Trabajas más que un funcionario

 

Hoy me quito la mordaza para quejarme de la incomodidad de mi trinchera política: es estrecha y huele a rancio, y si levantas la cabeza para respirar te acribilla el fuego amigo.

 

Nunca he votado con ilusión. Ya lo he dicho alguna vez, siempre he escogido el que me parecía mal menor, votando con mascarilla, y a veces no he podido soportar el hedor y me he abstenido.

Por eso me cuesta tanto entender a los cheerleaders de los partidos, a los militantes entusiastas, los que defienden sus siglas o su ideología a sangre y fuego, los que humanizan a los partidos y tienen sentimientos hacia ellos, los que son de un lado o de otro como el que es del Betis o del Sevilla.

Digo esto porque el lunes pasado En el punto de mira dedicó un programa al escaqueo funcionarial. No vi el programa, sólo la publicidad que lo anunciaba, pero no me hace falta ver más. Sé lo que hay.

Creo que se centraron en un juzgado de Valencia, pero sucede lo mismo en los Ayuntamientos o la Policía de cualquier parte de España. Gente que va a trabajar, ficha y se pira; funcionarios que dedican horas de su jornada laboral a ir de compras o hacer gestiones privadas, etc.

Y qué os voy a contar que no sepáis del Congreso.

Si conocéis a alguien que trabaje en un Ayuntamiento (o que tenga una silla allí), sabréis de lo que hablo. Sería tan fácil evitarlo como fichar también a la salida, o instalar un sistema personalizado, poner cámaras… Hay mil opciones. El control se logra en cualquier piscina pública, pero en un Ayuntamiento o en el juzgado es imposible. Qué cosas.

El padre de un amigo se jactaba (y me consta que es cierto) de ir a fichar en pijama y volverse a su casa. Y cuando le preguntabas cómo se lo tomaban los compañeros, te decía que la mayoría hacía como él (se turnaban para que no se quedase aquello más solo que la neurona de Rajoy), y que los que no lo hacían así, eran tontos.

Y es verdad que a los honrados se les toma por tontos. Una mujer que conocí en un viaje me contó su experiencia. Casualmente, también trabaja en un juzgado, de tramitadora. Es una de esas personas responsables, perfeccionistas, que se sienten mal si saben que se van a casa dejando tarea por realizar. Seguro que alguno os identificáis con ella.

No sólo no se escaqueaba como los demás, sino que se quedaba después de su horario a seguir sacando faena, a intentar limpiar su mesa.

Pues sus compañeros no se lo tomaron bien. En realidad, se lo tomaron muy mal. A ella no le preocupaba que el resto trabajara más o menos lento o se marchase a la una, no se metía en eso (que podría haberlo hecho). Entonces, ¿cuál era el problema? Según le dijeron, que ella cumpliera su horario a rajatabla y encima trabajara más horas, les dejaba en evidencia.

Ahí empezó un acoso terrible; mobbing, que le llaman ahora.

Acoso laboral sufrió también una conocida, interventora, que se empeñaba en realizar su trabajo en vez de hacer como sus compañeros y firmar cualquier cosa que le pusieran delante a cambio de no ser importunada por los políticos.

 

 

Pero lo que me ha llevado a escribir este artículo no es denunciar lo obvio, lo que es sabido por todo el que quiera saber, sino la reacción de las redes sociales a la emisión del programa.

Los tuiteros de izquierda cargaron a una, negando la mayor: lo que salía ahí (grabado por las cámaras) era mentira. Todo se trata de una campaña de los liberales para criminalizar al funcionariado. No se puede desprestigiar a un gremio tan cumplidor por cuatro manzanas podridas, dicen.

Igual sucede enfrente con los curas aficionados al olor a Nenuco, las torturas policiales o la corrupción del PP, que son sólo «casos aislados».

 

Algunos no entenderéis por qué sienta mal en la izquierda que se señalen los defectos del funcionariado. Todo es culpa de los bandos. Las putas etiquetas dictan que alguien de izquierdas tiene que defender lo público. Hasta ahí, normal: yo también lo defiendo, por convicción propia. El problema está cuando las etiquetas, como las siglas de los partidos, se convierten en trincheras, en sentimiento de grupo, en manada obtusa y cerril. Entonces nada de tu bando puede ser criticable. O se justifica, o se mira para otro lado.

