Coronavirus: el miedo y la culpa

Hoy me quito la mordaza para hablar de la manipulación mediática que ha conseguido, una vez más, que nos culpemos entre nosotros en lugar de apuntar a los políticos.

Hace unos años comparé a los medios de comunicación con un tanque. El ciudadano está indefenso ante esta mole. Los medios pertenecen a grandes grupos de poder a los que nada importa la verdad o la información, sino crear una realidad que convenga a sus intereses.

Me provocan ternura los que creen estar informados por ver las noticias, escuchar la radio o leer el periódico. Que no pierdan nunca esa inocencia.

Cataluña, Venezuela, el casoplón de Pablo Iglesias. Somos hojitas al viento, sin savia en las venas. Si crees que tú eres distinto, pregúntate si te has inquietado por los okupas recientemente.

Cuántos adoctrinados repitieron que «los números no daban» para que el PSOE gobernara con Podemos, y ya veis.

Decía José Luis Sampedro que no existe la opinión pública, solo la opinión publicada. La gente tiene la ilusión de pensar cuando se limita a repetir pensamientos precocinados, inducidos.

Así han conseguido que la mayor parte de la ciudadanía se culpe a sí misma de la calamitosa gestión del covid. Si hay un «rebrote», es que ha fallado la responsabilidad individual. Por mi culpa. Si nos confinan de nuevo, nos lo hemos buscado. Por mi culpa. Hasta el toque de queda asumen, con resignación cristiana. Por mi gran culpa.

Hemos tenido el confinamiento más duro de Europa. También el que más se ha alargado en el tiempo.

Los españoles hemos sido sumamente pacientes y responsables (o sumamente dóciles y miedosos, según queráis verlo).

Lo evidencian los datos de Apple, de Google, del INE, y lo más importante: lo puede ver cualquiera que prescinda de intermediarios para mirar el mundo.

Confinamiento y restricciones a la movilidad por el covid: los españoles, de los más responsables del mundo.
«Los iPhone señalan al confinamiento español como el más radical del mundo«

Sin embargo, los medios nos han hecho creer que hemos tomado la pandemia como una juerga flamenca.

Esto de cargar la responsabilidad sobre las espaldas de los ciudadanos no es nuevo. Sucede lo mismo con la contaminación, por ejemplo. El individuo puede y debe colaborar para reducirla, pero su repercusión es mínima. Los causantes y quienes de verdad son capaces de cambiar las cosas son los gobiernos, las grandes empresas contaminantes, las madereras, los buques portacontenedores, etc. Acusar del cambio climático al vecino del quinto que no recicla la tapa del yogur es injusto, infundado y muy conveniente para las élites.

El odio al prójimo, siempre tan eficaz, tantas veces avivado por la derecha, la ultra y la semidesnatada.

Los medios de comunicación, siempre al servicio de las élites

Con el covid ocurre lo mismo, pero aquí el alcance de tiro del tanque abarca todo el espectro ideológico, de un extremo al otro.

Hace unos meses, documentándome para un artículo sobre audiencias televisivas, me encontré con una cifra que, de ser cierta, explicaría muchas cosas: cada español pasa cinco horas al día delante del televisor, de media.

La tele está disparando continuamente dos proyectiles, y con «tele» me refiero a cualquier medio de comunicación generalista.

El primer proyectil, el del miedo.

El miedo

También nos advirtió Sampedro de lo que puede conseguirse manipulando esta emoción.

Para ello están los tres informativos diarios, y las reinas de las mañanas, y los debates a gritos, y esos programas como Nunca es Tarde, Todo es Mentira, Ya es Mediodía y tantos otros. Un cañoneo inmisericorde, a todas horas, para que nadie escape.

El que no vea la tele tampoco está a salvo. Pon la radio y escucharás covid, pandemia, positivos; abre al azar una página del periódico, no te defraudarán.

Llevan así más de medio año. Suficiente para tensar al límite los nervios del más templado, y que seamos los propios ciudadanos los primeros en pedir que nos quiten más derechos. Sin comparar estas medidas con las adoptadas en otros países; sin plantearnos si son eficaces o habría opciones menos drásticas.

Aceptamos que nos impongan medidas abusivas o ilegales, que se salten abiertamente los trámites reglamentarios o que las comunidades tomen decisiones que exceden de sus competencias.

Tampoco nos preocupa que puedan aprovechar la situación como excusa para restringir por siempre unas libertades que tanto ha costado conseguir, como sucedió tras el 11-S.

Lo importante es que nos saquen este miedo del cuerpo cuanto antes, por favor.

El segundo proyectil del tanque mediático es el de la culpa.

