Historia de una violación

 

Aunque ya pasaste esa etapa, te estás acicalando frente al espejo como un adolescente presumido o inseguro.

No eres supersticioso, pero te has puesto la camisa de la suerte, la buena (sólo tienes dos). Te marca los hombros y te hace parecer más hombre, contrarrestando así el rostro barbilampiño, lo único que tu padre te dejó en herencia.

Todavía no acabas de creértelo: vas a cenar con Milla Jovovich.

Os conocisteis en un bar, a esa hora en la que la música se apaga o se sustituye por alguna horterada, las luces potentes arruinan la magia y todo el mundo se ve, de golpe, más feo de lo que es. O quizá es que todo el mundo aparece como realmente es.

Hay una excepción: una chica de gesto serio en quien ya te habías fijado antes. Mientras su amiga tontea con uno, infinidad de moscones se acercan a ligar con ella, aprovechando que está sola, de pie junto a la barra. Una presa fácil, separada de la manada. Ñam.

No escuchas las conversaciones, pero por las maneras y los gestos de algunos, deduces que no le están cantando al oído Unhappy girl. Serán palabras trabadas, bocas pastosas y húmedas que se aproximan demasiado, que escupen en los oídos sin querer, alientos sofocantes de tipos que pagan el tributo al dios alcohol: les otorga el valor para acercarse a hablar con ella a cambio de convertirlos en una patética caricatura.

La chica se maneja bien, los va despachando pacientemente, sin aspavientos, como quien lleva diez años acostumbrada a esto. Mira de reojo a su amiga, a ver si me aclara si se va a ir con éste a su casa, o qué.

 

Eso fue antes. Ahora han encendido las luces y todo el mundo se afea y avejenta, a excepción de esa chica seria, cuya pálida piel se enfrenta con orgullo a unos focos que no consiguen dañarla: invirtiendo el orden natural de las cosas, la refracción la embellece, como a una pequeña luna.

A pesar de que te falta la desinhibición etílica (dos horas sin beber, hoy te toca conducir) y que temes ser un baboso más, tus pies deciden por ti y aterrizas junto a la pequeña luna de porcelana.

Tiene el pelo teñido de rojo, no, de naranja. Le dices que te recuerda a esta… eh… sí, hombre, la protagonista de El quinto elemento.

«Milla», te aclara. «Se llama Milla. Yo soy Marta».

Dos besos.

—Mira, Marta y Milla, M y M, como los emanems —dices, y te arrepientes al instante. Vaya gilipollez.

Sin embargo, a ella le ha hecho gracia, o tal vez ha sido la comparación con la actriz. El caso es que sonríe y piensas que no se puede ser más guapa. O igual lo has dicho en voz alta, porque la sonrisa se ensancha.

 

 

Os disteis el número y tras un par de guasaps aquí estás ahora, preparándote para cenar con ella.

No lo acabas de entender. 25 años, preciosa, puede tener al tío que quiera (y a los que no quiera, visto el desfile del sábado por la noche) y ha accedido a salir contigo, que no eres un orco pero tampoco Jon Kortajarena.

No lo acabas de entender porque en el bar le entraron varios maromos de gimnasio, altos, morenos, con tupé, con barba, con tatuajes asomando bajo las ajustadas camisas de marca.

A saber, quizá es cosa del subconsciente y le recuerdas a un amiguito del que estuvo platónicamente enamorada de niña.

Brindas por él frente al espejo con el enjuague bucal.

 

 

Ha ido muy bien, imposible reírse más. Te ha llevado a un vegano y os habéis bebido media botella de vino blanco cada uno, y eso que ya os habíais tomado un vermú en otro bar. Las parejas del restaurante os miraban, algunas divertidas, otras con envidia, estancadas en las silenciosas cenas burocráticas de quienes hace tiempo que no tienen nada que contarse.

Alude a tu procaz sentido del humor. Le preguntas qué es eso y os reís porque se lía al explicártelo y tampoco está segura de la palabra, podría ser mordaz.

Tomáis dos chupitos de pacharán y salís al mundo exterior.

