No se vino al Viña Rock

Ayer terminó la vigésima edición del Viña Rock. Esto me ha hecho acordarme de una de las primeras veces que estuve allí, hace ya unos cuantos años. Pero no me he puesto melancólico, todo lo contrario: me ha dado por reír. Os lo cuento.

 

No se vino al Viña Rock

Éramos muy críos, salimos apenas seis meses. Sus padres (especialmente él) eran ultracatólicos, de los que organizan excursiones familiares para ver al papa. Ella pasaba bastante del tema, pero lo de las religiones ya sabéis cómo va: naces en una familia y te apuntan al credo oficial, y luego, si los años y el pensamiento crítico te abren la mente, cuesta dios y ayuda salir de ahí. Pero la muchacha, aunque algo pija, era preciosa, con una cara de niña buena de esas que al mirarla no sabías si enternecerte o ponerte cachondo, así que con aquella edad me habría dado lo mismo que hubiera pertenecido a la Iglesia de la Cienciología y que merendara bocadillos de placenta.

Su padre me veía como al mismísimo anticristo. Yo trataba de comportarme, pero llevaba greñas, a veces se me escapaba delante de ellos alguna blasfemia… Siempre que me miraban parecía leer en sus ojos algo como: «Señor, ¿por qué no saldrá mi pequeña con Gejo [Gerardo José], ese chico tan simpático que además asiste al culto, en lugar de con el zarrapastroso este?». Pero su pequeña no era tan inocente como ellos pensaban: dejaba la ventana de su habitación abierta para que el anticristo se colara de madrugada. Teníamos que hacerlo con el silenciador puesto, con la tensión de que en cualquier momento podía aparecer su padre con unas tijeras de podar (la puerta no tenía pestillo, por supuesto, no fuera a ser que la niña se encontrara el clítoris en un descuido). Ah, bendita adolescencia: me pones bajo esa presión ahora y no me vengo arriba ni con Blanca Suárez.

Por aquel entonces el que escribe no tenía ni había manejado Internet, y a la chiquilla le acababan de regalar el invento sus padres. Me dio a elegir qué película quería que bajara y opté por una cualquiera, no recuerdo cuál, no me hacía ilusión ver películas en casa de los Flanders, nos imaginaba a los cuatro sentados un par de horas en el sofá y se me ponían los pelos de punta. Pero no le costó mucho hacerme cambiar de opinión (era guapa, no tonta): «Jo, vamos a verla en mi casa, que nunca quieres estar con mis padres, y así no me van a dejar que vaya contigo al concierto ese, que ya los tengo medio convencidos». El Viña Rock, el «concierto ese» era el Viña Rock. Se lo había pedido hace unos días, yo fantaseaba con los dos en la tienda de campaña, pudiendo hacer el ruido que nos diera la gana… «Claro, claro, la vemos en tu casa, si ya tengo ganas de charlar un rato con tus padres».

La película se bajó tras muchos días de descarga (eran otros tiempos), y llegó la temida tarde. Fui allí como quien acude al matadero, animado únicamente por la recompensa, que se viniera al concierto.

Su padre me dio la mano al verme llegar, muy serio. «¿Qué vais a ver?», preguntó. «Una peli de las que le gustan a Salva», contestó su hija. El caso es que la chica se lo había currado, consiguiendo que esa tarde, tras un rato de charleta intrascendente, nos dejaran el salón para nosotros mientras los carceleros se quedaban en la habitación contigua (tenían una casa muy grande, era gente que manejaba). Además, les había hecho prometer a sus padres que no enterarían en el salón hasta que terminara la película. No sé cómo lo consiguió, supongo que a base de muchos ruegos y zalamerías. A su padre tampoco le debía de resultar fácil enfrentarse a esa carita.

Pues al final el plan no iba a ser tan malo, después de todo. Allí estábamos los dos, solos en el sofá, en penumbra, tras haberla persuadido de que me dejara abrir una de las botellas del mueble del salón para pasar las palomitas. Ese Salva que paladea el tinto, ese Salva que pone los pies sobre el escabel, ese Salva que le da al play, ese Salva que sube el volumen (cómo me arrepentí de eso)… ese Salva que detecta algo que no cuadra: «Esta música me suena muy rarita, ¿eh?». «Tú sabrás, como siempre te da por películas que no ve nadie…».

De golpe aparecieron en la pantalla dos maromos tocándose, y quiero decir TOCÁNDOSE. Pasaron a un primer plano de sus dos lenguas peleando por ver cuál llegaba antes a la campanilla del contrario. Acto seguido, y nunca mejor dicho lo de «acto», cambio de escena y ¡tachán!, uno de los dos armarios bombeando sobre el otro a la vez que le daba bocaditos en la nuca. Todo eso con sus correspondientes gemidos en un volumen demasiado elevado.

—Pero ¿qué te has bajado?

—Pues la que tú me pediste. Pensé que era buena, tenía varios signos de exclamación rojos… ¡Párala, párala!

Ley de Murphy: con las prisas, la oscuridad y que no conozco el mando no atino a darle al stop; estos que siguen: «¡Aaah, aaaah!»; esa puerta que se abre, ese padre que aparece a contraluz, como en una secuencia de Hitchcock, observa el panorama y abre mucho los ojos, supongo que con el eco de las palabras de su hija resonando en su mente: «Una peli de las que le gustan a Salva, una peli de las que le gustan a Salva…».

