Feliz 1984, chicas

Espero que no os moleste que vuelva a abordar este tema. Es el tercer artículo seguido que le dedico a la reforma de la ley del aborto, pero creo sinceramente que el asunto lo merece. De cualquier manera, las dos entradas previas eran distintas: la primera, una historia real de hace 18 años; la anterior a esta, una disección del anteproyecto de ley, citando varios párrafos del mismo; y el que sigue, un artículo de opinión más al uso.

 

Feliz 1984, chicas

 

La reforma de la ley del aborto, como tantas otras actuaciones del Gobierno durante estos dos años, tiene una base ideológica. En La doctrina del shock, que ya cité aquí, la autora explica cómo los gobiernos aprovechan este tipo de coyunturas para colarnos a los ciudadanos medidas contra las que, de no existir la angustia y el miedo actuales, nos rebelaríamos, pero que así tragamos casi sin rechistar. Y si protestamos, mordaza, sanciones, y órdenes de alejamiento del Congreso, que esto ya es lo último (si es al revés, señores jueces, deberían dictar una orden de acercamiento de los diputados hacia el pueblo).

Con la derecha siempre es igual, ellos lo tienen todo muy fácil, y aquí hallamos una prueba más de que la vida no es como en los cuentos. Aquello tan bonito de que hay una justicia según la cual cada uno recibe lo que merece, es precisamente eso: un cuento. Cuando, tras mucha sangre, sudor y lágrimas, se consiguen los avances sociales, la derecha, en un alarde de coherencia, no duda en beneficiarse de los mismos. Así lo hizo con la legalización del uso de la píldora, el derecho de huelga, el divorcio… Con todos. Las personas de derechas juegan con cartas marcadas, pues se acogen como cualquier otro ciudadano a los derechos que, no es sólo que no ayudaran a alcanzar, sino que pusieron mil trabas para que no existieran. Las mujeres que presionaron por poder abrir una cuenta bancaria sin necesidad de recurrir al permiso de su padre o su marido, eran unas frescas, unas marimachos (todavía no se había inventado lo de «antisistema»). Pero cuando lograron su objetivo, las señoras de derechas comenzaron a abrir cuentas por ellas mismas, como si tal cosa.

Se oponen por principio a cualquier progreso, de ahí lo de «conservadores». Esta actitud sólo se explica por una cruel falta de empatía: estamos bien como estamos, ¿para qué cambiar? Pues porque vosotros estáis bien pero, ¿habéis pensado por un minuto en los demás, en los de abajo? A esto responderían con la frase de Andrea Fabra, también usada por Marhuenda:

Mientras la izquierda luchaba por el estado del bienestar que tanto ha costado conseguir, las buenas gentes de derechas, en el mejor de los casos esperaban tranquilamente en el sofá, cargando de palabra contra los rebeldes. Y en el peor, se encargaban de reprimir, perseguir, encarcelar, asesinar. Respecto al aborto, que es el fondo de este artículo: las chicas y mujeres sin recursos «asesinaban brutalmente a un inocente», con el desprecio por la vida típico de aquellos que no tienen dinero ni moral; entretanto, las niñas bien se iban de vacaciones a Londres y volvían sin que nadie se enterara del motivo real de su viaje, habiéndose quitado un peso de encima.

 

No hay que tener miedo a ser tachados de antisistema. En realidad, la izquierda debería tener continuamente un pie fuera del sistema, e intentar arrastrar al sistema hacia allá, para hacerlo más amplio e integrador. También fueron antisistemas los que luchaban por abolir la esclavitud, legalizar el divorcio y los matrimonios homosexuales, despenalizar el aborto, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores… Conquistas y logros casi todos ellos atribuibles exclusivamente a la izquierda. La derecha no es antisistema porque se encuentra muy cómoda apoltronada en él. Hoy día están fuera del sistema los que quieren la dación en pago, los que pretenden una democracia que merezca ese nombre, los que buscan acabar con los injustificados privilegios de los poderosos… Antisistemas, claro. Anti(este)sistema. Y a mucha honra.