No niego que el programa tuviera la intención de desprestigiar al funcionariado (que tiene un prestigio intachable, de ahí frases como «trabajas más que un funcionario» o «vives peor que un funcionario»); no lo sé, es posible, incluso muy probable. Pero eso no quita que lo que denunciaba era cierto. Y el que no se indigna porque los funcionarios son de los nuestros, o lo excusa con argumentos tan peregrinos como: «lo que hay es mucha envidia, haber estudiao pa sacaros una oposición» es, además de un borrego, cómplice, porque a estos funcionarios parásitos les estamos pagando todos para que en su jornada laboral se dediquen al tacto escrotal.

Idéntico esquema mental es el que lleva a un sector de la izquierda (cuanto más puristas, peor) a ignorar los evidentes, clamorosos, injustificables privilegios de los políticos: son cargos públicos.

 

También están los que reaccionaron al programa diciendo: ¿Y todos los que trabajan sin cobrar?

¿Y qué?, digo yo. Claro que vivimos en un país infestado de empresarios explotadores, que tienen a la gente mal pagada, mitad con nómina y mitad en negro, incumpliendo convenios y salarios mínimos, sin contrato u obligados a darse de alta como falsos autónomos. ¿Ablanda esto de alguna manera la cara dura de tantos funcionarios? No. Pero ya estamos con las trincheras: uno, desde la izquierda, puede criticar la corrupción empresarial, pero no la funcionarial. Y en la derecha, exactamente igual, a la inversa: aplaudieron este En el punto de mira, pero echarían pestes si dedicaran otra emisión a la explotación laboral del españolito medio.

De hecho, no hay que imaginar demasiado: los mismos que ensalzaban el programa de Cuatro, una semana antes habían denostado el Salvados sobre las granjas de cerdos y los mataderos.

 

Salvados me trae a la memoria una entrevista a Pepe Mujica, que ya he citado anteriormente, en la que el entonces presidente uruguayo dijo que en la imagen del funcionario que no trabaja lo suficiente hay una parte de verdad.

Pues la izquierda aria lo reventó. Es curioso, porque los que iban tuiteando al momento sus frases, sus reflexiones, que son como para grabarlas en piedra, cuando dijo esto, o cuando se quejó de que tenía 42 funcionarios cobrando un sueldo por atender la casa presidencial a los que no podía echar aunque él no ha pisado esa casa en cuatro años, cambiaron elogios por críticas. Puto viejo capitalista…

 

 

Sin querer yo compararme con Mujica, al que por biografía y sabiduría no le llego ni al talón, a mí me pasa algo similar con este blog.

Hace poco, un lector que me seguía desde el primer año (y ya van para cinco), y no un lector neutro, sino alguien que estaba suscrito y me elogiaba en las RRSS, qué bueno eres, tío, a raíz de la entrada sobre la muerte de Víctor Laínez, por la que entendió que yo estaba a favor de asesinar fachas (insuficiente en comprensión lectora), pasó a despreciarme e insultarme.

Y una mujer que también seguía Vota y Calla desde hacía tiempo y compartía mis artículos, me echó la cruz por una inocente crítica que le hice a una gurú digital del feminismo más sectario.

Y también hubo una baja de otra veterana tras la entrada de homenaje a Pérez-Reverte.

Más de 270 artículos, y en cuanto te sales del guión eres un apestado. El enemigo. Hay que estar de acuerdo en todo, no valen matices ni medias tintas.

Por esto me da cada vez más pereza escribir de política, porque todo está meticulosamente estabulado, y si te sales de ahí eres sospechoso. Nadie piensa por su cuenta, y el que lo hace no se atreve a manifestar una opinión contraria a la que se supone que ha de tener atendiendo a su ideología. Entre fanáticos y cobardes tenemos un panorama político precioso.

 

Si no nos acostumbramos a pensar por nuestra cuenta, a olvidar el argumentario que nos dan redactado y a discrepar aunque estemos solos, seremos siempre un pueblo fácil de pastorear.