Os recibe un bochorno que es mayor por contraste con el aire acondicionado del restaurante. ¿O será que la luna llena también despide calor? (de astronomía sabes lo mismo que de mujeres).

Esperas apoyado en la pared del chino, mientras ella compra un par de cigarros. Fuma, no podía ser todo perfecto.

Sale con el tabaco y te pilla contemplando a esa luna hipertrofiada. Te mira como si se hubiera puesto celosa de ella. Estás acorralado entre dos lunas. Luego estás acorralado entre la luna de pelo naranja y la pared, y un segundo después, un beso te humedece el cerebro y los calzoncillos seminuevos.

 

 

Han transcurrido dos días, faltan cinco para volver a verla. Habéis intercambiado veinte mil guasaps. Podríais haber hablado por teléfono, pero si no es en persona, te manejas mejor por escrito, y a Marta no parece importarle.

A tu cabeza acuden continuamente y sin permiso imágenes de aquella noche, de la cena y de después, en su casa, cuando puso música de Radiohead (¿o era Muse?). Un lugar deliciosamente tranquilo, no como tu barrio, con vistas al parque regional.

Te llaman la atención en el curro, «céntrate, ¿qué te pasa? Ni que estuvieras enamorao».

El encargado no sabe hasta qué punto ha dado en el clavo. Te preguntas si estás enamorado. Nunca te has sentido así antes.

Te acuerdas, como si lo estuvieras escuchando, de un ronroneo suyo muy particular, de una cicatriz muy fina, casi invisible, de un lunar bajo el pecho blanquísimo, de unos dientes que seguro que un día llevaron ortodoncia.

No consigues concentrarte ni dormir bien por las noches. Esto ha sido muy distinto (en positivo)  a todas las veces anteriores. Se trata de una cosa mecánica, te engañas, así que la diferencia probablemente se deba a una compatibilidad de tamaños, cuestión de hormas. No quieres reconocer la verdad, te resistes a mezclarlo con sentimientos, te da miedo. Ella puede escoger al tío que quiera: ¿cómo va a conformarse contigo?

Pero te llega otro mensaje, que no te vea el jefe mirar el móvil, te escribe que te echa de menos, tu compañero te observa, seguro que se te ha puesto cara de idiota.

Te dice que eres muy dulce, que tiene la impresión de que os conocéis de otras vidas (es un poco mística), y que te vayas preparando para no-cenar el sábado (bromeaste con el hambre que ibas a pasar en el vegano, aunque al final comiste muy bien y te encantó la tarta de zanahoria).

Te escribe palabras tiernas, mi niño, con una confianza que excede lo esperable de una sola noche juntos, primero sentados a una mesa y después revueltos en un sofá y una cama, una confianza basada acaso en esas vidas anteriores de las que ella te habla y en las que tú no crees.

Te gustaría que el tiempo corriera más rápido, como de crío cuando faltaban pocos días para tu cumpleaños o para los Reyes o para que tu padre volviera de viaje con un regalo barato.

 

 

Ya es miércoles, un día menos. Mientras desayunas, pones la tele y sale una señora a contar que van a cambiar la ley.

 

 

«Si una mujer no dice “sí” expresamente, todo lo demás es “no”».

Cambias de canal. Luego les extraña que muchos paséis de la política. Pero ¿en qué mundo vive esta gente? Marta no respondió que “sí” en ningún momento, porque no hubo ninguna pregunta.

Por la tarde le escribes:

«¿Has visto en las noticias lo del consentimiento expreso?»

«¡Síííí, me violaste, jaja! Y además con el agravante de que iba borracha. Aunque si no recuerdo mal, dije “sí” al final. ¡Y bien alto, jaja!».

Su descaro te hace enrojecer (cuando no estás metido en faena, eres más bien pudoroso). Te excitas y no sabes qué responder. Vas a poner tres o cuatro emoticonos de risa, cuando ella se adelanta.

«Qué larga se me está haciendo esta semana, mi niño».

