Encima, cachondeo

 

A veces, cuando quiero inspirarme para escribir sobre asuntos ajenos a la política, doy un paseo por la playa. Para este blog no lo necesito; desgraciadamente, con tanto chorizo campando a sus anchas por España, nunca faltan temas para Vota y Calla.

Ayer dejé la bici a la entrada, junto a un enorme cartel de aquel infausto Plan E de Zapatero, que sigue clavado donde se junta el asfalto con la arena. Se ve que no han tenido tiempo de quitarlo. Ustedes sin prisa, oiga. Sin prisa.

 

Plan E-sto es un cachondeo

 

Tuve que adoptar una postura similar a la de los que se sientan en la primera fila del cine, para poder leer lo que ponía allí: «Mejora de infraestructuras». Qué mejora, me pregunté, si la playa ha ido siempre a peor. Aunque lo que me quedé rumiando durante los primeros minutos del paseo fue el importe del presupuesto: 1.125.908,19 euros. Ahora mismo estoy sonriendo por no llorar. Un millón ciento veinticinco mil novecientos ocho euros, ¡con diecinueve céntimos! Qué poca vergüenza. Quieren dar la impresión de que el precio se ha ajustado al máximo. Sí, nuestros políticos tienen constantemente en su cabeza el ahorro. Le otorgaron la concesión a la empresa más capacitada, sin duda, a la que ofertó la idónea relación calidad-precio. Como si no supiéramos que en toda obra pública de cierta relevancia se dejan montones de euros por el camino, se inflan facturas, se pagan comisiones, se suman ceros con cada intermediario… Pero no, ellos no, qué va; de hecho, el coste inicial de la «mejora» era de 1.125.910 euros, hasta que nuestros gestores, en su obsesivo afán de velar por la ciudadanía, consiguieron ajustar el presupuesto sin detrimento de la calidad, ahorrando a las arcas públicas esos 9,81 euros que tan bien nos han venido.

Sabemos demasiado bien dónde está la bolita como para que los trileros que nos gobiernan puedan colárnosla con trucos tan burdos. A todos nos suena la Gürtel. Otros, además, hemos sido testigos de cómo algún empresario ha tenido en su poder el pliego de condiciones de determinado concurso de obra pública, mucho antes de que saliera a la luz. Dándose la casualidad de que luego ese empresario se quedó con el proyecto en cuestión. Y a uno, que es un malpensado, otro integrante de esa minoría ruidosa que tan nerviosos pone a nuestros gobernantes, le da la impresión de que esta «irregularidad» es menos excepcional de lo que nos gustaría.

 

Concursos y oposiciones amañadas

 

A grandes rasgos, un pliego de condiciones de un concurso público es un documento, secreto hasta el momento en el que se abre el concurso, donde se enumeran los requisitos que tendrá que cumplir la empresa que quiera optar a realizar dicha obra. El tenerlo con mucha más antelación que el resto, deja a la competencia en una situación de desventaja, pues para la empresa afortunada es bastante sencillo, entre otras cosas, tener listo a tiempo la enorme cantidad de papeleo que se solicita. Y cualquiera que se haya enfrentado con la burocracia, sabe que esto no es poca cosa. Pero también se suele especificar la maquinaria necesaria, los vehículos… Depende.

Viñeta El Roto, político/empresario

Crédito: El Roto / El País


 

Como os imaginaréis, en realidad ni siquiera hay «competencia», pues los políticos que le han anticipado el pliego al empresario, le van a hacer ganador del concurso igualmente, pero así lo maquillan. ¿Ven, incrédulos ciudadanos? El pliego pedía X, y la empresa ganadora tiene exactamente X. Transparencia. Que la empresa sea del hermano del concejal es una casualidad. No vamos a penalizar a esta persona por su parentesco, si quieren que no pueda trabajar por el hecho de ser hermano del concejal, están muy equivocados. Y eso. La realidad es que, como en las oposiciones amañadas, se hacen a medida del individuo o de la empresa que se quiere favorecer. Por ejemplo: para tal puesto de un Ayuntamiento o empresa pública se precisa a una chica de entre 25 y 25 años, que hable valenciano,  tenga estos estudios y estos puntos, sea rubia, mida 1,64 y se apellide Figueroa. Qué casualidad, los requisitos encajan a la percepción con la sobrina del ministro, que saca así la máxima nota y se queda por tanto con el puesto. Le estoy dando un toque de humor, pero esto es real como la vida misma. E igual de injusto.

Así que, cuando veo esos presupuestos públicos detallados hasta el céntimo, me entra la risa. Señores políticos, sigan robándonos mientras el fanatismo de los votantes se lo permita, pero déjense de cachondeo.

 

Por desgracia, esta desfachatez no se ha dado sólo con el Plan E de Zapatero. Pasaba antes y ha seguido ocurriendo después. Mirad, mirad si no los carteles que informan de obras públicas en vuestras zonas (podéis mandarme alguna foto, si queréis, y la colgaré en la entrada). ¿Ajustan con dos decimales el coste en obras de cientos de miles, o incluso millones de euros? El colmo del recochineo.

 

Uno sin mordaza

¿A ti tampoco te callan?

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