Disciplina de voto

Saludos, ovejas negras. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de los que se conforman con balar.

 

Disciplina de voto

Lo que ha ocurrido este miércoles en el Congreso al aprobarse la ley de abdicación del rey con un 85 por ciento de votos a favor, ha vuelto a poner de manifiesto una de las deficiencias de nuestra endeble democracia. Hablamos de la disciplina de voto.

Llamemos a las cosas por su nombre: voto forzado, voto sometido, un oxímoron como una casa. Además, es anticonstitucional, pero como ya dijimos en otra ocasión por aquí: la ley, para el que la trabaja.

Pagamos a gente para que levante uno, dos o tres dedos, indicándole al resto de borreguitos si deben votar «sí», «no» u abstenerse, respectivamente. En consecuencia, la mayoría ni siquiera se estudia los asuntos del orden del día, muchas veces no saben qué votan, y hasta con la ayuda de los dedos se equivocan de botón. Ese es el nivel. Nuestra actual ministra de Desempleo era la encargada de llevar a cabo tan magna tarea en el PP, haciendo así con la manita, como se puede ver a partir del segundo 00:51 de este vídeo:

De ahí a ministra, claro: se lo ha ganado

 

Esto de los dedos siempre me ha recordado al béisbol, cuando el catcher (el tío del guante) hace señales al pitcher para decirle cómo tiene que lanzar la bola.

Fotografía béisbol señales catcher, disciplina de voto

Está diciéndole al lanzador que vote «no»

 

Por desgracia, la política no es un juego, aunque muchas veces lo parezca: nuestros políticos faltan a clase y, cuando van, discuten como niños, no atienden, juegan con los móviles… Y en cuanto suena el timbre del recreo, salen en estampida.

 

Democracia secuestrada

 

Este secuestro de la democracia se da en todos los partidos. Es un despilfarro, es una tomadura de pelo, un circo, un vodevil. Desde el momento en el que existe la maldita disciplina de voto y la decisión está tomada de antemano, ¿para qué sirven los «debates» previos? Absolutamente para nada, si no es para tratar de justificar la talegada que se llevan nuestros cargos públicos por tan arduo trabajo. Podríamos enviar al Congreso a un solo representante de cada partido y las votaciones saldrían adelante exactamente igual, con idéntico resultado, pero ahorrándonos un pico.

 

Volvamos a la votación sobre la abdicación, el último episodio del haraquiri por etapas del PSOE. Sabemos que hay diputados a los que les hubiera gustado votar en contra o al menos abstenerse, para no quedar en ridículo, para no parecer incoherentes, para no traicionar su conciencia republicana. Diputados a los que se les habrán revuelto las tripas, espero, al escuchar los elogios que Rajoy le dedicó a Rubalcaba por su comportamiento «serio y ejemplar». A uno que yo me sé, calvo, con barba y de nombre Alfredo, le vendría bien recordar aquello de «Si el sabio no aprueba, malo; si el necio aplaude, peor».

Con los sueldos de sus señorías, sería absurdo pensar que alguno de los diputados del PSOE haya votado contra sus principios por miedo a perder 600 euros. No, tiene que haber algo más. Y lo que hay es su conocimiento de que los rebeldes se quedan sin posibilidades de progresar en los partidos. Como explicamos hace dos semanas, medran los sumisos, los obedientes. Al que piensa por sí mismo se le castiga, bien de forma directa (mediante multas), o bien indirectamente, arrinconándole, condenándole al ostracismo.

Esto ocurre en mayor o menor medida en todos los ámbitos de la vida, ya lo sabéis. Fuera del rebaño hace frío. Pero la normalidad con la que se acepta esta imposición en política, la escasez (casi inexistencia) de voces que se levanten contra la esclavitud mental, raya lo patético. Los espartacos españoles, como Ada Colau o Diego Cañamero, están haciendo política desde fuera de los partidos. Un claro indicativo de la pésima salud de nuestra democracia.

Captura de sonido ambiente en el Congreso de los Diputados. Crédito.

Crédito de la imagen de cabecera

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9 sin mordaza

  1. Lo lastimoso es ver las sonrisas de los «facticos» los antidemocratas, que aprovechan las mamarrachadas de estos pseudos representantes de los españoles, para afianzar sus torpes ideas de dirijismo. ¡No es eso «muchachos»! La politica no es eso… Confundis los negocietes,con la decencia y vosotros… «luminarias»; lo evidente con la torpeza.

