Diario de un ateo: Domingo de Resurrección

Saludos, cofrades. Hoy me quito la mordaza para narrar otro día señalado de la Semana Santa (la mañana del Domingo de Resurrección) desde el punto de vista de un ateo.

 

Diario de un ateo: Domingo de Resurrección

 

Al poco de acostarme, percibí un pitido en el oído como el que se escucha tras haber estado una noche de fiesta en algún local con la música muy alta. Pero yo no había estado de fiesta, por lo que ese sonido no tenía ningún sentido. ¿Acúfenos, tal vez? En cualquier caso, no era un pitido molesto, así que me concentré en él mientras me iba relajando. Cambiaba de frecuencia, a veces era menos agudo, o pasaba a escucharse a intervalos muy seguidos, como una cigarra en verano.

Después sentí un cosquilleo, unas oleadas de suave calor que recorrían mi cuerpo y desaparecían tras unos segundos. Podría compararse vagamente con un escalofrío a cámara lenta, pero esto dejaba una sensación de calidez por donde pasaba, sincronizándose con el pitido del oído. Lo mejor era que mi voluntad no intervenía en ningún momento, no sabía cuándo iba a volver la siguiente «oleada»: en diez segundos, en un minuto, en tres… Esa expectación la hacía más agradable si cabe cuando llegaba, como en los juegos sexuales en los que uno le cubre los ojos al otro.

El corazón me comenzó a bombear más deprisa.

Por algún impulso ajeno a mí, como siguiendo una sugerencia silenciosa, junté las palmas de las manos y levanté los brazos sobre mi cabeza, con el estilo de un nadador a punto de saltar a la piscina. Los brazos se estiraron con una extraña propulsión que arrastraba a todo mi cuerpo detrás, pero a la vez dejaba algo anclado en el punto de origen, no me iba del todo (lamento la inconcreción, es un poco difícil describirlo con palabras. Lo de los brazos me recuerda al de los chicles Boomer, para los que tengáis ya una edad, o al jefe de Los 4 fantásticos, para los más frikazos).

Todo se aceleró a una velocidad endiablada y aun así tardé unos interminables ¿minutos? en llegar a mi destino. ¿A dónde? No sé. A un lugar distinto, eso seguro. Otro universo, otra dimensión, los arrabales de Matrix, la salida a través del agujero del conejo o de uno de gusano… como queráis imaginarlo. Yo no lo sé. Allí fui recibido por unos «seres de luz» sin forma, ni humanoide ni de ningún otro tipo, que me recordaron inmediatamente a Chocky, una serie de los ochenta que vi de niño y que imagino que no os sonará de nada. Es curioso que me acordara de esa serie, pues no había vuelto a pensar en ella en todos estos años, la había olvidado por completo. De hecho, he tenido que buscar en Internet para averiguar el nombre.

Al llegar, experimenté una inefable sensación de bienestar, mucho más allá del placer sensual, y sin embargo no desligado totalmente de este. De alguna manera, sabía que ese era el modo en el que estos seres, estas luces, estas pequeñas auroras boreales me estaban dando la bienvenida. «Cuánta efusividad», pensé. «Qué harán cuando haya confianza». Bromeaba conmigo mismo para tranquilizarme, estaba nervioso, alterado, y los latidos del corazón seguían a su ritmo, desbocados. Entonces sentí miedo, me vino la idea de un infarto. Automáticamente, alguien se metió en mi cabeza para decirme sin palabras que eso no iba a pasar, que todo estaba bien. Como para demostrármelo, me enseñaron la imagen de mi cuerpo en mi habitación, durmiendo plácidamente en la cama (¿me mostraron la imagen o me llevaron allí?). Sin embargo, el efecto no fue el deseado, pues verme me creó mucha inquietud. Si ya es raro escuchar la propia voz en una grabación, imaginaos veros desde fuera. No se parece en nada a mirarse en un espejo, es… Inquietante. Ya de por sí hay algo en el durmiente que recuerda a la muerte, pues no te digo nada cuando el durmiente al que observas eres tú.

Al no conseguir el efecto tranquilizador que buscaban, quitaron la imagen de mi cabeza (o me llevaron de vuelta con ellos). Me comunicaron que tenían que hacerme una revelación, que debían contarme algo, algo que era muy importante que recordara al despertar. Debía concentrarme en memorizarlo. Por orden de estos seres, imagino, repetí mentalmente con todo el convencimiento de que fui capaz, vaciando mi mente de cualquier otro pensamiento: «voy a recordar el mensaje, voy a recordar el mensaje, voy a recordar el mensaje»…

Cuando consideraron que estaba preparado, comenzaron a «hablar». Ya digo que no había comunicación tal cual la conocemos, dejaban certezas y sensaciones momentáneas en mi cabeza.

