Fidel en un paso de cebra

Saludos, urbanitas. Hoy me quito la mordaza para hablar de educación vial. O de educación, sin más.

 
 

Paso de cebra

Como todos vosotros, a veces soy peatón, a veces conductor. Esto, que es una obviedad, a muchos parece que se les olvida en cuanto se sientan al volante. Desde ese momento, todo lo que no sean coches se convierte en un estorbo para ellos. Bicicletas y peatones son una incomodidad, algo que no debería estar ahí. Hay a quienes incluso les sobran las motos. La ciudad es para los coches. Si quieres ir de A a B, debes hacerlo sobre cuatro ruedas. De lo contrario, ralentizas la circulación, haces que pierda fluidez.

Lo habréis visto: pasos de cebra sin semáforo que los conductores ignoran, como si fueran incapaces de distinguir las líneas blancas pintadas sobre la calzada. Van con mucha prisa para que el estrés no les atrape. Quienes esperan en la acera pueden llegar a envejecer aguardando a que un buen samaritano les deje pasar. Y ese es el problema: que no es un acto de cortesía, aunque se tome como tal. La persona que quiere cruzar por el paso de cebra tiene preferencia (Reglamento General de Circulación, Artículo 65):

 

Los conductores tienen prioridad de paso para sus vehículos, respecto de los peatones, salvo en los casos siguientes:

a) En los pasos para peatones debidamente señalizados.

 

Pero creo que no se trata tanto de educación vial como de educación, a secas. Ha llegado la cosa hasta tal punto que, si un conductor cumple con su obligación, si respeta el reglamento, los peatones parecen sentirse obligados a darle las gracias, como si les hubiera hecho un gran favor. Si esto sigue así, algunos acabarán cruzando la calle haciendo reverencias, a la manera de aquellas patéticas cabezadas que Josep Piqué dedicó a Bush.

Últimamente me sucede a menudo, cuando detengo mi coche en un paso de cebra, que los peatones pasan corriendo. Iba a decir casi literalmente, pero no, hay personas que llegan a dar un pequeño trote para no hacerme esperar, un amago de esprint. ¡Incluso ancianos! En esos casos me gustaría disponer de un altavoz como el de los vehículos policiales: «Por favor, señora, no corra, no vaya a ser que tropiece y se caiga».

No hay necesidad, cualquier conductor puede permitirse llegar a su destino dos segundos más tarde, que será la diferencia entre que la abuela cruce a su ritmo o apriete el paso.

Sé que esto no es igual en todas partes. Hay zonas donde la gente es más respetuosa, pero Murcia es de lo peorcito de España a este respecto. Los Beatles no hubieran podido hacer aquí su famosa portada del Abbey Road: los habrían atropellado.

 

El otro día fue el colmo. Fidel es un vendedor de la ONCE al que conoce todo el mundo en el pueblo, porque se lo recorre caminando de punta a punta, ofreciendo sus cupones con una sonrisa. Si utilizara un podómetro, como los que usamos para salir a correr, estoy seguro de que nos sorprenderíamos de la cantidad de kilómetros que hace en una semana. Y tiene mucho mérito, porque padece una enfermedad que ha retorcido su cuerpo. No sé cuál, algo similar a lo del Langui, aunque por añadidura, Fidel tiene también dificultad para expresarse, y en cambio el Langui de labia va sobrado.

Cada vez que da un corto paso, provoca una reacción en cadena en todo su cuerpo, que le obedece con dificultad. Un macabro movimiento de break dance que termina con un pequeño bamboleo de la inclinada cabeza. Y otro pasito, y vuelta a empezar.

Un día que intercambié unas palabras con él cuando entró a ofrecer sus cupones donde yo estaba tomando un café, me contó que le duele la espalda. Cómo no le va a doler, pegándose esas caminatas en una postura tan difícil, normal que se le cargue. No entiendo por qué no tiene una silla como la del cantante de La Excepción. ¿Será cosa de dinero? Se lo tengo que preguntar.

Y ¿por qué os estaba hablando yo de Fidel? Ah, sí. El otro día. El colmo. Yo iba conduciendo y lo vi parado en el paso de cebra, con clara intención de querer cruzar, pero no encontraba ocasión. Miraba a uno y otro lado y esperaba. Y esperaba. Esperaba porque nadie paraba. Los dos o tres que iban delante de mí pasaron como si Fidel no existiera. Lo habitual, vamos, no es porque sea él. Entonces llegué a su altura y me detuve; él levantó su torcida mano en agradecimiento y empezó a correr. «No, no», dije en voz alta. Incluso gesticulé. Pero no me miraba ni podía oírme, sólo se esforzaba en cruzar lo más rápidamente posible. Por alguna razón me sentí culpable, me dieron ganas de no volver a coger el coche en la vida.

Todavía no había llegado al otro lado (Fidel no es precisamente Usain Bolt), cuando detrás de mí alguien pitó con impaciencia. Miré por el retrovisor y el tío me dedicó unos aspavientos que traducidos a palabras vendrían a significar: «Venga, muévete, que llego tarde a la Convención de Gilipollas Con Mucha Prisa».

Por un momento, me imaginé acelerando marcha atrás a toda velocidad, haciendo saltar su airbag. Luego me bajaba del coche a preguntarle «civilizadamente» qué era eso tan importante que tenía que hacer, ¿qué? ¿QUÉ?

