El escrache de los cobardes

 

Saludos, perroflautas que osáis entrar en las instituciones (¿es que no sabéis cuál es vuestro sitio?). Hoy me quito la mordaza para hablar de la diferencia entre un escrache y lo que les ha hecho la Policía Municipal a Javier Barbero, concejal de Ahora Madrid, y al propio jefe de la policía.

Es un artículo para leer despacio y con calma, ya sabéis que Vota y Calla va a la contra también en eso. Si en Internet prima los titulares, este es un texto largo en el que además de opinión hay mucha información.

 

Policía antisistema

Ahora Madrid, el partido que dirige la alcaldía, ha decidido reestructurar la policía municipal. Hasta ahí, todo normal: entra dentro de sus competencias, ya informaron en junio de que se iba a llevar a cabo esta reforma.

Esto no debería haber tenido mayor repercusión de no ser porque CPPM, un sindicato policial afín al PP, ha aprovechado este momento para volver a atacar a los de Manuela Carmena.

 

 

 

He visto todos los vídeos que circulan por la red. Empiezan los abucheos en cuanto el concejal de Seguridad, Javier Barbero, sale del Ayuntamiento acompañado del director de la policía municipal. Ambos caminan por la calle Mayor perseguidos por el grupo iracundo que invade la calzada. Los policías antisistema se calientan y se les va de las manos la protesta. A los gritos de «¡fuera!», «dimisión», pronto acompañan los insultos: «gordo», «hijo de puta», «rojo de mierda», «barbudo»

A unos 400 metros, concejal y jefe de policía se ven obligados a refugiarse en un restaurante y piden un coche para escapar de allí. «Llama a las UCES», coreaban los policías, visiblemente divertidos. Otra vez el mismo estúpido planteamiento: si criticas a la policía, no puedes llamarlos cuando los necesites. Eso ya lo rebatí en un comentario y no da para más, es un razonamiento absurdo, incluso para alguien que utiliza barbudo como insulto.

Cuando llega el vehículo, salen del restaurante y el concejal aguanta con una sonrisa tensa mientras siguen lloviendo insultos de aquellos que cortan (sin autorización) la calle: «cobarde», «guarro», «perroflauta», «dictador», «cabrón», «sinvergüenza», «enano traidor»… Entran en el coche, rodeado completamente por los radicales, y varios de los violentos continúan sus actos vandálicos dando palmadas en la carrocería. En un momento dado, golpean a una periodista de la agencia EFE en el brazo para tirarle el móvil con el que estaba grabando la escena. A la policía no le gustan las pruebas gráficas ni a un lado ni a otro de la pancarta (¿serán tímidos?). Esta agresión es aún más imperdonable porque varios de los agentes estuvieron grabando con sus propios móviles, como podéis ver en los vídeos de antes. Imagino para que enseñar en casa con orgullo las pruebas de su hazaña: Mira, Jessi, la que hemos liao.

 

He utilizado y voy a seguir utilizando en este artículo los términos «violentos», «radicales»… irónicamente, parodiando lo que hubieran hecho los medios si se tratase de una acción del entorno de la izquierda. Me ha faltado «encapuchados» porque, efectivamente, había policías que se ocultaban con capuchas y otros que se cubrieron el rostro subiéndose la braga hasta los ojos.

 

¿Quién convocaba? El sindicato CPPM

Este «escrache» (no merece ese nombre, luego lo explico) fue promovido por el sindicato CPPM. Las siglas les van que ni pintadas, aunque su portavoz repita que no tienen ideología (a ver si va a ser verdad que te crece la nariz cuando mientes…).

 

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Julián Leal, portavoz del sindicato policial CPPM

 

Por mucho que diga Julián Leal, en la insubordinación policial de Madrid había un fuerte componente ideológico. Ondearon banderas de España (vimos en otra entrada por qué la izquierda es más reacia a sacar el trapo rojigualda), y los gritos de «perroflauta», «guarro» y «rojo» no son precisamente apolíticos: son los que se escuchan en las movilizaciones de ultraderecha. Que puede ser casualidad, o puede que en este país no hubiera una depuración policial en la Transición, y de aquellos fachas estos lodos.

El sindicato CPPM ya hizo ruido en noviembre, cuando Ahora Madrid eliminó los Grupos de Apoyo Zonal (25 policías de paisano que se dedicaban básicamente a actuar contra los manteros). Los GAZ fueron creados por Ana Botella en 2014. ¿Cómo va esto? ¿El PP puede reformar la policía municipal como crea conveniente, y esas modificaciones son intocables aunque dejen el gobierno?  Entonces, ¿para qué votamos?

