Los trenes (y los taxis) de la vergüenza

 

Se está hablando mucho del tren de Extremadura, y eso me ha hecho acordarme de algo que me sucedió hace tres meses, en este caso, en el tren de Murcia.

Me quito la mordaza y os lo cuento.

 

Sabéis lo que ocurrió en Extremadura, los medios de comunicación le han dado mucho bombo: el tren de Badajoz a Madrid dejó tirados a los pasajeros en mitad de la nada durante tres horas, hasta que varios autobuses los recogieron y los condujeron a su destino con un retraso de cuatro horas. Esto sucedió el 1 de enero. Feliz Año Nuevo.

Esta incidencia y otras que tuvieron lugar el mismo día, han colmado la paciencia de los ciudadanos, que protestan por el mal servicio que les presta Renfe. Retrasos, trenes que se estropean e incluso un reciente descarrilamiento (por suerte, sin heridos).

Los medios se refieren a él como «el tren de la vergüenza» o «el tren indigno».

De Badajoz a Madrid hay 400 kilómetros. Para recorrer ese trayecto en coche se necesitan tres horas y cuarenta y cinco minutos, según Google Maps. En cambio, el mismo recorrido en tren supone seis horas.

Veamos qué pasa en Murcia.

 
 

De Madrid a Murcia en tren (y taxi)

 

De Balsicas a Madrid hay 430 kilómetros. (Balsicas es un pueblo de Murcia, es la estación que me pilla más cerca). Lo que serían menos de cuatro horas en coche, el tren las convierte en cerca de cinco.

Pero eso no es lo peor. Como ya conté por aquí, el servicio lo presta un Altaria viejo, mugroso, con asientos rotos, olor a casino pureta… El Hartaria, le llaman en mi tierra.

El 23 de octubre regresaba de Madrid en una de estas tartanas, concretamente el Altaria 226.

El tren había salido de Atocha a las 19:20 y su llegada a Balsicas estaba programada para las doce de la noche. Os hago spoiler: llegó a las tres de la mañana.

Habíamos recorrido más de medio trayecto, estaríamos por Albacete, cuando la pituitaria, que a esas alturas ya había interiorizado el aroma rancio del vagón, recibió un olor muy desagradable, como a plástico quemado.

Recuerdo que miré alrededor, medio ensoñiscado, por si había algún pirómano, pero no vi a nadie jugando con un mechero.

El revisor pasó por allí y una mujer le preguntó a qué se debía ese pestazo.

—Nada, no se preocupe. Se ve que el maquinista ha frenado más fuerte de la cuenta, es el olor de los frenos.

Me extrañó la respuesta, porque en otro viaje, unos meses antes, salvé a una señora mayor de estamparse contra el suelo de la cafetería por culpa de un frenazo brusco (la cabeza se le quedó a cinco centímetros del suelo), y en aquella ocasión no se olió nada raro.

Volví a ponerme los cascos. Cuando se acababa el podcast que iba escuchando, el tren se detuvo en la estación de Hellín.

Pero la breve parada habitual se alargaba de manera inquietante, hasta que vino otro operario a decirnos que había un problema con la locomotora y que no sabían si iban a poder arreglarlo.

—¿Y cuándo lo van a saber?

—En cuanto lo sepamos les informaremos.

—¿Y si no pueden arreglarlo?

—Entonces tendrán que enviar otro tren desde Cartagena.

—¿Y a qué hora llegaría?

—Puff… Desde que se diera aviso, una hora y media aproximadamente, señora.

Me acordé de que al día siguiente me sonaba el despertador a las siete y media y se me escapó un bostezo preventivo.

 

Esperábamos y nadie decía nada, no había novedad, continuaban «haciendo pruebas».

La gente se empezó a poner nerviosa. Recuerdo a una mujer en concreto. Me había fijado en ella porque, cuando pasaron por los asientos ofreciendo la prensa, ella respondió: «Deme La Razón», y en esas ocasiones yo, como soy idiota, siempre pienso lo del chiste: «Como a los tontos».

A ver, viajaba solo, te tienes que buscar tus truquillos para no desesperarte. Eso, o pillarte un pedo caro en la cafetería a base de botellitas de vino de 18 cl. Pero prefiero mantener los reflejos alerta, por si he de rescatar a otra anciana en apuros.