 

 

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20 sin mordaza

  1. Joder nano (como dirían en mi tierra), pensaba que era el único que le daba vueltas a este tema y llegara a la conclusión de que hemos perdido el control con el tema del consentimiento. Te van a llover palos de todos los sitios, pero eso supongo que ya lo sabes, y además te admiro más (si cabe) por haber tenido los arrrestos de tirar la corrección política y la mojigatería al cubo de la basura y publicar este artículo.

    Salva, después de todos estos años, creo que ya me conoces lo suficiente para imaginarte lo que opino de “la manada”, de los jueces, del abogado defensor y del resto de escoria que los defiende. Está DEMOSTRADO que fue forzada.

    Pero mentiría si negara que, a pesar de que yo sí soy un orco y mis oportunidades de que una chica se interese por mí son cero, muchas veces he pensado qué pasaría si conociera a una mujer y ocupara el lugar del protagonista de tu texto. ¿Hay que preguntar para tener permiso, como si fuera un trámite burocrático? ¿Cuándo exactamente hay que obtener ese consentimiento? ¿Hay que obtener un “sí” antes de dar el primer beso, no sea que se considere abuso sexual? En caso de los novios, si el chico le toca el culo a su chica en plan casual ¿tiene que tener consentimiento por adelantado? ¿Hay otras formas de que se considere un “sí” aparte de la expresión oral o escrita?

    No sé, tío, después de ver la noticia, estoy bastante desorientado con el tema del consentimiento.

    Un abrazo,
    David

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    1. Ey, David.

      «Si una mujer no dice “sí” expresamente, todo lo demás es “no”».

      Lo que se entiende de esto, es que si una mujer no ha verbalizado un “sí” antes de la relación sexual (para eso sería necesaria también una pregunta del hombre, imagino, o un contrato, como ironizan por ahí), es violación.

      Si quiso decir otra cosa, la ministra se expresó muy mal.

      Esto es otro guiño populista al feminismo más hueco, como la idea de «feminizar» la Constitución. Pero mientras que la única consecuencia del todos y todas, españoles y españolas, además de ahondar en la perversión artificial e interesada del lenguaje, es que la Constitución se convertiría en algo tan pesado de leer como los programas de Podemos o IU, el «consentimiento expreso» es muy peligroso (recordemos que el PSOE propone una reforma del Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal).

      Legislación en caliente, como la propia ministra reconoce, a raíz del caso de La Manada.

       
      La ministra comparó su propuesta con la ley de Suecia, pero parece que no es tan así:

      «La catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Valladolid, Mercedes Alonso, cree además que las declaraciones de Calvo están “poco meditadas” y manifiesta que que haya siempre consentimiento expreso parece casi imposible, “se extendería mucho el delito de violación”.
      Asimismo, recuerda que la ley sueca que invocó Calvo “no va tan lejos” como apuntó la vicepresidenta. En su opinión, es muy difícil delimitar tanto las conductas para que los jueces tengan un marco preciso. Siempre opina con la cautela de que fueron unas “declaraciones muy vagas”».

      «El consentimiento es el eje central de las normativas de países como Suecia, Alemania o Reino Unido. Es una figura contemplada en el convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres, el llamado Convenio de Estambul, ratificado por España en 2014. Ese convenio alude a que el consentimiento debe prestarse “voluntariamente” pero no hace referencia a un expreso».

       
      Como diría Miguel, todo está en Los Simpsons:
       

       

