. Parece que lo hayas dejado a medio terminar (o quizá solo es cosa mía, pues ya estoy acostumbrado a tus ‘tochos’)

    Un saludo ;)

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    1. Si es que os tengo muy mal acostumbrados, jeje.

      Pues no sé, hay veces que me veo en la obligación de «forzarme» a cortar el artículo cuando llevo tres o cuatro mil palabras, y en este, en cambio, con menos de la mitad ya me he quedado con la sensación de haber dicho lo que tenía que decir. A fin de cuentas, no se trataba más que de manifestar mi «disgusto» (la palabra es un poco gruesa, no hubo ni hay realmente tal disgusto, estoy más que acostumbrado; resignación, ya os digo) por este empeño en meternos el fútbol por las orejas a todas horas.

      Quizá tienes esa sensación porque no he terminado con una conclusión o moraleja, pero a veces está bien dejar que cada cual saque la suya. En cualquier caso, la mía vendría a ser que siempre quedan islas para naufragar, que ni el fútbol ni la política ni la «cultura» de masas pueden con todo.

      Y si se quiere darle un enfoque más filosófico, la moraleja sería que en ocasiones nos cegamos, nos obcecamos, sin darnos cuenta de que a veces, con sólo tomar una pequeña bifurcación nuestra vida puede dar un cambio a mejor. Y aquí no estoy hablando ya de fútbol, música ni bares.

      P. D. También he usado el artículo para dejar unas cuantas pistas de cosas que me gustan: el programa Nadie Sabe Nada, el café asiático, el vino (aunque eso ya lo sabíais), el pacharán… Y diez grupos de música (en cuanto a Reincidentes, además de Jartos de aguantar meto también, mucho más sutilmente, la canción Vicio) ; )

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  2. En serio, Salva, dedícate a esto. Haz un recopilatorio de estos retratos costumbristas, o incluso un libro, que eres poco menos que el Ferlosio del siglo XXI.

    Dicho esto, yo no tengo ni repajolera de fútbol, ni de ningún deporte en particular. No me gusta verlo, no me interesa. Pero sí me gusta observar el ambiente pintoresco que se crea, como un espectador: las caras absortas, los caliqueños en el cenicero, los gritos, las ovaciones, los comentarios, esa pasión que le echan, el olor que flota en el aire a fritanga y cerveza… es un conjunto de todo, tan nuestro, tan patillero, que al final se me antoja entrañable.

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    1. Sí, a mí me pasa igual. Hay muchas cosas que no me gustan, pero a la vez me atraen. Imagino que algo así les ocurre a los aficionados a las películas de serie B.

      Pérez-Reverte lo dice muy bien: es una experiencia fascinante quedarse en una terraza o un paseo, con un libro o periódico en las manos como una excusa, un parapeto que nos permita observar a la gente. Como ya dije en otro artículo, los que escribimos nos alimentamos un poco de eso, como inofensivos vampiros.

      Gracias, David : )

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  3. ¿Chupito de Pacharán? Luego no te quejes si te llaman abuelo Salva.

    No está reñido ser de izquierdas con que te guste el fútbol, el fútbol como deporte, no todo la parafernalia que se monta a su alrededor, todos esos programas de deportes, los cuales veo alguna vez (me encanta ver el nivel de ridiculez al que llegan). No me gusta que se usen fondos públicos para financiar los chanchullos de ciertos mandatarios que usan el fútbol para lucrarse. No me gusta la prensa deportiva, la otra tampoco. No me gusta los fanáticos futboleros, no me gusta los fanáticos en general.

    ¡Sabía que no me fallarías con Reincidentes!

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    1. Por supuesto que el fútbol no está reñido con ser de izquierdas, ni tampoco con ser intelectual. Ni distingue de edades o sexos. Ese es el problema, que la «infección» está por todas partes. Por eso la frase de Anguita que nos deja Nemo arriba habría que cogerla con pinzas. Javier Marías es muy futbolero, por citar sólo uno, y no creo que huya de los libros. Y a muchos de los que me leéis (la mayoría, imagino) os gusta el fútbol.