 

La Razón 23 de octubre de 2018

Portada de “La Razón”, 23 de octubre de 2018

 

No nos salgamos de la vía. Os iba a contar que la mujer del periódico, agitando la cara de Pablo Casado en portada, empezó a gritar que la culpa de todo esto era de los del soterramiento. Un chico joven le replicó y empezaron a discutir con bastante vehemencia, y yo me salí del vagón para no oír los gritos, aunque estaba de acuerdo con el chaval.

En los corrillos de la estación, a las once de la noche, moviéndonos para engañar al frío, una mujer contaba que cogía ese tren habitualmente, por trabajo, y que lo mismo le había sucedido ya en varias ocasiones.

(Esto lo comprobé más tarde y es cierto: era la tercera vez que ocurría una incidencia similar en un mes).

Aguardamos junto a las vías. Oí a un tío con pinta de ejecutivo comentar que iba a pedir un taxi y le dije que me apuntaba.

El ejecutivo cerró con el taxista por teléfono un precio de 90 euros hasta Murcia. Era un taxi de seis, así que salíamos a 15 euros.

El taxi venía de Tobarra, tardaría aún unos veinte minutos. El de la llamada entró a la cafetería a buscar a otros cuatro que se vinieran con nosotros.

Por desgracia, no encontré a nadie que siguiera camino hasta la costa, así que el trayecto posterior de Murcia a la playa tendría que pagarlo solo. 65 euros.

Mientras esperábamos, el tren arrancó. Preguntamos a un revisor (no sé si se llaman así, lo mismo te piden el billete que calientan bocadillos en la cafetería) si era una buena noticia o un último estertor, pero no quiso o supo mojarse.

Entonces pensé: ¿y si sale el tren, pero más adelante vuelve a fallar, y nos quedamos tirados entre dos estaciones, a oscuras y con el frío que hace?

Miré la cartera, bostecé y me decidí definitivamente por el taxi.

Mis temores no eran descabellados: eso fue lo que les sucedería a los pasajeros del tren de Extremadura a Madrid el 1 de enero.

 

 

Los empresarios del taxi

 

Cuando llegó nuestro taxi, la mujer de La Razón, la que gritaba, la de la plataforma antisoterramiento, resultó ser una de sus ocupantes. Le di las gracias por lo bajini a un dios en el que no creo. Gracias, Tío. Eres un cachondo.

Yo fui delante, en ventanilla, con otro hombre a mi lado, junto al conductor.

Resultó que el «taxista» no era tal, sólo un tío al que le dejaban el coche. No llevaba ni un mes haciendo ese trabajo, y no conocía nada fuera de Tobarra. Tampoco sabía manejar el GPS, y su jefe lo acababa de levantar de la cama o del sofá para que viniera a recogernos, se veía que necesitaba medio litro de café y una ducha de agua fría.

Su situación era la siguiente, que es bastante habitual: el dueño de la licencia y del coche le cede el vehículo a un pringao para que lo conduzca por él. A cambio, el pringao le da la mayor parte de la recaudación, o le paga un alquiler previamente pactado, mientras él se queda en casa tocándose las pelotas.

Entiendo que esto es ilegal, pero se hace. Mucho.

El taxista de mentira nos contó que además debía encargarse de lavar el vehículo, echar gasolina, etcétera.

De hecho, recuerdo que el hombre se mostraba preocupado porque iba a entrar en la reserva, pero como estaba fuera de Tobarra, no encontraba una gasolinera de una multinacional en concreto, que es la única en la que su jefe le permitía repostar. Según nos contó, su jefe le decía que en esas gasolineras cundía mucho más el litro de combustible que en otras. Pero él barruntaba que el verdadero motivo de esta imposición estaba relacionado con algún descuento o comisión.

Creí que lo peor del viaje iba a ser aguantar las tonterías y las discusiones de la mujer del periódico y los otros, en las que apenas abrí la boca, excepto para bostezar. Estaba muy cansado. Pero qué va. Lo peor fue el «taxista».

Ya he dicho que el pobre hombre no sabía por dónde se iba a Murcia, y por si fuera poco, estaba sordo del oído derecho, así que mi compañero de asiento, sentado en medio, junto a él, tuvo que ir todo el camino repitiéndole en voz alta las indicaciones del GPS del móvil. ¡Que en la próxima continúe en el carril derecho y tome la siguiente salidaaaaa!