Este sindicato está liderado por Julián Leal, cuyo apellido también es muy apropiado, si hablamos de lealtad a los conservadores. Leal ya se mostró muy desconforme con la propuesta de Ahora Madrid de que los agentes vayan correctamente identificados, con un número grande y legible, y se indignó con la intención del consistorio de Carmena de formar a la policía (¿A nosotros? ¡A nosotros no nos va a decir nadie cómo hacer nuestro trabajo!). La típica arrogancia.

Y eso que ambas medidas, identificación y formación, estaban incluidas en el programa de Ahora Madrid:

 

2.3.5. Fomento de la especialización, formación y transparencia de la policía municipal.

(…)

b) Fomentar la sensibilidad hacia las minorías sociales a través de la formación continua de los agentes sobre la situación social y económica de los madrileños, atendiendo a las desigualdades de procedencia, renta, género, identidad sexual, etcétera; y a través de la inclusión de estos contenidos en los módulos de formación y de acceso al cuerpo.

(…)

d) Asegurar que los agentes están identificados de forma visible y que facilitan su identificación ante el requerimiento ciudadano.

 

Esta concentración se convocó («unilateralmente», según el sindicato UPM) una semana antes. La fecha (16 de febrero) se eligió para hacerla coincidir con la reunión de la Comisión de Seguridad.

¿Cuántos policías acudieron a la llamada? Como en las manifestaciones, los medios de comunicación no se ponen de acuerdo: Agencia EFE, El Confidencial y Lainformación.com hablan de 200 agentes; El Mundo, de 250; ABC, La Sexta, Europa Press, la SER y 20Minutos: 300; El país, 500…

Escaso éxito de convocatoria, en cualquier caso. No vamos a emular a la derecha, que utiliza el recurso de la «mayoría silenciosa» (en Madrid hay unos 6.200 policías municipales) para intentar minusvalorar manifestaciones de decenas o centenares de miles de personas. Fue más pobre si cabe si tenemos en cuenta que llamaron a participar «a todos los sindicatos, asociaciones de policía y compañeros» y que estaba abierta a todo aquel que quisiera unirse. Cualquier señor mayor convenientemente estimulado por la COPE, La Razón o 13TV podía acudir allí con su bandera a gritarle a los rojos, que eso trae bonitos recuerdos de otros tiempos, y el paseo va estupendamente para activar la circulación.

Pero nada, un bluf. Los sindicatos policiales que se unieron al acto no superaban el 50 % de los agentes afiliados. Y es que a muchos no les ha gustado el cariz político de este llamamiento.

Esto decían desde UPM el 10 de febrero:

 

Hay algunos que en veinticinco años no han movido un dedo para defender a los policías frente a las Corporaciones del PP, y en estos 8 meses no paran de montar follones.

 

El día después también quisieron desmarcarse con otro comunicado, abochornados: «compañeros llamados de otros municipios para inflar una cifra ridícula de asistentes (¡Qué vergüenza, por dios!)». En esa misma nota informaban de que el único objetivo de esta concentración era «defender unas unidades concretas con un superávit de personal insultante».

Cifra ridícula de asistentes, sí. Pero aunque hubieran sido sólo dos policías los que se alzaran contra sus jefes, la situación es lo suficientemente grave e insólita para provocar jaleo, y más si cuentan con el altavoz de la caverna mediática (La Razón y Libertad Digital, principalmente), que aplaudieron y publicitaron esta convocatoria desde una semana antes, igual que la han celebrado y justificado después.

 

UPM no fueron los únicos avergonzados por la actitud de los Policías Pancarteros; esto dijo el día después al de autos la Sección Sindical de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid:

 

Tarde o temprano, las consecuencias del clientelismo, de las tablets, los relojes, los jamones y demás prebendas por acudir a votar sin más trasfondo que mantener los cortijos y a los cortijeros (…) saldrían a la luz a la primera cojera de la mesa.

 

También han expresado su condena «de forma clara y contundente» otras organizaciones como CCOO. Y aquí os dejo una elocuente carta de un policía municipal.

 

Los medios de la derecha y los policías implicados dicen que la agresiva protesta ha estado ocasionada por la «ausencia de diálogo». Sin embargo, Barbero lo desmiente: se ha reunido con representantes de los afectados siete veces (llevan poco más de medio año gobernando), la última, cuatro días antes de este inaudito conato de motín.

 

¿Qué hacen las UCS? Desahuciar y reprimir

Las UCS, Unidades Centrales de Seguridad, estaban haciendo con el PP el trabajo de las UIP de la Policía Nacional: la labor de los antidisturbios, para entendernos. Como sabéis, aparte de las pocas actuaciones necesarias (España es un país muy tranquilo), los antidisturbios se dejan utilizar políticamente para reventar manifestaciones pacíficas (excepto si son de derechas) a base de cargas muy discutibles; suelen resultar extrañamente heridos por estos manifestantes desarmados a pesar de que los agentes van blindados; agreden a chicas que no pesan más de 40 kilos, a periodistas… Se  olvidan con demasiada frecuencia de la ley que les obliga a ir identificados; vacían cuencas de ojos con pelotas de goma… Y por todo esto y más casi siempre quedan impunes y cuando no, se les indulta. ¿Sabemos ya de quiénes hablamos? Bien, sigamos.

