Dame pan y dime poli

Saludos, súbditos que no os sentís como tales. Siguiendo con el artículo anterior, hoy nos quitamos la mordaza para hablar más en profundidad de las desmedidas concesiones de indultos a los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, y del trato de favor que reciben estos cuerpos en general.

 

Dame pan y dime poli

Y es que para que te indulten sin motivo no hace falta tener relación con el PP, como el cenutrio de la entrada anterior. Es un plus, obviamente, pero con estar en las «fuerzas del orden» suele bastar. Los políticos y los jueces se encargan de cuidar a sus muchachos, asegurándose así de tenerlos a su disposición para lo que sea menester. La principal misión de la Policía, Guardia Civil, Mossos… consiste en servir y proteger a políticos y poderosos. Como dijimos en Toque de queda, a los ciudadanos nos defienden únicamente mientras nuestros intereses no entren en conflicto con los de aquellos. En esta otra entrada tenéis un ejemplo práctico: El padrino, versión española.

 

viñeta capitalismo, policía

La función de las fuerzas y cuerpos de seguridad en el capitalismo


 

La mejor forma de recompensarles por sus servicios es otorgándoles la inmunidad de la que gozan. Ya nos explicó la abogada Lorena Ruiz-Huerta en Salvados, que la práctica totalidad de los detenidos que pasan por el turno de oficio sufren señales evidentes de malos tratos físicos. Además, un altísimo porcentaje denuncia insultos y vejaciones. Sin embargo, todo esto cae en saco roto. Los jueces necesitan a la policía, y dado que estos abusos (torturas, podríamos decir sin miedo) nunca los padecen personas con un alto nivel socieconómico, no hay problema. Los policías ya llevan mucho cuidado de no maltratar a ningún Mario Conde, Blesa, Bárcenas o Díaz Ferrán.

Hablando de inmunidad, es obligado recordar los muertos y tuertos por pelotas de goma, de los que nunca hay responsables. La policía ha reventado al menos 23 ojos desde 1990, aunque también ha habido otros daños: fracturas, pérdida de testículos y hasta muertes, como hemos dicho. Después se ríen de nosotros mintiendo descaradamente, llegando a afirmar que no se ha disparado una sola pelota tras manifestaciones en las que personas que llegaron con dos ojos volvieron a casa sólo con uno. En el caso de Ester Quintana, uno de los más conocidos, fue el inefable Felipe Puig el encargado de tomarnos por idiotas, asegurando que no hubo disparos: «No conozco el origen de la lesión, pero aseguro que en ningún caso ha sido una pelota de goma». Al descubrirse sus embustes, cuando aparecen vídeos de policías disparando donde negaron haberlo hecho, sea en manifestaciones o en Ceuta; cuando quedan de manifiesto sus intentos de criminalización, como el de la gadgeto muleta supuestamente incautada en las marchas del 22M, tampoco se producen consecuencias. Les sale gratis.

Como últimamente, con el boom de los móviles, se suceden las ocasiones en las que se les graba incumpliendo la ley (trabajando sin identificación; golpeando a ciudadanos sin motivo alguno, incluso en la cabeza —prohibido expresamente por su reglamento—; agrediendo a periodistas; insultando, humillando… o apaleando hasta la muerte entre ocho energúmenos a un hombre desarmado en El Raval), y puesto que además han irrumpido los medios de comunicación alternativos, que hacen su trabajo en lugar de limitarse, como la inmensa mayoría de los medios tradicionales, a «informar» de la dudosa lista de policías heridos que da el Ministerio, los funcionarios de la porra han pedido a papá Estado, a los políticos, su ley mordaza.

Si se aprobara la mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana, la impunidad se haría todavía más insoportable. No veríamos agresiones como la de Katherina Mínguez, una chica menor de edad a la que un valiente antidisturbios propinó una bofetada sin la menor justificación para ello, y los machotes de sus colegas agredieron también a continuación.

 

El ataque a la chica comienza en el 01:29

 

Daniel Nuevo fotografió esta agresión. La policía le pidió «educadamente» su cámara, y después le apalearon, culminando con un porrazo en la nuca que podría haberle dejado parapléjico (quedó inconsciente unos segundos). En un alarde de compasión y responsabilidad, los antidisturbios lo abandonaron allí, tirado como un perro.

Al existir esta vez una grabación de los abusos por parte de un tercero (condenados móviles, ¿cómo se os pudo escapar ese?), a la juez le dio apuro desestimar directamente la denuncia, que es lo que suele pasar, así que optaron por demorar el asunto hasta dejarlo prescribir. Vergonzoso.