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  2. Hola Salva, me encanta el artículo, pero te llevaré la contraria (un poquito), en mi linea y para no variar :)
    La disciplina de voto no solo se da en España; se da también en Alemania, Gran Bretaña y otros sitios que admiramos tanto. Si es algo tan extendido debe de ser por motivos de peso.
    Cuando uno se mete en un partido político sabe de sobra que no va estar de acuerdo con todo, pero se supone que coincide en lo básico, ya que si no no entraría en él. ¿Quiere decir esto que no tiene derecho a disentir nunca?: sí lo tiene, pero ha de andarse con cuidado hacia dos tipos de elementos:
    -El primer elemento son las élites de su partido y es que, como tú dices, le pueden multar o condenar al ostracismo. Ya, pero no olvidemos que la gran mayoría de políticos españoles (da igual del partido que sean) no son auténticos profesionales de la política, sino personajes que han hecho de la política su profesión, que es muy distinto. No es lo mismo una persona que tiene una preparación brutal en Políticas, Gestión de Administraciones Públicas, Derecho Nacional e Internacional o Economía a un alto nivel y que el partido de turno lo va a buscar al fin del mundo para que forme parte de sus filas, que que el partido de turno coja al zote que lleva metido ahí desde el final de la adolescencia, sin preparación y sin experiencia. Esto segundo es lo que hacen casi todos los partidos en España, con lo cual al enchufado de turno no le queda otra que acatar una disciplina de voto si no quiere verse de patitas en la calle. ¿Es justo esto para el escogido a dedo?, no lo es, pero es menos justo ser escogido a dedo por haber estado en las Juventudes…o Nuevas Generaciones…sin saber hacer la o con un canuto. Así que, al que quiera estar y permanecer en política a costa de lo que sea, no lo queda otra que bajarse los pantalones de vez en cuando (hablando en plata), porque todo tiene su precio.
    -El segundo elemento soy yo misma como votante de un partido. Si hay algo que detestamos los votantes es que el partido tenga peleas internas, porque intuimos que perderán el tiempo en decisiones y esto le restará efectividad al gobierno de ese partido, aparte de la mala imagen que da. Además, un partido es una «opinión totalmente organizada» y no varias opiniones y cuando voto quiero saber exactamente a qué idea del partido estoy votando.
    Por ejemplo, en el caso que expones y suponiendo que yo fuese votante del PSOE, cara a las próximas elecciones quiero y necesito tener claro de una vez si el PSOE es monárquico o republicano, porque les votaría o no en función de lo uno o lo otro.
    El PSOE tendrá toda la base republicana que queramos, pero desde el pacto constitucional la mayoría entendimos que pasaba a ser un partido monárquico con su estilo particular de hacer política; sería equivocado pensar que la gente que le ha votado todos estos años lo ha hecho solo por su estilo de política, porque lo han hecho por eso unido al hecho de que estaban a favor de la monarquía (al menos los votantes del PSOE que yo conozco). Si ahora cambian de rumbo, sus votantes tienen el derecho de saberlo para decidir si le van a seguir dando su voto y ahora viene el problema: imagínate que permiten el voto libre y sale que un 35% de los cargos son monárquicos, otro 35% republicanos y el 30% restante se abstiene porque no tiene una idea clara ¿a qué tipo de PSOE está votando el elector en las próximas elecciones?, ¿monárquico?, ¿republicano?, ¿con qué se va a encontrar ese elector?, ¿no lo estarían mareando y confundiendo más de lo que lo hacen habitualmente?.
    Desde este punto de vista, para mí la disciplina de voto no es que sea importante, sino importantísima en las cosas básicas que definen a un partido y se podría consentir el voto libre en cosas no tan definitorias del partido.

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    1. ¡Hola, Bea!

      Siempre agradezco tus intervenciones, también cuando me llevas (un poquito) la contraria. Hay que replantearse todo continuamente y, además, qué sería la vida sin discrepancia. ¡Un partido político! :P

      Entrando al meollo: sé que la disciplina de voto se da también en otros países, pero eso para mí no quiere decir nada, un error puede estar muy extendido.

      En cualquier caso, supongo que los que defendéis este sistema estaréis de acuerdo en eliminar el paripé del Congreso. Mientras que exista la disciplina de voto, con que hubiera un representante de cada partido votando sería suficiente, no necesitamos de toda esta falsa escenografía.

      Con el párrafo que comienzas con «El primer elemento», estoy totalmente de acuerdo. Y ese es el problema principal, has dado en el clavo.

