Diario de mi confinamiento (11 y 12 de abril)

 

Vamos con la sexta entrega de este diario de cuarentena. Se cuelan dos pelis: Big Fish y Una pastelería en Tokio.

 

 

11 de abril de 2020, sábado

Voy a la pescadería, a la panadería y al supermercado, y lo hago callejeando, necesito caminar.

Al pasar por el estanco me fijo en una cola que llega hasta el centro de la plaza. Es engañoso porque la gente guarda cierta distancia de seguridad. Pero aun así, la cola es importante.

No veo a ningún policía en todo el trayecto. Es más, no he visto a ningún policía ni guardia civil en el pueblo desde el 15 de marzo. Igual he tenido mala (o buena) suerte, pero es raro. Antes del confinamiento solía encontrármelos a menudo: caminando en pareja, en coche, en sus motillos…

Esto es un pueblo, sí, pero de 22.000 habitantes, tampoco vivo en Serruchera del Palancar.

 

Una amiga de otro municipio costero me cuenta por wásap que esta mañana fue también a dar un paseo con su hijo, que no podían más: a ella le dolían los riñones y había que sacar al niño del piso. Es normal.

 

¡Fiuuuu! Vaya precios tienen las cintas de correr.

 

Hablo con mi prima. Me cuenta que están bien, me alegro por ellos.

Su deporte consiste en poner «música marchosa» y recorrer «unos kilómetros por la casa». Eso a las ocho de la tarde, después de teletrabajar.

Comento la situación con ella. Sigo sin explicarme por qué somos el único país de Europa con un confinamiento tan estricto, y me responde lo mismo que he oído tantas veces: es que los españoles somos diferentes, si nos dan un dedo nos cogemos el brazo.

Hace la comparación con los franceses, quienes, según ella, que nació y vivió allí, son más civilizados que nosotros.

Posiblemente tenga razón. Sin embargo, trabajo con personas de diversas nacionalidades, especialmente ingleses, alemanes y rusos, y tendría algunas objeciones que poner a la creencia generalizada de que somos los más incívicos. Además, están los italianos, de un carácter muy similar al nuestro, pero cuyo confinamiento tampoco ha sido tan duro como el de España.

No concibo que se nos encierre a todos por miedo a que unos pocos se salten la ley, que paguen justos por pecadores, porque para eso tenemos a la policía: que los agentes vigilen que nadie se exceda en su paseo o al hacer deporte. No parece que estén demasiado ocupados, pues cada día los sacan en los informativos repartiendo flores, circulando en los coches patrulla con la música o el himno a todo volumen, cantando el cumpleaños feliz a los niños, dando sorpresitas a ancianos…

Eso sí, que vigilen y multen al que tengan que multar, pero sin chulearse ni emplear innecesariamente la violencia, como están haciendo algunos de ellos.

 

Empiezo a leer el libro de Miguel Ángel. Nada más comenzar su lectura, encuentro sorprendentes coincidencias con la situación actual.

 

Escucho una conversación telefónica que me divierte y me apena a un tiempo. Una chica de unos veinte años habla entusiasmada con alguien sobre un audio de wásap que ha recibido. Cuenta, emocionadísima, que ese audio prueba que la Biblia ya predijo el coronavirus de 2020.

A Luz Arnáu le ha salido competencia.

 

Una amiga que trabaja en urgencias me pide permiso para desahogarse con un artículo en Vota y Calla.

Pues claro.

 

 

12 de abril de 2020, domingo

Ciro me habla de un juego, no sé si de consola o de ordenador.

Lo curioso es que me lo cuenta como si hubiera estado allí de verdad, como quien vuelve de un viaje.

Estoy tan alejado del mundo gamer que me cuesta entenderlo. Hasta que luego, recordando la conversación, caigo en que a mí me ha sucedido lo mismo con algunos libros.

 

 

«Al final, después de todo, no somos tan distintos».

 

Videollamada con Elia. Viene de dar una vuelta con la bici. «¡Irresponsable, quédate en casa, te estoy grabando, estás matando a mucha gente!». Sooo: vive en Cambridge, y allí está permitido salir a tomar el aire.

Luce el sol y, según cuenta, hace calor. Aquí, en cambio, por la tarde empieza a llover de nuevo. El mundo al revés.

 

A la hora de comer ponemos unos minutos la tele y nos encontramos con Pedro Sánchez en plan Fidel.

Habla de: «Primera línea de combate», «la victoria», «el enemigo común», «nos ha invadido», «batalla», «guerra», «posguerra»…

Nos miramos como diciendo: a ver si nos ha invadido Portugal y no nos hemos enterado.