Las UCS podrían llamarse UCD, Unidades Centrales de Desahucios, pues a eso dedican buena parte de sus intervenciones (no todo va a ser reprimir la libertad de expresión): entrar en las casas por la fuerza derribando puertas con mazos para dejar a familias y sus pertenencias en la calle, mientras de fondo se confunden los llantos de los adultos que no saben dónde van a dormir esa noche y los de los niños traumatizados por todo aquello. Agreden a los que traten de evitar esta injusticia con una sentada. Además del repertorio habitual de golpes que ocasionan traumatismos y fracturas, pellizcan, retuercen brazos y piernas, arrastran por el asfalto, tiran del pelo, las orejas y la nariz, asfixian apretando el cuello, meten los dedos en los ojos…

 

El Ayuntamiento de Carmena trata de eliminar duplicidades. Esto decía en junio de 2015 el otro acosado, Andrés Serrano, ahora director general de la Policía Municipal:

 

La Ley no permite que haya ‘antidisturbios’ en Madrid. La Policía Municipal no puede tener funciones de orden público. Aquí hay unas unidades que se llaman Centrales de Seguridad que se crearon para apoyar la seguridad ciudadana en ciertos sitios y que, poco a poco, han ido adquiriendo más competencias y funciones. Nadie les ha parado los pies y han llegado a actuar de policía ‘antidisturbios’. Pero no es que yo esté en contra o a favor, es que es ilegal.

 

¿Por qué protestaban los policías municipales?

Supuestamente, por el «desmantelamiento» de las UCS. Vuelvo a decir lo mismo que con los GAZ: estas unidades las creó Gallardón en 2003, no tienen ni quince años, aunque por la reacción de este sindicato cualquiera diría que son un cuerpo centenario.

No es que estos muchachotes se vayan a ir al paro ni nada de eso, el concejal Barbero lo había dicho claro pocos minutos antes de la protesta: «Contaremos con los mismos efectivos, pero se reorganizarán de forma distinta».

Ahora hay dos grupos de UCS. El Ayuntamiento de Madrid los va a juntar en uno solo, y los 135 agentes que están en el grupo 1 pasarán a trabajar en otros destinos, que buena falta hace. ¿Cuál es el problema, que en otra sección no hay posibilidad de hacer terapia antiestrés a costa de quitarles los piojos a porrazos a los guarros? Esto podría explicar el enfado del sector de sádicos con uniforme, que lo hay, pero la verdadera razón (aparte del desgaste a Ahora Madrid) hay que buscarla donde siempre: en la pasta. Resulta que los miembros de las UCS cobran un plus por tan arriesgado servicio que ronda los 360 euros mensuales. Y se les acaba el chollo.

 

Pero sucede que en el programa de Ahora Madrid también está terminar con los desahucios:

 

OBJETIVO 3.1. Garantizar el acceso a una vivienda digna.

El problema de los desahucios y desalojos ha llegado a un punto insostenible; la vivienda es un derecho, como reconoce la Constitución. Ahora Madrid se compromete a parar los desahucios, mejorar el parque público de vivienda y poner en uso las viviendas vacías en manos de grandes bancos o empresas.

 

Dado que, excluyendo los desahucios, no hay «disturbios» para tanto valiente, es lógico que los agentes se destinen a otras labores.

Parece que no es el caso, pero si hubiera recortes en la Policía Municipal, ¿qué? Recortan en Sanidad y cuando la gente protesta, las UCS acuden de buen grado a «disolver» (bonito eufemismo, como si los manifestantes fueran aspirinas). ¿Y no se puede recortar en fuerzas de seguridad? ¿Por qué? Que le pregunten al pueblo, adoctrinado y todo, que le pregunten dónde prefieren que se meta la tijera. Porque policía sobra, señores. Sobra hoy como sobraba en 1880 (que no os extrañe; ha transcurrido más de un siglo, pero seguimos en el mismo sistema enfermo):

 

… los capitalistas sólo podían responder con la represión feroz. Pero saben que, aunque hayan podido sofocar esas explosiones revolucionarias, no han ahogado en la sangre de sus masacres gigantescas la absurda idea del proletariado de querer condenar al trabajo a las clases ociosas y bien alimentadas. Y para conjurar esa desgracia, se rodean de pretorianos, policías, magistrados y carceleros mantenidos en una improductividad laboriosa. Ya no caben ilusiones sobre el carácter de los ejércitos modernos: sólo se mantienen de forma permanente para contener al «enemigo interior». (…) Las naciones europeas no tienen ejércitos nacionales, sino ejércitos mercenarios: protegen a los capitalistas contra el furor popular que querría condenarlos a diez horas en la mina o en la hilatura.