Lo curioso es que el conductor, aunque sólo tenía un cincuenta por ciento de audición, se empeñaba en llevar la música de la radio a un volumen considerable, que se mezclaba con las conversaciones: la culpa es del PP; la culpa es del PSOE; Andalucía, Extremadura y Murcia son el culo de España (yo).

El aprendiz de taxista tampoco llevaba el manos libres conectado, por lo que cada vez que manipulaba el móvil cambiaba involuntariamente de carril. Nos acojonamos y mi compañero del GPS terminó haciendo también de telefonista.

El conductor pedía: «busca en la H, Hermano», o «en la A, Antonio jefe». «¿No? Pues mira en la J, Jefe Antonio». Y lo mismo con su mujer. El otro llamaba y le entregaba el móvil, que el conductor ponía junto a su oído izquierdo.

Mi compañero de asiento se pasó todo el viaje con un móvil en cada mano, para evitar que el taxista nos matase. Aun así, como era de noche y no tenía ni la más remota idea de por dónde iba, el chófer nos puso en riesgo más de una vez al pegar un volantazo para coger la salida en el último momento, o rectificar y no cogerla.

Mi compañero, para intentar llegar vivo a Murcia, terminó conectándole el manos libres del móvil cuando quiso llamar al dueño de la licencia. El jefe le preguntó por dónde iba, hizo dos o tres bromas absurdas y le aconsejó que al día siguiente arrancara el taxi diez minutos más tarde, jejeje, que le diera tiempo a dormir cinco horitas por lo menos, jejeje.

Si soy yo, se lo devuelvo rotulado con el logo de Uber.

Por este tipo de cosas miro con cierto recelo este posicionamiento tan contundente de la izquierda, apoyando las reivindicaciones del sector del taxi frente a las empresas VTC como si los taxistas fueran, así en general, compañeros proletarios a los que hay que defender frente a los «buitres financieros».

Para que nadie se confunda, que conste que no he cogido un Uber, Cabify ni BlaBlaCar en mi vida, y, en cambio, me subo a varios taxis cada año.

 

En Murcia relevé a mi compañero para guiar al taxista hasta la playa. Y cuando al fin me dejó en mi pueblo (hora y cuarto desde Hellín a Murcia, cuarenta minutos más yo solo con él), me pidió que le explicase cómo regresar a Tobarra. Aunque estaba deseando tirarme en la cama, hice lo que pude, pero no me sorprendería que hoy siguiera dando vueltas por ahí.

 

 

Extremadura y Murcia, el culo de España

 

Renfe nos devolvió íntegramente el importe del billete de vuelta, 41,10 euros.

Pero dos de los ocupantes de mi taxi tuvieron que pagarse un hotel en Murcia, a sumar a los 15 euros de la carrera, así que fue como si no les hubieran devuelto nada.

Por mi parte, me gasté 80 euros en el taxi, así que las molestias y la hora y media de retraso me salieron a pagar.

 

A los que se quedaron tirados en Navalmoral de la Mata (Extremadura) les pusieron autobuses gratuitos. A nosotros, ni eso.

Por lo que he sabido, nuestro tren nunca reaccionó a las maniobras de reanimación, así que tuvieron que enviar el de Cartagena, que no llegó hasta la una y media de la mañana (desde las once, que se estropeó el tren en Hellín). Si me hubiera esperado, no habría abierto la puerta de casa hasta las tres y media.

 

Con una búsqueda rápida en internet, he encontrado estos casos de incidencias en el tren de Madrid-Murcia / Murcia-Madrid. Si busco con un poco de cuidado, seguro que salen muchas más:

 

  • Abril de 2017. El tren de Madrid a Murcia se paró y hubo que enganchar los vagones a otra locomotora. Tres horas de retraso.

 

 

  • Diciembre de 2018. El Altaria de Murcia a Madrid se averió y los pasajeros tuvieron que cambiar de tren.

 

  • Enero de 2019: Media hora de demora en el tren de Murcia a Madrid, y dos horas de retraso el mismo día, en el trayecto de Madrid a Murcia.

 

A muerte con las reclamaciones de los extremeños. Pero a ver cuándo se acuerda alguien de la nalga derecha.