      P. D. Alguna foto tuya he visto, y de orco nada, jaja.

      Twitter: @vota_y_calla

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      1. DENUNCIAS FALSAS DE VIOLACIÓN :
        . Es un supuesto absurdo por que ninguna mujer va a denunciar una violación si hubo sexo y si se le ha tratado con respeto y empatia meridianamente de principio a fin, seas o no su pareja ( estable o pasajera ). Pensar asi es un perfecto desconocimiento de las mujeres provocado por-ej por la segregación de géneros en escuelas y los dogmas bíblicos, que crea miedos-prejuicios que llevan a querer dominar en vez de conocer empetizar respetar etc .
        Si una mujer dice si y luego no , por que cree que le has engañado-presionado-asustado-liado de algún modo ( y lo mas probable es que sea asi pero si eso que te lo explique ), o se lo piensa o se acuerda de algo o no quieres condon o no le gusta nada como se lo haces o incluso quiere ser aun virgen, pero se sigue : es violación.
        Ninguna tia va a dejarse estimular hasta lubricar solo para adrede dejarte a medias y para fastidiarte.
        Siempre será mejor parar, que te lo explique y asi no hay dudas. Pregunta y si eso pasa de ella y punto . Lo mismo podrías hacer Tu.
        A muchos les gusta que las tias sean libres , para ser cachondas folladoras que enseñan casi-todo, pero no para decidir nada mas.

        . Es solo una excusa para no tratar con respeto a las mujeres y para no darse cuenta que el machismo crea sus pesadillas
        y asi no evolucionar como personas : algunos no quieren mirar en su interior y les da miedo la amabilidad. Sin machismo no habria feminismo etc

        ¡ Y encima dan ideas !….Con amor se consigue mas y mejor ¿ a quién no le interesa que sea asi ?

        Si quiere separarse no te va a denunciar por violación salvo que haya habido, por que no tiene mas que
        alegar-etc maltrato. En estos casos es posible que ya no te quiera por tu forma de ser, (por machista o por borde o por fascista-sicologico o sicopata sin emaptia cruel , etc) . Pero si está agusto no te va a dejar y si está agusto es por que le tratas bien, hay buena onda (y no meramente por que se aburre : lo mejor es hablar y negociar) y si no te parece que ella te trata bien se lo dices y que te de lo que tu le das.

        El nº de denuncias falsas de mujeres no pasa en ningun delito del 1%, y siempre son una cifra ridicula comparado con las crimenes probados de los hombres a las mujeres y a otros hombres ( el machista se destruye a los demas hombres y a si mismo ) pero algunos se han empeñado en bombardear con que hay denuncias falsas, sin dar detalles verificables ( poniendo fotos que no cuadran incluso : agredido hombre con áciso en la cara y sale un tipo con una venda en la cabeza y nada de una venda en la cara ni herida en cara ), sin contar el nº de denuncias verdaderas, trayendo a foros casos de otros paises, para consolarse y dar sensación que es algo mas habitual.

        Tal vez si algunos jueces tuvieran mas claro lo que es violación-etc, las mujeres no tendrian tampoco dudas a la hora de denunciar o no : si muchas denuncian es precisamente para salir de dudas y hacen muy bien . Pero de esto algunos no dicen nada .

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        1. De acuerdo con casi todo lo que comentas. En todo caso, yo al menos (no sé si Salva estará de acuerdo conmigo), me estoy refiriendo a «Si una mujer no dice “sí” expresamente, todo lo demás es “no”».

          Coincido, como no podía ser de otra manera, en que si se le ha tratado con respeto desde el principio no es violación.

          Peeeero, como dije al principio, me atengo exclusivamente a la frase clave de la ministra, y en lo que se va a basar esta ley, que espero que la desarrollen y maticen, de lo contrario, si al final se publica y se interpreta por los jueces al pie de la letra, tal cual lo ha expresado la ministra, puede dar lugar a situaciones de lo más absurdas y disparatadas.

          Lo normal es que se trate con respeto y cariño a tu pareja/amiga/etc… por supuesto que sí… pero es que, según esa ley, hay que verbalizar expresamente un “sí”, de lo contrario todo lo demás es “no”. A mí, desde el sentido común, esta ley, tal como está expresada, me parece un desbarre total; y lo admite hasta la mencionada catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Valladolid, Mercedes Alonso.

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          1. Claro, de eso hablábamos, de una frase, de una propuesta en concreto que, si entendemos de ella lo que muchos hemos entendido, hay que ser muy indulgente con el PSOE para defenderla.

            Tal vez me equivoco, pero me ha dado la impresión de que V ni siquiera se ha leído la entrada, parece una respuesta tipo.