 

 

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Imagen de cabecera: Osama Hajjaj

 

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42 sin mordaza

  1. Totalmente de acuerdo: el simplismo bipolar, con su consiguiente espíritu de trinchera, está convirtiendo la dicotomía “izquierda-derecha” (entre otras) en una auténtica moral de linchamiento mutua, donde el sano debate brilla por su ausencia.

    Y respecto al funcionarios, tengo muchos allegados que lo son y me consta (también de primera mano) que lo que dices es verdad. Sin perjuicio, claro, de que no deban pagar justos (los pocos que hay…) por pecadores.

    Saludos cordiales.

    Twitter: @FriedenFurAlle

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    1. Gracias, Frieden.

      Es verdad que generalizar es malo, y siempre hay un justo en Sodoma, que dice mi paisano. Pero es que también generaliza el que miente o se engaña diciendo que lo de los funcionarios son casos aislados, o que el 90 % de los políticos son honrados.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  2. Pues coño, si te sales de lo establecido, ese es precisamente tu factor diferencial y lo que buscamos muchos lectores. Te ruego personalmente que no descuides tu faceta costumbrista tan encantadora y con la que yo personalmente, me siento identificado. En cuanto a tus artículos sobre política, a mí me parecen bastante sensatos y acertados. Hay veces en que no he coincidido contigo en algún punto, pero creo que no soy tan sectario como para dejar de seguirte; muy al contrario, es bueno conocer otros puntos de vista, respetarlos y al mismo tiempo, manifestar claramente tu opinión. Se suele llamar “asertividad”.

    PD. La gurú digital del feminismo más sectario no sería Barbijaputa, no?

    Responder
    1. Pues tengo buenas noticias: el próximo es costumbrista, ya lo tengo escrito en la cabeza. Surgió ayer mientras corría, a ver si la semana que viene me siento a darle forma.

      P. D. La misma. Te iba a responder ¿es que hay otras? Pero no sería justo, claro que las hay.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Buff, las hay las hay. Hay veces que veo un tuit estúpido, me pongo a leer a esa persona, a perfiles relacionados y le da a uno ganas de cerrar tuiter (que estúpida y cerrada es la gente)

        Responder
  3. Pues me has tocado la moral, y no me doy de baja del blog porque desde aquí puedo hacerte más daño. A ver si afinamos, que tú estás cargando sobre los hombros del funcionariado una fama que corresponde, cuando corresponda, a los empleados públicos, que es un colectivo mucho más amplio.

    Dicho esto, te cuento una anécdota: yo ingresé en 1974 en el Instituto Nacional de Previsión como grabador de datos. Cuando dividieron el organismo en INSS, Tesorería, etc. no supieron qué hacer con nosotros, y a mí me mandaron a un departamento de prestaciones, con la misión de ordenar y archivar las fichas de usuarios en cartulina que se utilizaban a lo largo del día (obviamente, no había ordenadores). Llegó el jefe y me vació una caja con unos cientos de fichas sobre la mesa. Como yo era un tipo aplicado, utilicé métodos de ordenación propios de mi oficio de entonces, y para la hora del desayuno ya lo tenía. Fui al jefe, le dejé las cajas sobre la mesa y le dije que me iba a tomar el bocata. Me pidió que esperase un poco, fuimos a mi mesa, volvió a vaciar las cajas, las barajó bien barajadas, y me dijo que fuese la última vez que tardaba menos de una jornada en ordenarlas, porque era lo que siempre se había tardado allí.
    Durante los meses que pasé allí fui un paria, lo que me pareció genial: con dieciocho años, ordenaba las fichas de 8 a 10, tomaba el bocata (era muy tragón) de 10 a 11, e intentaba ligar de 11 a 3 (eso se me daba mucho peor).

    Anécdota aparte, dedo decir que un funcionario con más de diez años de servicio que no se escaquee (y conozco a unos cuantos) es alguien con un nivel moral de Kohlberg entre 5 y 6, contra quien el sistema es incapaz de ganar. Porque sabe el dios de la burocracia que el sistema hace lo imposible por conseguir escaqueadores, que la mayoría no nacen, se hacen.

    Aquí lo dejo, que esto daría para toda una serie de artículos.

    Cuídate hasta que te pille en el mundo 3D. Luego ya veremos.