El derecho a la pereza (1880), Paul Lafargue

 

El «escrache» de los cobardes

Hemos visto que entre las palabras bonitas que les dedicaron a sus jefes, estaba la de «cobardes». Cobardes ellos, que han actuado así sabiendo que no se arriesgaban a nada. Lo explica muy bien Stéphane Grueso:

 

La prueba definitiva de que lo sucedió no es un escrache es la ausencia de detenidos entre los participantes. Tampoco ha habido fichados o multados. Ni siquiera ha habido cargas policiales con palos, golpes y heridos. No van a ir policías encapuchados a los domicilios particulares de los participantes a detenerlos o llevarlos a comisaría para declarar. (…) la Policía nacional no ha intervenido. En otras protestas, o mejor dicho, en protestas realizados por otras personas, el acoso policial ha sido constante. Muchas veces violento.

 

Grueso tiene toda la razón. Es como la fuga de Esperanza Aguirre: si lo hacemos alguno de nosotros, terminamos con la cara contra el suelo, una rodilla en la cabeza y sentenciados a varios meses de cárcel, como mínimo. A Aguirre no le pasó nada.

Que hubiera gente gritando no lo convierte en un escrache, del mismo modo que el único parecido de lo que hace Periodista Digital con el periodismo, es el nombre y que juntan letras. En el llamamiento del sindicato CPPM no se hablaba de escrache, esa palabra la han usado los medios después para defenderlos, como hacen siempre con las fuerzas del orden (como ejemplo reciente tenéis el trato amable, la escandalosa parcialidad de la prensa con Raquel Gago, policía condenada por el asesinato de Isabel Carrasco).

Un vídeo vale más que dos mil quinientas palabras (son las que me dice Word que tiene, de momento, este artículo):

 

 

Aquí tenéis el escrache a Gallardón en 2013, por aquel entonces Ministro de Justicia que, empeñado en imponer sus creencias religiosas, no dudaba en eliminar para ello derechos de las mujeres.

Empezó en la sede del Partido Popular. Comparad la cantidad de agentes que se ven al principio (00:10) con el acoso al concejal de Ahora Madrid, que sólo contó para protegerle con sus dos o tres escoltas.

Después fueron frente a la casa de Gallardón y todo se resolvió sin incidentes. Pero cuando la acción había concluido, sin ninguna necesidad, la policía persiguió a las participantes que se marchaban del lugar, las identificó, las agredió, esposó, detuvo. Y eso que Gallardón no sufrió ni mínimamente lo que el concejal Barbero, pues estaba a salvo arriba en su piso.

Atentos, por ejemplo, a cómo se ríe uno de los cuatro policías que está torturando a un chico (5:00), la sangre que se ve en su mano (5:21) o la que queda en el suelo (5:38). Lo peor es la cara totalmente ensangrentada del pobre chaval al que se llevan medio noqueado (a partir de 6:26). Y esto no es una excepción, sino la regla:

Aquí la policía identificando a participantes en el escrache a Cifuentes.

En el de Soraya Sáenz de Santamaría, que contaba con una legión de policías situados frente a la puerta para no dejar acercarse a nadie, también hubo identificaciones y cargas… Tomad el escrache que queráis, siempre es igual.

Quienes hacen escraches o acuden a parar desahucios son personas valientes, comprometidas, con conciencia social. A menudo son agredidas o se ven castigadas sin motivo con multas desproporcionadas que hacen un daño tremendo en precarias economías. Y saben que les va a pasar, saben que su sangre puede terminar manchando el suelo, que muy probablemente tendrán que pagar multas que equivalen a varios meses de salario. Y aun así, van.

A diferencia de ellos, este pequeño grupo de policías municipales acudió con la garantía de saberse inmunes. «A mí me parece que estando allí la Policía Nacional, lo lógico es que hubiera intervenido», se quejó Barbero. Ni antes ni durante ni después del acorralamiento y las agresiones verbales, intervino la Policía Nacional (el corporativismo habitual). De hecho, los violentos dedicaron aplausos a las UIP al finalizar su revuelta callejera.

En no pocas ocasiones, los ciudadanos participan en escraches o sentadas contra los desahucios para ayudar a otras personas a las que ni siquiera conocen, por empatía, generosidad, altruismo y sentido de la justicia. Estos policías, en cambio, sólo defendían sus propios intereses. Llamando escrache a su pataleta, han envenenado esta palabra.

 

¿Escrache? No: sedición

Como he dicho, el concejal Barbero iba acompañado de Andrés Serrano, nuevo director general de la Policía Municipal de Madrid desde julio de 2015.