            Twitter: @vota_y_calla

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  2. Pues hombre, comparado con un Apolo como tú, salgo perdiendo :D

    La frase clave es “legislar en caliente”, y ya sabemos las consecuencias de ello: que se suele mear fuera de tiesto. La catedrática tiene toda la razón del mundo, pues de ese «Si una mujer no dice “sí” expresamente, todo lo demás es “no”» todo es susceptible de violación, abuso o agresión.

    Una de las cosas que menos me gustan de Podemos es el tema del “lenguaje inclusivo”. Están llevando el tema demasiado lejos y se está saliendo de madre con el todos y todas, españoles y españolas, trabajadores y trabajadoras… Desde siempre, me ha parecido sinceramente un ejercicio de ñoñería y pazguatismo alarmante. Por eso apoyo a Pérez-Reverte a raíz de sus últimas declaraciones al respecto. Compro que el lenguaje va cambiando y no decimos “vuesa merced”, pero poner los dos géneros o, como se rumorea, cambiar las “a” y las “o” por “e”, ya es pasarse de corrección política y populismo feminista.

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    1. En esto también coincidimos. A ver si un día me viene la inspiración y hago un artículo.

      Hace unos años (pocos), todo el mundo se reía del “vascos y vascas” de Ibarretxe. Lo sacaban en el Guiñol, era ridículo, jaja.
      Hoy, en cambio, todos los políticos, incluso los que legislan contra la mujer, hablan así en público.

      Aquí un texto de Echenique de 2013 en el que criticaba esto mismo. Y ahora Echenique es el primero que dice compañeros y compañeras, inscritos e inscritas, y está en un partido llamado UnidAs Podemos.

      Pero en fin, son dos temas diferentes. Eso es asunto de otro artículo.

      Twitter: @vota_y_calla

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  3. Un poco más allá de M, estaba sentada V. Es atractiva, y lo sabe. Pero tiene el genio corto. Quienes le iban entrando a M también lo hicieron, o lo harán, con V. La diferencia es que V se cansó de repeler a un par de chulos de gimnasio y los mandó a tomar por culo. No les gustó.
    Vino con una amiga, que se marchó con un guaperas con pelazo, al que llamaremos SSS, como la exvicepresidenta. V está reflexionando acerca de su última ruptura, un tipo que pretendía realizar prácticas sexuales que a ella no le iban. Rompió cuando intentó forzarla.

    Se aburre, cansada de rechazar a tanto merluzo. Sale, decidida a tomar un taxi. Va caminando distraída por la acera poco iluminada cuando unas manos fuertes la empujan a un callejón. Alguien le mete una prenda en la boca para que no grite. Le hacen daño, pero los agresores saben hacerlo sin dejar marca. Mientras uno la sujeta, otros dos le desabrochan los pantalones y le bajan las bragas. Por turno, la violan a gusto de cada uno. Prácticas que ella negó a su exnovio, pero él no se atrevió a utilizar la coacción.

    Todo termina media hora más tarde. V está en shock, dolorida y traumatizada. A duras penas es capaz de recoger sus ropas, no ya de ponérselas. Se tambalea hasta la acera. Tiene suerte, unos buenos samaritanos la recogen y llaman a una ambulancia. Podrían haberla agredido de nuevo. ¿Por qué no? Parece estar drogada…
    En urgencias dictaminan que existen desgarros y moretones compatibles con una violación, pero también con sexo duro. No hay signos de golpes. Se recogen muestras que, siguiendo el protocolo, guardan por si se abriese una investigación.

    V reflexiona sobre la conveniencia de denunciar. Con la legislación actual no lo hará, porque sería a ella a quien le tocaría demostrar que se negó, que no consintió en practicar sexo en grupo, y eso es casi imposible. Le da igual si los violadores reinciden, sabe que denunciando su vida quedaría destrozada, viviría en un miedo perpetuo. Los agresores saldrán libres o con condenas menores, y para mayor humillación probablemente le toque pagar las costas del juicio.
    Sí, vale, el mensaje que se envía es de impunidad, pero V no quiere ser una heroína. Si así lo quiere la sociedad, pues así será.

