Evolución

Saludos a todos los que dejasteis de creer en periódicos y telediarios.

Hoy tengo el honor de anunciaros que ha venido a quitarse la mordaza con nosotros Javier Ferrero, fundador y director de Nueva Revolución, una página de opinión alternativa que se ha hecho muy grande en muy poco tiempo. Aunque se creó en diciembre de 2014, ya tiene una media de 60.000 visitas mensuales. En 2015 fueron finalistas de los premios Bitácoras y de los Premios 20Blogs.

Además de artículos de opinión, en NR encontraréis viñetas y montajes (algunas de ellas, del propio Javi), y aunque prima la política, también publican artículos de otros temas.

 

Evolución

«I’m ahead, I’m a man, I’m the first mammal to wear pants…» Las primeras frases de Do the evolution de Pearl Jam suena en mi móvil. Las 7:00. Me espera un largo día: cinco horas de coche, reunión en Madrid a las 13:00 y regreso. Sé que será un día productivo. Lo sé.

Anoche me acosté tarde y la reserva del hotel tuvo la culpa. Reconozco que no me acabo de acostumbrar a los buscadores de alojamiento: ofertas, mejores situaciones, WIFI gratis, aparcamiento en el hotel… muchas opciones. Antes era más sencillo: alguien te recomendaba un hotel, llamabas y el empleado de turno te atendía. Se puede seguir haciendo, por supuesto, pero con tantas ofertas…

Desayuno algo, aunque parezca que tenga un nudo en el estómago por los nervios. Me paro un ratito, como todas las mañanas, a leer las noticias del día en la tablet. A veces echo de menos el tacto y el olor del periódico en papel. Durante muchos años Lola, la quiosquera, lo dejaba a primerísima hora en el buzón. Era todo un ritual. Empezaba por las noticias deportivas, más ligeras para alguien que tarda en despertar y remataba con las económicas. La comodidad de la tablet y los periódicos online hizo que le acabase diciendo a Lola que no lo iba a seguir comprando, que ya no tenía mucho tiempo para leerlo. Mentí, pero para no hacerla sentir mal. Unos meses más tarde vi que había cerrado, llamé para preguntarle qué había pasado y me contó que ya no era sostenible. Las distribuidoras aplicaban unas condiciones muy duras, imposibles, y las ventas habían bajado muchísimo. Lo lamenté, pero es ley de vida, unos negocios mueren y otros nacen. Es la evolución.

Cojo las llaves del coche y bajo los escalones de mi casa de tres en tres. Estoy eufórico. Hoy es uno de esos días en los que siento un hormigueo en el estomago, sé que lo que me van a exponer en la reunión me hará ganar mucho dinero. Arranco hacia la autopista. Amenizaré el viaje con una selección musical, mi iPod está a rebosar. Hace años que no compro CDs, hace años había muchas tiendas de música y muchos precios donde escoger en mi ciudad, ahora solo queda una y es más cara que descargar los discos. Lo dicho, evolución.

Un peaje. Antes eran un incordio: parar, la tediosa búsqueda de suelto o de la tarjeta que no tienes nunca a mano, espera a que te cobren, etc. Hace tres o cuatro años me pasé a pagar en el peaje automático. Al principio tenía miedo a que hubiese algún problema y no tener un humano a quien preguntarle, pero enseguida me acostumbré. Puse un duplicado de la tarjeta en la guantera para tenerla siempre a mano y se acabó la espera. Mucho más cómodo. Creo que a los demás conductores también les gusta más, ya que me encuentro muchos de los peajes ya sin empleados. Tampoco era un buen trabajo, así que no se pierde nada. Salgo del peaje automático y me meto en la primera salida: voy a repostar. Con las gasolineras me pasa algo parecido que con el peaje: prefiero servirme yo y pagar con la tarjeta y así me olvido de esperas para que me cobre el empleado. Además, cada vez el servicio es peor, cada vez hay menos empleados. Creía que las gasolineras ganaban mucho dinero. Para eso que pongan todas automáticas y ya.

 

Llego a Madrid más temprano de lo que pensaba, creo que el pie me pesó un poco esta vez, pero mejor antes que tarde. Siempre me impresiona el edificio de mi franquicia de comida rápida. Enorme y bien situado en una de las zonas más caras de la capital, deja ver a las claras que sus ingresos son multimillonarios. Me acerco a la recepcionista, le digo mi nombre y que me están esperando para una reunión. Me hace pasar a una sala de espera y 20 minutos después ya estoy sentado junto a uno de los delegados en España y un ingeniero de la compañía. Me preguntan qué tal va todo. Les comento que las ventas han bajado mucho en estos años y que el sueldo de los empleados es un quebradero de cabeza.