 

Lo normal, como decimos, es que la denuncia no prospere. Si un policía te suelta un guantazo (o algo peor) y no hay pruebas, te lo tienes que comer. Es la palabra de la víctima contra la del agente, que goza de «presunción de veracidad». De todas maneras, como hemos visto en el párrafo anterior, que haya grabaciones y testigos tampoco garantiza que se haga justicia.

Si el sistema falla, yo que sé, porque tope contra un juez que se empeñe en hacer su trabajo, como Castro con la infanta, y un policía es consecuentemente condenado, contará con muchas posibilidades de que se le indulte. Y entre que la ley del indulto no exige que se justifiquen los motivos por los que se otorga esta «medida de gracia», y que se hace con alevosía, nadie se enterará.

 

Aquí tenéis otro de los casos más recientes en los que coinciden detención y muerte. Similar al de El Raval, pero sin pruebas gráficas que nos muestren los gritos de agonía, por lo que seguramente se lleve a cabo una «exhaustiva investigación» que concluya que la policía no tuvo nada que ver con el fallecimiento de este hombre, que la víctima estaba ya en las últimas cuando le detuvieron. Casualidades de la vida, era su hora, y mira, al menos dejó este mundo en brazos de un policía local.

 
 

La toga del Gobierno

 

Echadle un vistazo a esto: [noticia]. Los mossos torturaron a un inocente, confundiéndolo con un atracador (aunque hubiera sido culpable, para mí la actuación policial sería igual de reprochable). Le dieron una paliza de muerte, le pisaron la cabeza; lo vejaron delante de su mujer, a la que también maltrataron a pesar de estar embarazada; le metieron una pistola en la boca y le amenazaron con matarle

Tras la denuncia y la primera condena, el Tribunal Supremo rebajó la pena porque según ellos no hubo «ensañamiento» (!) —se ruega relectura del párrafo anterior—. No obstante, al PP le siguió pareciendo demasiado y salió en defensa de sus cachorros. Se puso la toga y les rebajó la condena a sólo dos años: así, al carecer de antecedentes, no entrarían en la cárcel. Sin embargo, la Audiencia de Barcelona decidió que cumplieran al menos los dos años de prisión, y el PP volvió a indultarlos, con un par, conmutando la cárcel por una multa. Un bofetón del Ejecutivo a la Justicia, una humillación en toda regla (que no se te olvide quién manda, tontita). El resultado: que esos policías (y otros como ellos) están en la calle, trabajando, portando armas, acudiendo a «controlar» manifestaciones

Este no es un suceso aislado. Entre 2007 y 2010 hubo nada menos que 49 funcionarios de prisiones, centros de menores o CIE, condenados por «delitos contra la libertad individual» (aquí entran las torturas). Y ya hemos explicado lo difícil que es conseguir una sentencia contra un miembro de las fuerzas del orden, imaginad la magnitud de lo que estamos hablando.

De lo que sucede en las comisarías y en las cárceles españolas tenemos que escribir en otra ocasión, que hay mucha gente convencida de que lo que ha visto en Encarcelados sólo se da por ahí fuera.

 

Acordaos también del hijo de Tejero, famoso por su aforismo: «¡Quieto todo el mundo!». Fue cesado al conocerse (esto es importante, se toman medidas sólo si nos enteramos) que había organizado en el cuartel de la Guardia Civil una paellita conmemorativa del intento de golpe de Estado del 23F. Entre los nostálgicos invitados estaban su padre y al capitán Muñecas, otro de los implicados en aquella intentona, uno de tantos policías torturadores franquistas que se reciclaron como demócratas. Pero eso no tiene importancia, eso no es enaltecimiento del terrorismo. A fin de cuentas, ¿qué es la exaltación de un golpe de Estado en un cuartel junto a sus protagonistas, comparado con un tuit o una canción? Nada, así que lo restituyeron en su puesto.

 

Luego disfrutan de privilegios «menores», derivados del corporativismo. Los que tratéis con miembros de los cuerpos policiales, sabréis de lo que os hablo. Os comento un ejemplo de lo que conozco yo: hay quienes conducen sin miedo superando la tasa de alcohol permitida. Si se da la circunstancia de que les pare un control, en cuanto se identifican como militares pasan sin soplar, jijí, jajá, circula, compañero. Y eso que ni siquiera pertenecen al mismo cuerpo.

 

Por todo lo dicho y mucho más, me da vergüenza ajena cuando la Policía trata de mostrarse como una víctima, con el inestimable apoyo de los medios de comunicación tradicionales. Mirad por ejemplo este vídeo (tened a mano el Almax):

 

«Puedo ser fácilmente denunciado ante una justicia que no me ampara». Qué cínicos.