 

A pesar de los avisos y las quejas, no lo dudéis: si en Extremadura o Murcia ocurre una catástrofe como la del Alvia de Angrois, todos los responsables (políticos, Renfe y Adif) se mostrarán muy sorprendidos.

Y hasta puede que acaben echándole la culpa al maquinista.

 

Si te gusta lo que lees, deja aquí tu dirección para que pueda avisarte de cada nueva entrada:


 

También te puede interesar:

16 sin mordaza

  1. Hola Salva.

    Que dice un paisano de Tomelloso (37.000 habitantes) que os cambia el tren a los extremeños y murcianos a ojos cerrados. Yo creo que es por envidia, porque ellos tienen que elegir entre ir hasta Alcázar de San Juan (30.000 habitantes, 35 kms) para coger el tren convencional, o hasta Manzanares (18.000 habitantes, 38 kms) para viajar en el AVE. Tampoco hay autobús, así que es bastante habitual que un vecino te lleve. Fomenta la socialización, a cambio de tocarles las vías a los tomelloseros.

    Esto pasa, no sólo por la manía del AVE – el día menos pensado RENFE adoptará el lema “aut avis, aut nihil” – sino, sobre todo, por el empecinamiento del trazado radial.

    Encantado de volverte a leer.

    Saludos a la peña.

    Responder
    1. ¡Hola!

      Sí, Albacete también podría formar parte de este trasero metafórico del que hablamos.

      Pero oye, 38 kilómetros, yo me daba con un canto en los dientes. Los murcianos, para coger el AVE, tenemos que desplazarnos hasta Alicante: 80 kilómetros. Puf.

      Gracias, Vicente. He estado (y estoy) liado con el libro, pero pronto os podré dar buenas noticias :)

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  2. Hombre Salva, imagino que algunos taxistas no son seres de luz; como tampoco lo son algunos médicos, abogados, informáticos o cerrajeros. Lo que se debatió (y estoy plenamente de acuerdo), en términos generales, es la competencia desleal. Las empresas VTC incumplen sistemáticamente con la legislación fiscal y laboral que sí cumplen los taxistas (obviamente algunas ovejas negras, no). Me gustó mucho un comentario que leí por ahí, algo así como “cuando quieras asistencia médica, pídesela a Uber o Cabify.” Obviamente no va por ti :-)

    En este aspecto, estoy del lado de los que pagan sus correspondientes impuestos; y frente a los que explotan a sus trabajadores y tributan en otro sitio. Repito, que siempre habrán excepciones, como tu fake-taxista.

    Un abrazo!

    Responder
    1. ¡Ey, David!

      Repito que hasta ahora no he utilizado ninguna empresa de VTC, y sí muchos taxis. Pero precisamente por eso, me parece que este asunto se está tratando de forma muy sesgada. Porque lo que he contado no es una excepción, hay un chanchullo enorme con todo esto, un trapicheo indiscriminado de licencias y demás, y sin embargo, sólo se habla de que las empresas de VTC incumplen la ley, o explotan a sus trabajadores, mientras con los taxis se mira para otro lado.

      Es como lo de los falsos autónomos, que parece que lo ha inventado Glovo.

      A los taxistas, por otra parte, no les importa lo más mínimo dónde tributan o dejan de tributar las VTC. Lo que les molesta es la competencia, que hasta hace poco no existía. Y sin competencia se vive muy bien. Y algunos, como el taxista explotador del que hablo en la entrada, muy-muy bien.

      Si creyera que los que trapichean con las licencias son tres casos aislados, estaría contigo. Como no me parece que sea así, no me posiciono en este “conflicto”.

      Un abrazo, tío.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  3. Qué poco te has parado en el tema de la licencia de los taxis, señorito Solano. Supongo que el tema del posicionamiento de la izquierda es porque se supone que los taxistas son un servicio público VS una multinacional. Aunque por lo poco que tengo leído, las licencias de los taxistas al final quedan en manos de gente que la subcontrata (¿Puedo usar esta palabra?). Creo que lo que deberían hacer los ayuntamientos es alquilar las licencias y prohibir cederlas. O hacer otra cosa -aquí que hablen los expertos- para acabar con esa especulación. Pero eso en España debe estar prohibido por ley…

    Twitter: @MigueI_1

    Responder
    1. ¿Qué hay, Miguel?