    Un funcionario añejo.

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    1. Jeje. Cualquiera diría que he escrito del tema para que reaparecieras por estos lares.
      Pero no soy tan rebuscado.

      Pues eso, tu anécdota con el tahúr de tu exjefe es más o menos lo que me contaba la tramitadora del artículo, cambiando jefe por compañeros.

      Dejo esto aquí, para que se te entienda bien, y voy a denunciarte por amenazas:

      Niveles morales de Kohlberg

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Fue algo más que una colección de anécdotas. Creo que fuimos la primera generación de españolitos jovenzuelos y bastante rojillos que entramos por méritos (no abundaba la gente que deletreaba “ordenador”) en el INP de Valencia, y chocamos con la vieja guardia. En un lado ellos (traje oscuro y camisa azul o blanca, corbata negra, bigotito de fila de hormigas, gafas ahumadas) y enredando por allí una veintena de jovenzuelos desgreñados, con vaqueros y barba ellos, con vaqueros o minifalda ellas.

        En la guerra de guerrillas que se desató, los míos perdieron unas cuantas batallas, ellos la guerra (o eso creímos entonces).

        NB: Me alegra que lo hayas pillado, temí que la amenaza fuese demasiado sutil.

        Responder
  4. Buff, te podría contar más de una anécdota sobre funcionarios que no saben apreciar su puesto de trabajo, pero creo que no estaría describiendo nada que alguien no haya vivido ya.

    En cuanto a lo de salirse del tiesto, debo admitir que yo antes era mucho de trincheras, pero con el tiempo me he ido desencantando al descubrir algunas de las incoherencias que comentas. Es decir, ¿por qué es de derechas estar a favor de la cadena perpetua? Que haya energúmenos que no se pueden reinsertar en un hecho. ¿Acaso hay que dejarles en libertad por un ideal caduco?

    A los que estén en contra de la cadena perpetua les propondría algo: contratad como canguro a alguien que haya sido condenado por pedofilia y que haya sido puesto en libertad pese a la opinión contraria de los psicólogos de prisión.

    Responder
    1. Suscribo punto por punto lo que has dicho, Nemo.

      Pienso igual que tú: hay individuos que, sencillamente, no pueden volver a reinsertarse en la sociedad porque volverían a cometer los mismos crímenes. No es una opinión mía; son informes de neurólogos, psiquiatras, psicólogos, etc. y hasta ha quedado patente, por desgracia, en muchas ocasiones. Violadores que se supone “reinsertados” vuelven a reincidir, psicópatas que no se arrepienten de sus crímenes porque, aun siendo conscientes de que está mal su actuación, el concepto de bien y mal no va con ellos, etc.

      Me sentía bicho raro que, considerándome de izquierdas, no viera mal la cadena perpetua en casos puntuales.

      En cuanto al funcionariado, yo también creo que hay muchos funcionarios que no aprecian su trabajo. Una pena, sabiendo cómo está el panorama.

      Responder
      1. Para mí el problema es diferenciar entre el que no puede reinsertarse (¿Qué hacemos con este individuo) y el que no se le dió un tratamiento adecuado y por eso vuelve a reincidir. ¿Cadena perpetua? ¿Cómo saber de antemano, si esa persona es válida para reinsertarse en la sociedad? ¿Qué delitos merecedores de cadena perpetua?

        Responder
        1. Pues nada, vamos a seguir aplicándoles terapias y tratamientos, a ver si a base de ensayo y error se curan y se dedican a repartir paz y amor por el mundo. Y si vuelven a matar, pues probamos con Flores de Bach.

          Contra un psicópata (y esto lo dicen psiquiatras y neurólogos de primer orden) no hay terapia ni tratamiento que valga, pues no tienen otro móvil que matar por matar y por mucho que se les intente inculcar fundamentos de ética, valores y convivencia, ellos son conscientes pero son cosas que no van con ellos. En otras palabras, saben que está mal, pero se la suda olímpicamente. Otra cosa son los crímenes en caliente (hirió a mi chica, discutimos y acabé rompiéndole un adoquín en la cabeza); pero otra cosa son los psicópatas que no sienten ningún tipo de arrepentimiento y que volverían a hacerlo. Para eso están los seguimientos, entrevistas, informes, conclusiones, etc.. de profesionales de la psiquiatría y otros campos.