 

Que conste que los gobiernos del PSOE han actuado con similar desvergüenza, indultando sin pudor a policías o a los suyos. En España hay separación de poderes, sí: el Ejecutivo arriba y el Judicial debajo.

Como nos cuentan en El BOE nuestro de cada día, el gobierno de Rajoy lleva 68 indultos este año, y todavía no hemos llegado a julio (en comparación, el Reino Unido sólo indultó a una persona en 2013). Pero es que han aprobado 806 indultos en lo que va de legislatura. Y si seguimos echando la vista atrás, entre PP y PSOE han concedido más de 10.000 indultos (¡diez mil!) desde 1996.

Ya dijimos que no se trata sólo de los cuerpos policiales. Es verdad que los principales beneficiarios de los indultos (en relación al número de delitos) son ellos. Y eso que, como hemos comentado, ya es de por sí bastante más difícil condenar a un miembro de los cuerpos de seguridad del Estado que a un fontanero, por ejemplo. Les siguen (para algunos de vosotros, esto será una triste sorpresa) los delitos contra el medio ambiente. Ahí se tiene un detallico con los empresarios: si para levantar el país han de destrozar un bosque o una costa virgen, pues tendrán que hacerlo, qué demonios. Después no podían faltar los indultos por malversación, prevaricación… Por robar, en definitiva. Estos son los casos en los que los cargos públicos se perdonan a ellos mismos.

 
 

Indultar a Barrabás

 

imagen Jesús y Barrabás, ley del indulto, la pasión de Cristo, Mel Gibson

Jesús o Barrabás, tomado de un fotograma de “La pasión de Cristo”, película de Mel Gibson


 

La ley del indulto les debe de parecer demasiado moderna a nuestros rancios gobernantes (apenas tiene siglo y medio), así que por Semana Santa se remontan dos mil años, a los tiempos de Barrabás, e indultan siguiendo las directrices de las cofradías católicas. Efectivamente, este proceder no es sólo ridículo y otra burla a la aconfesionalidad de nuestro Estado, sino también anticonstitucional.

Sí, la vieja historia de Barrabás guarda una cierta similitud con lo que ocurre hoy día en España. La lógica, la justicia, manda que se indulte a quienes no merecen entrar en prisión, a Carlos y Carmen, a Serafín y a Carlos… Sin embargo, el PP decide que a quien hay que indultar es a un conductor kamikaze o a un sádico guardia civil. Está claro: prefieren a Barrabás.

 

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Música: Revolución, por Beer Mosh (versión de la canción de RIP).

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    2. Lo más gracioso es eso, que graban a policías infringiendo la ley y su solución es…¡Prohibir las grabaciones! Con 2 cojones. Luego no os preocupéis, que la tv se encargará de maquillar las noticias y decir lo que la gente quiere escuchar. Si, quiere, porque cada uno sabe de que pie cojea cada canal, y si te sigues informando a través de esos medios, es porque no quieres saber la verdad.
      Y lo siento si no gusta mi opinión, pero no siento ni sentiré pena por las desgracias que les puedan pasar a esos desgraciados.

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    3. Roberto López Zalbidea 07/07/2014 a las 16:48

      El problema no sería tanto la policía, creo, -aunque siempre habrá vocacionales del palo en ella- sino la legislación, en este caso los legisladores, y el uso de la policía por parte de la “casta” (a modo de policía política-) así como la división de poderes, o mejor dicho, la tentación de la no-división de poderes, que pretende dejarnos indefensos al no garantizarnos que quien la haga la pague… Esto es lo verdaderamente grave.
      La policía debe hacer lo que se les mande, que es como debe ser

      Responder
      1. Creo que el problema está en las dos partes. Evidentemente, los políticos la usan para su propio beneficio, pero la Policía se deja usar, porque les conviene.

        Habría que matizar eso de «la Policía debe hacer lo que se le mande». Estoy cansado del cuento de la «obediencia debida». Si tu trabajo te obliga a hacer algo ilegal o indigno, has de negarte, protestar, rebelarte… Sin embargo, lo aceptan sin rechistar (algunos además, los «vocacionales del palo» a los que te refieres, contentísimos).
        Y cuando un compañero se excede, el resto, ellos mismos, los miembros de los respectivos cuerpos, deberían ser los primeros en reprochárselo y exigir que se elimine la manzana podrida del cesto. Sin embargo, se limitan a poner la manzana abajo del todo, para que no se note, o a darle una capa pintura. Es asqueroso.

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    ¿A ti tampoco te callan?

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