    En cambio, si fuesen los mastuerzos quienes tuvieran que demostrar que ella consintió… Le bastaría con el cuadro clínico recogido en urgencias. Pero esa legislación no se aprobó. El patriarcado se revolvió contra el gobierno porque suponía una amenaza para los machos y su frágil libido. ¿Qué importa que decenas de mujeres sean violadas en cada fiesta grande, sin que se produzcan denuncias?

    Hay que proteger a los hombres, que, imagínate tú, podrían ser denunciados en falso. Curiosamente el mismo argumento que todavía se aplica contra la legislación en materia de violencia de género. Aparte de las diatribas ad hominem contra la ministra que se atreve a poner en duda el derecho del hombre a tener siempre razón. Debe ser rematadamente ignorante en materia de derecho. Y claro, quienes lo hacen son hombres, reforzados por ese poder oculto que los sociólogos llaman el patriarcado. Hay que proteger sus derechos, pobrecitos, aunque sea a costa de que la mayoría de las mujeres violadas se lleve el trauma a casa y quede marcada de por vida, mientras los agresores buscan a su siguiente víctima. No seamos revolucionarios, ¡castiguemos a la víctima, como siempre se ha hecho en este santo país de Dios!

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    1. Es más sencillo que todo eso: no hace falta verbalizar un «no» para manifestar rechazo (no importa que tengas una prenda en la boca, como en tu truculenta historia), del mismo modo que no es necesario verbalizar un «sí» para que haya consentimiento.

      De esa frase en concreto hablamos, como dice David arriba. Todo lo demás es paja.
       

      «… sería a ella a quien le tocaría demostrar que se negó, que no consintió en practicar sexo en grupo, y eso es casi imposible». (…) «En cambio, si fuesen los mastuerzos quienes tuvieran que demostrar que ella consintió…»

      Eso, invirtamos la carga de la prueba, terminemos con la presunción de inocencia, ese cáncer que infecta nuestra democracia.

      Como también es imposible demostrar el consentimiento cuando la relación sexual ha sido de mutuo acuerdo, oye, que nos obliguen a todos a ponernos un implante ocular que grabe cualquier cosa que hagamos, 24 horas al día, rollo Black Mirror.

      Así, ante cualquier denuncia relacionada con un acto sexual, el juez revisará las grabaciones y determinará si hubo o no delito.
       
      Te equivocas en tu último párrafo: la ocurrencia de la ministra del PSOE (pobrecilla) ha sido recibida también con críticas o dudas por parte de un número no desdeñable de mujeres juristas. Todas machistas y patriarcales, imagino.

      Será que tienen animadversión contra el Partido Socialista, porque si no, no se explica. Esta medida, exigir que se verbalice un «sí» (o su equivalente en lengua de signos, para los mudos) antes de cualquier relación sexual, va a hacer a las mujeres mucho más libres.

      Es verdad que si ha bebido sus facultades mentales no están al cien por cien. Se han acabado los polvos de sábado por la noche, chicas; la que quiera sexo esporádico, a las bibliotecas o al dry bar.

      ¿Y si no habláis el mismo idioma y simplemente os habéis gustado y habéis empezado a liaros? Se ha terminado el sexo con extranjeros; mujer, confórmate con el españolito.

      Pero que nadie se preocupe, que la ministra anunció también la «feminización» de la Constitución. Eso va a terminar con la desigualdad y con la inseguridad y con la trata de blancas. Las mujeres están salvadas.

      Twitter: @vota_y_calla

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  4. “De esa frase en concreto hablamos, como dice David arriba. Todo lo demás es paja.”

    Ese punto de vista me recuerda el de quienes se preocupan por si los migrantes les quitan el trabajo, pero ignoran las causas que impulsan las migraciones, o el de quienes, en España, defienden que hay falsas acusaciones a cascoporrillo (que ya está demostrado que no las hay), pero no reflexionan sobre las muertes de género y sus orígenes culturales.