      Cuando menciono a ese sector de izquierdas, no es su ideología lo que les hace incoherentes, sino el hecho de criticar Sálvame y sentarse a ver El Chiringuito, que es exactamente la misma basura televisiva.

      Hablando de sexos, y puesto que ayer fue el Día Internacional de la Mujer, confieso que esta es una de esas cosas que me da bajona: en lugar de que la mujer se haya llevado al hombre a su terreno, la «igualdad» ha consistido en que ellas se unan también al club de amigos de la pelotita. Y lo mismo se podría decir de la adicción al tabaco: ellas fumaban mucho menos que los hombres, y lo que se ha logrado es que el porcentaje de mujeres fumadoras aumente.

      ¡Jaja! Qué bueno lo del pacharán, qué cabronazo. ¡Te lo he puesto a huevo! Me lo dicen mucho, sí, pero en cuanto a chupitos, es lo único que he probado que me gusta (me aficioné a raíz de un viaje a San Sebastián): el clásico orujo de hierbas lo detesto.

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      1. Salva, ¿no has probado el Herbero? Se hace en la Sierra de Mariola, al norte de la provincia de Alicante y no es muy conocido, pero está dulcísimo. No hay nada mejor para después del café xD

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  4. Roberto López Zalbidea 09/03/2016 a las 19:51

    Amigo Salva: el costumbrismo lo bordas..!

    Creo que el fútbol, y en ocasiones la política, tienen que ver con recuerdos de la infancia: lo que hayas compartido con tus padres de pequeño… Y así

    Un poco de distancia crítica no viene mal en ningún caso, desde luego.

    Éste es un gran camino de narración creo yo. Congratulations!
    ;))

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    1. Si os hago caso a David y a ti, dejo de escribir de política. No me costaría mucho, me gusta más hablar de estas cosas.

      Seguro que los recuerdos de la infancia influyen. Mi padre no es futbolero, creo que mi casa era la única, de todas las de mis amigos, en la que no se había visto un partido por la tele nunca. Ni siquiera de la Selección. Nada, ni otros deportes tampoco, como decía David.

      A propósito de los fanatismos de los que se queja arriba Miguel, voy a contaros otra pequeña anécdota «costumbrista»:

      Debía de tener yo unos 18 años. Acababa de terminar un Barsa-Madrid, que por lo visto habían ganado los segundos. Era de noche, más bien tarde. Iba caminando a casa de mi abuela (parece esto el cuento de Caperucita, pero es que es así), cuando oí acercarse por detrás un coche celebrando la victoria. Esa es otra de las cosas que me dan bastante rabia del fútbol: termina un partido «importante» y tiran petardos, salen con las motos y los coches gritando y tocando el claxon, sea la hora que sea.

      Pues estos eran de esos: al pasar por mi lado pitaron y me dedicaron un festivo grito por la ventanilla, «¡Yeeeeeeeh!» No les hice ni caso, por aquel entonces estaba bastante empanao (ahora tampoco es que haya mejorado mucho la cosa). Pues los tíos se ofendieron de que no me uniera a la celebración, pusieron el coche a mi paso y empezaron a insultarme: «¡catalán de mierda!», me gritaban, dando por hecho que si yo no me unía a su berrea, es que era del equipo contrario. No pensaron ni por un momento que no fuera de ninguno de los dos equipos, o incluso que no me gustara el fútbol. Sacaban bufandas del Madrid por la ventanilla, para que las viera bien. Seguí ignorándolos, un poco acojonado (eran cinco treintañeros, aparentemente ebrios de algo más que felicidad) y al poco se fueron con un tirón brusco del coche, gritando «¡Te jodes, 5-0!» (no recuerdo el marcador, pero algo así).

      Tiene cojones, pensé. Estos cinco energúmenos han podido bajar del coche y hacerme pasar un mal rato por un puto partido de fútbol que ni me va ni me viene.