Lo que me iban a revelar debía repetírmelo a mí mismo al menos una vez cada día después de este, para asegurarme de tenerlo presente en un momento decisivo que estaba pronto a suceder, una experiencia que daría lugar a un cambio de ciclo positivo en mi vida, si la gestionaba adecuadamente.

Pero en el momento en el que iban a darme la información, el corazón me comenzó a latir cada vez más fuerte, cada vez más fuerte, y además arrítmicamente. ¡Pom! ¡Popom!… ¡Pom! ¡Popom!… ¿Un infarto? ¿Me habían engañado, después de todo? ¿Me estaba muriendo? El volumen era excesivo, algo iba mal, sentí la desilusión de estos seres y fui succionado bruscamente hacia atrás…

 

Desperté sobresaltado, con un espasmo, como cuando sueñas que te caes. Aunque la frecuencia cardiaca iba notablemente por encima de lo acostumbrado, no eran mis latidos lo que oía, sino unos estruendosos tambores de Semana Santa, justo bajo mi ventana.

Busqué el despertador, tanteando frenéticamente en la oscuridad. Como siempre, fallé dos o tres veces antes de dar con él. Pulsé el botón que lo ilumina: las siete de la mañana. «Hijos de puta».

En realidad eran las ocho, no había cambiado la hora, pero para el caso es igual: me había acostado tarde y no me apetecía madrugar. Esperé con paciencia a que la banda, el paso, o lo que fuera (no me levanté a averiguarlo) se marchase. Lo hicieron exasperadamente despacio, como si caminaran a pasitos de geisha.

Cuando el sonido se perdió al fin en la distancia me dispuse a dormir otra vez, a ver si conseguía volver a conectar con ese extraño e hiperrealista sueño por donde lo había dejado. ¿Qué era eso que tenía que contarme mi subconsciente? En la duermevela, seguía oyendo ruido a lo lejos. Me dio la impresión de que iban pasando por todas las calles con sádica meticulosidad, no sea que dejaran a alguien sin despertar en el pueblo por un descuido.

Caí en el sueño.

 

¡Pom! ¡Popom!… ¡Pom! ¡Popopom!… ¡Tiruríííííí!

«¿En serio?» Volví a mirar el reloj: marcaba las 9:30, es decir, las 10:30 (de la absurdidad de los cambios de hora ya hablaremos otro día). Habían pasado dos horas y media. Será lo que tardan en dar la vuelta al pueblo. Ahora venían con refuerzos: a los monótonos tambores se habían añadido unas trompetas del infierno. Si era un homenaje al Apocalipsis, estaba bastante logrado. Deseé que lloviera fuego y azufre, pero no fueron escuchadas mis plegarias: en su lugar, los trompeteros interpretaron bajo mi ventana el himno de España. Sí, el himno nacional.

Ellos ganaban. Fui a la ducha, sintiéndome como un soldado que se levanta con el toque de diana. Y eso que yo no hice la mili.

 

Música: Childhood dream, de Anathema

Imagen de cabecera: Tamborada de Hellín

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26 sin mordaza

  1. ¡Por supuesto que conozco Chocky! No seguía la serie habitualmente (yo era más de La Fuga de Logan y V), pero era una serie muy, muy extraña. Las voces infantiles como de otro mundo pronunciando Chocky (Choookyyyy) en la «sintonía» de cabecera todavía me persiguen a día de hoy.

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    1. Pues yo tampoco creo que la siguiera habitualmente, porque me acordaría. El domingo empecé a verla desde el principio (está en Youtube, pero sólo en inglés) y entiendo que acojonara a un niño. ¡Es que es una serie para adultos! Ya la cortinilla, como tú dices, se las trae. Y encima, el crío me recuerda físicamente al de El resplandor, otro que también hablaba «solo».

      No sé cómo habrá soportado el paso del tiempo V, pero El equipo A, El coche fantástico, El valle secreto… o películas como Cortocircuito, que tanto me gustaba en mi infancia, no aguantan un visionado ahora. Sin embargo, esta serie sí, llevo cuatro capítulos y estoy gratamente sorprendido.