—Lo es para todos, pero tenemos el futuro en nuestras manos –Dijo el directivo. Sonó a frase repetida una y otra vez a diferentes franquiciados–. Nuestra compañía da trabajo a 1,8 millones de trabajadores en 34.000 establecimientos repartidos por todo el mundo. Eso supone el mayor coste para la compañía, más que la materia prima. Imagina las posibilidades de poder prescindir de tus empleados y seguir vendiendo lo mismo, ¿Cuál sería el beneficio? ¿Mucho mayor? ¿No? –Odiaba el paternalismo que supuraba cada una de sus palabras, pero me gustaba lo que decía–. ¡Momentum machines!» –Gritó el ingeniero mientras cerraba el puño y abría más los ojos–. Este es el futuro. Ningún empleado. Pago con tarjeta y cero errores humanos –dijo.

Continuó explicando las características de las máquinas, la garantía que tenían y la seguridad y beneficios que me darían. Lo cierto es que ya me había informado por mi cuenta y ya venía convencido de casa, pero no quería dar la imagen de franquiciado fácil.

—¿Y el precio? –les dije.

—97.000 euros más IVA. Financiable, por supuesto. Y 7.000 al año por el mantenimiento y la garantía –dijo el directivo.

Un sudor frío recorrió mi frente.

—Un poco caro –comenté.

—¿Caro? No, para nada. Piensa en lo que te ahorrarás en sueldos. Además, te iremos asesorando. Nadie está más interesado en que ganes dinero que nosotros –concluyó. Tras una pequeña negociación de cómo sería la financiación, cerramos el trato. Poco más de una hora y más de 100.000 euros gastados, pero la perspectiva de un gran futuro por delante. Todo ha salido bien.

Decidimos ir a comer los tres juntos a un restaurante cercano, ya que eran las dos y media de la tarde y estábamos felices con el trato. Por el camino me siguieron explicando las excelencias de las máquinas. Parece ser que están siendo instaladas en distintas franquicias de comida rápida y su funcionamiento y beneficios está siendo brutal. Wendy´s, McDonalds, Pizza Hut… Tantas grandes compañías no pueden estar equivocadas. Me va a dar pena despedir a algunos de los empleados: Juan lleva más de 8 años, 6 de ellos de encargado y nunca me ha fallado. Yoli acaba de tener un hijo y se ha divorciado. Pero yo soy un empresario y tengo que velar por mi negocio. Tampoco ganaban mucho dinero y así tendrán el empujón que necesitaban para buscar algo mejor. Evolución, sin más.

Nos encontramos una pequeña manifestación de trabajadores cerca del restaurante. El cierre de una fábrica cercana parece ser el motivo. No son muchos y tampoco son muy ruidosos, así que seguimos caminando sin que molesten nuestra conversación. Miro de reojo el cartel que porta un hombre entrado en años y con cara de haber hecho demasiadas horas extra. «No al cierre. Trabajo para todos», escribió toscamente en un cartón. «¡Trabajo hay para todos, solo hay que buscarlo y querer trabajar!» –le grité no sé muy bien porqué, supongo que debido a la excitación de la reunión. Mis acompañantes sonrieron y seguimos caminando. No volví la vista atrás.

 

Javier F. Ferrero

Javier Ferrero, Nueva Revolución, nuevarevolucion.es

Fundador y coordinador de Nueva Revolución. Entre el periodismo y la ilustración.

Inquieto por naturaleza. Me considero un activista social y luchador incansable por los derechos humanos. Indignado, por supuesto, aunque con una irrompible fe en que se pueden cambiar las cosas con esfuerzo, entrega y dedicación.

Twitter: @SrPotatus

 

Imagen de cabecera: Javier Ferrero

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15 sin mordaza

  1. Muy crudo (y necesario) texto. Tras la lectura del mismo, uno no puede dejar de preguntarse quién irá a consumir a esos restaurantes, ya que sin trabajadores sin poder adquisitivo, no hay consumo. ¿Otras máquinas, quizá? ¿Cómo se sostiene ese sistema? ¿Tenemos que estudiar todos ingeniería robótica? ¿Nos dará un paga el Estado y que trabajen las máquinas?

    Mucho me da que entre la insostenibilidad de ese sistema y los boicots populares, no duraría más de dos telediarios.

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    1. Exacto. Ya sea por ética o por falta de ingresos, lo lógico es que no les acabe saliendo rentable por el descenso de ventas. El problema es que al borrego medio le da igual que le atienda una máquina que un humano.

      Desde Vota y calla pido el regreso del Ludismo ;)

      Twitter: @srpotatus

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    1. Lo insostenible de la situación hará que la élite tenga cada vez más dinero, la clase media desaparezca ya completamente y el número de pobres con un sueldo de miseria o sin sueldo directamente sea alarmante. Aún hay tiempo de cambiar.