      Voy a utilizar una frase tuya: «Cuando uno se mete en un partido político sabe de sobra que no va estar de acuerdo con todo, pero se supone que coincide en lo básico, ya que si no, no entraría en él». Coincido contigo, pero considero que la gente que entra en un partido debe coincidir en lo básico voluntariamente. No acepto, y me parecen una aberración, las imposiciones antidemocráticas (y anticonstitucionales, que estamos obviando ese punto). Los partidos van a lo fácil, hacen como esos matrimonios de personas mayores que se han llevado siempre «muy bien» y «nunca se han peleado» porque la mujer ha acatado todo lo que le ha ordenado el marido. Eso es una paz artificial.
      Si hubiera que votar a favor o en contra de un referéndum sobre la monarquía, por seguir con el tema de actualidad, ¿necesitaría IU disciplina de voto? No. Y así con la inmensa mayoría de los temas, pues por eso precisamente están (o deberían estar) en el partido, porque coinciden con su ideario, con el programa. Y en otro tipo de votaciones, no pasaría nada porque un cierto porcentaje disintiera. Eso reflejaría más el sentir de los votantes que estas unanimidades simuladas. Y es que dos votantes de IU, o del PP, no tienen por qué coincidir necesariamente con todo el ideario del partido. Sin ir más lejos, conozco a más de un votante del PP que está en contra de la monarquía, pero vota a los de Rajoy porque cree que es el partido que, en conjunto, más se ajusta a sus ideas. Ese es uno de los problemas de tener una democracia tan escuchimizada, tan poco participativa; que al final, son lentejas.
      Yo mismo no he estado jamás de acuerdo al cien por cien con todas las propuestas de un determinado partido, como supongo que te ocurrirá a ti y a cualquiera acostumbrado a pensar por su cuenta.

      En conclusión, que de tu sensata propuesta final: que haya disciplina de voto en las «cosas básicas que definen a un partido» y libertad en lo secundario, creo que podríamos suprimir la disciplina, pues en las votaciones importantes ya habría acuerdo igualmente, y en las secundarias… pues eso, no tendría mayor importancia la divergencia de opiniones.

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      1. Hola Salva,
        No es que quiera eliminar el paripé del Congreso. Tiene que haber un buen número de parlamentarios (a lo mejor no tantos como los que hay, pero bastantes) para que haya un debate que nos represente a todos pero, claro, con una ley de partidos en consonancia y son ellos mismos los que hicieron una ley que impide ese debate. Las pocas veces que alguien de un partido propuso cambiar la ley, la mayoría de los miembros se acabaron echando atrás y no solo los grandes jefes, sino también la mayoría del resto de políticos, porque les interesaba seguir ahí hasta el fin de los tiempos y gozar de una serie de ventajas.
        Un sistema sin disciplina de voto no es viable mientras haya listas cerradas y sea la cúpula quien elige y ordena a los candidatos, dándoles hoy un puesto aquí y mañana otro allá, sin salir nunca de política, sin dejar sitio para gente mejor preparada y con unos sueldos excesivamente altos; ventajas que el candidato acepta gustosamente ;)
        Como la mayoría, odio lo antidemocrático y las imposiciones, pero la gente que entra en política sabe lo que hay a ese respecto y sigue entrando porque le interesa muy mucho por motivos obvios y supongo que tú, como yo, conocerás personas que valen muchísimo más a nivel académico y personal y que se niegan a participar en ese circo hasta que varíe la ley.
        Lo que me parece muy poco serio por parte del político es que entre sabiendo lo que hay a día de hoy, lo acepte porque le interesa para medrar (con excepciones), se excuse en la disciplina de voto que le impone el partido cuando le va bien protegerse y le dé la pataleta cuando no se quiere atener a esa disciplina, porque el daño es para el de siempre: para el ciudadano que vota a un partido y a un programa en conjunto y que al final se siente desorientado y decepcionado.
        Me parece que, tal y como están hoy las cosas, la disciplina de voto es el peaje que tiene que pagar el político por formar parte de ese sistema corrupto y perverso y el mal menor para el votante.
        Distinto será si un día se establecen listas abiertas, en las que votamos a una persona a la que le damos permiso para hacer y deshacer y que, a la vez, al ser popular en su distrito tendrá más poder y autonomía frente al partido. Si a la vez se consiguiese que cualquier militante pudiese ser elegido para todos los cargos, que hubiese siempre primarias, que se limitase el ejercicio de los cargos públicos,que se aumentase el sistema de incompatibilidades y que se reajustase el sueldo de los políticos, verías como la libertad de voto llegaba por sí sola y a política solo se presentarían las personas realmente preparadas y con vocación.
        ¿Aceptarán los políticos actuales, que están ahí bien colocados y con intención de continuar, que se cambie la ley de partidos en todos esos puntos? :(