A Serrano lo tienen algunos en el punto de mira (metafórico, que esta gente porta armas) desde que se empezó a rumorear que podría ser designado para el cargo. Ocurre que Serrano es republicano y está en los círculos de Podemos (y como tantos, exmilitante de IU). ¿De izquierdas? Intolerable. Que haya cargos policiales de derechas no es problema, es lo normal; tampoco pasa nada porque el presidente del Tribunal Constitucional fuera militante del PP, pero ¿un director de la policía de Podemos? ¿Un alto cargo militar* de Podemos? ¿Una juez*? ¿Estamos locos?

* Julio Rodríguez y Victoria Rosell, difamados en cuanto manifestaron públicamente su apoyo a la formación morada.

Es decir, que estos policías persiguieron e insultaron a su inmediato superior. Aunque los indisciplinados sean sólo una pequeña parte, no por eso su actitud es menos grave. El Estado tiene el monopolio del uso de la violencia, que aplica a través de ellos. Por eso las fuerzas de seguridad tienen especialmente regulado el derecho de huelga y manifestación. Es una consecuencia lógica, una justa contrapartida a ese privilegio.

Cuando le comenté a Vicente Juan, lector y comentarista habitual de este blog, que estaba pensándome si publicar o no este artículo (la última vez que escribí de una mala actuación policial recibí multitud de insultos y amenazas de supuestos policías, y que te amenace alguien que juega con pistolas, no mola nada), me aconsejó que si me lanzaba, usara la palabra «sedición». Y creo que sí, que una vez más, Vicente da en el clavo:

 

«Alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión».

 

Se ve que el comodín de la «obediencia debida» les vale siempre que no les toquen a ellos el bolsillo. Para desalojar a una familia sin alternativa habitacional, y apalear y multar a todo el que trate de impedirlo, sí. Pero si se ponen en cuestión tus privilegios, ahí ya no.

Los bomberos se han negado alguna vez a participar en desahucios, la policía jamás. Nunca han tenido piedad por quienes protestan para no perder su casa o para que otros no la pierdan. Hay grabaciones en las que se les ve golpear a mujeres mayores y abrirles la cabeza a ancianos inofensivos con una brutalidad que asusta (y eso habiendo cámaras delante; imaginad cuando no están). Han agredido salvajemente a otros por mucho menos (simple resistencia pasiva) de lo que ellos han hecho en Madrid. Y todo por 400 euros que a los agentes no les va a suponer dormir al raso, pasar hambre o no poder encender la calefacción, mientras hay familias a las que ellos u otros como ellos han desahuciado, cuyos ingresos mensuales totales no superaban esa cifra. Y en ocasiones desahucian riéndose, extraña forma de mostrar lo afectados que se encuentran al verse «obligados» a realizar ese indigno trabajo.

 

Como la Justicia, la Policía tampoco es igual para todos

El concejal Barbero ha manifestado que no sabe si va a denunciar, que tiene que verlo con su equipo. No sé qué es lo que tiene que ver, esto hay que denunciarlo inmediatamente. Quedará en nada, pero al menos que la Justicia se vea obligada a retratarse una vez más.

La derecha no se corta en atacar por todas las vías posibles, incluidas las judiciales, cada vez que tiene oportunidad. Acabamos de ver a Rita Maestre sentada en el banquillo, y tantos otros casos. Y el que nos ocupa no iba a ser diferente: el sindicato CPPM ha denunciado al concejal (!) por las palabras de este precisando que aquello le recordaba más bien a «actos de grupos fascistas» que a un escrache. El acosado, denunciado, y los que le hostigaron y acorralaron, impunes. ¡Viva España!

Remitiéndome a la jurisprudencia, imagino que la denuncia contra él se archivará, pues Cifuentes acusó a los miembros de la PAH de no luchar realmente contra los desahucios, sino que tenían, según ella, «inquietudes de apoyo a grupos filoetarras o proetarras». También habló de «lucha callejera hasta llegar casi a la kale borroka», y la consiguiente denuncia de Colau fue desestimada. Cospedal dijo que un escrache era «nazismo», y así podríamos pasarnos la tarde tirando de hemeroteca.

Si el concejal, o el jefe de policía, o el Ayuntamiento no presentan denuncia, como parece, será otro error como el de la dimisión de Guillermo Zapata, otra concesión a la derecha. Es necesario que esta gente reciba un expediente disciplinario, suspensión de empleo y sueldo… algo. De lo contrario, se envalentonarán más todavía, y ya están muy subiditos. La alcaldía de Madrid lleva soportando desde el primer día (literalmente) el odio de la derecha expresado mediante el acoso político, mediático, judicial… Y ahora también policial.

Sería fácil identificar a los alborotadores para proceder a denunciarles. Como he dicho, había varios encapuchados, pero otros iban a cara descubierta.