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  2. Déjeme resumir, don Salvador, a ver si lo he entendido.
    Se pone usted tontorrón con un sueño erótico en el que no hay presentes más que su cuerpo y entes imaginarios. Lo que toda la vida ha sido un sueño onanista, vamos.
    Unos amables tipos se ofrecen a marcarle el ritmo, y se queja usted porque no es el que le gusta. Igual esperaba una orquesta sinfónica tocando el bolero de Ravel, ¡qué jodío!
    De ahí deduce que ninguno de los miles de dioses mencionados en la historia de su especie homo crédulus ha existido. Como diría un agnóstico manchego, ¡otro creyente licinciao!
    Pues nada, le recomiendo releer al autoestopista intergaláctico, que para usted debe ser como el Playboy de antes. Duerma usted con guantes de boxeo y verá como se le pasa.
    Hale, ¡a cuidarse, que ya va teniendo usted una edad!

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    1. Vota y Calla es diferente hasta en los trolls (la RAE recomienda «trolles», pero me niego). El nuestro es un tipo, un «ser», más bien, bastante soportable si el porcentaje de humedad en el aire no es muy alto. Y además culto.

      Hablando de cultura: reconozco que no he leído el libro del que nos habla, Mr. Baladring. Y mi pecado (por seguir con las cosas de los católicos) es doble, porque según dice la Wikipedia, hay una peli y todo, que tampoco he visto.
      Si me los recomienda (libro, peli o ambos), me pongo a ello.

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      1. No sé si responderle, porque me queda la duda de si al llamarme trol, he sido insultado en mayor o menor medida:
        1) RAE: «En la mitología escandinava, monstruo maligno que habita en bosques o grutas.»
        2) Wiki: «Persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea…»
        En mi familia teníamos trols domésticos, y eran animalejos bastante divertidos, eso lo puedo aceptar, pero ¿»Persona»? Espero que se refiriese usted a la primera acepción, porque en caso contrario sepa que le enviaré a mis troles para que jueguen con su ridícula cabecita más o menos peluda.

        Respecto del Autoestopista Galáctico, tampoco he visto la película. En relidad prefiero los libros, porque así puedo imaginar héroes inteligentes, escamosos y con pieles de brillantes colores. En el cine incluso superman es sonrosado, blandito, con un nivel intelectual levemente superior al de un trol, y pierde fluidos por sus muchos orificios. Muy a menudo las náuseas me acaban arruinando las historias.
        De aquí puede usted deducir que le estoy recomendando la novela, y quizás la película, porque al fin y al cabo, desde mi punto de vista desde la cúspide evolutiva, no es usted tan diferente de superman e igual le gusta.

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  3. Hola, Salva:

    Personalmente me da lo mismo tener debajo de la ventana a la procesión de Semana Santa, a la charanga carnavalera, a la orquesta de las fiestas del barrio o a los que limpian la calle a las 4 de la madrugada y se entretienen en su horario laboral a grito vivo y golpe de contenedor. Si me revientan el sueño se me ponen los ojos sanguinolentos, me crecen las uñas, se me llena el cuerpo de pelo y me convierto en mujer lobo dispuesta a atacar.

    El problema lo veo en la falta de respeto que supone jod.. el sueño a la gente con cualquier acto y no en el carácter del acto en sí, que ni me quita, ni me pone ni todo lo contrario.

    Dado que vivimos en este País de las Maravillas, en el que el sentido del respeto brilla por su ausencia entre religiosos y no religiosos, a partes iguales y empleándose a fondo ambos bandos en la tarea, lo mejor es tener a mano unos buenos tapones de oídos para esas noches de alto riesgo.
    Los que utiliza la gente que trabaja en aeronáutica son infalibles.

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    1. A sus pieses, Beatriz.

      Precisamente esta mañana me he acordado del artículo de Salva, y ahora corroboro tu comentario, cuando me despierta la vecina de arriba con sus taconazos. No sé, a mí no se me ocurriría andar por casa a las 6 de la mañana haciendo ruido (CLOC CLOC CLOC) con los tacones; con lo cual, mi primer pensamiento del día, todavía en la cama, es lo individualista que se ha vuelto la sociedad y el poco o ningún respeto que se tiene hacia los demás. La idea sería subir a su casa y exponerle educadamente el problema, pero la respuesta ya me la sé: «en mi casa hago lo que me da la gana.» Yo le respondería que su casa está en una comunidad, y ya empezaría una guerra sin visos de final.

      También sufro a los basureros a la 1 de la madrugada con sus gritos y el camión golpeando los contenedores para apurar los restos.

      A veces envidio a un país como Suiza, que tendrá su lado negativo, pero en lo que respecta al respeto por el descanso de los demás (que es lo que a mí me importa), está a años luz de España.