Pero son solo metáforas. Comentamos que posiblemente use ese lenguaje para justificar el recorte de derechos sin que la masa proteste. En el amor y en la guerra todo está permitido.

O igual es que Iglesias le ha regalado una caja con las 30 mejores películas del cine bélico y se cree Gary Cooper, como cuando de niños salíamos a la calle dando patadas al aire tras ver la serie Kung fu.

Una cosa hay que reconocerle al general Sánchez: estoy convencido de que Rajoy no hubiera dado la cara.

 

Me encuentro con una noticia que tuiteé en 2017: el gobierno gallego destina 650.000 euros del presupuesto sanitario para contratar sacerdotes.

Eso, después de que la sanidad pública hubiera sufrido unos recortes brutales por parte del PP.

 

 

 

Otra noticia, esta de hoy: «Interior dotará a la Policía y la Guardia Civil con casi 1.200 pistolas eléctricas».

Lo que faltaba. Los agentes cazando runners con las tásers.

(Sé que se escribe táseres, pero suena fatal).

 

Dan Big Fish en la Paramount y Marta, por supuesto, se pone a verla. No sé cuántas veces la ha visto ya. Da igual, la disfuta hasta con anuncios.

Es buenísima, seguramente la mejor película de Tim Burton, pero no hay nada que yo sea capaz de ver tantas veces. Ella es distinta en eso. Pone cada día Friends en Neox, aunque se sabe de memoria los diálogos de cualquier capítulo (se los aprendió en los noventa).

Termina Big Fish y tiene que ir al baño a lavarse la cara.

Aquí voy a contar algo personal, espero que no le importe. Cuando empezamos a salir, ella estudiaba en Murcia y nos veíamos mucho menos, no tanto por la distancia sino porque tenía que estudiar y no quería «distracciones».

Una tarde le conté por teléfono que la noche anterior me había pegado una llorera monumental con el final de una película que habían dado por la tele. Nada de ojos húmedos, no: llanto de mojar mofletes. La peli se llamaba Big Fish, ¿le sonaba?

Resultó que ella la había estado viendo y también había llorado un montón. Aunque separados en la distancia, los dos estábamos viendo la misma película al mismo tiempo, sin saberlo, y llorando ambos como idiotas.

Puto Tim Burton.

 

Hablando de películas, por la noche vemos Una pastelería en Tokio.

Siempre me resulta curioso ver películas japonesas en versión original. Las inflexiones de la voz, las interjecciones de los actores, tan diferentes de las nuestras…

A veces me fijo en detalles secundarios, de las películas o de lo que sea, que otros pasan por alto.

En esta película, la estudiante que no estudia le muestra unas fotografías al pastelero al que no le gusta el dulce. La chica explica de pasada que había enfermos de lepra que al perder manos, pies y nariz, aprendían a leer en braille con la lengua.

Esto me impactó más que ninguna otra escena.

Una curiosidad: «El título original, ‘An‘», hace referencia (…) a los dorayakis, unos pastelillos rellenos de una salsa dulce de alubias llamada anko»..

 

Leo un artículo con el que estoy bastante de acuerdo, excepto en los tres últimos párrafos: Harto del «Quédate en casa».

 

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Imagen de cabecera: fotograma de «Big Fish»

 

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12 sin mordaza

  1. Coincido con tu prima en cuanto al incivismo que hay en España. Si ya hay gente que saca a los perros a pasear tres o cuatro veces al día, que va al supermercado a comprar una barra de pan o que simplemente da vueltas con el coche fingiendo que va a alguna parte, no quiero ni imaginar lo que pasaría si permitiesen a la gente pasear ‘x’ horas al día. En este país la gente ha ido siempre muy a su aire y le ha importado tres pitos lo que le pase al de al lado por su imprudencia.

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    1. ¡Hola, Nemo!

      Estoy convencido de que eso sucede también en los países en los que el confinamiento no es tan estricto. La «pillería» no es algo endémico, por más que nos empeñemos en creerlo así. La diferencia es que por ahí fuera no castigan a todos sus ciudadanos preventivamente, por las hipotéticas imprudencias que pudiera cometer una minoría.

      Tómate una birra en el balcón a mi salud ;)

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      1. Saludos a todos. Un placer leeros. Totalmente de acuerdo con Nemo, los españoles somos expertos en que nos den la mano y coger el brazo. En Francia permiten 1h al día para pasear y… ¿Visteis las imágenes? No creo que sea tan buena idea. En Inglaterra o EEUU no son tan estrictos y mira como les va.