 

¿Y Manos Limpias?, os preguntaréis. ¿Cómo han dejado pasar esta oportunidad de querellarse, con lo hiperactivos que son? ¿Os acordáis del llamado «asedio» al Parlamento de Cataluña? Qué bien manipulan los medios; aquello fue un asedio, lo que hoy nos ocupa, un escrache. Bien es verdad que en 2011 en España no se usaba el término, se empezó a hablar de escraches en 2013, cuando la PAH los popularizó para presionar a los políticos que estaban desoyendo las demandas ciudadanas y que anteponían los intereses de entidades bancarias, especuladores y fondos buitre al derecho constitucional a la vivienda. Pero podrían haberle llamado «protesta», «reivindicación»… No, no: asedio, asalto, kale borroka… Las palabras no son inocentes.

Acusaron a varios participantes de «delitos contra las Instituciones del Estado». La Generalitat y el Parlament solicitaban tres años de prisión, el Ministerio Fiscal, cinco años y seis meses, y Manos Limpias ocho años. Finalmente, ocho personas han sido condenadas a tres años de cárcel. Su entrada en prisión está pendiente de la resolución del indulto solicitado por Barcelona En Común, indulto que defienden también la CUP y ERC (los Mossos, por el contrario, están muy indignados ante esta posibilidad).

Pues bien, el acoso a Barbero fue, como poco, igual que el sufrieron algunos diputados catalanes el 15 de junio de 2011, con el agravante de que esta vez eran policías levantándose contra sus superiores, y que desde entonces se ha aprobado la ley mordaza. Si hubiera en este país algo similar a la Justicia, a estos agentes deberían condenarles a… ¿cuánto? ¿Cuatro años? ¿Ocho? ¿Qué dice la Fiscalía?

… … …

Vale, lo imaginaba.

¿Y qué dice el máximo responsable de los policías, el Ministro del Interior? Pues lo que cabría esperar de un hombre que concede medallas a amigas imaginarias, tiene un ángel de la guarda que le ayuda a aparcar (al que le ha puesto nombre) y reflexiona en el Valle de los Caídos: acudió a 13TV, la cadena ultra de la Iglesia, para dejar un análisis de paisano de bar: «ha probado de su propia medicina». Exactamente el mismo titular con el que encabezaba ese día la noticia el infecto panfleto sensacionalista de Alfonso Rojo.

Qué estarían diciendo si hubiera sido al revés, si unos policías convocados por un sindicato cercano a Podemos hubieran ultrajado de esa manera a un dirigente del PP: que si la Stasi, que si el odio del comunismo…

¿Nada? ¿No les va a pasar nada? Pero ¿ni siquiera van a escenificar el paripé de un juicio? Sospechábamos que la ley mordaza era sólo para la izquierda, pero podían disimular un poco.

 

Música: Polizzia, de Ayax y Prok. La pongo en solidaridad con estos chavales, a quienes están investigando ahora por esta canción de 2014. Ya quisiera Venezuela nuestra ley mordaza…

 

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Música: Polizzia, de Ayax y Prok. La pongo en solidaridad con estos chavales, a quienes están investigando ahora por esta canción de 2014. Ya quisiera Venezuela nuestra ley mordaza…

 

Imagen de cabecera: fotograma del vídeo de Juan Carlos Mohr del escrache a Gallardón

 

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24 sin mordaza

  1. Pues Salva, qué te voy a decir, que eres un VALIENTE. No tengo nada más que añadir, salvo que es un artículo curradísimo y que no te inventas nada.

    Responder
  2. Y lo grave es que este país siempre ha sido así. Ha tenido que venir un partido político y darle una patada al abispero para que este tipo de sectarismos tengan más visibilidad.

    Responder
  3. Sería importante analizar algún día el papel del discurso en la construcción de realidades políticas. En psicología social el discurso se define como “el conjunto de ideas, valores y opiniones que se articulan en prácticas lingüísticas desde posiciones institucionales, que está situado históricamente, y que construye un objeto de forma determinada”.

    Es decir, el discurso sobre “el escrache” es utilizado para banalizar lo ocurrido, y cuando conviene el mismo discurso se revierte para criminalizar lo realizado por quienes no forman parte de las instituciones.

    Por eso creí importante que en este caso sacásemos el relato del discurso del escrache, y entrásemos en el de la sedición, la revuelta de hombres armados contra quienes les dirigen legítima y legalmente. No es un concepto jurídico lo que tenía en mente cuando sugerí a Salva utilizar esta idea, sino llevar lo ocurrido al terreno de la dinámica mercenaria, a la coacción de la mesnada sobre quienes deben decidir sobre su utilidad, con la única razón de la defensa de su estipendio.

    Un estupendo artículo Salva, que como ves ha conseguido sacarme de mi retiro. ¡Bravo!

