Diario de mi confinamiento (22 y 23 de abril)

 

Confieso una pequeña perversión: escucharía ASMR con la voz de Esty Quesada.

Caminando, pienso que es un poco triste que todas las calles españolas tengan nombres de santos, de políticos o recuerden episodios manchados de sangre.

 

 

22 de abril de 2020, miércoles

Mi amigo manda otra foto desde el bar, de esta mañana.

 

Restaurante de Murcia abierto a pesar del coronavirus (22 de abril de 2020)

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Paso caminando por la calle Bailén. En la placa no hay tilde, no la hay en ninguna del pueblo, tal vez por esa creencia errónea de que las mayúsculas no se acentúan, o tal vez recibieron asesoramiento del concejal de Cultura de turno.

En cualquier caso, la ausencia de tilde hace que lea Bailen. Parece una invitación, a punto estoy de arrancarme con unos pasos.

Estaría bien que las calles tuvieran esos nombres: calle Bailen, calle Canicas, paseo Crespillo. Es un poco triste que en cualquier localidad española todo sean santos o políticos o episodios manchados de sangre.

 

Me entero de que han limitado a 96 céntimos el precio de las mascarillas quirúrgicas. Esta pandemia les está dando un baño de realidad a los liberales. Imagino que ahora cuando vayan a comprar mascarillas dejarán de propina la diferencia hasta los 15 euros, o lo que les quiera cobrar el farmacéutico. «Es el mercado, amigo».

Cuando veo a mis vecinos con esas mascarillas por la calle, dudo que la mayoría sepa que no protegen al que las lleva. Solo sirven para proteger a los demás si el de la mascarilla está contagiado, pero la gente no es tan altruista.

¿Se ha limitado también el precio de las mascarillas «buenas», de las FFP2 para arriba? ¿Y el de los guantes y el gel hidroalcohólico?

Cuando su uso sea obligatorio me enteraré.

 

A Marta le ha gustado la experiencia con Anyone… y se pone a sacar al piano La alacena.

Esta la podré cantar mejor.

 


 

 

Comenzamos Vamos Juan, la segunda temporada de Vota Juan.

Me gusta que en lugar de continuar por donde quedó la temporada anterior, hayan pasado dos años y se vaya revelando durante los capítulos qué ocurrió en ese tiempo.

Será casualidad, pero la actriz que no nos gustaba no sigue en la serie.

Sí continúa la que hace de Eva, la hija de Juan Carrasco. Me agrada escuchar a esta chica, tiene una forma de hablar muy personal.

Ahora entiendo lo de Marta con Rocío Monasterio. Marta siempre se queda «embobada» cuando oye un discurso de la fake architect. Por descontado, no tiene nada que ver con la ideología, en eso coincide conmigo. No atiende al contenido, es solo su cadencia, la tranquilidad con la que se expresa… Marta bromea diciendo que cuando la escucha «se queda durmiendo», y que se va a poner discursos suyos como ASMR.

La chica de Vamos Juan, ¿estará actuando o habla así normalmente?

Vemos en los créditos que se llama Esty Quesada. La buscamos en internet. Tiene un canal de Youtube, Soy una pringada.

Ufff, no aguantamos ni cinco minutos.

 

Por la noche llueve otra vez. Voy a proponerle a López Miras que cambie el nombre oficial de nuestra ciudad a Murcia de Compostela.

 

 

23 de abril de 2020, jueves

Publican la entrevista que me hizo Julio el martes:

 

Entrevista a Salva Solano en eldiario.es

 

Bueno, no creo que me llegue ninguna demanda. Rubén dice que he estado comedido, «muy progre».

Detecto un error. Este párrafo:

 

Tampoco está en la política cultural del gobierno de las derechas de la Región de Murcia incluir a los editores en la estrategia del Instituto de Industrias Culturales y Arte, ICA, organismo encargado de este sector, algo que los afectados consideran como “inaudito e incomprensible” en palabras del Presidente del GERM, Fernando Fernández.

 

forma parte de la pregunta. Debería estar en negrita, porque así parece que lo he respondido yo. Doy el aviso, pero no lo corrigen.