      Es que el artículo iba a ser exclusivamente sobre los trenes, palabra, pero luego la escritura te intenta liar para llevarte por donde quiere, y yo siempre he sido un chico fácil.
      Y al contar lo que pasó me he salido de la vía para meterme en el carril taxi.

      Es por lo que tú dices (o por alguna estrategia electoral que no acabo de comprender), pero ya me dirás qué tiene de proletario o de compañero de clase social el dueño del taxi del que hablo en el artículo. Y tantos otros como él.

      Se debería acabar con esa especulación, como debería haber inspecciones de trabajo para terminar con los que echan horas extras obligados, las nóminas mitad en A mitad en negro, el truquillo de despedir y volver a contratar al mismo cien veces, el que oculta sus beneficios para no pagar impuestos, el que pone sus bienes a nombre de la mujer, la hija y el perro… Pero España es el paraíso del empresario cabrón.
      Conozco a muchos de estos, y nunca tienen ni tendrán un problema.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  4. Jolin, qué pesimo servicio en un lado y en otro. Yo no he seguido mucho lo de los taxis, aunque lo poco que he oído y visto, me sugería que el meollo de la cuestion estaba más en la competencia con otro sector parecido que en otra cosa, si bien dudaba y concedía que igual a ellos les cobran muchos más impuestos que al otro sector, o que es un sector pirata…o medio pirata… Ayer mismo, leyendo sobre eso, me tope con un comentario que transcribo: COMENTARIO A DESTACAR DE MOMOAC: ” Queridos taxistas, se os ve el plumero!

    Como bien dice el ex-taxista y abogado Pablo Franco, para empezar, los taxistas no sois empleados, por lo que no podéis hacer huelga. En todo caso al ser empresarios autónomos, podéis hacer un cierre patronal. Pero esto que estais haciendo, colapsar ciudades, es ilegal y lo vais a pagar.

    Sois unos sinvergüenzas, habéis estado trabajando toda la vida en B y explotando a vuestros empleados y ahora venís a quejaros de la competencia???

    Sois famosos por hacer trampas, trucar taxímetros, cobrar de más y dar vueltas innecesarias. Así que ahora si hay un servicio con mejor calidad precio y más limpio y efectivo os jodéis, como nos hemos jodido tantos empresarios cuando nuestros negocios han quedado obsoletos como el vuestro.

    La ley prohíbe alquilar licencias pero vosotros lo hacéis y, por lo tanto, lo cobráis en B mientras explotáis al conductor que conduce vuestro taxi 12 hrs diarias.

    Trasferir una licencia en el ayuntamiento cuesta menos de 5.000€ y vosotros especuláis con ellas y las revendéis por 100.000€ y encima en dinero negro, asi que explicadme cómo se construyen puentes y hospitales con ese dinero que tenéis debajo del colchón.

    Tenéis el privilegio de ser considerado servicio público cuando sois empresarios privados, tenéis paradas en nuestras calles, areopuertos y estaciones y un montón de privilegios más. Y encima os quejais…

    Queréis un monopolio en el transporte en base a qué?

    En que otro sector existe o pasa esto? Os imagináis a los videoclubs pidiendo que se prohíba internet? a Olivetti pidiendo que se prohíba Word y las impresoras? A Kodak pidiendo que se prohíban los móviles con cámara?

    Es evidente que al que se ha comprado una licencia y se ha gastado 100.000 euros le fastidia que su inversión no sea tan rentable como esperaba, pero cada uno es responsable de sus propias inversiones y si vuestro sector se quedó obsoleto como otros muchos, por culpa de las nuevas tecnologías y de que vosotros no hayáis sabido adaptaros a tiempo, echad la culpa al que os vendió la licencia 95.000 € más cara de lo que debería haberos costado y no a nosotros, los ex-usuarios que no tenemos la culpa de que exista un servicio infinitamente mejor que el arcaico taxi y su taxímetro.

    Y seguid jodiendo al personal, colapsando ciudades y atacando ciudadanos y competencia que veréis que bien os va…

    No vuelvo a ir en Taxi.”

    Responder
  5. Después de mucho, mucho tiempo me vuelvo a dejar caer por aquí…

    Como siempre, has dado en el clavo, con el tema y con el análisis. El asunto de los trenes da para muchísimo, puede que hasta para una tesis doctoral, jajaja.