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      1. Roberto López Zalbidea 11/03/2016 a las 9:46

        Sí. Efectivamente. Lo que cuentas también tiene un punto “infantiloide” o quizá sea mejor decir básico, o incluso, “cavernícola”. Por eso creo yo que toda esta pasión -y en ocasiones, también la pasión política, o por los toros, etc, etc- provienen de la infancia. ¡O quizá de la mera “animalidad”, directamente! ¿Deberíamos saber esto? No vendría mal coger ya de adultos una sana distancia crítica, ya digo… Estoy seguro de que la mayoría adoptan/adoptamos dicha actitud distanciada. (¡Ojalá más actitud crítica en general, y en unos casos más que en otros, desde luego!) En algunos individuos, parece ser que el manejo de emociones es diferente al que tienen, o tenemos, otros. O bien las prioridades son diferentes. El poder ha usado tradicionalmente -‘panem et circenses’- sentimientos de este tipo para canalizar las emociones básicas que podrían escapar inopinadamente de las costuras de vidas quizá ya de por sí muy encorsetadas… No lo sé. ¡Pero mucho me temo que también se utiliza desde corporaciones, gobiernos y algunos ‘mass media’ la manipulación de instintos y sentimientos de todo tipo con el fin de, por ejemplo, cosechar votos!

        Y sí. ¡Te animo que te lances sin tapujos al costumbrismo, que también se te da de maravilla!
        Saludos, Salva
        ;)

        Responder
        1. Hablando de Panem et circenses, había titulado este artículo como la canción de Def Con Dos: Poco pan y pésimo circo, pero lo cambié en el último momento.

          Un gusto leerte de nuevo por aquí.

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  5. Soy ateo de toda la vida del señor. Lo juro por Dios. No he fumado en mi vida, pero he vivido con cinco fundadores toda mi infancia y juventud y puede que tenga recuerdos de la nicotina. Ni tan siquiera cigarrillos de la risa. Aunque no quiero morir sin probar uno. No bebo nada. Bueno, miento como buen ateo sin remordimientos. Más bien bebo entre nada y muy poco. Y el fútbol no sólo no me gusta, sino que lo detesto. Por desgracia lo tengo que sufrir en el trabajo. Y para colmo de males soy zurdo y de izquierdas. Bueno, en cuestión de habilidades soy ambidiestro, no así en los ideales, que soy muy zurdo. Tengo todas las papeletas para ser un apestado social pero no lo soy y soy feliz. Solo me sale la vena sociópata cuando hay aglomeración de gente. Hecho al que atribuyo que no me guste el fútbol, entre otras cosas, y los bares por juntarse todas mis manías en un sólo sitio.

    Buen artículo, Salva.

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  6. Yo no sé si cuento como lectora a la que el fútbol le aburre hasta la saciedad por eso de que se supone que las mujeres llevamos de serie el que no nos guste el deporte. Mi marido es algo aficionado, pero cada vez menos; no sólo no me ha hecho una conversa futbolera si no que yo he logrado que cada vez lo siga menos.

    He sido deportista toda la vida, pero lo que realmente me gusta es el baloncesto, que es lo que más he practicado y que me gusta ver (sólo buenos partidos de la selección y la NBA cuando juega Gasol, que es mi debilidad).

    También me pregunto constantemente cuando veo el telediario que para qué llamar a una sección “deportes” si en realidad es entre un 99% y un 100% fútbol. Las celebraciones con pitidos de claxon y petardos después de un “clásico” me irritan, más aún teniendo en cuenta que es ilegal tocarlo en ciudad salvo peligro, pero eso las autoridades se lo saltan porque en España todo lo que sea tradición y costumbre pertenece al género de lo intocable ?

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  7. Hablando de lo que rodea al fútbol, supongo que habréis visto esto: los típicos aficionados borrachos, tirándoles unas monedas al suelo a unas mujeres que pedían, para reírse de ellas. Consiguen incluso que hagan flexiones a cambio de unos pocos euros. A mí me ha quemado la sangre verlo.

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