Diario de mi confinamiento (5 al 7 de abril)

 

Corte de pelo casero (no preguntéis por el resultado), música de Los Enemigos, deporte con Patry Jordán, peli de Woody Allen…

 

5 de abril de 2020, domingo

Poca novedad respecto al domingo pasado. Terraza, comida, bebida y música. Esta vez suenan The Doors y alguna de Pink Floyd.

Le comento a Marta que Patxi es Francisco en vasco y me responde: «Entonces, ¿un patxarán es lo mismo que una Franziskaner?» La risa hace que me atragante con el arroz.

 

Como siempre, estoy con varios libros, según el estado de ánimo. Aunque paso las tardes en casa, no estoy leyendo mucho más que antes, el tiempo extra lo dedico a escribir. En estos veinte días he leído cuentos de Nabokov, de Fitzgerald, de Stevenson y de Woody Allen. Los he alternado con las memorias de Chaplin y el Libro del desasosiego.

 

Sigo agradeciendo el silencio. Lo voy a echar mucho de menos cuando esto termine.

 

Ya le he dado varias escuchas a Bestieza, de Los Enemigos, porque sus discos no suelen entrarme a la primera.

No me apasiona.

Para compensar, dejo aquí una de mis canciones preferidas, no de Los Enemigos, sino de cualquier grupo. Una de mis canciones preferidas, sin más.

 


Ná de ná.

 

Después de varios días pidiéndoselo, Marta accede al fin a pelarme. Su única experiencia previa era de la vez que, de adolescentes, le cortó el flequillo a su mejor amiga. La víctima no volvió a pisar la calle en un mes.

Antes de entrar en faena ve unos tutoriales en Youtube. Ella es así, perfeccionista.

Inventario: unas tijeras de uñas, un peine de niño, una pinza del pelo, una maquinilla de afeitar eléctrica medio rota y unas tijeras de veinte centímetros que seguro que no se hicieron para cortar cabello humano.

Descarta las tijeras de uñas y se queda con lo demás.

Al principio solo se atreve a dar pasadas con el peine, mucho peine y poca tijera, pero poco a poco se va animando.

Teniendo en cuenta que era la primera vez (sin contar el flequillicidio de su amiga) y que mi pelo es lacio y fino, no está mal.

Pero se le da mejor la repostería.

 

Por la noche vemos Ad Astra. Brad Pitt es uno de mis actores favoritos (y no lo digo solo porque la gente nos confunda), pero esta película no me dice nada.

 

 

6 de abril de 2020, ¿lunes?

Leo que nuestro tipo de mascarilla (FPP1) vale de poco contra el coronavirus.

 

Las tardes que me pongo a ello hago dos horas de ejercicio. Escaleras y comba, como os conté, y a continuación un poco de mancuernas y abdominales.

Marta, como todas, hace deporte con «la Patry» (Jordán). La youtuber incluye en los vídeos unos pitidos para saber cuándo cambiar de ejercicio. Me pone nervioso.

Después escucha ASMR con los cascos para relajarse. Esto ya lo hacía antes del confinamiento.

 

Siguen con la papilla de consignas: «Quédate en casa», «Resistiré», «Vamos a ganar esta batalla», «Juntos lo paramos», «Un día más es un día menos» (!)…

 

Miguel Ángel me envió un ejemplar de su Deceso programado como regalo de cumpleaños. Lo he recibido hoy.

Quiere que le haga una reseña, pero nunca escribo reseñas.

 

Dedicatoria del libro Deceso Programado

Qué envidia de caligrafía.

 

Otra sorpresa: Kiko Prián se ha grabado leyendo uno de mis cuentos:

https://youtu.be/vr0aMVM_w-0

 

 

7 de abril de 2020, martes

Preguntan en el programa de Àngels Barceló: ¿Hasta dónde está dispuesto a ceder en la batalla contra el coronavirus? ¿Renunciaría a su libertad y a su privacidad?

Todas las personas seleccionadas, menos una, contestan que sí, por supuesto, lo que haga falta, que me pongan ya el collar y el chip.

 

Es así todo el año, pero estos días parece que se intensifica el blanqueamiento de la policía, de los grandes empresarios…

Vale, rectifico, nuestros medios de comunicación son servicios «esenciales»: el adoctrinamiento es esencial.

 

Me angustio con las noticias sobre las residencias de ancianos.

Me acuerdo de esta canción de Reincidentes:

 

Paso por delante de la tienda de pijamas del pueblo. La llamo así por el género del escaparate.

No ha cerrado ni un día desde que empezó el confinamiento. En el escaparate pone: Lencería, droguería, bebé, hogar, complementos. ¿Esto es un servicio esencial? Como no sea por la droguería…

 

A las doce coincido con una trabajadora de la limpieza pública en la pescadería. No la conozco, lo deduzco por el uniforme (aprende, Sherlock). Se cubre la boca con una braga. Hablo con ella y le pregunto. Me cuenta que no les proporcionan mascarillas, y que es una faena porque, aunque ahora hay poca gente por la calle, al manipular la basura se levanta polvo y sustancias varias. «Pero es lo que hay».