 

Mi prima, que en un principio estaba de acuerdo con el confinamiento tan estricto que sufrimos por aquello tan extendido de «la pillería de los españoles», me escribe para decirme que ha reflexionado y llegado a la misma conclusión que yo.

Me envía un audio de un tipo que coincide conmigo en varios puntos. El audio se llama «La sensatez arrestada».

Se expresa de una manera demasiado pedante para mi gusto, me recuerda a Juan Manuel de Prada, y hay afirmaciones con las que no estoy de acuerdo, pero me alegro de que siga habiendo personas que piensan por su cuenta. Si te equivocas, que al menos te equivoques tú.

Se pregunta por qué en Alemania o en Francia se permite salir a pasear o hacer ejercicio, siempre que se haga en solitario o con las personas con las que se convive, y aquí no.

Quizá sea lo que merecemos. En España nadie cuestiona ni se pregunta nada, esta pandemia me ha confirmado que vivo en un país miedoso, sumiso y fanático.

El autor del audio también se lamenta de los abusos policiales y de la gentuza que los jalea, y se muestra preocupado por la pérdida de derechos.

 

Elia se alegra de haberse mudado a Cambridge poco antes de que empezara el confinamiento en España.

Me manda un vídeo en el que un pastor francés opina sobre el encierro por el coronavirus.

La metáfora no es nueva y tampoco estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero suscribo buena parte del discurso. Ya he escrito mucho, incluso en este mismo diario, sobre el poder del miedo.

 

Es jueves de radio y Día del Libro. Y claro, habiendo entre los cinco un bibliotecario, un lector empedernido y dos tipos con libros publicados, teníamos que hablar de literatura.

Aunque tampoco nos ponemos demasiado serios:

 


 

Después del ridículo de ayer con la rectificación, la cosa queda en que los menores de catorce años podrán salir a pasear una hora. Por supuesto, acompañados de un adulto.

Aunque llega tarde, la medida era necesaria, los menores tenían que salir. Pero ¿qué pasa con el resto de adultos?

Se filtra la nueva redacción del artículo 14 de la CE:

«Los españoles son iguales ante la ley, prevaleciendo sin embargo discriminación por razón de descendencia».

 

Cada persona con la que hablo repite el mismo argumento para justificar la dureza extraordinaria, por comparación, de nuestra cuarentena. Se resumiría así: «Spain is different».

Que nadie se enfade, por favor, pero este es un «razonamiento» rancio y sin ninguna base científica. Ni el gobierno ni los expertos han defendido jamás tal cosa.

Esto de aplaudir que por una misma causa y sin motivo justificado te traten peor que a otros debe de tener un nombre, igual que lo tiene el síndrome de Estocolmo. Y si no lo tiene deberían ponérselo.

¿Se os ocurre alguno?

 

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Imagen de cabecera: Esty Quesada en un fotograma de la serie ‘Vamos Juan’

 

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5 sin mordaza

  1. Lo de la limitación del precio de las mascarillas traerá cola. Sé que se hace con buena intención, pero si las farmacias tienen que comprarlas a un euro y pico por unidad veo difícil que las vendan a 0’96. Lo del euro y pico lo he dicho por decir, pero imagino que los fabricantes las estarán vendiendo más caras ahora que hace un año por aquello de la oferta y la demanda, así que lo lógico es que esa polémica medida traiga aún más desabastecimiento.

    P.D. En lugar de limitar los precios no sé si les habría salido mejor eliminar intermediarios o cualquier otra cosa, aunque eso también traería consecuencias.

    Responder
      1. En ‘El Confidencial’ acabo de leer un artículo de hace tres días en el que dice que los geles y soluciones hidroalcohólicas autorizadas temporalmente por la AEMPS también tendrán precio tope. De las otras mascarillas no sé nada.

        Responder
  2. Maria Eugenia 29/04/2020 a las 19:48

    Se me ocurre un nombre para las cosas raras que estamos viendo en España, sobre la obediencia. Desconfianza.

    Como no se fían de sí mismos lo proyectan.

    Responder
    1. En mi caso la desconfianza en la clase política viene de antiguo, y creo que está suficientemente fundada. Pero este gobierno no está haciendo mucho para que vuelva a creer.

      Me alegro de leerte por aquí de nuevo ;)

      Responder

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