Diario de mi confinamiento (8 al 10 de abril)

 

Hoy os hablo de un amigo que ha pasado el coronavirus en casa.

 

8 de abril de 2020, miércoles

Vuelvo a dormir mal. Y eso que estoy controlándome con el café, solo tomo dos al día: el del desayuno y el de media mañana, o el del desayuno (este es innegociable) y el de después de comer.

 

Los palmeros del sistema repiten en los medios que nuestras vidas nunca van a volver a ser como antes del covid.

Si yo, que estoy casi totalmente desconectado, ya he escuchado esto varias veces, el bombardeo ha de estar siendo inmisericorde. Sin embargo, pocos protestan, ni se preguntan el motivo, o en qué va a consistir ese cambio, o por qué es inevitable.

Temo que al aplaudir en el balcón se escuche también el ruido de nuestras cadenas.

 

El hermano de nuestra amiga ha pasado el coronavirus. Os lo cuento por si le sirve a alguien.

Tiene 43 años.

Os dije que estuve con él en el tanatorio el 19 de marzo, y que el día siguiente me avisó de que empezaba a notar síntomas compatibles con el coronavirus. Además de llamarnos a los que habíamos estado en contacto con él, solicitó que le hicieran la prueba.

Me cuenta que pasó una semana con fiebre y dolor de cuerpo, hasta que comenzó a sentir que se le iba al pecho y le faltaba el aire, como si tuviera asma. Entonces fue a urgencias.

Como la fiebre no pasaba de 38’5, no le hospitalizaron. Se estuvo tratando en casa con lo que le prescribieron: Azitromicina (un antibiótico), paracetamol y antihistamínicos.

En total estuvo 15 días «hecho polvo», según sus palabras, del 21 de marzo al 4 de abril.

Le pregunto si se parece en algo a una gripe, y dice que en su caso ni de coña, que ha sido «mucho peor». «Las he pasado putas».

Solicitó el test el 20 de marzo, se lo realizaron el 6 de abril y le han dado el resultado hoy, 8 de abril: positivo.

Le extraña dar positivo ahora, que lleva cuatro días sin síntomas.

No le dejan regresar a su comunidad autónoma hasta que pasen otras dos semanas.

Los que estuvimos en contacto con él no hemos tenido ningún síntoma. Ya han pasado más de veinte días, así que o tuvimos suerte  o somos «asintomáticos», como los niños.

 

Mientras Eva se recupera (está un poco pachucha), Marta Herrera se ha ofrecido a ser mi «lectora cero». Qué maja.

 

He leído esta noticia y, si no tiene truco, me ha parecido una gran iniciativa del sector privado. 100 aseguradoras se han unido para crear un fondo que cubra a los profesionales sanitarios. Este seguro colectivo indemnizaría con 100 euros por cada día de baja por coronavirus de un médico, enfermero, conductor de ambulancia, etc., y con 30.000 euros en caso de fallecimiento. Sería retroactivo y gratuito.

 

 

9 de abril de 2020, jueves

Voy a la oficina a firmar unos papeles. Son únicamente 14 kilómetros ida y vuelta, pero parece que he ido en coche a Holanda, hacía mucho que no conducía.

Tengo que acordarme de arrancarlo de vez en cuando, no sea que se quede sin batería.

Aunque estamos en una zona costera y es Jueves Santo, no me encuentro con ningún coche de policía, ningún control… nada. He visto en las redes supuestas retenciones de vehículos que salían desde Madrid en dirección a las playas para pasar la Semana Santa. Si en todos los sitios hay la misma vigilancia que aquí, no me extraña.

 

El mercado de los jueves está cerrado.

 

Mónica me pide un comentario para el apartado «Opiniones» de su web. Lo hago encantado.

 

El gobierno ha decidido mandar a trabajar de nuevo a todos aquellos a los que les dio permiso retribuido. Es decir, el lunes volvemos a la situación anterior al 31de marzo. Apenas han sido 10 días de confinamiento «total» (con comillas gordas).

Otra vez trabajadores desplazándose en transporte público, exponiéndose durante ocho horas y regresando al final de la jornada a reunirse con familiares que no han podido salir de su domicilio en todo el día. No tiene sentido.

Si esta pandemia es tan grave como para coartar durante semanas, posiblemente meses, nuestra libertad de circulación, de reunión y de tantas otras cosas, el confinamiento debe ser extensivo al mayor número posible de ciudadanos. Y si no lo es, ¿por qué no se nos permite salir ni una hora al día, como en el resto de Europa?

Y no me vengan con que «la economía no puede parar», dejémonos de eslóganes. Imaginemos que fuera un virus con una velocidad de propagación y un nivel de mortalidad mayores que el covid-19. ¿Enviarían el lunes igualmente a trabajar a millones de trabajadores? No, ¿verdad? Entonces, ¿qué cantidad de muertes es aceptable?