      Yo también soy consumidor habitual de tapones para los oídos: los del Mercadona de espuma están muy bien de precio y aíslan mucho el ruido.

      Un saludo, compañera :)

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      1. Estimado David,

        Ni se te ocurra subir y decirle nada a tu vecina. La última vez que hice tal cosa no salió la vecina, sino su media naranja que, además de soltarme el tópico de «en mi casa hago lo que me da la gana», dio lo mejor de sí: me llamó malfoll… y me amenazó con partirme la cara si volvía a protestar, levantando su dedito en tono amenazante y todo.

        Los tapones de Mercadona son muy buenos pero los de los que trabajan en aeronáutica son increíbles. Distinto es cómo conseguirlos, que no debe de ser fácil si no conoces a alguien que trabaje en el sector.

        Otro saludo para ti

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    2. ¡Beatriz! Cuánto tiempo. He tenido que aporrear el tambor para que reaparecieras : )

      Pues sí, estoy de acuerdo. De hecho, como este del respeto es uno de los artículos que tengo pendientes en mi carpeta de futuros temas, no voy a ahondar más en el asunto ahora. Pero pienso lo mismo que vosotros, incluido lo que dice David sobre Suiza.

      Lo del domingo, para mí es un agravante. Exigen respeto para sus creencias (incluso judicialmente; un juez acaba de abrir diligencias contra la poetisa que interpretó el Padre nuestro blasfemo, que no es ni más ni menos que lo que hice yo en la entrada anterior, con más o menos gusto), exigen respeto para sus creencias, digo, pero luego te imponen las suyas sin vaselina.

      He recurrido alguna vez a los tapones para domir (de silicona, los mismos que utilizo para nadar), pero no me acaban de convencer, tras unas horas me molestan.

      ¡Un abrazo! Y cuidado con la luna llena, jeje.

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  4. Vicente Juan 29/03/2016 a las 9:50

    Salva, tu artículo me ha recordado por qué huía de Valencia durante la semana de Fallas. Allí está tan institucionalizado el porculeo sonoro que incluso llaman a la ronda de petardos de la madrugada la «despertá». Para que nadie se llame a engaño, supongo.

    Por lo demás, una queja por el anticlímax de no saber si te habías muerto un poquillo, si tenías un sueño húmedo/luminoso, si te ha invadido el espíritu de un chamán, o si a partir de ahora dejarás la hierba de la risa antes de dormir.

    Saludos.

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    1. Buffff, lo de los petardos de Valencia, o la «fiesta» esa de las motos, para mí es lo más parecido al infierno en vida. Por cierto, eso de las motos también está en la Comunidad Valenciana, ¿no? ¿Qué le pasa a esta gente con el ruido por el ruido?

      Comentando lo del domingo con alguien de mi pueblo, me comentó que le sonaba que lo hacen así precisamente para despertar a la gente, para «avisarles de que Jesús ha resucitado».

      Jeje. El anticlímax es voluntario, trataba de que el texto transmitiera lo mismo que sentí yo, cierto fastidio por haberme quedado a medias.

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      1. Como residente en la Comunidad Valenciana (nunca me he sentido valenciano) yo también sufro la lacra de las fallas, y también me he preguntado el motivo de esa extraña afición del valenciano por el ruido ensordecedor: bandas de música, petardos, motos, griterío… ¿Algún complejo de inferioridad en el inconsciente colectivo valenciano, que les hace querer llamar la atención? También te digo que detecto que esa pasión por el ruido responde sólo a una minoría y a turistas: cuando son fallas, el 80% de la gente con la que hablo pasa del tema o, directamente, echan pestes de las fallas y del jaleo en general. Y no son forasteros instalados en Levante, son valencianos de pura cepa.

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  5. Por cierto, Salva, hablando de sueños, el otro día soñé contigo.
    Estaba hablando en una terraza con unas chicas, y salió a colación el blog de Vota y Calla. Ellas me comentaron que lo conocían muy bien, y que en realidad eras muy famoso, aunque te criticaban porque estabas montado en el dólar y vivías a todo trapo.

    No recuerdo nada más :D

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    1. ¡Jajaja! Perdona, David, no puedo contestarte al comentario ahora, estoy en un yate en Ibiza, rodeado de unas rubias despampanantes, siliconadas y ligeritas de ropa, con las que me dispongo a hablar de Chomsky mientras se vierten una a la otra por encima botellas y botellas de Moët Chandon.