          Responder
    2. Es curioso, porque Fernando L. acaba de dejarme un comentario similar en Google plus, también sobre la cadena perpetua.

      Yo estoy en contra, como sabéis, pero no se me ocurriría jamás tacharos a ninguno de los tres (Fernando, Nemo o David) de fachas por defenderla, ni dejaría de seguiros. Sé que tengo muchos más puntos en común con vosotros que diferencias.

      Aunque, por desgracia, por lo mismo que comentaba en el artículo, hay mucha gente de derechas que está a favor de la cadena perpetua únicamente porque es lo que se espera de ellos, y si están en contra no se atreven a decirlo.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Pues me parece que la inmensa mayoría de españoles que tiene miedo de lo que pueda pasar si se cruzan con esos “re-insertados” sí están a favor de la perpetua, e incluso algunos, que encima son anarquistas (me lo han dicho), van más lejos y piensan que a ciertas gentes cuya naturaleza no tiene remedio no hay por qué tenerles encerrados con el dinero de nuestros impuestos ( mientras a los demás, a los normales sí se les tendría que liberar, je,je…). Qué quieres qué te diga, es puro sentido de supervivencia, es evitarse peligros innecesarios, no sé… dos más dos, pues son cuatro y nunca han sumado cinco… ¿ o han sumado cinco alguna vez? dímelo si es así, lo mismo estoy yo equivocada…

        Responder
  5. Bastante de acuerdo.

    Ser de izquierdas no te da la razon absoluta y es importante diferenciar entre un “hooligans”, que los hay en todos los estamentos y grupos, y alguien con “convicciones”. Lo mismo que ser de derechas no te convierte en amoral, sin sentimientos, “abusador”. (al menos no todos).

    Dicho esto me gustaria romper una lanza en favor de “algunos funcionarios”. Tendemos a hablar de funcionarios relacionandolos con los tipicos oficinistas o funcionario de ventanilla, o los de las instituciones. Funcionarios son tambien los de la sanidad, cuerpo de bomberos, maestros y profesores. Muchos no “fichan” y estan ahi haciendo horas extras, guardias, etc. Trabajando a “destajo”.

    Tener criterio propio, moral, conciencia, se forma ya en la infancia, la escuela y la familia. La Sociedad actual no ayuda y a veces esa defensa a ultranza de “tus principios” o los de tu partido, es una contraofensiva.

    Ni feminista ni machistas, pero a veces te inclinas por el feminismo como reaccion a l@s machistas. Es dificil el equilibrio.

    No se si me he explicado adecuadamente ;)

    Responder
    1. No estoy de acuerdo con lo de “ni feminista ni machista”. Dicho así se entiende que el feminismo es el equivalente al machismo, cuando en realidad la finalidad que persigue es conseguir la igualdad, no el sometimiento.

      Hablando de esto, Salva, en qué artículo está lo de Barbijaputa?

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    2. Hola, Ana.

      Te explicas de maravilla ;)

      En lo del feminismo, estoy de acuerdo con David. Siempre me he considerado feminista (aunque, por supuesto, por la sociedad en que vivimos, cómo hemos sido educados, etc., todos tengamos tics machistas). Pero al no comulgar en todo con el extremismo talibán de los que hoy tienen secuestrado ese digno movimiento, me convierto automáticamente en machista machirulo opresor.

      Un día escribiré lo que pienso sobre esto (y después cierro el blog y abro Lee y Calla, en el que publicaré reseñas literarias).

      Twitter: @vota_y_calla

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  6. Buenas Salva. Estoy bastante de acuerdo con el artículo de hoy. Creo además que los partidos políticos no son un ente homogéneo e inamovible, es decir, que a veces van dando botes ideológicos y hay que saber hasta qué punto está un@ de acuerdo con ciertos puntos del programa. Yo tampoco he votado nunca ilusionada pero jamás me he abstenido. Con P´s ha sido la primera vez en que mi voto ha tenido representación parlamentaria y veremos a ver cómo continúan la andadura.