 

Sobre las ocho de la tarde, poco después de publicar la cuarta entrega de este diario, la habitación donde escribo se queda a oscuras. Al parecer, se ha producido un fallo eléctrico que ha dejado sin suministro varios puntos de la vivienda.

Abrimos la caja de fusibles: los plomos no han saltado. Comprobamos que es un problema de nuestra instalación, ajeno a la compañía eléctrica.

Marta se agobia porque en Jueves Santo, por la noche y en estado de alarma va a ser difícil que el seguro responda con urgencia. Entre otros inconvenientes, tememos que se estropeen los alimentos del frigorífico.

Llamamos a los de Caser, les explicamos la situación y nos aseguran que en una hora y media tendremos a un electricista en casa.

Pongo sobre aviso a los compañeros de la radio. Es posible que esta noche no pueda participar.

El electricista llega a la hora convenida. Hace sus pruebas. Me uno al programa, pero un par de veces se corta la electricidad y me «caigo».

Sobre las 22:45 todo queda arreglado. Nos quitamos un peso de encima.

 

Así fue el programa, con mis idas y venidas:

 

 

10 de abril de 2020, viernes

Mi vecino tiene un pequeño huerto por el que caminan algunas perdices. Normalmente el ruido del tráfico oculta su delicado trino, pero estos días lo tengo metido en la cabeza. No es precisamente agradable, pero basta con cerrar la ventana.

 

Otro ruido molesto del que nos hemos librado es el de la Semana Santa. «Always look on the bright…»

 

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Imagen de cabecera: Taylor Dixson

 

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7 sin mordaza

  1. Lo de que algunos sectores no esenciales vuelvan a trabajar a partir de mañana no tiene perdón, pero en este punto creo que la decisión es puramente ombliguista. Es decir, que el gobierno teme que la recesión sea demasiado grave y que se lleve al gobierno por delante en el periodo de poco más de un año, así que prefieren arriesgar y comenzar con la ‘no desescalada’ para ver qué pasa.

    Si no me equivoco, Italia está un poco mejor que España en cuanto a contagios y la semana que viene seguirán con el confinamiento total con el objetivo obvio de estabilizar la situación, y si no me equivoco algunos medios internacionales ya están poniendo el grito en el cielo ante error mayúsculo que está cometiendo Pedro Sánchez. ¿Es que no ve que en dos semanas volveremos al confinamiento total? ¡Es casi seguro que se producirá un pico!

    En fin, esto me recuerda a cuando vi a Simón decir el seis o el siete de marzo que no veía ningún problema en que la gente saliese a manifestarse el 8M. Era evidente que era un error y una locura (hasta yo me di cuenta de eso), pero ellos siguieron con sus cálculos electorales. Lo de ahora es lo mismo.

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      1. Yo creo que ningún país está diciendo la verdad en cuanto a la cifra de contagios y de muertos. Esto es algo que podría llegar a entender por aquello de no alarmar a la población, pero cuando ves que las decisiones que van tomando lo hacen tarde y mal empiezas a preguntarte si en el gobierno hay alguien al volante. Porque da la impresión de que no hacen otra cosa que improvisar.

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  2. Es un despropósito mayúsculo el dejar salir a trabajar a algunos sectores, está claro que es por un tema económico y de poder, sólo la construcción mueve alrededor de 2 millones de empleos y que no tendrá un duro para pagar ERTE’s, el prometido bono social, la devolución de Hacienda y claro, a quedarse sin su cargo más pronto que tarde, pero ¿es más importante la economía que las muertes? Está claro que no, prefiero apretarme el cinturón a haya más sufrimiento. La economía se revierte, para bien o para mal, la muerte es irreversible.

    Se ve que todavía no aprendemos, Italia a pesar de todo lo que le ha tocado va un paso delante ¿y Pedro Sánchez? A lo suyo, sólo en su decisión, con el total rechazo de la mayoría de partidos políticos, ¿para que en una semana más se esté otra vez cerrando el país? Lo que he dicho, un total despropósito.

    Un saludo

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    1. Bienvenida, Maite, y gracias por quitarte la mordaza con nosotros.

      No quiero pensar mal, pero tal vez en tu pregunta esté la respuesta al porqué del lenguaje bélico del que están abusando Sánchez y compañía.

      Pensaba que obedecería a una reducción simplista: nos hablan con metáforas infantiles, adecuadas a una ciudadanía adiestrada para no pensar más allá de titulares y tuits.

      Pero quizá tenga que ver con otros resortes más oscuros: en una guerra todo está permitido, incluso los «daños colaterales».

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  3. Incoherencia total, desde el principio y sigue. Y yo sigo con la misma pregunta que tú (entrada del 9 de abril) También lo que veo es que por una vez que teníamos silencio (una de las pocas cosas positivas del asunto) volveremos a oír el ruido de las maquinas.

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