      Twitter: @srpotatus

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  2. Sandra Incoherente 14/07/2016 a las 13:52

    Triste realidad hacia la que nos dirigimos. No hay trabajo para todos y si no se ponen límites, cada vez habrá menos.

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    1. El problema es que se trata de empresas privadas, pero siempre se puede incentivar la contratación. Recordemos que 2 de los casos de los que hablo, las gasolineras y los peajes, deberían ser públicas, unas por que ya lo eran y otros por lo insostenible de su gestión privada.

      Twitter: @Srpotatus

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  3. Pingback: Menéame: Evolución - El fin del trabajo

  4. Me encantará ir a mirar cómo el cobrador automático del peaje va a pedir una hamburguesa al expendedor del McDonals, mientras detrás el surtidor de gasolina le dice al cajero del banco «¿leíste en tu tablet que encontraron restos de humanos cerca de la fábrica de automontaje de automóviles?». Perturbador…

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  5. El problema de fondo aqui es otros, y esto no es mas que un sintoma más. La mayoría del trabajo esta en manos privadas, lo poco que conseguimos tener se esta privatizando, y con ellos se llevan los puestos de trabajo y por ende nuestro sustento en esta vida. Yo no creo que los robots sean un problema, son una solución, la solución a lo que el ser humano lleva tratando de conseguir durante toda su existencia (lo niegue quien lo niegue) y es tener que realizar un menor esfuerzo para sobrevivir, esa es la verdad EVOLUCION. Así pues una máquina en manos privadas es una maquina que te quita el trabajo, y una máquina es manos publicas es una máquina que hace el trabajo por ti. Introducir maquinas permitiria paulatinamente cambiar el modelo de sociedad en el que vivimos, se podrian reducir las horas laborales creando asi mas turnos y puestos de trabajo, y a la larga que sean las maquinas las que hagan la mayor parte del trabajo. Y no, esto no es una utopia, y menos con paises haciendo ya experimentos de renta basica. El problema es un grupo de dirigentes ineptos e incapaces de adaptarse, que son los que nos llevan a una situación de colapso a base de ceder nuestro crecimiento a empresas privadas en lugar de generarlo a traves de la empresa publica, y por supuesto de una sociedad somnoliente que cede a las multinacionales el derecho de decision de sus vidas completas en lugar de luchar por construir un sitio propopio en este planeta. Yo he de reconocerlo, soy Ingeniero Informático, pero esto no iba a ser así, yo estudie para ingenieria de caminos y viendo el panorama que se avecinaba cambie de rama, hoy doy gracias de poder dedicarme a algo que me apasiona y de lo que no me falta (ni hay prevision de que falte) trabajo. Por eso les digo, que por mi no hay problema, me da igual si mi salario lo pagan unos u otros, porque va a seguir viniendo, pero para la mayoría de la población eso no va a ser así, y mas vale que despertemos antes de que sea demasiado tarde.

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    1. El problema real es que no todo el trabajo debería estar en manos privadas y el gobierno debería tener una pequeña intervención en las empresas que no sean públicas incentivando la contratación e inflando el coste del despido, además de zancadillear la sustitución de humanos por máquinas. No considero, creo que lo dejo claro en el artículo, que la automatización del trabajo sea la solución. La excusa del trabajo precario de dependiente de gasolinera o cobrador en peajes no es válida bajo mi criterio, el trabajo es trabajo. Conozco gente que vive de su precario y inestable sueldo en McDonalds, yo mismo viví de él hace años. Esa gente, tras la imposición velada de la robótica, perderán su trabajo y ese trabajo no va a ser repuesto. No es posible cambiar el modelo de sociedad cuando ni hay trabajo ni hay de donde sacarlo. Cuando no se crea tejido empresarial e industrial, no se puede crear trabajo. No podemos dedicarnos todos al sector servicios, que parece que es lo que quiere este Gobierno.
      En mi anterior artículo hablaba del abandono del sector de la minería leonesa:
      http://nuevarevolucion.es/mineria-carbon-cronica-una-muerte-anunciada-ecos-revolucion/
      Un ejemplo clarísimo del abandono de la industria española.

      Twitter: @Srpotatus

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  6. Yo no soy neoludita (palabra que he aprendido a raíz de este artículo), estoy más en la línea de Iskariote. Del mismo modo que la televisión podría ser una herramienta fantástica de conocimiento y difusión de la cultura, en vez de la caja pestilente, embrutecedora, adoctrinadora y alienante que han querido que sea, la tecnología podría haber servido para liberarnos de la obligación del trabajo, pero la han empleado para lo contrario. Como decía aquella cita de Marx a la que ya aludí en otro artículo:

    «La maquinaria más desarrollada obliga ahora (…) al trabajador a trabajar más tiempo que el salvaje, o de lo que trabajaba él mismo con instrumentos más simples y toscos».