La culpa

Solo el PP, si atendemos a su manejo de la crisis del ébola o la hepatitis C, podría haber gestionado la pandemia peor que este gobierno. Pero es que las comunidades autónomas, de todo signo político, no han sido más eficientes.

Es inútil desgastar teclado enumerando aquí la lista de mentiras, incoherencias, contradicciones y normas contraproducentes. Si a estas alturas no lo ves, lector, yo de ti iría solicitando un  PCR: posiblemente estés infectado por la fanatic-19, una enfermedad que impide que el cerebro procese cualquier realidad que deje en mal lugar a tu partido o ideología.

O puede que hayas sido arrollado por el tanque, que se puso desde el primer momento en marcha para cubrir la posición de los gestores.

La culpa era del que salía a respirar cuando llevaba dos meses encerrado en un piso sin balcón desde el que gritar a otros miserables como él, mientras los legisladores incumplían sus propias leyes; la culpa era del que no se ponía guantes para hacer la compra, o se demoraba paseando al perro o al niño.

Ahora la culpa es de los chavales que hacen botellón, o de los que se quitan la mascarilla para afeitarse.

Solo hay que mirar alrededor. Esos botellones son anecdóticos, pero la ametralladora del tanque los convierte en norma. Una imagen de un tipo escupiendo alcohol en una discoteca de Torremolinos aparece como noticia destacada hasta en la misa de la 2.

En cuanto a la mascarilla, todo el mundo la lleva, las excepciones son ridículas. Se la he visto puesta a niños que por su edad están exentos; incluso a personas que circulan solas en sus vehículos, que es como masturbarse con condón.

Pero la gente cree más a la televisión que a sus propios ojos. Si les dicen que está lloviendo, saldrán a la calle con paraguas aunque haga un sol de carallo.

Siempre hay excepciones. Cientos de miles conducen ebrios cada año, y no por eso nos retiran el carné de conducir al resto.

Sería muy sencillo impedir esos botelleos. Sobran policías (literalmente). España es el segundo país europeo con mayor número de agentes por habitante, a pesar de tener uno de los índices de criminalidad más bajos del mundo.

Pero el miedo y el sentimiento de culpa que nos han inoculado hacen que admitamos e incluso aplaudamos que se tome una medida tan desproporcionada como el toque de queda (!), que conculca nuestros derechos fundamentales, porque la policía es incapaz de impedir que «los jóvenes» beban en la calle.

Me parece muy injusto generalizar. Los medios le han dedicado mucho más tiempo al «ocio nocturno» y la supuesta inconsciencia de los veinteañeros, a los que han criminalizado, que a la muerte masiva de ancianos en las residencias. Aquí sí deberían exigirse responsabilidades penales. Han sido veinte o treinta mil abuelos (nunca sabremos la verdad) a los que se dejó morir, muchos de ellos en condiciones infrahumanas. Veinte o treinta mil. Dos tercios, puede que más, de todos los fallecidos por la pandemia en España. De esto apenas se habla, posiblemente porque las residencias dependen de las comunidades autónomas, de modo que una investigación salpicaría a todos los partidos. Además, hay implicados grandes empresarios como Florentino Pérez, a los que no conviene importunar. Ssshhh.

Cuando los medios aseguran que tal brote se ocasionó en determinada reunión social o familiar, están manipulando, pues no tienen forma de saberlo con la certeza de la que hacen gala.

Esas personas, ¿no han ido también al supermercado?, ¿no se han apretujado en el transporte público?, ¿no han estado expuestos en su trabajo?

¿Rastreadores? No me hagáis reír.

Lo mismo ocurre con la letanía «estamos peor que en marzo». Son afirmaciones que no aguantan ni un segundo de reflexión, mirando las cifras que ellos mismos proporcionan. Pero el miedo impide razonar.

Sobre la fiabilidad de estas cifras habría mucho que hablar

¿De quién es la culpa, entonces?

De los que destrozaron la Sanidad Pública, recortando y privatizando, con especial saña en Madrid.

De los periodistas que criminalizaron y la policía que pegó a la marea blanca.

De los que han permitido que el 85 % de las plazas en residencias de ancianos estén gestionadas por empresas privadas que anteponen su beneficio a la salud.

De quienes empujaron a los sanitarios a marcharse al extranjero, mientras un diputado recibe por respirar 70.000 euros anuales, más dietas, complementos, gastos de representación y demás privilegios.

De quienes desampararon a los enfermeros, obligándolos a trabajar hasta la extenuación sin la protección adecuada.