      Por cierto, que no me habéis dicho nada: ¿la fotito de cabecera que os parece? Porque luego hablan del fanatismo de otras religiones…

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      1. La foto de cabecera me ha hecho recordar la doble moral reinante. Mientras unos padres se escandalizan porque los Reyes Magos visten de rosa (y no se lo perdonan a Carmena, jamás), luego no tienen problema a la hora de que sus hijos contemplen un señor esquelético torturado en una cruz mientras se le pasea por las calles, o gente flagelándose por un Dios tan cruel que exige el dolor y sufrimiento de sus hijos.

        Sólo pido vivir en un país civilizado.

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  6. Fray Gorífico 29/03/2016 a las 18:44

    Dominus vobiscum pessima fratelli in pecatto.

    Aparecido se me il beato Mandrino para advertir ego de esta font de impietat, particularis de su dómine de gran pecado y escándalo, que deshonrado ha el santo nombre de Salvador.
    ¡Homo hereticus quid blasfema en gran y desordenada manera de los santos tambores del Señor! El Espíritu Sanctis, en su gran bondade e sapientiae rescatado te ha de las garras del luciferus sueño, ¿y vos renegar osáis con tamaña ignorancia? ¡Honni soi qui mal y pense!!

    ¡¡Rezad agora mesmo veinticuatro Credos cadascuna de las almas que por aquí moráis, y potest esse que el Señor tenga a bien dotaros de ferramentas para refrenar vuestra concupiscencia lasciva!!

    ¡Ego invoco te, Domine, para proveer cuanti menos de decem et octo cilicios caducatem a la domum del lascivo pecador!

    Quia ego sum qui sum, Dominus pax erit vobis ut peccatorum maximus.

    Fray Gorífico in Tabernae.

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    1. Ave María Purísima.

      El Credo ya lo recé en la entrada anterior, padre Balay. Imagino que se descuenta de la penitencia, y los míos ya serían sólo 23, ¿no?

      Su plática suena a una mezcla de latín, español y valenciano (he leído por ahí una «font«). Latinciañol. Le pediré a Vicente Juan, que domina las tres lenguas, que me traduzca su homilía exorcizante.

      ¡Con Dios!

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      1. En realidad el latín lo intenté sin mucho éxito (me temo que fui de ciencias, y aunque intento corregirme llevará su tiempo), y el valenciano se quedó con mi adolescencia, allá donde se queden esas cosas. Además en el batiburrillo políglota hay algo de francés y reminiscencias italianas. Una macedonia latina, por llamarlo algo.

        Pero ya que me invocas…. de entrada te sugiero utilizar el traductor Google con su lema:
        Quod non linguam Latinam didicerunt –> “Eso no ha estudiado latín”
        in instrumentum computatorium autem ego confido –> “en un instrumento de la computadora, sin embargo, tengo confianza”.

        Supongo que hasta lo de los dieciocho cilicios caducados se entiende fácilmente. En cuanto a la última frase, según Google dice «Porque yo soy el que soy, la paz del señor sea para usted como el más grande de los pecadores».

        O sea, no ha estudiado latín y tira de ordenador, no es padre, y por la firma parece que es un tipo frío de Tabernes Blanques o de Valldigna, vaya usted a saber.

        A partir de ahí, todo tuyo que yo bastante tengo con el gremlin cada vez que activo el blog.

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      2. Y ahora que caigo, el avatar del fraile es Salvatore de Monferrate en «El nombre de la rosa». Salvatore….

        Rather suspicious que diría el Dr. Watson.

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          1. Tranquilo Salva, que no seré yo quien sospeche de tu poliglotez. A priori, claro, que igual los dioses han castigado tu ateismo con un don de lenguas en mal estaestado.Y quien soy yo para interpretar la voluntad divina?

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  7. Después de leer esta entrada, no me queda muy claro que las drogas sean malas ? . ¿Has pensado que todo eso podría deberse a una cena en mal estado? En tal caso, tomaré lo mismo que tú.

    Hablando en serio, te ha quedado un post espectacular, enhorabuena.

    Por lo que leo por aquí, soy el único que tiene un sueño profundo que ni una banda de gaiteros tirando petardos delante de mi casa consiguen despertarme… A lo mejor, el hecho de que me tomara unas copas la noche anterior, ayuda.

    PD: Fanatismos…

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    1. Gracias, Miguel. Tus buenas palabras suavizan la envidia que me corroe, porque imagino que serás de esos capaces de quedarse durmiendo a voluntad en cualquier sitio, por incómodo o ruidoso que sea, con sólo cerrar los ojos, ¡grrrrr!

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