La pescadera nos pide que entremos ella, otra mujer y yo a la vez, y que cada uno pague como quiera.

El de la tienda de informática, en cambio, ha levantado una barricada justo en la entrada, al lado de la mesita con gel hidroalcohólico. Solo podemos entrar de uno en uno y no se puede avanzar más allá de ese punto. El cliente prácticamente es atendido desde la calle.

El dueño ha prohibido pagar en efectivo y está muy tenso.

 

Por la noche vemos Tarde de lluvia en Nueva York. Me gusta, me quita el mal sabor de boca que me dejó Ad Astra.

He visto la mayoría de películas de Woody Allen, y tendrá como cincuenta. Esta es de nuevo «su» película, tantas veces repetida con pequeñas variaciones. No importa, siempre funciona. O casi.

 

Muchos comentáis que el confinamiento os da hambre (será el aburrimiento, o la ansiedad), pero ¿qué me decís de la libido?

 

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Imagen de cabecera: Carátula del disco ‘¿Dónde están mis amigos?’, de Extremoduro

 

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    13 sin mordaza

      1. Pues no me suena de nada, pero la apunto en la lista. No sé por qué, me da la impresión de que voy a tener tiempo…

        Oye, acabo de ver que tú también has empezado un diario. Qué bien que hayas resucitado el blog.

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        1. Sí, se me habían acabado las ideas para entretenerme y me encontré por casualidad con el documento xml donde estaba toda la información del viejo blog, así que no me lo pensé mucho xD.

          P.D. En la película el que hace de Benedicto XVI es Anthony Hopkins. El tipo lo clava.

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    1. De Woody Allen he visto como mil veces «Crímenes y pecados» – no solamente porque es excelente, sino porque nos traslada al New York de los años 80 (sin teléfono móvil! – una época que aún en una ciudad efervescente como ésa ….parece hoy algo «naif»). Después «Match Point» y «Conocerás al hombre de tus sueños»… completan la trilogía (las tres películas hablan de lo mismo, pero en diferentes contextos)… En cuanto a lecturas, puedes empezar la obra del noruego Knausgard («Mi lucha») que consta de varios tomos y lo enemistó con toda su familia – ya que relata su saga familiar con una franqueza brutal y sin guardarse nada…

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      1. Te agradezco la recomendación literaria, me gusta mucho ese género.

        Hay que tenerlos «cuadraos» para llamar a tu libro ‘Mi lucha‘. Además, veo que en esto el noruego es muy parecido al alemán: ‘Min Kamp‘.

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          1. ¡Cuatro mil páginas! Pero ¿cuánto vamos a estar confinados?

            Por lo que hablábamos antes: «… que es a la vez —desde su título hitleriano— una superlativa provocación».

            No me ha gustado que me desvelen las últimas palabras (qué manía tienen los periodistas culturales con hacer spoilers). Pero suena muy interesante. Gracias :)

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    2. Jajaja «la papilla de las consignas»! Pues como tú, el silencio lo disfruto mucho, al principio de todo esto, lo encontraba de mala ondas pero rapidamente se volvió agradable… Interesante pregunta la del programa – que no ví – Hasta que punto llegaria… pues me parece que hemos llegado ya a un punto bastante fuerte…

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      1. No me negaréis que la frase «Un día más es un día menos» es para bordarla en ganchillo y enmarcarla en el salón. Pues claro, un día más es un día menos. Un día menos de vida, también.

        Mientras haya miedo, la mayoría aceptará cualquier recorte de libertades. Si nos hubieran preguntado en enero qué nos parecería que nos tuvieran encerrados dos meses en casa y nos sacaran solo para ir a trabajar, como quien saca al perro a mear, hubiéramos contestado, muy dignos, que jamás aceptaríamos tal cosa.

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    3. Algo «bueno» de esta pandemia, es que ha sacado a la luz la miseria de las residencias de ancianos. A ver como acaba ese tema.

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      1. Escuché a Javier Aroca decir en la radio algo así (le pongo comillas pero no es literal, aunque no se alejará mucho): «Llevan años advirtiéndonos de que las residencias de ancianos son pudrideros, mataderos, reservorios. Espero que la Fiscalía no se achante cuando descubra quiénes son los titulares de estos negocios de la muerte».

        Y el caso es que busqué, y es verdad que había multitud de denuncias, quejas de asociaciones y demás, pero nadie les hizo caso.

        Por ejemplo:

        Denuncias e irregularidades. Así gestiona Cifuentes las residencias de mayores (2018)

        Igual la explicación está en el final de la frase de Aroca: parece que Florentino también está detrás de esto.

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    ¿A ti tampoco te callan?

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