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  3. Salva, desde el cariño que te he tomado en este poco tiempo: confundes ficción y documental.
    Vamos a entendernos, una cosa es lo que dice la publicidad, y otra los planos técnicos. La publicidad dice que votamos a personas (los diputados), pero en los planos queda claro que votamos una organización (el partido). Porque nuestro voto no selecciona a personas concretas (calidad), sino tan sólo contribuye a otorgar un peso al partido con un determinado número de culiparlantes (cantidad).
    Por tanto la disciplina de voto es totalmente coherente con el diseño del artefacto: si votamos a un partido es el partido el que debe decidir, y yo como votante debería quejarme si algún diputado frívolo o inconsecuente decide pensar por sí mismo (o misma) y vota algo con lo que yo (siempre como hipótesis) no estoy de acuerdo.
    Por favor os lo pido, que nadie piense que me gusta esta demobazofia, o que no entiendo los mecanismos electocorruptores, y menos que me pierde la tragicomedia, es sólo que soy coherente y si voto, es con todas las consecuencias.
    Así que si alguna vez yo votase algún partido que tuviese más de un diputado (o diputada), exigiría disciplina de voto. Por joder. Que vaya desverguenza alquilarse a un partido para luego mostrar escrúpulos sobrevenidos.
    Saludos,
    Vicente Juan
    NB: para quienes no conozcan la referencia a «culiparlantes», la primera vez que oí la expresión la pronunciaba el magnífico cronista parlamentario de aguda ironía Luis Carandell, pero otras plumas de renombre han retomado la expresión. Camilo José Cela, sin ir más lejos: http://elpais.com/diario/1983/04/30/opinion/420501613_850215.html

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    1. Hola Vicente,
      Totalmente de acuerdo con lo que dices, hasta puntos y comas.
      A mí tampoco me gusta como está montado el chiringo y tengo la esperanza de que un siglo de estos cambie. No me gusta que nadie esté sometido a tiranía, pero mientras no me dejen elegir al diputado y me obliguen a comerme el lote entero y ya cocinado, el diputado es el primero que tiene que ser consecuente y comérselo antes que nadie, postre, café y chupito incluidos.
      Saludos

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      1. Pues… Si es que creo que en el fondo estoy de acuerdo con vosotros. Es decir, no pido que se limiten a quitar la disciplina de voto. No, no, hay que «desmontar el chiringuito», como dice Bea. Tampoco me dan ninguna pena los diputados que supuestamente tienen que votar contra sus principios, los cobardes y los egoístas me provocan otro tipo de sentimientos. Es más, podría haber firmado (¿por qué no se me ocurrirán a mí estas cosas?) la frase de Vicente: «Vaya desvergüenza alquilarse a un partido para luego mostrar escrúpulos sobrevenidos».
        Así que quiero libertad de voto, pero con el paquete completo, para que tenga sentido.

        Muchas gracias a los dos por enriquecer esto :)

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        1. Si algún día os aburrís mucho, pero mucho, mucho, os propongo echar un vistazo al sistema que debatimos para CLM:
          http://web.archive.org/web/20140521041433/http://equoclm.proyectoequo.org:80/index.php/areas-tematicas/participacion-ciudadana/reforma-ley-electoral
          Os puede sorprender a primera vista que no incluya listas abiertas, pero para evitar la dificultad de los sistemas complejos de votación, nos sacamos de la manga un sistema escalonado: obligación de primarias, listas cerradas desbloqueadas, circunscripción única, sobrevaloración de los votos en los lugares de residencia de las candidaturas, etc.
          No es la propuesta en sí lo importante, sino el conocimiento que generó la discusión de muchos de los puntos, en mayor o menor medida conflictivos. Como somos conscientes de la escasísima probabilidad de que Nuestra Señora del Cigarral nos tome en consideración, el objetivo fue aumentar el conocimiento del sistema electoral vía discusión de propuestas. Eso es culpa mía, que fui el ponente.
          Saludos y buen debate, que se agradece!

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          1. Muchas gracias, Vicente. Lo leeré aunque no me aburra tanto ;)

            No es un objetivo menor, ese. Que la gente sepa más sobre el sistema electoral, digo. Lee y escucha uno cada barbaridad sobre el voto en blanco y el voto nulo que se queda a cuadros (que cada voto nulo se suma al final a los del partido más votado y cosas así). Y encima, sueltan sus disparates con una seguridad pasmosa.

            ¡Buen fin de semana!

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