    Responder
  4. Muchas gracias Salva.
    Articulo integro y cabal, que como siempre descubre la verdad y retira las cortinas de la desinformacion.
    Inpactante video de la mala y violenta actuacion policial contra los ciudadanos.
    Sal-u2

    Responder
  5. Gracias, me alegro de que os haya servido.

    Vicente, tú eres el que sabes de psicología social, pero lo que comentas me suena un poco a lo que dice Lakoff de los marcos ideológicos, una batalla donde la derecha nos lleva décadas de ventaja.
    «Coacción» es otra buena palabra. Y es que un escrache realizado con impunidad por según quiénes, puede tener mucho de eso, de chantaje.

    Podríamos aconsejarles a este pequeño grupo de policías, lo que Esperanza Aguirre al 15M: que monten un partido y se presenten a las elecciones.

    https://twitter.com/EsperanzAguirre/status/70800068030111745

    Me ha llamado la atención (aunque no me ha sorprendido) cómo ha ignorado la prensa la agresión (leve, pero agresión) a uno de los suyos, a la periodista a la que le tiraron el móvil. Y también es muy relevante lo poco que se ha destacado que Barbero iba acompañado en todo momento por el director de la Policía Municipal, pareciendo así que el «escrachado» fue únicamente el concejal.

    Responder
  6. Buff, completísimo y acertado. Me pregunto por qué yo no puedo insultar ni fotografiar a un policía en una manifestación, pongamos contra los recortes, pero ellos sí pueden hacérselo a su responsable y a los políticos contra los que están enfurruñados. No es ya insultarle gratuitamente como ellos han hecho, si no cuando ves que un tiarraco de uniforme coge por banda a una chica de 50 kilos y le da de ostias hasta que le deforma la cara y quieres documentar el caso con tu cámara para intentar que le caiga “un algo” al bestia…

    ¿Un policía está por encima del resto de ciudadanos? ¿Es superior y tiene más derechos que yo? ¡Lo que nos queda por ver!

    Responder
  7. No sé por qué todo esto me ha hecho acordarme de una serie que os recomiendo: House of Cards (la original, la británica).

    ATENCIÓN: SPOILER

    El recién coronado rey de Inglaterra, aún relativamente joven, está decidido a defender políticas sociales y mantener un reinado cercano al pueblo. Inmediatamente choca con el Primer Ministro, que es todo lo contrario a él: un hombre maduro que lleva toda la vida en política, de derechas, admirador de Margaret Thatcher, empeñado en culpabilizar a los pobres de su situación, esa chusma de vagos e incompetentes, razón por la cual no tiene remordimientos en aplicar brutales recortes y eliminar cualquier tipo de ayuda pública: se lo merecen.

    El rey se está ganando la simpatía del pueblo mediante sus discursos. También está teniendo mucho éxito una «gira» en la que visita los barrios marginales, renunciando, contra los «desinteresados» consejos del Primer Ministro, al desmedido despliegue de seguridad que le impediría hablar de tú a tú con la plebe.

    ¿Qué hace el Primer Ministro? Encargar a unos sicarios que secuestren al monarca en una de las paradas de esta gira. Casi inmediatamente, llegan las fuerzas de élite y abortan el falso secuestro. Todo es convenientemente grabado por los medios. Resulta que el Primer Ministro había encargado a las tropas de élite que siguieran de incógnito a la comitiva real «por precaución», desoyendo las órdenes del rey, que queda como un ingenuo populista capaz de ponerse en peligro innecesariamente, un idiota sin experiencia que no merece llevar la corona. Los medios mercenarios venden la necesidad de la «mano dura» frente al estúpido buenismo y presentan al Primer Ministro como un héroe, un hombre de Estado, un patriota.

    Responder
  8. Es un artículo muy bueno y completo. Has reunido buena información como siempre y dando tú opinión con la que estoy de acuerdo excepto en una cosa: No creo que sobren policías. No se en Madrid o en Murcia, pero aquí, donde vivo yo -hasta me atrevería a decir que en la provincia de A Coruña- no sobra Policía ni Guardia Civil.

    Por cierto, ¿Sigue sin haber denuncia por parte del Concejal? Error.

    Responder
    1. Posiblemente dependerá de la zona, pero creo que nos podemos poner de acuerdo en una cosa: sobran antidisturbios.

      Sobre la denuncia, les pregunté a Ahora Madrid y no me respondieron, pero me temo que sí, sigue sin haber denuncia.

      Responder
  9. 400 pavos dan para muchas rayas. Normal que se pongan nerviosos por dejar de percibir ese plus.

    Por otro lado sería interesante que dedicases algún día algún artículo para conocer mejor a nuestros amigos de Manos Limpias. Estos dan mucho juego debido a los zascas frecuentes que de llevan. ¿Quiénes son? ¿Como se financian? ¿Que objetivo buscan? ¿Qué resultados están obteniendo?