    De los temas que toca el artículo, me fastidia bastante lo de las gasolineras. Que pasaran de la noche de la mañana a que nos tengamos que echar los clientes, y pagando lo mismo que antes por el servicio. Siempre imagino, cuando descuelgo la manguera, que la máquina me recibe con un: «Buenos días, mánchese usted mismo». Porque da igual que te pongas uno de esos finos guantes de plástico que están metidos ahí de tal manera que cuando sacas uno se caen veintisiete, da lo mismo: luego la mano te huele a gasolina igual.

    Y lo de las librerías y las tiendas de música es para llorar. El cierre de la Escarabajal (Cartagena) hace tres años, tras 125 años en pie… En fin. Lo dicho, para llorar. Ahora se pueden comprar libros en el Corte Inglés, pero la diferencia es abismal. Le consultas a un dependiente si tienen algo de Conrad, y mientras escribe en el ordenador te pregunta si es con ka.

    Twitter: @vota_y_calla

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  7. Hay un dato que no acabo de entender con esto de las máquinas sustituyendo a personas. Veamos, ahora el asunto está en que las máquinas harán el trabajo «sucio» para que los humanos «evolucionemos» hacia entornos laborales supuestamente más agradecidos; y parece ser que como ya se está implantando, en unos 10 años esto va a ser una realidad. ¿Debemos estudiar todos ingeniería informática, robótica y demás carreras con futuros que se adapten al trabajo con las máquinas? ¿Tenemos que reorientar nuestras carreras? Ok, hay que despertar y evolucionar. Entonces ¿quién va a pagarme esa carrera con su master/doctorado/diplomatura/licenciatura? Además, supongo que habría que trasladarse a otra ciudad o país ¿me va a pagar alguien el sustento y el alojamiento¿ ¿O cómo funciona esto?

    Por otra parte ¿por qué alguien decide por mí que tengo que orientar mi futuro hacia ciertas salidas laborales, si a mí, por ejemplo, me llena estar cara al público y atenderlo?

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  8. Buenos días, aunque sea tarde.

    Desde un punto de vista de descripción social es un magnífico artículo, muy bien escrito. Desde un punto de vista más práctico no aporta nada porque no investiga ni en el origen del problema, ni en sus posibles derivaciones a medio y largo plazo. En esos aspectos me centraré para llevar la contraria, comme d’habitude.

    En primer lugar advertir que las revueltas luditas, que se producen cada vez que se produce un cambio tecnológico significativo, sólo tienen éxito en comunas marginales, o dicho de otra forma, sólo sirven para marginar a los luditas (neo incluidos).

    En segundo lugar que el origen del problema es una falacia muy bien vendida: la del valor del individualismo. El problema es que esa falacia ha calado, y por tanto se ha convertido en un mantra cultural que sólo podría cambiar a corto o medio plazo mediante una revolución, que ni está ni se la espera, y alabemos al Señor por ello.
    Por supuesto que tiene solución y David no tendrá que lanzarse como un loco sobre el temario de ingeniería. Bastaría con humanizar todo aquello que no requiera una producción industrial, y obviamente gestionarlo y financiarlo desde el sector público. Digamos que hablo del sector servicios: medicina, cuidado a las personas, alimentación, y sobre todo el conocimiento.

    Sin embargo sigamos con las malas noticias. Ese cambio de modelo no es el que proponen los partidos actuales, que buscan la industrialización. Sería necesario migrar hacia un modelo de conocimiento industrial a velocidad reforzada. Dicho de otra forma: aprendamos a fabricar robots.
    Y aquí viene la peor de las noticias, y es que somos uno de los países de la OCDE con menor infraestructura de conocimiento, menor ratio de patentes, menor innovación e investigación en definitiva.

    Por si lo anterior no fuera suficiente, la cultura actual no aceptaría ese modelo porque nos hemos acostumbrado a pedir lo más barato y en el menor plazo posible. Es decir, a seguir destruyendo puestos de trabajo mientras exigimos una industrialización ultra-mecanizada que abarate costes.

    En resumen, que el cambio tiene que empezar por nosotros mismos, estando dispuestos a pagar el combustible un poco más caro a cambio de ser atendidos por personas, a exigir trato humano de la función pública en lugar de autoservicio, a pagar los productos de consumo a precios europeos, a exigir una medicina preventiva en lugar de la curativa, …
    Y eso es lo que falla: que seguimos un modelo de consumo que requiere de robots, y ningún partido político propone una alternativa útil a largo plazo.

    Y España eliminada en octavos.

    Saludos,

    V.J., maestro de la alegría y del optimismo.

    Twitter: @VJEspada

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