    He leído en otro comentario que el AVE y el trazado radial son los culpables y no puedo estar más de acuerdo. En ese sentido puedo considerarme una “privilegiada” porque en Zaragoza tenemos la suerte de estar a medio camino entre Madrid y Barcelona y eso en las comunicaciones se nota. Eso sí, sí tiras para otro lado la cosa no está tan bien.

    Un ejemplo muy, muy bestia es el de Teruel (soy medio turolense, ¿vale?). Os pongo una noticia al respecto y de paso os doy “La Razón” :)

    El tren en Teruel: el más lento de España, hasta lo adelanta un tractor

    Otro ejemplo curioso es que de Zaragoza a Santander en tren solo puedo ir vía Madrid. Con un básico de geografía nos damos cuenta de lo absurdo que es esto.

    Lo de los taxis da para otra tesis doctoral, la verdad. Yo también estoy a medias, como tú. He usado Uber una vez (en París y porque me era más cómodo pedirlo todo con una app que llamar por teléfono). Blablacar en cambio sí que lo he usado bastante, como conductora y como pasajera, pero creo que no es comparable. De hecho también me parece muy interesante esa cultura de compartir que ha surgido (me suena que lo llaman “comunerismo” pero lo mismo me estoy columpiando.

    En fin, que enhorabuena por ese arte que tienes escribiendo y gracias por compartirlo y hacernos pensar. ¡Un besote!

    Responder
    1. Pues sí, ya se te echaba de menos. Pero no te puedo decir nada porque yo también llevaba un tiempo sin pasar por aquí, y eso sí que tiene delito.

      ¿Otra vez La Razón? Vota y Calla, un blog Marhuenda friendly.
      Como siempre, titulares nada sensacionalistas y perfectamente adecuados al cuerpo del artículo.

      Gracias por contarnos cómo son las cosas ferroviarias por Zaragoza y ¿Teruel? ¿Dónde está eso? :P

      ¡Un beso!

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  6. este momento algún día tenía que llegar!
    y ha llegado.

    Independencia de Murzia, ya!

    Como de todos es sabido el glorioso reino murciano que comprende villas, concejos y municipios desde Zahara de los Atunes y Figueras debe inciar su lucha por un tren digno bajo el comando del que será nombrado Salva Uno, Rey de Reyes.

    (Desde la capital del Imperio ofrecemos la independencia inmediata y de paso, oferta, regalo, llevarse consigo Ciudad Real y Albacete)

    Responder
    1. En vez de ir pidiendo que te apliquen el artículo 510 del CP por ofender a un montón de gente que, aunque hablemos raro, semos personah, ya podrías contarnos cómo funcionan los trenes y taxis allá por Shanghái.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  7. estoy fuera de la jurisdicción de ese artículo,
    tan lejos no llega jajajja

    En Shanghai y por extensión en China la aplicación para pedir coches con conductor se llama didi, mejor servicio, limpieza y precio cerrado de antemano. También aplica el algoritmo que regula el precio según demanda pero sin duda ese pequeño aumento mejora el servicio.
    Los taxistas son empleados, alquilan el coche por días y al ser de las afueras de la ciudad utilizan el coche como casa, viven, duermen y en algunas ocasiones el olor es inhumano. En otras ocasiones, muchas, los conductores fuman.
    No los utilizo, siempre voy en bicicleta o en metro si he de ir a alguna reunión.

    Respecto a los trenes, la categoría G, son los de nueva generación. Tren de Alta Velocidad, puntualidad rigurosa, limpieza… Pekín Shanghai, 1200 kms en cinco horas, 60 euros.
    Respecto a los trenes regionales, K, son los lentos, he llegado a viajar de Pekín a Qinhai, 3000 kms, 22 horas, 10 euros en asiento duro. Son los llamados ¨verdes¨.

    La próxima semana se celebra el Año Nuevo Chino, entramos en el año del cerdo el día 4 de febrero, en estas fechas se produce la mayor migración de humanos interna en un país, es digno de ver como se llena de gente la plaza de la estación, a la cual esta prohibido el acceso hasta una hora anterior a la partida del tren y siempre con el billete de antemano.
    Recomiendo la película “Last Train Home

    Un abrazo Salva.
    Nos vemos.

    Responder

¿A ti tampoco te callan?

Tu dirección de correo electrónico NO será mostrada.