Una de los aciertos del Gobierno de Zapatero fue la aprobación del matrimonio homosexual. Recordaréis las consecuencias, es reciente: manifestaciones organizadas (estas sí) por la Iglesia y el PP, con los dirigentes eclesiásticos y populares en primera línea, sujetando las pancartas, y detrás miles de beatos y reaccionarios. «Se destruye la familia»; «que no puedan adoptar, que los pobres niños van a salir todos maricones», etc. Derecho este, por cierto (el de manifestación), que también hay que agradecerle a la izquierda, y que los conservadores no dudan en utilizar cuando les conviene. Sin embargo, dentro de un tiempo el matrimonio entre personas del mismo sexo estará aún más normalizado que hoy en día (a no ser que vuelva a ganar el PP y la Iglesia continúe cobrándose favores), y Paco y Manuel podrán casarse con sus carnets de afiliados al partido de la gaviota en las carteras.

Por supuesto, la Iglesia no moviliza a su rebaño porque sí. Esta siniestra institución apoyó al nazismo y otras dictaduras criminales para su propio beneficio (la aberración consistente en que la ciudad del Vaticano sea un Estado se lo deben a Mussolini, ese demócrata). Del mismo modo, ahora le han pedido al PP el pago por haber movilizado a sus fieles a favor de los de Rajoy cuando estos esperaban su turno en la oposición. Y lo que la Iglesia exige a cambio es que nos montemos todos en la máquina del tiempo para que los derechos de las mujeres retrocedan a 1984 (curiosa fecha).

 

 

 Legislar desde la fe (rosarios y ovarios)

Si fueran consecuentes, con lo que predican, aún. Pero no puedo con su hipocresía. Hablan de «asesinatos» habiendo reforzado cimientos de conventos con fetos abortados por monjas. Hay sacerdotes que ponen todas las trabas posibles para impedir que sus fieles tengan una sexualidad libre y sana, mientras mantienen ellos mismos relaciones sexuales. Por no hablar de los innumerables casos de pedofilia encubierta por la Iglesia; en esto, también, cero responsables. Ante este fariseísmo, no queda otra que rebelarse.

Pederastia, Iglesia

Ver sólo la paja en el ojo ajeno.
Por sus obras les conoceréis.

 

Que no se meta a la Iglesia en  temas políticos, nos dicen. ¡Si ni siquiera se preocupan en disimilar! Salió Rouco Varela preguntando ¿qué hay de lo mío?, y a los diez minutos contestaba Gallardón, haciendo reverencias con cara de inocencia: perdón, perdón por el retraso, monseñor; no se enfade, llegará muy pronto.

 

De hipocresía parece ser que también anda bien servida Letizia Ortiz. Según el libro de su primo, Adiós Princesa, Letizia se quedó embarazada del novio anterior al Borbón, abortó voluntariamente (sin que hubiera riesgo alguno para su salud ni para la del feto) poco antes de empezar con el príncipe, y después trató de ocultar este hecho con ayuda de Felipe. En el libro se aportan documentos probatorios. Aprovecho para recomendároslo, habla de muchas más cosas aparte de la anécdota del aborto, es muy interesante. Revela, por ejemplo, que nuestros monarcas comen a diario con botellas de vino de 250 euros la unidad.

La hipocresía viene a continuación. Siguiendo las doctrinas oficiosas de este Estado «aconfesional», la princesa habría pasado de la noche a la mañana a creer en Dios, convirtiéndose en una paladín de los antiabortistas, en un azote más de la libertad de las (otras) mujeres. Según se cuenta en el libro (y debe de ser cierto porque, además de los citados documentos probatorios, desde su publicación en abril el autor no ha recibido demanda alguna, ni de la casa real ni de su prima), en una de las habituales cenas con comensales del Opus (en este caso, familiares de un histórico dirigente del PP), se discutía si es lícito abortar cuando el feto presenta malformaciones y/o está en peligro la vida de la madre. La opinión unánime en la mesa era que no (lógico, dado el percal). Y Letizia, habiendo ya abortado voluntariamente, opinó:

 

Yo creo que (…) cualquier ser que te mande Dios debe ser respetado. Si (…) mañana (…) descubren que mi niño está mal, es que Dios quiere que ese niño venga así al mundo. Yo no lo dudaría: lo tendría.