Pero me apellido Solano, no Soprano, así que me limité a inspirar hondo, esperar a que Fidel estuviera a salvo en la acera (el elemento de atrás era capaz de atropellarlo) y meter primera.

 

Música: Cucarachas, de Leño (grabación en directo de Rosendo)

Imagen de cabecera: cruce de Shibuya (Tokyo)

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9 sin mordaza

  1. Las comparaciones son odiosas, pero el comportamiento de los conductores en la zona donde vivo (Marina Alta, Comunidad Valenciana) dista mucho de los conductores de Barcelona, donde estuve viviendo como peatón y conductor durante 15 años. Sí, sí. Barcelona he dicho. Esa ciudad donde hay mucho estrés y los conductores van a cara de perro. Pues mi experiencia es que allí, aunque vayan estresadísimos, siempre paran en un paso cebra (al menos el 90%) de las veces. Cuando me mudé a mi actual ubicación, no pude dejar de sorprenderme por lo mal que conduce la gente aquí; y especialmente el caso omiso que hacen a los pasos cebra. Yo muchas veces he llegado a pensar que creen que signnifica que los conductores tienen preferencia o algo así.

    Vamos a ver, cuando ves de lejos las rayas de un paso cebra, inconscientemente o por lógica circadiana aminoras la marcha porque sabes positivamente que hay peatones que potencialmente pueden cruzar la vía. Aquí no. Aquí se ponen chulos, y si ven que empiezas a cruzar la calle por tu paso de peatones, aceleran ANTES de que puedas pasar tú. O, en el mejor de los casos, dan un acelerón de tal manera que frenan a un metro escaso de donde te encuentras, como dando a entender que te perdonan la vida. Y esto, lamentablemente, es habitual.

    De todas maneras, yo nunca espero que paren para poder cruzar por el paso de cebra, porque tienen asumidísimo que no hay que parar, y me podría hacer viejo esperando. Cuando veo que vienen coches, paso tranquilamente y cuando frenan, les paralizo con mi mirada de acero azul y en ese momento, saben que tengo razón.

    Un abrazo, Salva.

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    1. A mí me pasó exactamente al revés: cuando después de toda la vida aquí, empecé a salir por ahí fuera, me sorprendía de lo “educada” que es la gente para estas cosas, especialmente en el norte. Y no sólo en la carretera: también nos llevan mucha ventaja en no tirar porquería al suelo (papeles, envoltorios de comida, colillas, chicles…). No sé la razón, pero es así.

      Gracias por el aporte, Zoolander ; )

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  2. Salva, deberías haber parado el coche, quitar la llave, bajarte despacito y con parsimonia, saludar con una sonrisa de oreja a oreja al impaciente conductor (guiñándole un ojo con tono socarrón) y, sin darte prisa, coger del brazo a Fidel para ayudarle a pasar.

    Luego, si el ansioso conductor empieza a bramar como un descosido, le lanzas un beso al aire (eso les jode mucho más que un insulto de vuelta).

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  3. Yo debo ser una especie rara porque paro casi siempre en los pasos de peatones (digo “casi” porque hay veces que no ves al peatón y no te da tiempo a parar). También he de nombrar dos especies de peatones que existen en A Coruña: El impaciente, que espera casi en medio de la carretera a que el semáforo se ponga en verde; y el despistado, que, bien por estar mirando el móvil o bien porque no distingue cual es el semáforo peatonal, cruza sin mirar

    Pd: Muy bueno tus artículos costumbristas. Un abrazo a Fidel y mis mejores deseos para él.

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    1. Aquí otro que está en peligro de extinción porque aminoro la marcha cuando veo un paso cebra y siempre paro cuando veo algún peatón con intención de cruzar. Añado un tercer tipo de peatones: los que se ponen en posición de cruzar por el paso, pero te hacen señas de que continúes circulando… ¡cuando ya has parado! Es algo que me toca sobremanera los huevos. entonces hay un cruce de aspavientos entre uno y otro para que pase que se puede llegar a eternizar. Y después están los que están parados en un paso cebra, pero no porque quieran cruzar, sino porque están ahí mirando las musarañas.

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  4. Es de sobra conocido que Madrid es una selva con el tema de la circulación, pero yo lo tengo claro. Si el paso de peatones no tiene semáforo, cruzo la calle a mi ritmo y cuando vienen los cagaprisas que tienen que frenar con medio morro del coche metido en las líneas porque van a mil, me paro en seco y les miro con cara de odio hasta que se disculpan. El que quiere seguir corriendo se jode, porque a no ser que yo vaya muy apurada, no tengo problema alguno en quedarme quieta lo que haga falta para que no avance y aprenda. Los únicos con los que tengo mucho cuidado son con los gipsy kings, que van en un camión tartana que no frena y no tienen seguro, como para que me desgracien…

    Aquí los únicos que se paran un buen rato antes son los que van en coche de autoescuela, que a los pobres se les ve de lejos que están aprendiendo y no quieren malacostumbrarse para el exámen, pero hay que ver qué poco les dura a algunos el respeto. Yo no conduzco, tengo de adorno el carnet de conducir porque no me hace falta un coche para moverme por la ciudad, así que como peatón intento ganarme el respeto cuando tengo derecho a que me cedan el paso. Eso sí, si tengo que cruzar con mis perros yo voy un paso por delante, que atropellar a una persona es delito pero un can importa 3 mierdas y se los llevan por delante sin contemplaciones.

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