    P.D. Yo sigo suscrita pese a que tenemos diferencias irreconciliables en cuanto a Pérez-Reverte y Barbijaputa. Del primero no te digo nada porque aunque a mí me resulta infumable los gustos son como los culos, cada uno tenemos el nuestro. Respecto a la segunda sí te diría que tienes unos prejuicios inmensos, que leyendo artículos suyos y fijándote menos en tuits sacados de contexto quizá tendrías otra opinión. Ni te imaginas lo que muchos consideran “feminismo sectario” sin saber ni a qué se refieren. El acoso general al que estamos sometidas las feministas en las redes es brutal, y te lo digo yo que soy una “pocosfollowers”, ella que tiene casi 300 mil no para de recibir amenazas e intentos de identificarla para hacerle barbaridades.

    No obstante me gustan tus puntos de vista acerca de la mayoría de los temas y no quiero perdérmelos porque en ciertos asuntos jamás vayamos a entendernos. Un abrazo.

    Twitter: @nonserviam1984

    Responder
    1. Muchas gracias, Celia. Por gente así sigue uno dándole a la tecla y aguantando la basura de las redes sociales. Si no, de qué.

      Y es eso, tampoco hay que obsesionarse con estar de acuerdo en todo, ni tratar de convencer al otro.

      Un abrazo.

      P. D. Que conste que he leído bastante a Barbi, y hay muchas cosas en las que estoy de acuerdo con ella. Pero otras… Y todavía, de vez en cuando, respiro hondo y leo alguno de sus artículos, lo mismo que leo alguna vez a Sostres (sin pretender entrar en comparaciones) y a otros.

      Twitter: @vota_y_calla

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  7. Excelente artículo Salva.

    Cuando uno repasa los videos del escaqueo de los funcionarios, no deja de ser llamativo que el supuesto estado de derecho que algunos politicos quieren hacernos creen que tenemos no sea sino un ESTADO de PANTOMIMA, donde los que se supone que deben de velar por todos (los juzgados los primeros) son los primeros que violan todo, y se escaquean.

    No es de extrañar después que en los Juzgados todo funcione como funciona y que lo que supone que está para dar las mayores garantías sea la mayor pantomima posible.

    Responder
    1. Gracias, Juan.

      Seguramente no lo haya logrado, pero mi intención, más que despotricar contra los trabajadores de los juzgados (que también, contra los que se lo merezcan), era criticar la estrechez de miras de tantos, el maniqueísmo, el proseletismo, el fanatismo político e ideológico.

      Un saludo.

      Twitter: @vota_y_calla

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  8. Buenísimo. Vi el programa también yo. Un familiar mío estuvo en la Marina, y me dice que su jefe se iba todos los días a jugar al fútbol, que no tenían trabajo qué hacer, que a veces les daba tal vergüenza que se ponían a hacer algo, lo ke fuese… Y lo llaman a esto “economía” o “macroeconomia”… Yo tampoco me encierro en rediles ideológicos.

    Responder
    1. Bufff, el Ejército, otros que tal… Me cuentan que ya no es tan así (no lo sé), pero antes había un montón de militares ociosos y tenían que inventarse ocupaciones, que podían ser, perfectamente, entrenar en cualquier deporte.

      Twitter: @vota_y_calla

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  9. Blanca Vázquez 17/02/2018 a las 23:56

    Por desgracia la falta de matices en prácticamente todos los terrenos la política es uno de ellos. Esta de moda ser cerril e incapaz de reconocer que la realidad se empeña en no querer ser encajada. Si graduas el color de las cosas, personalizando la opinión pasas a ser del otro lado, como tu dices “el enemigo” con lo que siempre estás en tierra de nadie, expuesto a recibir por todas partes. Ese en realidad es el resumen de mi vida. Esa es la realidad de quien no se casa con nadie. En este país la tolerancia es una de las (multiples) asignaturas pendientes.

    Twitter: @bvazcor

    Responder
    1. Hola, Blanca.

      Si estamos aunque sólo sea dos ahí, ya no es tierra de nadie. O lo es un poco menos :)

      Alguna vez he escrito que ni izquierdas ni derechas, ni progresismo ni conservadurismo: la ideología preponderante en España es el fanatismo.

      Te digo lo mismo que a Celia, un placer tenerte por aquí.