Para vomitar, ¿eh?

No han denunciado, pero sí intentaron silenciarlo. Lo habitual en este país. Y con éxito: aparte de Mongolia e Intereconomía, pocos medios más, que yo sepa,  se atrevieron a informar al respecto. Ni un minuto en las televisiones nacionales. Y no me diréis que el asunto no era idóneo para vertederos como Sálvame… Pues no, nadie se atrevió a enfadar a su majestad.

Y de nuevo la doble moral de Iglesia Católica, que debería haber excomulgado a la princesa, aunque ya sabéis: «no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen».

Es muy peligroso legislar desde la fe. Preferiría que en estas cuestiones prevaleciera la opinión de la Organización Mundial de la Salud sobre la de la Conferencia Episcopal, de igual manera que elegiré, en caso de necesidad, que un médico me haga un trasplante a que cien curas recen para que me sane. Llamadme loco.

 

 

Si fuera por esta gente, todavía estarían prohibidas las transfusiones de sangre. Nos hacen perder un tiempo muy valioso, que además supone un coste de cientos de miles de vidas (de vidas reales, no de células madre o embriones). Son una rémora para la Humanidad, que se ve obligada a avanzar arrastrando una bola pesada y negra. La Humanidad ha progresado a pesar de la Iglesia católica y de las religiones en general, y si algún día consigue quitarse esa cadena del tobillo, será emocionante verla correr…

 

Música: Preguntitas sobre Dios, de Atahualpa Yupanqui (versión de Soledad Bravo).
 
¿Que Dios vela por los pobres?
Tal vez sí, y tal vez no
Pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón

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3 sin mordaza

  1. Como se nota, que ninguna mujer de la familia de estos legisladores del tres al cuarto, se ha quedado embarazada sin desearlo.No ya por abuso sexual o con problemas en el feto, si no simplemente de un descuido.
    Digo yo, que los hijas de los poderosos, siempre están en internados. Estudiando, dicen a sus amigos de golf. Quizá más de una está en un convento, como antaño, esperando que un medicucho con título de todo a cien, le meta una percha oxidada por el «*@€**%&», para volver a su vida de siempre desangrada.¡¡ Ahhhhh no!! que eso es para quien no se puede pagar un viaje al extranjero o una clínica privada.¡Claro! que inocente soy!!!

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  2. Lo que me hace gracia es ver como juegan con nosotros, el principal problema reside en que la gente no QUIERE ACEPTAR que todo es una gran puesta en escena y una farsa, pasando por la iglesia, o la masoneria a la que pertenece el amiguete pérez-reverte y compañia, el judaísmo (aquí habría que explicar de forma bastante exhaustiva el por qué, asi que lo dejo a vuestra investigación individual) asi como la política (partido políticos) todo creados para la gestación del nuevo orden mundial, cosa que no es nueva, (hablamos de milenios aunque parezca imposible) lo peor es ver a gente que discute por cosas tan banales como el aborto, seguiremos perdiendo el tiempo y nuestra vida mientras sigamos andando en círculos.

    Saludos

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    1. Hola, Yuss.

      Que nos distraen con cuestiones triviales, el pan y circo y todas esas cosas, es indiscutible. Pero no puedo estar de acuerdo contigo cuando te refieres como «banal» a una reforma de la ley del aborto que puede ser tan perjudicial para muchas mujeres, especialmente, como siempre, las que cuentan con menos recursos económicos. Ante tales ataques no queda sino defenderse.

      Un saludo, y no obstante, muchas gracias por compartir tu opinión con nosotros.

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