    Obviamente estás en tu derecho, pero entenderás que, si tanto acotas el tema, tu artículo me seguirá pareciendo muy bien escrito, precioso en su lenguaje, pero social y políticamente irrelevante. Por tanto, no voy a seguir debatiendo.

    Tres últimos comentarios antes de despedirme:
    – Yo sí creo que V se ha leído el artículo. Y salvo algún detalle, coincido con ella. Pero claro, está reflexionando sobre la paja.
    – La Ministra es doctora en derecho constitucional. Algo sabrá de la cosa, lo exprese luego mejor o peor, siempre al entender de cada cual, que eso es muy subjetivo.
    – El lenguaje de género es importante en esta materia, mal que le pese al ego del señor Pérez-Reverte. Pero ese sería otro tema. O sea, paja. Me ahorro desarrollar el punto.

    Responder
    1. ¿Quién dice que V sea mujer?

      Las juristas que han criticado la ocurrencia de Carmen Calvo también sabrán algo de Derecho, digo yo.

      Pues nada, ya que estamos sincerándonos, a mí me parece que tu necesidad de buscar argumentos extemporáneos con los que defender la oportunista propuesta de la ministra está influida por un excesivo amor al PSOE.

      Es mi opinión, tan respetable como la tuya de que mi artículo es “social y políticamente irrelevante”.

      Un saludo.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Completamente de acuerdo con Loola Pérez, y con lo que tú has expuesto en tus contestaciones.
        Por cierto, Lidia Falcó se equivoca cuando dice que se necesitan 2/3 del Congreso para aprobar esta Ley Orgánica. En realidad, se necesita mayoría absoluta para aprobar estas leyes, en votación final sobre el conjunto del proyecto.

        Responder
  5. La propuesta de la ministra es una absoluta estupidez. Sería necesario que el consentimiento quedara reflejado por escrito para que pueda probarse sin lugar a dudas que lo hubo.

    Me ponen enferma las feministas radicales y sus ansias de protagonismo. Aprovechan cualquier ocasión para armar jaleo.

    Responder
    1. Hola Susana, como dije en otro comentario, creo que Salva conoce bien mi postura política y mi enfoque sobre el feminismo, en base a comentarios anteriores que he hecho en este bendito blog durante años. Y sigo manteniendo esa postura con el feminismo, y lo sigo apoyando como lo que es: un movimiento necesario para reclamar y luchar por la igualdad real entre hombres y mujeres en todos los ámbitos.

      Pero Susana, esta medida (o esta ley) es claramente populista y efectista, porque no está meditada; está hecha en caliente. Imagino que para entrar con “buen pie” en el Gobierno.

      Apoyo y apoyaré el feminismo, pero creo que, con cosas delirantes como esta, estamos entrando en una fase de paranoia que no tiene cabida en esta sociedad.

      Responder
    2. El jueves pasado escribía Irantzu Varela, una de las “gurusas” del feminismo hegemónico, que diría Loola Pérez, que “las denuncias falsas no existen”. Así, con un par. No que sean minoritarias o representen un porcentaje despreciable: que no existen.

      Esta gente, en mi opinión, hace mucho daño a las necesarias reivindicaciones feministas.

      Twitter: @vota_y_calla

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  6. ¿Si no dice si, es no? Mentira. Puede ser por timidez o por otros muchos factores.
    ¿Si no dice no, es si? Tampoco, hay cosas que se suponen lógicas y no hace falta negarlas.
    Si eres una persona con dos dedos de frente, entenderás bien cuando te están diciendo no o si.

    No pidamos invertir el peso de las pruebas en una denuncia, no queremos que vuelva la inquisición. Si de verdad hubo violación, se puede demostrar. Se lo comentaba a un chico que creía que lo de la manada no fuera violación: ¿Si no hicieron nada malo, por qué le quitaron el móvil y lo tiraron?

    En este tema, como en casi todos, estamos en un punto donde solo se citan los extremos. No lleguemos al punto que nos muestra muy acertadamente Los Simpsons.

    Twitter: @MigueI_1

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