      Twitter: @vota_y_calla

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  10. Dos apuntes breves y ya me vuelvo a mis cosas para una temporada:

    – Soy funcionario de carrera, y no aprecio mi puesto de trabajo porque es un asco, se mire como se mire. Si acudo cada mañana a trabajar es gracias a que voy dopado. Y quienes creéis que a vosotros(as) no os afectaría, os recuerdo que muchas generaciones de nuevos funcionarios han pensado lo mismo antes que vosotras(os). Os prevengo: también seríais vulnerables a la frustración continuada. Gandhi, King o Mandelas, hay muy pocos.

    – Siempre que surge el tema del funcionariado alguien recuerda que también hay funcionarios buenos: sanitarios, bomberos, etc. Lo entiendo, pero por omisión se estigmatiza al resto. Porque os equivocáis: el nivel moral es común, y afecta en similares proporciones a todos los colectivos, incluidos los usuarios del sistema. Quiero decir que el porcentaje de individuos con moralidades en la mitad inferior de la escala de Kohlberg (gracias, Salva) es el mismo dentro o fuera de las AAPP. Ya se han cuidado bien de que así sea.

    Ocurre con el feminismo y otros ismos algo parecido: se apunta a la parte flotante del iceberg, pero muy poca gente se arremanga contra la parte sumergida.

    Por ejemplo, y hablando de feminismo: [entrevista]

    Responder
    1. Cuando he hecho alusión a la falta de apreciación de los funcionarios por su trabajo, apuntaba a que, al menos yo, no quiero dedicar mi tiempo y esfuerzo a un empresario que me haga trabajar por objetivos económicos, amenazándome con despedirme si no se alcanzan ciertos objetivos empresariales, con unos horarios esclavos y un sueldo irrisorio (bueno, algunos funcionarios también tienen unos horarios y sueldos irregulares). Por eso yo aprecio el trabajo de funcionario, porque no quiero nada de lo anteriormente expuesto y prefiero trabajar para la ciudadanía. Frustración hay en todos lados, eso está claro; pero si me frustro, que sea por algo más “humano” que aumentar las ventas y el beneficio de alguien que cree que tiene un esclavo 24/7.

      Responder
  11. en 2003 renuncie a mi plaza en el Instituto Municipal de Deportes de Madrid, A1 era, lo deje para irme de autonomo.

    hacía la jornada de mis compañeros que se ausentaban, había gente de baja perpetua, días libres, moscosos, enchufados,…

    en fin.

    Un abrazo desde Shanghai Salva. Yo te leo.

    Responder
  12. Hoy estoy a tope con el blog, he topado con esta entrada que me toca de cerca porque mi gremio es de esos tan denostados porque “trabajamos poco y tenemos muchas vacaciones”. De esa frase sólo la segunda mitad es cierta.

    Yo he vivido varias caras del funcionariado y voy a dar mi versión, intentando ser lo más aséptica posible (cosa que siempre es complicada).

    Antes de ser docente hice unas prácticas en un Ayuntamiento, en el departamento de infraestructuras, justo después de explotar la burbuja, en una época en la que se pasó de realizar 20-30 proyectos al año a sólo 5-6. Y vi cosas tal cual como las describes. Vi a un administrativo decirme que no hiciese las tareas tan rápido porque en cuanto acabase me mandarían otra, vi a un chófer usar el vehículo público para recados suyos, etc.

    Después trabajé de conserje en un edificio público y compartía horario con funcionarios. Allí vi a gente irse a hacer la compra o a mirar el vestido de comunión de su hija. En todas partes había gente también que cumplía, por supuesto.

    Ahora estoy en la enseñanza y también veo de todo, desde el profesor que hace un único examen al trimestre, que ni lo pone ni lo corrige él porque lo hace el compañero que le apoya unas horas, y que a la hora de poner las notas no sabe ni los nombres de los alumnos; hasta el que no rellena ni las actas de las evaluaciones, etc. Pero también hay gente muy válida y muy trabajadora, siempre innovando y formándose. Y personalmente, he trabajado en unos 8-10 sitios distintos y este es el primero en el que me llevo trabajo a casa.