        Trabajo en un super y hay algo en común que tiene la gente que viene a comprar 4 ó 5 veces al día todos los días: compran alcohol. Dos cervezas y una barra de pan; otras 2 cervezas, harina y chocolate; una botella de ron y una lata de sardinas…

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        1. Aquí creo que la gente se contradice. Por un lado, defienden que tengamos el confinamiento más duro del mundo porque somos, supuestamente, los más indisciplinados; mucho más que los franceses, por seguir con el país que has citado tú. Pero al mismo tiempo, ponen el ejemplo de ese vídeo de París (creo que hablamos del mismo) para decir: «eh, ¿veis lo que pasaría si nos dieran más libertad?».

          ¿En qué quedamos?

          No me extraña lo del alcohol. Es un sedante. Si no fuera por eso, ya habríamos salido con antorchas a la calle.

          Oye, si te animas, podrías escribir un artículo sobre lo que estás viendo en tu puesto de trabajo. Creo que sería muy interesante.

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  2. Hola Salvo!

    No me puedo creer que los españoles son más indisciplinados que los demás, y por cierto, no lo son más que los franceses. No creo que a los franceses se les podria imponer este confinamiento sin poder salir una hora. Y si así fuera el caso, habría rebelión. Es curioso la mala opinión que tienen de ellos los españoles, lo dan por cierto que si pudieran salir media o hora entera, se pasarian. ¿Significa que sin ley fuerte, actuarian como gilipolleces? En toda Europa, Grecia y Portugal inclusive, serian los únicos en pasarse con una ley menos estricta??! No me lo puedo creer… aunque la mayoria opina como Nemoopinion.

    Jolines, he leído una entrevista a un ibicenco que vive en Republica dominicana y ahí támbien esta autorizado salir -con mascarillas y manteniendo distancia claro- hasta las 5h de la tarde. Eso sí, si te pasas el toque de las 5h, multas. Normal.

    De todos modos, es cierto que aunque la ley en Europa es menos estricta, siempre los hay que se pasan pero no se montan pollos por unos que lo hacen, no se criminaliza tanto.

    He visto hace tiempo Una pasteleria en Tokyo, me encantó y hasta había probado hacer los dorayakis. Muy bella peli…

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    1. ¡Hola, Ari!

      ¿Sabes que al principio los ingleses suelen llamarme «Salvo»? El error viene de que dan por hecho que los nombres de varón españoles terminan en o, que la a es solo para las mujeres, como en Antonio-Antonia.

      No había caído en eso, pero creo que has dado en el clavo: no sé si somos más indisciplinados que los franceses, pero estoy convencido de que somos mucho más dóciles con el poder. Y así nos va.

      ¿Puedo preguntarte de dónde eres tú?

      ¡Qué bueno que intentaras hacer los pastelillos japoneses! ¿Qué tal fue el experimento?

      Un abrazo.

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  3. ¡Hola Salva!

    Lo de SalvO fue un error, no de teclado puesto que el O está lejos del A. Tal vez mi inconsciente te llama Salvo cuando sé muy bien que eres Salva..

    Soy francesa y llevo 24 años en España, en Ibiza concretamente. Vivo ahí todo el año y ya no tengo nada que ver con Francia. Espero no haberte ofendido con mi comentario, pasa que me siento de este país, España, salvo por la docilidad. Que por cierto no tiene nada que ver con la disciplina.

    Los doriyakis, creo recuerdar que no me salieron mal pero nunca he vuelto a hacerlos…

    ¡No he visto Big Fish! Ahora tengo curiosidad por verlo.

    Un abrazo

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  4. Hola Salva. Hace mucho que no dejo un comentario por aquí, aunque eso no significa que no te lea…

    Me alegra ver que tienes los ojos abiertos y me gusta que haya gente que no comulgue con la pérdida de derechos tan grande que estamos teniendo… Fíjate una reflexión muy tonta: el ser humano (y humana para ser inclusiva), es el único animal al que encierran y aplauden… ¿has visto algún otro animal que tu enjaules y se ponga a cantar y a aplaudir?… Pues eso… mientras, en los medios, ruedas de prensa, etc, nos siguen haciendo creer que el que se contagia es por gilipollas, por insolidario… Todo me recuerda a Chomsky, a George Orwell y a Huxley… Ya estamos en una distopia… papá estado nos cuida. En el caso de España, solo ha habido que darnos un himno «El resistiré» del Dúo Dinámico y una acción: «aplaudid a nuestros héroes», para que no nos preguntemos nada. Lo hacemos por el bien común todo, por el miedo, por respeto… por obediencia…

