Despilfarro

 

Al poco de mudarme donde vivo en la actualidad, comenzaron los trabajos de ampliación y peatonalización de la plaza del pueblo. Me pareció muy bien, todo lo que sea quitarle espacio a los coches siempre tendrá mi visto bueno. Es de agradecer tomarte algo en la plaza sin verte obligado a escuchar los ruidos y respirar las emisiones de los tubos de escape, que los críos puedan estar correteando sin riesgo de que los atropellen…

 
 

Despilfarro

 

Pero pronto los vecinos nos íbamos a llevar una sorpresa: sin que nadie tuviera constancia de lo que pretendían hacer, sustituyeron la pequeña fuente de piedra, la de toda la vida, por una «escultura», un monstruo de acero informe de hierros retorcidos y cristales de colores, de 14 metros de altura y tres mil trescientos kilos de peso (3,3 toneladas). Todo un derroche de mal gusto que, además de feo, era algo desmesurado para el tamaño de la placita de un pueblo de 20.000 habitantes. Por no mencionar lo bien integrado que estaba frente a la clásica torre de ladrillo visto del campanario de la iglesia, de 1899. Debajo iban unos chorros de agua que salían directamente del suelo para que la estructura «interactúe con el agua, la humedad y el medio ambiente» (sic).


 

 

Despilfarro, foto antigua fuente Pilar de la Horadada

La fuente que había antes, con la torre de la Iglesia al fondo
Crédito

 

 

Despilfarro, foto escultura Pilar de la Horadada

La nueva «fuente»

 

¿Qué, cómo lo veis? Si no lo entendéis es que sois también unos bárbaros insensibles, como los habitantes del pueblo damnificado (entre los que me incluyo). Aquí os lo explican los autores:

 

La filosofía del proyecto se ha basado en reproducir una turbulencia, un movimiento ascendente. Convertir un movimiento congelado en un objeto.

 

Ahora sí, ¿verdad? Claaaro.

 

Quedaba casi tan bien como la estantería gigante que Moneo perpetró frente a la catedral de Murcia.
 
 

El concejal Sísifo

 

La escultura tuvo la gran virtud de conseguir lo imposible: poner de acuerdo a todo el pueblo. Desde el mismo día de la inauguración, la gran mayoría de los ciudadanos, exceptuando a Paco el de los cupones, nos mostramos horrorizados por la fuente de los tubos (así se le llamaba), horror que aumentó al conocerse la cantidad de dinero público que había costado la gracia. En teoría, 80.000 euros, aunque poco me parece. Dada la magnitud del engendro, necesitó de unos estudios técnicos complejos para que resistiera la acción del viento, su propio peso… Y eso hay que pagarlo. Os copio lo que me contestaron los autores a un correo que les envié:

 

El diseño original es de *****************, arquitecto y profesor de proyectos en Arquitectura en *******.

Dada la extremada complejidad de la estructura —tanto en su funcionamiento estructural como en el diseño de su procedimiento de construcción—, intervinimos en su diseño, cálculo y construcción dos ingenieros: ********** y yo mismo.

Esta estructura ha sido un reto desde el punto de vista estructural a la que hemos tenido que dedicar un importante esfuerzo para conseguir verificar los estados límites de servicio de la misma.

 

Luego hay que contar con el coste de la instalación de la estructura estructural, que no es poca cosa. Añádanse los honorarios del diseñador y resto de personas involucradas en el proyecto. Y además el coste de quitarla. Porque sí, como el malestar vecinal arreciaba, aquello acabó siendo retirado con nocturnidad (a las 5 de la madrugada). Los ciudadanos, aunque aliviados visualmente, seguían muy cabreados, pensando que si bien aquellas tres toneladas de acero fueron a parar al fin a la chatarrería de donde nunca deberían haber salido, a ellos nadie les iba a devolver el dineral que había costado.

Algún miembro del equipo de gobierno (del PSOE), se vio obligado a emitir un comunicado para calmar los ánimos. ¿Se comprometieron a descontarle dinero al «artista», o a que los responsables del Ayuntamiento congelaran sus sueldos hasta que las arcas municipales recuperaran lo perdido? Ni de coña. Argumentaron que en ningún momento se había despilfarrado dinero público, como afirmaba insidiosamente la oposición, pues la escultura se había reubicado en una rotonda de una pedanía cercana. Olvidaba el buen hombre el coste añadido de desmontar los tres mil kilos de hierro, como hemos dicho, y el de volver a levantar el bodrio en su nueva ubicación.

Aquí tenéis una foto del truño metálico en su actual emplazamiento, una rotonda de una carretera secundaria sin apenas tráfico, en la que jamás se habría erigido nada parecido si no hubieran tenido que sacar la escultura deprisa y corriendo del centro de la plaza, para evitar que los vecinos colgaran a algún responsable del hierro más alto:

 

Despilfarro, fotografía fuente de los tubos Torre de la Horadada

Ponla en una rotonda «perdía», que ahí no se queja «naide»

 

 

Y seguimos quemando billetes

 

Al desmontar eso, todos los «géiseres» de abajo quedaron accesibles en la plaza:

 

Despilfarro, fotografía fuente moderna

Lo que había debajo de los tubos
Crédito

 

A los críos les gustaban mucho, especialmente en verano. No sabían por dónde iba a salir el chorro de agua, y daba gusto verlos jugar allí, así que los han desconectado (más dinero despilfarrado: los chorricos costaron otros 90.000 euros). Al parecer, para evitar que la gente se resbale. El Ayuntamiento puede gastar miles de euros de nuestros impuestos en poner, quitar y volver a montar ciclópeos muestrarios de fontanería, pero no quiere arriesgarse a pagar una multa por una hipotética caída. Que digo yo dos cosas:

  • Ya lo podían haber pensado antes de hacer la fuente.
  • Si alguien se mete ahí y se resbala, no será culpa del Ayuntamiento, como no lo será si alguien se parte la crisma por subirse a un semáforo y caerse desde lo alto.

 

Y así termina una historia que se ha repetido demasiadas veces en la corrupta comunidad de vecinos España. Pensando bien, nuestros gestores se equivocaron y el pueblo pagó las consecuencias, mientras que a ellos les salió gratis el error. Pensando mal, no hubo equivocación; los malos sólo se preocuparon de  gastar la máxima cantidad de dinero posible, sin atender a ninguna otra circunstancia, porque cuanto mayor sea el presupuesto, más se puede desviar. De cualquier forma, en esta piel de toro tordo*, los tontos somos siempre los mismos.

 

*tordo: torpe, tonto.

 
 

Música: Money, de Pink Floyd

Crédito de la imagen de cabecera
 

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