    Respecto a lo de las trincheras, a mí me gusta la gente con la que se puede debatir, gente que piensa distinto y que incluso me pone en un aprieto con algún argumento. Tengo amigos de todas las ideologías y me costaría dejar de seguir a alguien por discrepar en algún punto.

    Twitter: @izzarbe

    Responder
    1. Claro, es que es eso. Hay gente que pretende que estés de acuerdo con ellos en todo, y si no, se lo toman como algo personal. Siguiendo con tu comentario anterior, seguro que esto también se puede explicar con algún sesgo.

      Pues será que no he escuchado a amigos, o a personas que sigo y leo en las redes, decir barbaridades de Pérez-Reverte, por ejemplo. O de Podemos, o de Extremoduro, yo qué sé. O al revés, que simpatizan con personajes que yo preferiría ver muertos (es un decir). Y no se me ocurre por eso echarles la cruz o dejar de hablarles. Es que la gente es la hostia.

      Gracias por contarnos tu experiencia (y por la objetividad) ;) Siempre es un placer tenerte por aquí.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Yo con Reverte tengo sentimientos enfrentados, como novelista me encanta y muchos de sus artículos también, en especial los que versan sobre historia, pero cuando se trata de temas de género a menudo sus opiniones me chirrían, supongo que en parte porque yo con ese tema tengo la piel muy fina. Te diría incluso que me resulta un poco rancio a veces. No obstante, incluso cuando me desagradan sus opiniones, algo es su forma de escribir me atrapa, maneja muy bien el vocabulario y siempre tiene ese toque tan mordaz e irónico.

        He leído por arriba que Barbijaputa en cambio no es santo de tu devoción, a mí por lo general me gusta mucho, aunque como no me considero una hooligan, también hay veces que discrepo. De todos modos no es mi referente en cuanto a feminismo, me gusta más el ecofeminismo de Yayo Herrero, por ejemplo.

        De todas formas, qué aburrido sería el mundo si todos pensásemos igual y a todos nos gustasen las mismas cosas, ¿no?

        Responder
        1. Sobre Pérez-Reverte escribí largo y tendido aquí, imagino que no llegaste a leerlo.

          A Reverte se le ha manipulado por no comulgar con todos los prefectos del barbijaputismo (que no es lo mismo que el feminismo). Eso, en este país, te convierte automáticamente en machista (lo mismo les sucede a tantos otros, mujeres incluidas).

          Y por extensión, y también por otras opiniones en las que se sale del rebaño, ha pasado a ser de derechas, incluso facha.

          En esto la izquierda ha sido muy idiota: igual que les hemos regalado la idea de patria y la bandera (que se la pueden quedar, aunque da votos, no hay más que ver lo bien que les viene a nacionalistas españoles y catalanes el tema de Cataluña), les hemos entregado en exclusiva a Pérez-Reverte. Y esto es poco inteligente, aunque sólo sea pensando en términos de lucha de ideas.

          Reverte tiene muchas opiniones que le alejan de la derecha (de hecho, si tuviera que encasillarle, yo lo incluiría en la izquierda), como su anticlericalismo o su repulsa al franquismo, pero eso a la derecha no parece importarle, se lo admiten porque es (eso creen) uno de los suyos.

          Por eso ganan elecciones, porque saben quitarle importancias a las diferencias, y por eso a la izquierda le cuesta tanto, porque la más pequeña discrepancia se convierte en un obstáculo insalvable.
           

          Sería un coñazo, digooooo, una situación de tedio y disgusto insoportable ;)
           
          Voy a buscar qué se cuenta Yayo Herrero.

          Twitter: @vota_y_calla

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          1. A propósito de Pérez Reverte, en tu opinión, ¿por qué crees que se le ha colocado en la derecha? ¿Alguna declaración en especial que hizo?

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            1. Por criticar el lenguaje “inclusivo”, por no presentar la II República como una arcadia perfecta, ni la Guerra Civil como una lucha entre ángeles y demonios… Son varias cosas.

              Luego, sólo tienes que sacar de contexto unos titulares deshonestamente entrecomillados y hacerlos rodar por las redes.

              Twitter: @vota_y_calla

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      1. Salva, no sé ni para qué te molestas en responder. Lo de “haber estudiado” es uno de los mantras de forocoches ;)

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