    Los vemos a diario en muchas causas y los echamos de menos “inexplicablemente” en otras causas similares.

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      1. Hace tiempo busqué información sobre Manos Limpias, por simple curiosidad, y tiene su aquel. No se puede ventilar la cosa tan fácilmente como hacen algunos, con un simple “son unos fachas”.

        Tomo nota. Igual un día de estos “viajamos” a las entrañas de Mordor.

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  10. Buenísimo artículo, sobre todo por la currada que te has metido a la hora de investigar.

    Algunos sabíamos desde hace mucho que hay un doble rasero de medir, pero desde que ciertos perfiles de personas han llegado a las instituciones la cosa es tan obvia que resulta insultante.

    Yo creo que en los antidisturbios se meten auténticos sádicos (a veces me pregunto qué tipo de exámenes psicotécnicos se realizan en las oposiciones…). Me gustaría saber si, en último término, lo que más les duele son los 400€ o perder la posibilidad de dar palos a diestro y siniestro. Y, desde luego, a nivel local sobran los cuerpos que hacen ese tipo de funciones.

    Aquí en Zaragoza, con la excusa de la Expo, se crearon en 2008 los UAPOs (Unidad de APoyo Operativo), que vienen a ser también unos antidisturbios locales en los que suele meterse “la crème de la crème” de la Policía Local (yo conozco a uno que tiene intención de entrar y le he oído más de una perlita del tipo: “a mí como me hagan vigilar la cabalgata de reyes le saco la pipa al alcalde”). Obviamente, a nuestro actual equipo de Gobierno toda esta gente lo detesta, se ve que hacer que la Policía esté al servicio de la gente es mala idea…

    El tema de la psicología social, la importancia del lenguaje y su capacidad para influir e incluso crear opinión, me resulta interesantísimo.

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    1. ¿En serio se llaman “UAPO”? Es que si lo dices en voz alta suena igual que “Guapo”. “Sargento, esto se está calentando, vamos a tener que llamar a los guapos”, ¡jajaja!

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      1. Es totalmente así como suena… Hasta el nombre lo tienen de chiste jajaja! Por cierto, me parece que me voy a animar a ver House of cards, tiene muy buena pinta.

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        1. No te vas a arrepentir. Sólo he visto la serie de los 90, pero imagino que los americanos habrán hecho lo de siempre, como con The Office y tantas otras series y películas (me estoy acordando de Charlie y la fábrica de chocolate): coger la original y volver a rodarla tal cual, punto por punto, diálogo por diálogo, pero con sus actores; así que imagino que la de Kevin Spacey estará bien.

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  11. Actualización:

    Como no tuvieron ninguna repercusión, se fueron creciendo.

    Este miércoles, 1 de noviembre, la prensa dio la noticia de que un grupo de ciudadanos «por la unidad de España» recibió a políticos independentistas en Atocha, gritándoles e insultándoles.

    En realidad, entre los manifestantes estaban los miembros de Hogar Social Madrid, que son neonazis. Hablamos de ellos en esta entrada (la de Lucía la Intocable):

    La ideología de los medios (Lucía García de la Calzada)
     
    Sin embargo, ningún medio grande hizo referencia a los nazis, dando a entender que era una espontánea protesta ciudadana, del mismo modo que ninguno siguió tampoco el rumor que empezó a circular esa misma tarde, que alertaba de que había policías de paisano.

    Pues bien, al ver la noticia en infoLibre, me di cuenta de que uno de estos «ciudadanos anónimos» era Julián Leal, portavoz del sindicato policial del que hablamos en este artículo. Y así lo puse en Twitter:
     


     
    Menos de 10 minutos después, @logela veía mi tuit y lo volvía a poner con otras palabras, citándome. Y como tiene diez veces más seguidores (Twitter funciona así), resulta que la «noticia» se ha convertido en viral, alcanzando los 23.000 RT, y subiendo.
     


     
    La cosa ha llegado incluso a un periódico digital catalán, que cuenta con 30.000 suscriptores:
     
    Aquí hay varias cosas preocupantes:

    1) Que policías de paisano, amparados en la impunidad que les da saber que no van a ser golpeados, ni multados, ni identificados, se dediquen a acosar a políticos. Y ya van, al menos, dos veces.

    Sólo a políticos de izquierda o independentistas, no los veréis acudiendo a gritarles a los chorizos del PP.

    Estos son los que luego te abren la cabeza en un escrache, o te multan con 600 euros, o te piden penas de cárcel porque inventan una falsa agresión.
     
    2) Que los medios, sabiendo que eran policías, lo omitan.
     
    3) Que policías acudan a una protesta junto a neonazis.
     
    4) Que la policía se negara a identificar a los participantes en esta protesta (ya sabemos por qué).

    Twitter: @vota_y_calla

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