De quienes en marzo pusieron la excusa de que «nadie estaba preparado para algo así», y prometieron que una hipotética segunda ola no los volvería a pillar con el bañador bajado. Pues han pasado seis meses desde el fin del primer confinamiento y no se han contratado médicos, ni aumentado las plazas de hospital, ni adquirido los respiradores o EPI necesarios. «Previsión» les suena a marca de óptica.

De quienes no ponen medios para atajar el fraude fiscal de las grandes fortunas, permitiendo que se evada un dinero que podría invertirse en Sanidad.

De quienes han tomado medidas absurdas como reducir la frecuencia del transporte público, en lugar de ampliarla para evitar hacinamientos, y los que no han obligado a las empresas de transporte privado a reducir el número de plazas, priorizando el beneficio empresarial.

Ellos son los culpables. No los jóvenes, ni tu vecina.

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6 sin mordaza

  1. Correcto. El «modus operandi» es el mismo en cualquier situación: tomar decisiones que no impliquen una mayor inversión. Excepto si con ella, me puedo llevar una mordida.

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    1. La mordida o la compra de electores en colectivos inútiles que armarán follón e impediran el gobierno legitimamente elegido cuando sea de otro color. No hay mas que ver las asignaciones hechas en el BOE de la semana pasada para determinados grupos:
      Publica una concesión directa de una subvención de 196.360,47 € a la «Federación de Mujeres Progresistas», y otra de 90.362,46 € a la «Asociación de Mujeres Progresistas Victoria Kent».

      Concesión directa de una subvención de 64.414,10 € a la «Asociación de mujeres juristas Themis», y otra de 53.793,52 € a la «Fundación Triangulo».

      Y por supuesto, que no falte la concesión directa de una subvención de 49.208,29 € a la «Unión Estatal de Jubilados y Pensionistas de UGT» y otra de otros 49.208,29 € a la «Federación Estatal de Pensionistas y Jubilados CCOO».

      Que no falte nadie a la fiesta.

      Concesión directa de una subvención de 48.740,28 € a «Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales».

      Y esta promete: Concesión directa de una subvención de 43.211,33 € a la «Asociación de mujeres libres y combativas» (sic).

      Sigue la pedrea: Concesión directa de una subvención de 43.211,33 € para la «Coordinadora de Organizaciones de Mujeres para la Participación y la Igualdad».

      Y otro osito piloto, otra concesión directa de una subvención de 43.211,33 € para, agarraos: «Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres».

      Y una que me produce tristeza: 42.628,83 € para «Asociación de Familias de Menores Trans (Chrysalis)».

      Esta subvención directa de una subvención de 30.952,25 € es entrañable cuando tantos españoles están en las colas del hambre: Le ha caído a «Asociación Socio-Cultural de las Minorías Étnicas ‘Unga'»

      Y otra más: Concesión directa de una subvención de 30.449,16 € a «Kifkif-Entre Iguales-Asociación de Migrantes y Refugiados LGTB (Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) de la Comunidad de Madrid.

      Twitter: @no tengo

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  2. – ls extrangeros no quieren nª galleta, son ls empresaurios quienes mas ganan cn ellos,
    al pagarles poco y asi pagar menos a ls demas luego sin opcion a elegir , ad+ d recortar drchos pqe son mano d obra qe no los pide , y luego intentan qe seamos ls demas quienes aceptemos esas rebajas d drchos si queremos currar y asi que ns peleemos cn ellos para dividir a la clase obrera…
    – el pp cn sus recortes, en sanidad la ayuso cn su incompetencia criminal, el psoe y pnv tomando medidas eficaces pero tarde , vox haciendo ruido oportunistamente y apoyando al pp hasta que se puso el foco mediatico en madrid y entonvces no apoyandoles, por motivos electorales,
    ls nazis quema contenedoresy diciendo que ns traen la verdad y haciendo lo mismo que ls anteriores al negar mascara y pandemia cientificamente y ad+ diciendo que si no les dejamos somos fascistas que no dejamos libertad ciuando piden libertad para contagiar…
    todo para crear crisis = Neoliberalismo bipartidista pandemico = crisis pandemicas

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  3. Ayer enterraron a un conocido mío. Murió de cáncer de pulmón, a los cuarenta y pocos.

    Desde el final del confinamiento, le dolía mucho la espalda. Los médicos que le atendían por teléfono se lo sacudieron de encima recetándole pastillas, que no le hacían ningún efecto. Acudió a urgencias porque ya el dolor era muy grande. Le detectaron un tumor, pero ya era demasiado tarde: duró una sesión de radio, otra de quimio, dos semanas en el hospital y adiós.

    Luego que si la culpa es mía por bajar la basura sin mascarilla.

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