Finalmente consigo pulsar el botón de la pausa y en la gigantesca pantalla se queda congelada la mitad de una polla enorme (ya os imaginaréis dónde estaba escondida la otra mitad). Maldita alta definición; con el VHS la imagen habría estado movida, o con una franja en medio… Pero esa era una foto perfecta en el televisor más grande del mercado.

La mirada del padre vagó de la tele a mi cara, de ahí a las copas de vino, de nuevo a la tele, de vuelta a mi cara… Con una expresión que venía a decir: «nunca me has gustado un pelo y no voy a dejar que perviertas a mi niñita, degenerado». Su «niñita», que ya tenía una edad, no hacía otra cosa que temblar en silencio (aún aguantaba broncas inmensas del papi si faltaba a misa), así que yo tenía que hablar, decir algo, lo que fuera y cuanto antes, pero entre los nervios, el vino y esas cejas gallardonianas mirándome tan fijamente, me entraba la risa y no había manera de terminar una frase.

—Fuera de aquí.

—Pero… no, si es que… ¡ja, ja, ja!

—Fuera.

 

Siempre estas alli

Música: Siempre estás allí, de Barón Rojo

Imagen de cabecera: Viña Rock

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8 sin mordaza

  1. Ya os habréis dado cuenta de que esta entrada no es de política. He pensado que de vez en cuando podría publicar alguna de estas cosas que nunca subo al blog por salirse de la temática de Vota y Calla. Pero como aquí mandáis los Lectores Sin Mordaza, me gustaría que me hicierais saber vuestra opinión. ¿Os interesaría leer también (excepcionalmente) artículos sobre otros temas, o nos limitamos a la política pura y dura?
    Depende de lo que me respondáis y de las reacciones que genere este artículo, así haré.

    ¡Gracias!

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  2. Todavía estoy riéndome xD. Justamente, cuando he leído lo de la película en casa de los suegros he pensado: «A que es una porno y se arma la de dios». No me equivocaba.

    Por cierto, es buena idea eso de cambiar de tema de vez en cuando, pero claro, es solo mi opinión.

    Saludos ;)

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  3. Enorme, Salva, ENORME! Y no me refiero al miembro de los maromos!

    Gracias por compartir esta vivencia, parece sacada de Porky’s. Que por cierto, la alquilé en un videoclub con 11 añitos pensando que era «de risa» para ver con mis padres… y al final fue que no.

    Por mí, estoy de acuerdo que de vez en cuando publiques boutades como esta, por qué no. De esta manera, se oxigena el blog.

    Saludos,
    -David

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  4. Joder tío, me ha pillado en el bar con el menú de camino y me partía de la risa con la peña mirándome como a un bicho raro y al ver las caras, la risa ha sido ya algo descontrolada. Me has recordado un episodio parecido de hace mil años.

    Viene bien reírse de uno mismo de vez en cuando y si lo compartes, mejor…

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  5. Mira que me he reído con la entrada, por mi puedes meter este tipo de entradas de vez en cuando.

    Inocente que eras Salva. Una duda: ¿No la bajarías con el Ares?

    Pd: Me llegó el correo con la entrada nueva, miro si esa larga para ver si me da tiempo a leerla. Miro el título y las entradas relacionadas: ¿Amenaza de aborto? Me descolocó un poco, pero cuando la leí ya lo entendí. ¡Qué buena la entrada!

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  6. Me encanta comprobar que hay situaciones ajenas que superan los ridículos propios. Si vas a contar más historias como esta, por mí como si te olvidas de la política.

    Aclara una cosa: ¿viniste o no viniste al Viña?

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  7. ¡Ey, parece que os ha gustado! Me alegro. Traeré de cuando en cuando algo distinto, entonces. Esa era la idea, «oxigenar», como dice David, que la política puede llegar a quemar (escribir de tanta porquería a veces te deja un pestazo en los dedos como cuando echas gasolina…).
    Aviso: no siempre serán cosas frívolo-humorísticas, pero sé que cuando no os guste me lo diréis igual.

    ¡Jaja! Porky’s, qué tiempos. Ahora los chavales tienen Pornotuve.

    Ah, Vicente, pues si quieres ponerte en ridículo tú también, este es tu sitio XD Lo mismo le digo a Berto.
    Sí, sí, fui a Villarobledo… pero sin compañía femenina. Recuerdo que me divirtió ver que la Guardia Civil (¿o era la Policía?) iba en Seat Panda, rotulados y tal. Y estaba el bar Dios. Así, tal cual. Bar Dios.
    Por cierto, que en mi zona también tuvimos un festival interesante, el Menorrock.

    Miguel: no la bajé yo (es lo único que me salva del ridículo completo), fue ella. Me suena el Emule, pero a saber, nunca he usado esos programas.

    Gracias a todos ;)

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  8. Blanca Vázquez 06/05/2015 a las 13:54

    Se me ha quedado la risa puesta, muy bueno, muy bueno jajajaja.
    Yo a favor de que nos sorprendas de vez en cuando.
    Un saludito

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