    No solo somos los más obedientes de todo el mundo, si no que hemos creado nuestras propias patrullas vecinales: los policías del visillo. Esos vecinos solidarios que juzgan lo bueno y lo malo desde sus balcones. Hemos llegado hasta tal punto de pérdida de derechos, que la gente con discapacidad debe identificarse con un pañuelo azul para que los vecinos no les insulten por salir o no llamen a la policía para que les multen… Distopía al fin y al cabo… O sigues al ganado o eres un irresponsable, porque a fin de cuentas nos han hecho creer que si nos contagiamos, es culpa nuestra…

    Te escribo con tristeza y a la vez con alegría por haber leído algo como lo que has escrito… Hay esperanza mientras unos pocos sigamos pensando que hay algo que ha cambiado y es mucho peor que el coronavirus…

    Gracias por escupir palabras!

    Twitter: @Matatweet

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    1. ¡Ana! Qué bien leerte de nuevo por aquí.

      La pérdida de derechos que estamos sufriendo… y la que nos espera, que va a ser asfixiante. Pero hay que aceptarlo, son las consecuencias de la contienda, la posguerra. Porque estamos en guerra, ¿verdad?

      Lo escribí en la primera entrega de este diario. Una cosa es que alguien se resigne a estar encerrado, y otra que lo tome como una fiesta y una oportunidad de ser «testigo de un acontecimiento histórico». Es que es alucinante, pero ¿qué vida tenía esta gente antes, para estar emocionados de vivir esta «experiencia»?

      Me alegro de que aquí no haya justicieros de los balcones, porque si un día un energúmeno me grita si aprovecho para estirar un poco las piernas cuando voy a comprar, juro que salimos en los periódicos.

      A esos «policías del visillo», como tú dices, los conocía ya de Twitter. Señalan a los demás para ensalzarse ellos, por contraste.

      Me has animado. Estaba pensando si continuar con este diario, por tres razones. La primera es que estoy enfrascado con los cuentos; la segunda, que llevo semanas durmiendo mal y no creo que escribir sobre el confinamiento ayude; y la tercera es que desde que esto empezó se han dado de baja un número considerable de seguidores del blog y de las redes sociales que no admiten la discrepancia intelectual, y me han «llamado la atención» unas cuantas personas de mi círculo que creen que el simple hecho de plantearte cosas te convierte en un egoísta insolidario.

      Pero como dice mi paisano: siempre hay una justa en Sodoma (toma lenguaje inclusivo) ;)

      ¡Gracias a ti!

      Responder
  5. Hola Salva

    No dejes de escribir, porque cuando pasen los años, está será la única historia real que se conserve, tú historia: la que nadie puede manipular. El resto, serán titulares de periódicos con sesgos hacia un lado o hacia otro.

    Yo públicamente no me manifiesto sobre estas cosas, no es mi línea y por trabajo (que nadie me lo impide), pero sí que es cierto que trato con gente de todo el mundo y debo ser lo más «blanca y neutra» posible.

    Dicho esto, a nivel privado, con mi círculo también he tenido problemas: a veces soy irresponsable, a veces no soy consciente de lo que hay, egoísta… Lo que me quieran decir… Estamos en guerra, una guerra sin armas y una dictadura sin lágrimas. Ojo, quien quiera que siga pensando que es cuestión de derechas e izquierdas y que solo mire a España. Cuando solo miras a un punto de la foto, te pierdes el resto del paisaje… Estamos ciegos.

    Me hace gracia también mucha gente que me ha llamado egoísta o irresponsable… Es curioso, porque son personas que salieron corriendo a acabar con las existencias del supermercado sin que les importara lo más mínimo quién iba detrás de ellos a comprar. Si el mundo es así, que lo paren que yo me bajo. La gente en estas ocasiones, saca lo mejor y lo peor de sí mismos y al final te das cuenta que por muchos aplausos, mucha pena al ver las cifras y mucho de todo, somos individualistas y que con el pan (y el papel higiénico), no se juega.

    Sobre la docilidad de las masas, concretamente de los españoles, parafraseo a Orwell: «Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse revelado, no serán conscientes. Ese es el problema.»

    Sigue planteándote cosas, sigue pensando en global (no en local), sigue cuestionándote todo, porque al fin y al cabo, ya nos han encerrado y el siguiente paso del preso es anularle la voluntad de pensar y opinar… Eso al menos a unos pocos, no nos lo podrán quitar.

    Abrazos y cuídate mucho, te sigo de cerca y a quien no le guste lo que pones, que no lo lea!! Deja que el ganado siga pastando.

    Twitter: @Matatweet

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